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domingo, 12 de noviembre de 2017

Efemérides nefasta


Cuando se trata de la Historia, prefiero, casi siempre, la lección de los históricos:
"El hombre que desencadenó aquella tempestad, es una figura cual no pueden señalarse muchas otras en la historia. Desde hace cuatro siglos vacila la imagen de este carácter en las apreciaciones de los hombres, y al presente el acuerdo de las opiniones parece estar más lejano que en ningún otro periodo del tiempo pasado. Pero en un punto es menester que convengan amigos y enemigos; es a saber: que por muy importante que pudiera ser la personalidad de Martín Lutero, él sólo no hubiera podido producir la revolución que rasgó para muchos siglos la unidad de la Iglesia de Occidente. Más poderosamente que ningún otro, contribuyó él sin duda a la catástrofe del antiguo estado de cosas; pero, en el fondo, no hizo más que arrojar la tea incendiaria en el combustible que se había venido acumulando durante siglos."

L.Pastor. Historia e los Papas (T.IVº,L.Iº,C.VIIº)

Con este párrafo comienza Pastor la parte de su monumental obra que dedica a la reforma luterana, que comenzó, hace ahora cinco siglos, como una controversia acerca de las indulgencias y su actualidad en aquel año de 1517. Si existe una fecha clamorosa para datar el fin de la Cristiandad medieval, esta efemérides se registró con los golpes de las 95 Tesis clavadas en el portón de la capilla de Todos los Santos de la Universidad de Wittenberg la víspera de la solemnidad titular, el 31 de Octubre de 1517.

Semejantes hechos se deben recordar, pero nunca celebrar. Hablo como católico y me refiero a lo católico, pues comprendo que un luterano de 2017 festeje emocionado su quinto centenario. Lo aberrante, en este caso, es que desde el Catolicismo se conmemore con elogios el funesto trauma.



El sello emitido por la Posta Vaticana es ejemplo de la confusa valoración producto del equivocado ecumenicismo vaticanosecundista, tan nocivo. La imagen reproducida en el timbre postal con las figuras de Lutero y Melanchton a los pies de un Crucifijo, es un particular de un todo mayor, más significativo, pues se trata del tímpano que decora las puertas de la capilla de Wittemberg**, el sitio del pecado original luterano. En el mosaico-pintura, Lutero lleva la Biblia traducida por él al alemán, y Melanchton la Confesión de Augsburgo de 1530, obra de ambos. Los dos están enterrados dentro, en el interior de la capilla de Wittemberg. Conque el sello postal vaticano no puede ser más significativo.



¿Conviene esa implícita celebración? A la Iglesia Católica, no. Al Papa, tampoco. A la Santa Sede, en absoluto.

El otro día comentaba con un amigo que lo peor es preguntarse que cuántos católicos aprobarían hoy el contenido de las 95 tesis, cuántos serían capaces de detectar los errores que contienen y cuántos las rechazarían, sin más, en bloque, como lo mandó la Santa Madre Iglesia. ¿Cuántos?

Volviendo a la cita de Pastor, también me pregunto si el combustible del post-concilio y sus derivados no son un peligro semejante al que prendió la tea luterana.

...¿y quién sería (...o será) el Lutero que armaría el incendio (...o lo armará)?????


...Y no diga nadie que el nombre empieza por F...no sea que, no sea que...



** Las actuales puertas fundidas en bronce, con el texto de las tesis luteranas reproducido en sus jambas, se mandaron hacer por el emperador Federico Guillermo IV de Prusia en 1858, en sustitución del antiguo portón de madera dónde Lutero clavó sus 95 tesis, que se quemó en el transcurso de la Guerra de los Siete años, en 1760 .


+T.

viernes, 14 de julio de 2017

Francisquismo desacreditador.

