domingo, 19 de junio de 2011
Displicencia de énesima potencia
No sé quiénes me causan más repugnacia, si los indignados con su mugre pseudo-político social o los periclitantes auto-degenerados que sienten aberrante proclividad, simpatía, comprensión, cercanía o intrínseca vergonzante comunión con esa masa damnata. No sé quienes son más infectos, si los veinteañeros prostituídos a la vanagloria de sí mismos o los cuarentones, cincuentones, sesentones y demás provectos que desahogan sus rijosidades indecentes con el sueño impúdico de volver a la turbia viridiscencia perdida y ya podrida. No sé qué es más nauseabundo.
Pero reclamo la displicencia arrogante de un arístócrata del Ancién Règime, de un abbè refractario, de un nóbile nero romano, de un archiduque ruso para desmarcarme de esa chusma doble, la que desfila y acampa en las plazas y la que aplaude, anima y/o se identifica (aunque sea un átomo) desde el sillón de casa.
Me revisto de toga displicente contra-plebeya, invoco la púrpura de dictadores, déspotas y tiranos, la espada inexorable de la represión, la gloria de la reacción más integrista, el cañonazo contra-revolucionario, la implacable carga anti-populista.
Y me retiro a mi Aventino más enriscado, of course.
No están los tiempos para bajar a la calle.
&.
miércoles, 5 de mayo de 2010
El triunfo infecto de los indeseables

Un mundo que paga 95 millones de dólare$ por la porquería mamarrachosa del indeseable ese, el Picasso, es un mundo tan enfermo, tan gangrenado, que no se merece ni el estercolero. Porque el estiércol es aprovechable, pero ese mundo, esa gente, esas cosas, no. Es el mundo que impera triunfante en 2010, el siglo del tercer milenio que ha despertado con la resaca del XX, empapado con el vómito de los excesos omni-lujuriosos de la centuria precedente.
Lo más sublevante es la imposibilidad de borrar, de eliminar hechos, obras. No diré personas, porque la gente se muere, gracias a Dios. Pero las cosas quedan, y son cosas tan aberrantes como esa basura comprada por una millonada absurda, para descrédito y tacha de la humanidad que lo aprueba.
Envidio a los Faraones del viejo Epipto que practicaban la gracia de la damnatio memoriae, y raspaban nombres, títulos y fechas de la arenisca tallada y grabada, del ónice, el alabastro y la caliza blanca, para que no constara, para que no se acordaran de sus enemigos. Eso que entonces era una tiranía faraónica, hoy debería ser una profilaxis necesaria, radical.
Deberían rasparse, eliminarse, erradicarse, aniquilar sin dejar rastro tantas cosas, nombres, y obras. Se respiraría mejor porque el mundo estaría más limpio, libre de esa mortífera contaminación, más letal para la humanidad que las radiaciones atómicas o la emisión de gases de combustión.
Siento cada vez más atracción añorante por aquellas vánitas, las fogatas que armaban los devotos de Savonarola en la Florencia paganizante de los rutilantes Médici. Dicen que se quemaron no sé cuántas maravillas de la joyería, el bordado, la orfebrería, la taracea de carey, marfiles, nácares y maderas finas, brocados, tercipelos y tapices, hilaturas finas y pomos de olor, guantes perfumados, pieles, perlas y oropeles. Y también los cuadros más procaces y voluptuosos del Botticelli, que entonces estaba verde galán, promiscuando entre bellas y bellos. El mismísimo Sandro, arrepentido por la ardiente palabra del reformador dominico de San Marco, fue y arrojó a la pira de vanidades la mayor parte de las indecencias que conservaba en su exquisito taller quattrocentista.
Hago un inciso para reflexionar sobre una notabilísima evidencia que corrobora mis tesis: En esa Florencia savonarolesca, lo que se quemaba con ardor era pagano, impío, pero bello; la impostura de las no-artes contemporáneas no realiza cosas bellas, ni buenas, nada con entidad artística verdadera. Nos ha tocado una época integralmente desafortunada, sin la inspiración de las Musas paganas ni la gracia espiritual de la Fe.
Entre la multitud de los subyugados no hay seducidos, porque en seducción cabe la chispa del amor, aunque sea profano, pero en el no-arte no hay, sólo existe el anzuelo con la cebo envenenado de la novedad. Son sub-inteligentes, sin gusto estético definido propiamente, sensibilidades estragadas por la deformación veleidosa del impromptu insustancial, fáciles de prender en la red turbia del totum-revolutum orgiástico. Siento lástima porque conozco y sufro a los afectados, infectados anómalos, difíciles de regenerar porque no reconocen la salud.