 
La noticia de la causa del Estado Vaticano contra los gestores del Hospedale Bambino Gesú, el presidente de la fundación del hospital, Giuseppe Profiti, y el tesorero, Massimo Spina - sin deslindar otros significados - es, de hecho, un bofetón en el rostro del Emmo. Cardenal Bertone, beneficiario de los dineros desviados desde la fundación hospitalaria para sufragar los gastos de su suntuoso apartamento. Aunque Bertone haya sido uno de los personajes menos brillantes de la curia de Benedicto XVI, no por eso deja de haber sido Cardenal Secretario de Estado con Benedicto XVI, que más de una vez le demostró y le mantuvo su confianza y su aprecio, salvas todas las consideraciones (también la mala opinión que se fue creando en torno a Bertone). Eran otros tiempos y también eran otras las formas vaticanas bajo el muy respetuoso y fino estilo ratzingeriano.

Por todo eso, resulta en extremo escandaloso y dañoso para la Iglesia y sus representantes el haber dado curso y llevar a los tribunales unos hechos que deberían haberse investigado y sancionado con la discreción que un caso así merece, pues afecta a la Santa Sede. El Papa puede muy bien amonestar severamente a Bertone y despedir con deshonor a esos dos malos administradores, quedando tachados como tales. Todo esto se ha sabido hacer en otras ocasiones sin alarmar a nadie ni airear nada en los medios.

Pero al darle notoriedad, se vuelve a ejecutar una de las acciones más constantes e implacables del francisquismo: Desacreditar el pontificado anterior. Habiendo sido Bertone el Secretario de Estado del Papa Ratzinger, cuando cargan contra él la herida última se le inflige a Benedicto XVI, que, tantas veces y de tantas formas, es la diana contra la que van los dardos francisquistas.

Desde su primera aparición en el balcón, el estilo y la vestimenta, los discursos y la residencia, la doctrina y los hechos, los modos y las formas, todo es una desacreditación, explícita o implícita, de su Predecesor.

Quién no lo vea, es que no ve.


+T.

lunes, 13 de marzo de 2017

Cuarto Año Franciscal

 
Me da cierta aprensión releer, ni siquiera citar, los articuletes que publicamos en Ex Orbe hace cuatro años, cuando aquella primera salida al balcón de la Loggia delle Benedizioni fue el augurio de los malos tiempos que padecemos. Me da miedo recordar porque todos los presagios se van realizando, pian piano.

El misterio de la Iglesia vive encarnado en personas, que si son santos santifican, si son pecadores, empecatan y si son confundidos, confunden. Nuestra Jerarquía, con diversos grados de afectación, son en gran parte, aquellos clérigos ilusionados con el Vat.2º que se perturbaron con la confusión del postconcilio y mantuvieron su espejismo. Después entendieron el voluntarismo entusiasta de JPII (el Magno) como una amenaza, sin comprender que fue, solamente, la resaca de la exaltación vaticanosecundista, tan efímera; aunque los años del Papa Wojtyla fueron tantos, todo concluyó con el estallido del 'santo súbito', dejando tras de sí un episcopado perplejo por el shock de la post-modernidad, sin más horizonte pastoral que el de un próximo jubileo, otra jmj, u otro año temático neo-misional.

La vis crítica y quasi-revisionista que despuntó en el pontificado de Benedicto XVI fue débil, minoritaria, falta de la mano fuerte de un líder que necesitaba ser no sólo inteligente, sabio y prudente, sino también determinado, firme, resistente, templado como el acero y resonante como el bronce. Si fue vencido por la conspiración, la maniobra turbia se trenzó con venas degeneradas y con otras crines bien dirigidas y determinadas. El conclave, precedido por la patética renuncia del Papa, fue el alambique donde se puso ebullición un complejo descontento que, contra toda razón, eligió bajo el embelesado efecto de un nuevo entusiasmo. En la Sixtina, la resaca de Vat2º no se había disipado.

Cuatro años de confusión son muchos. La distancia con los años de Juan Pablo II y los de Benedicto XVI se ha hecho muy notable, tanto como si hubiérase consumido una época y hubiésemos despertado, no al país de las maravillas del Tertio Millenio Adveniente, sino a la penosa realidad del 2013 y ss.

Este nuevo mundo tiene líderes populares, es decir, vulgares. A algunos les cuesta entrever la paradójica lógica de contrafiguras de un Franciscus en el Vaticano y un Trump en la White House; o de un Felipe & Leticia en la Zarzuela, un Podemos en las Cortes, un Putin en el Kremlim, el Isis en Oriente Próximo y China en todos sitios.

En la Iglesia también tenemos de todo, un mosaico, muchas piezas fragmentadas, des-organizadas, a lo sumo alentadas sólo por el humo de aquella fumata de PP Franciscus, hace cuatro años, que todavía se mantiene en el ambiente, pero es sólo humo.

Si despeja y no se enlaza con la fumata que venga, para la regeneración no se necesitará abrir más ventanas. El remedio es el que siempre fue: Sanctitas, virtus cápite et in membris.

Porque aquel fatídico humo de Satanás que conturbó a Pablo VI sólo puede ser disipado, ventilado y purificado por el incienso sagrado del Sacrificio.

Tu, autem, Dómine, miserere nobis !


+T.

sábado, 30 de abril de 2016

En las antípodas pías



Esta mañana, en la Santa Misa, al rezar la oración de la memoria San Pio V

Oremos
Señor, tú que has suscitado providencialmente en la Iglesia al Papa San Pío V, para proteger la fe y dignificar el culto, concédenos, por su intercesión, participar con fe viva y con amor fecundo en tus santos misterios. Por nuestro Señor Jesucristo...
Amen.

interiormente, bajo un incontenible golpe de consciencia, a la vez que rezaba (¡Dios me perdone!) pensaba (¡Cristo nos asista!), especial y particularmente cuando dije esa parte central de la oración "...proteger la fe y dignificar el culto...", díjeme a mí mismo (¡Señor, misericordia!): -'¡¡¡Pero si estamos viviendo lo contrario!!!'.

En fin, que tuve que hacerme violencia interior, reprimiéndome para no seguir el juicio, ¡miserere mei!

Y en un segundo ataque, volví, otra vez incontinenti, sobre lo de la providente suscitación, atque preguntéme etiam, iterum de internis: -'Y lo de ahora, ¿también es una suscitación providencial..???'.

Llegado a este punto, confíteor que, para evitar un colapso interno-externo, me puse a considerar cuáles y cuántas serían las virtudes de San Policronio, otro Santo del 30 de Abril.

Algunas veces, es tan dificil creer, rezar, celebrar y ser inteligente, todo simultáneamente; declárolo, ahora que nadie me oye.

p.s. Otro articulete que escribí, illo témpore, sobre San Pio V (¡¡viva!!)


+T.

lunes, 22 de febrero de 2016

Sensaciones


 
Una de las escenas francisquistas que se repiten desde los primeros días del Papa Bergoglio, una escena piadosa, devota, de sencilla religiosidad personal, es la visita a la Salus Populi Romani, la Virgen de las Nieves, en Santa María Mayor. Se ha convertido casi en un rito que cumple a la vuelta de sus viajes, como una acción de gracias a la Madonna. El ramo de flores llevado por Franciscus, por su propia mano, es uno de esos detalles chocantes...y constantes, ya característicos.

Recordando otros viajes de otros Papas, se tenía cierta impresión de solidez, de autoridad, con la sensación de que el Papa ponía orden, o, por lo menos, lo incoaba. Recuerdo, en este sentido, los viajes a América de JPII, en los años '80.

¿Por qué con PP Franciscus la sensación, en cambio, es la contraria?

Si, además, me hablan de sinodalidades, el malestar ambiental eclesial que se queda flotando en el éter católico, es mayor.

Por eso, pregúntome: ¿Por qué las flores?

+T.

viernes, 31 de julio de 2015

El retorno de los lobos

Si el pontificado de Benedicto XVI intentó la re-sanación litúrgica tan urgente y necesaria luego de los cincuenta años de degeneración post-conciliar, el de PP Franciscus está involucionando a los más oscuros momentos de la crisis de la reforma litúrgica. Entre los epifenómenos más llamativos se cuenta la vuelta a la escena de enfermos crónicos desahuciados o de, incluso, arcaicas momias hediondas.