Pero la catarsis contra mundum suele devorar a los inspirados purificadores, los estrangula y degüella, los desangra y esparce sus cenizas. El venerable fray Girolamo Savonarola terminó colgado de una horca y quemado por las llamas en la Piazza della Signoría, espléndido y sin par patíbulo, él mismo consumido por otra trágica vánitas, como un brillante engarzado en oro que se hubiera arrojado a las llamas vivas del desencanto de un de contemptu mundi escenografiado, como un auto sacramental del bien y del mal, lo justo y lo injusto, lo santo y lo profano.
Y así se compran por 95 millones de dineros las basuras de una época de ínfima esencia, y se queman en la hoguera de las vanidades los espíritus que devolverían las luces bellas y buenas al mundo. Un mundo que prefiere alumbrarse con intermitentes colorines de neón.
+T.
sábado, 10 de octubre de 2009
Mi mentidero (que no "ágora")

El ágora griega era el sitio de la reunión, plaza o lugar acostumbrado, con cierta ubicación popular y reconocida. Quizá el término "mentidero" sea el que corresponda mejor en castellano, por equivalencia real. Los célebres mentideros madrileños de la Villa y Corte del XVII de los Austrias son casi un tópico literario del Siglo de Oro, como las igualmente (o más) famosas Gradas de Sevilla, donde pasaba de boca en boca y de mano en mano el oro, la hacienda, la honra y hasta las almas de España y sus Indias, y medio mundo más.
El estreno de la peliculeta del homo-homúnculo super-mimado de la "cultura" del régimen ztpetero ha coincidido con el notición del Nobel de Obama. Lo de la peli estaba anunciado, lo del nóbel ha sido una insospechada nueva que ha pillado in puribus naturis al mismísimo presidente USA. Y en el mentidero global se han mecido en las ondas inalámbricas y las lenguas locuaces el nóbel y el ágora. Con sus respectivas consideraciones y a sus obligadas distancias, of course.
Aunque el mediano directorcete disimule, la perspicacia del sentido común ha advertido el radical alegato anticristiano que estructura su peliculucha. Él habla de "fanatismo" y "religión" cuando le preguntan, pero la gente ha entendido que lo que quiere decir es "cristianismo"; incluso "catolicismo", cuando responde. Si hubiera sido sincera su intención, no habría sacado ese tema, ese personaje, ni lo hubiera tratado así. Para hablar de las infaustas consecuencias de los fanáticos desenfrenados hubiera podido escoger entre tantísimos momentos "estelares" de la antigüedad. Elegir ese, concretamente, y desarrollarlo inspirándose en la historiografía neo-pagana y anti-católica del siglo XIX, es confirmarse en prejuicios excusándose con la historia.
Reconozco la dificultad del género histórico-cinematográfico; pero advierto también que nunca como hoy han tenido los cineastas más y mejores medios técnicos y documentales para rodar filmes históricos "coherentes", que acierten a representar verosimilmente una época y sus personajes sin traicionarlos o parcializarla.
Claro que todo se puede ver "transformado" si se antepone al ojo (o a la cámara) una lente coloreada, como aquella que se cuenta que usaba Nerón: Una esmeralda o una amatista pulida que se aplicaba como monóculo para ver. Y veía en verde esmeralda o en morado amatista su abigarrado mundo, ese que va apareciendo y fascinando cada vez que excavan algo en el extenso recinto de su Domus Áurea. Pero eso es arqueología, y lo de la peliculeta del directorucho ese no es documento arqueológico: Es tesis.
Hubo en el siglo XIX un sub-género literario que se llamó así: La "novela de tesis". No se trataba de una exposición-reflexión del mundo y sus tipos, sino que era una invención de una realidad imaginada como medio para exponer, articular y demostrar un juicio preconcebido sobre algún tema, generalmente conceptos morales o sociales; también temas religiosos. Dependiendo de quién fuera su autor, los críticos aplaudían o denigraban a la novela en cuestión y al escritor que fuera. Tal esquema, con casi todos sus prejuicios, pasó a las antologías literarias y libros de texto, en los que todavía hoy se alaban los novelorios de tesis de Galdós (un liberal de entonces es lo que hoy sería un post-marxista post-moderno) pero se desprecian con dos líneas y se les ponen peros a Fernán Caballero o a Pedro Antonio de Alarcón o a Don Juan Valera.