Ejemplo del primer caso sería el del sedicente sacerdote y escritor (?), un quasi-inconnu, que con el sólo prestigio-aval del apellido de su ancestro ha eructado sus rancias tesis modernistas con el fervor de uno de aquellos curas descatolizados de los años '70 que deliraban soñando un Mayo-68 para la iglesia (con cuidado de no pincharse el aguijón, leer aquí). Quedéme estupefacto al ver cómo se reeditan, quasi un revival, los peores momentos de los peores personajes de los peores años aquellos, los años en los que el humo infernal se colaba por las grietas del post-vaticano2 (ipse Paulus VI dixit).

Si este pimpollo de élite es el infectado incurable, el ejemplo de momia reclamante es tan patético como ponzoñoso, tal que una especie re-encarnada de aquel personaje de Tolkien, Grima lengua de serpiente, aunque físicamente el personaje, viejo pelón acartonado, tenga la fisonomía de un Lord Voldemort, todo siniestro, ya hable, ya piense, ya salga en foto o yutube. Me refiero, si no lo han adivinado ustedes, al espectro de los espectros heterodoxos hispanos JM Castillo, un Nazgul que vuelve a cabalgar fantasmagóricamente. La última pestilencia emanada desde el fondo de su anti-catolicismo des-cristiano ha sido esta mefistofélica sentencia: En liturgia, la Iglesia lleva un retraso de más de mil años .

La tesis de fondo, traducida, por ejemplo, se ilustraría con una escena en la que un cretino aggiornato tirara a la basura un códice miniado mientras se embebe en una pantallita tuiteando pamplinas. Si me explico.

El nene (incurable) D'Ors y la momia Castillo dicen esas cosas porque, como ya no creen, no soportan enfrentarse con lo que les recuerda todo aquello de lo que han renegado. Por eso la saña implacable contra los principios, los fundamentos: Sagrada Escritura, Sacramentos, Iglesia, Sacerdocio, Tradición, Dogmas, Doctrina, Santos, Espiritualidad, Moral.

Son viejos falsos profetas, taimados lobos que se visten con el pellejo de la oveja moderna, del cordero de la puesta al dia, mientras por debajo gruñe y ruge la fiera impía dispuesta a morder, desgarrar, destrozar, herir, sangrar, matar.

Tanquam leo rugiens, que dice San Pedro.

Cui resistite fortes fide !!!


+T.

miércoles, 24 de junio de 2015

PP Franciscus valdenseando

Cuando en el Jubileo del MM JPII pidió perdones hasta por las Cruzadas, abrió una vena de complejos auto-inculpatorios difícilmente justificable para todo aquel a quien se le pueda suponer una conciencia eclesial de cierto nivel. Al Papa, verbigracia; precisamente por ser el Papa, en primerísimo y sin par lugar entre todos los fieles de la Iglesia. En aquella ocasión, de todas formas y por encima de buenos consejos (que los tuvo) el voluntarioso Papa Wojtyla se empeñó y pidió perdones universales, en San Pedro del Vaticano, el 1er. Domingo de Cuaresma del MM, ante el miracoloso Crocifisso de San Marcello. Se hicieron fotos muy bonitas del Papa abrazado al Cristo. Todo muy wojtyliano.


Se preparó todo con cuidado. Hasta la Comisión Teológica Internacional elaboró un documento ad casum. Y se cuidó especialmente la ceremonia a celebrar en la Basílica de San Pedro (ver aquí documentos). Se marcaba no sólo un hito sino que se argumentaba su eventual continuidad, presumiendo próximas ocasiones de lo mismo.

Con su desmañado estilo, pobre dicción y vulgar formato, PP Franciscus ha protagonizado en Turín otra escena de los perdones con los Valdenses, los herejes cismáticos sedicentes discípulos de Pedro Valdo. Simplemente, escenifica, esta vez en la propia casa de los viejos herejes, la ceremonia ya estrenada por su predecesor.

Me temo que con la efemérides del quinto centenario de la herejía luterana a la vuelta de la esquina, el mea culpa ante los valdenses haya sido sólo un pequeño happening, para ir ambientando lo que se esté preparando.

Quizá a Uds. que me leen les pase lo que a mí, que esto escribo: No me siento inserto en la escena del perdón. Ni yo he descalabrado nunca a un valdense (jamás he tenido esa oportunidad) ni me echo encima la culpa de ningún valdensinófobo. Muchísimo menos le echo la culpa de los pecadores a nuestra Santa Madre la Iglesia, ni comparto la ocurrencia de que el Papa pida perdones.

Pero lo que más me inquieta de la escena de los perdones con los valdenses son estas palabras que PP Franciscus pronunció:

"...ha sucedido y continúa sucediendo que los hermanos no acepten su diversidad y terminan por hacer la guerra uno contra otro".

El resumen de Zenit lo empeora porque dice (¡¡¿lo dijo el Papa?!!) que - "...Por otro lado, el Papa ha recordado que la unidad que es fruto del Espíritu Santo no significa uniformidad." (ver aquí).

Es para leer y no creer (o dejar de creer).

Si esto sigue así, tendrán de introducir un equipo permanente de correcciones ortodoxas en la AAS.


+T.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Revisionismo francisquista

En la prensa italiana (diario comunista Il Manifesto, 10 de Mayo) han sacado esta viñeta, un estupendo ejemplar del género 'sin palabras', pura abstracción visual, como un concepto barroco de aquellos que se expresaban igual, una imagen en una tarja. Muchos llevaban lema, empresa, pero, de suyo, no era necesario porque la imagen, dibujo o grabado o pintura, lo decía todo. Lo que sí era necesario para bien entender la imagen era su momento, dígase, si se quiere, contexto.

Esa viñeta con el guardia suizo en color y el Ché en la versión híper-divulgada de su máscara en blanco y negro graffitero haciéndose un selfie, se entiende hoy, no ayer, y se entenderá bien hasta dentro de un tiempo. Cuando haya que explicarlo, será porque su efecto-impacto habrá pasado. Es una imagen actual, con la fuerza del destello efímero.

Una imagen que sería/hubiera sido incomprensible en el contexto de la Roma de Juan Pablo II, cuando se combatió, cominus et eminus, la teología marxistizada o el marxismo cristianizado (o mejor 'catolizado'?) de la heterodoxia conocida como 'teología de la liberación'. Uno de los trabajos de Hércules del Magno JPIIº fue descabezar la hidra ponzoñosa del ultramar latinoamericano, quedando la monstruosa pravedad herida, vencida y muerta. O eso fue, poco más o menos, lo que el juanpablismo entusiasta vitoreó.

Una vez beatificado y canonizado, concluido el triunfo, vemos con estupor que no, que el bicho cristiano-marxista sigue vivo y que tiene incluso guarida y púlpito en el Vaticano, desde donde su progenitor ha proclamado que nunca fue doctrina condenada. Ante semejante desparpajo, parece evidente que el patrocinio de JP2ºMagno o está desactivado o es de muy baja potencia. Diríamos.

¿Y por qué? Por muchas razones, las más graves, jerárquicas: No se nombraron buenos epíscopos, no se eliminaron los malos, no se re-sanaron in rádice las congregaciones, ni los seminarios, ni los centros académicos. Conque al cabo de menos de diez años, lo que no se desarraigó, ha retornado, de la forma más insospechada, por todo lo alto, cápite et in membris.

La viñeta lo cuenta. Si no todo, quasi todo.

Si se atreven Uds. y tienen facultades, imaginen panoramas consecuentes.


+T.

viernes, 10 de abril de 2015

Dos escenas del Catolicismo que fue (que hemos perdido (que nos han expropiado))


Agnus Dei bendecido por el Btº Inocencio XI en Pascua de1677

Como adorno de Pascua, también como felicitación y regalo, pongo en Ex Orbe estos dos preciosos documentos, testigos de la decadencia del catolicismo romano. Las grabaciones nos permiten ver qué grave ha sido la caída, desde el sublime ritual de la tradición reverente y creyente, respetuosa consigo misma, hasta la simplicidad minimalista, vulgar y desconcertantemente ocasional, sujeta al capricho personal. Se despreció el antiguo tesoro de ricos signos y se nos obliga a aceptar la baratija insignificante.