Lo mismo está pasando en los mentideros con la peliculilla pseudo-histórica del pigmeo: Los suyos y sus comandos (me resisto a ensuciar el reglón nombrando a semejante estercolería en descomposición) le tocan las palmas y le tiran capullos (de rosa, of course). Y los críticos católicos (o los católicos críticos, tanto monta) escupimos con asco sobre el bodrio con toda nuestra sinceridad de creyentes y de cinéfilos, por las dos cosas: Porque la infra-peli es un panfleto odiosamente anticristiano (es decir, anticatólico) y porque el mamarracho no resiste una mínima ojeada favorable de un mediano aficionado.
En Cannes, la pelicurreta fue una desolación; en Venezia no sé si estuvo; y en San Sebastián la gente que tuvo que ir por razón de oficio y compromiso se compraba antes dos tapones de cera y se tomaba un cóctel bien cargadito con materia espiritosa, para aprovechar el tostón y echarse una siestecita en la sala agorera.
Por cierto que son dos palabrejas bastante próximas formalmente sin tener nada que ver semánticamente: Agorero y ágora. Coincidencias de tablero de scrabble. Aunque pudiera ser que el petimetre pelipedorrista buscara echar un sortilegio con la su peli; no me extrañaría de un sombrío demiurguete como el tal. Esta gente es así, que a fuerza de no creer en nada, te niegan a Dios y el alma pero te montan una peli asustona de fantasmas y vampiros. ¿No querrá hechizar al tonto espectador que vea la peli?
Digo hechizar en el sentido de inculcar malas ideas y obsesiones impías como las suyas. ¿Por qué no? En el fondo, más de uno de estos medianejos llevan dentro un tirano. Y este apunta maneras. Pero muy malas, muy malas, y de timido acobardado, que son las peores. Porque, digo yo, en vez de remontarse al siglo IV-V alejandrino y reinventarse a una filósofa atropellada en un tumulto culpando a los cristianos coptos de Alejandría, ¿por qué no rueda una peli con el argumento de los cristianos coptos egipcios que son asesinados cada año por las turbas fanatizadas de los musulmanes de Egipto? ¿O por qué no cuenta la epopeya underground de los católicos hindúes o los filipinos católicos sometidos a esclavitud por los jeques de Arabia? O si quiere montar un pollo internacional de verdad de verdad ¿Por qué no pone en cine "Los versos satánicos" de Salman Rushdie, que eso sí que iba a ser la bomba?
Una bomba, claro, que le iban a poner in situ peccatorum suorum al mequetrefísimo (si le encuentran el situ). Lo peor es que al mengano ese ya se le ha dado crédito, y lo del idolillo dorado made in USA le ha marcado con la vanagloria de los grandes fatuos del fausto mundo.
Pero me estoy dejando atrás a Obama, que ya lo nombré al principio, cuando lo del ágora y el mentidero. ¡Y qué mentidero! Un corrinche de los peores debe ser el comité o como se llame del nóbel pacífico, el más desacreditado de todos los nóbeles junto con el de literatura. Con la diferencia de que el de literatura ha devenido en ser el podio de un mediocre desconocido que de pronto asoma la cresta, y el de la paz - salvo honrosas y meritorias excepciones - suele ser un bellaco internacionalmente reconocido (entiéndase un Kissinger o un Le-Duc-Tho, un Arafat o un Begin, un Arias o un Gore (por ejemplo)). Y este año un Obama.
Conjeturando le pourquoi, la causa remota y la próxima de la disparatada elección, lo primero que se me vino a la cabeza fue lo de la foto con la cuadrilla de la Moncloa, que en vez de desencadenar una crisis de misiles terminó con pose sonriente y no se hable más, que las niñas son menores y no tienen culpa (?) de su deformidad. Que hay que tener bemoles con picos de rosca y pirindolas de bronce para recibir de visita a la niñas y retratarse con la parejita y sus papis guapis. Será por eso que le han dado el óscar de la paz, perdón, el goya; digo el nóbel. Eso es: El nóbel de la paz por lo de la foto de las niñas de negro con el negro. Bueno, eso.
Por cierto que el pelicuchiflista debería aprovechar ese filón y hacer una peli con esas dos como protagonistas. Entonces sí que se iba a forrar.
&.