El primer vídeo (con montaje un poco deficiente) muestra partes de la liturgia papal del Jueves Santo de 1964 en San Juan de Letrán. Pablo VI entra en la Basílica, incensa el Altar (con las reliquias de la Mesa de la Institución), ocupa la sede en el ábside basilical y cumple el rito del Mandato, lavando los pies a doce clérigos romanos.




Me resisto a comentar detalles, tantos y significativos. Lo principal es ver al Papa ritu servando, cumpliendo el rito, sujeto a las venerables ceremonias, siguiendo las indicaciones de los ceremonieros, con la solemnidad y devoción exigidas. La humildad del celebrante no necesita moniciones explicativas. Si el yutube tuviera sonido, los cánticos litúrgicos de la celebración completarían la emocionante impresión de las imágenes.


El segundo vídeo es una rareza, porque recoge no ya un rito reformado-deformado, sino que visualiza un ritual católico romano extinto, realizado por última vez por Pablo VI. Puesto que el ritual se cumplía en la Pascua del primer año de pontificado del Papa y después sólo se repetía cada siete años, la grabación recoge la penúltima ceremonia de bendición de los Agnus Dei, el Miércoles de la Octava de Pascua de 1959, por Juan XXIII, la única vez que el Papa Roncalli cumplió ese antquísimo rito papal:




Las oblatas de cera con la imagen del Cordero Pascual se preparaban por los cistercienses de San Bernardo alle Terme. El Papa, en una de las estancias del Palacio Apostólico, bendecía primero el agua con mezcla de Santo Crisma y bálsamos, luego echaban en la fuente bautismal las oblatas de cera, el Papa las removía con una espátula y las recogía poniéndolas en un cesto, rezando las oraciones que señalaban las rúbricas para cada momento del ritual (aquí una descripción más detallada del rito, con las oraciones - en italiano todo - y , menos detallado, aquí en español). El rito se celebraba el Miércoles de la Octava de Pascua, y los Agnus Dei se distribuían el Sábado de la Octava.

Ahora, como una (¡otra!) escena de paraísos perdidos, los Agnus Dei (con su bendición perdida en cuanto se ponen en venta) se pueden comprar en tiendas de antigüedades religiosas, restos y sombra de la piedad que los veneró, acusaciones en cera del catolicismo que los pretirió. Tal cual si fueran un epílogo de lacrimae rerum, o unas líneas de devota nostalgia al estilo de las páginas finales del Il Gattopardo del Lampedusa.

A todos los frecuentadores, afines y afectos de Ex Orbe, ¡Feliz Pascua Florida !!!


+T.

viernes, 3 de abril de 2015

Sobre nuestra perdida 'Misa de Presantificados'

Un querido amigo me martillea de vez en cuando recordándome la lamentabilísima reforma litúrgica de la Semana Santa perpetrada bajo (¡ay!) mi venerado Pio XII (Noviembre de 1955). Fue el primer capítulo de la ruina litúrgica que advendría después, bajo Pablo VI. Tal día como hoy, un 3 de Abril de 1969 (aquel año fue Jueves Santo), el Papa Montini firmaba la constitución apostólica Missale Romanum, que entraría en vigor el 1er. Domingo de Adviento de aquel mismo año. En la Const. Ap. Missale Romanum, Pablo VI decía: "...Primo passo di tale riforma è stata l'opera del Nostro Predecessore Pio XII con la riforma della Veglia Pasquale e del Rito della Settimana Santa, che costituì il primo passο dell'adattamento del Messale Romano alla mentalità contemporanea."

De aquella reforma de la Semana Santa se lamentan muchas cosas, pérdidas de tradiciones y de ritos católico-romanos que preludiaron la debacle subsiguiente. De entre las supresiones, la mayor fue la de la Misa de Presantificados, una parte de la liturgia del Viernes Santo, un rito ancestral vinculado al mismísimo San Gregorio Magno que - ¡oh paradoja! - se ha conservado como rito entre los ortodoxos greco-bizantinos, que lo practican durante la Cuaresma, los Miércoles y los Viernes (antiguamente también en la liturgia católico-romana, como recordaban los viejos catecismos).

La tradición ortodoxa explica que fue San Gregorio Magno, en la época en que estuvo de apocrisario en Constantinopla (ca. 579-586), quien introdujo entre los bizantinos el rito romano de los presantificados. En sustancia, la liturgia imita una Misa en la que no hay consagración porque se comulga con la Eucaristía consagrada el Domingo de Cuaresma anterior, reservándose el Sacramento ('presantificados') para la comunión que se administra en las liturgias del Miércoles y Viernes (dos antiquísimos días penitenciales). Así, la 'Misa de Presantificados' del Viernes Santo, tal y como se celebró hasta la reforma de la Semana Santa de 1955, entroncaba con la más antigua tradición litúrgica católico-romana y se vinculaba a figuras venerables de la época de los Santos Padres. Además era un patente vínculo litúrgico co-idéntico entre las muy distintas tradiciones litúrgicas de Roma y Bizancio.

Hace unas semanas, el predicador pontificio fr. Rainiero Cantalamessa, en una prédica cuaresmal al Papa y la Curia, dando lecciones y brindis de ecumenismo y unidad, durante el fervorín dijo cosas como esta:

"...Dado que creemos que la venerable y antigua tradición de las Iglesias Orientales forma parte integrante del patrimonio de la Iglesia de Cristo, la primera necesidad que tienen los católicos consiste en conocerla para poderse alimentar de ella y favorecer, cada uno en la medida de sus posibilidades, el proceso de la unidad (...) es hora de invertir y dejar de insistir obsesivamente en las diferencias – que a veces se basan en una deformación del pensamiento del otro– y en su lugar juntar lo que tenemos en común y nos une en una única fe."
.
Lamentablemente ninguno de los asistentes clamó -¡MENTIRA!. Mentira enorme puesto que, como estoy contando, el pre-concilio y el post-concilio se encargaron de eliminar todos los signos, ritos, ceremonias y liturgias que mantenían concomitancias, incluso identidades, entre las tradiciones cúlticas de católicos y ortodoxos. Como por ejemplo aquella 'Misa de Presantificados' del Viernes Santo, de tradición romana-gregoriana, desaparecida para los católicos romanos y conservada como un tesoro de piedad entre los ortodoxos.

Un amigo francés que ha estado asistiendo todos los Miércoles y Viernes a la Liturgia de los Dones Presantificados en una de las iglesias ortodoxas de París, me comentó que es relativamente frecuente que los sacerdotes franceses que celebran la Misa Tradicional usen el Viernes Santo el Misal antiguo anterior a la reforma de la Semana Santa de Pio XII, con la 'Misa de Presantificados'.


El ecumenicismo vaticanosecundista sacrificó ritos católicos ancestrales porque el modelo de liturgia que se pretendía, ya desde la pervertida reforma promovida por el movimiento litúrgico, no era el tradicional católico-ortodoxo, sino aquel otro que simpatizaba con elementos y esquemas de la reforma protestante.

No lo reconocerán, pero estamos más lejos de los ortodoxos y orientales que antes del Vat. 2º: Las degeneraciones litúrgicas promovidas desde el post-concilio nos separan más de la lex orandi/credendi de las Iglesias Orientales.

Nuestra antigua y suprimida Misa de Presantificados del Viernes Santo lo testimonia.

p.s. Se me ocurre (seguro que también a otros católicos conscientes) que la existencia simultánea entre los greco-bizantinos de tres ritos-tradiciones litúrgicas (Liturgia de San Juan Crisóstomo, Liturgia de San Basilio Magno, Liturgia de los Presantificados de San Gregorio Magno) podría iluminar la convivencia práctica del Misal de San Pio V y el de Pablo VI, algo que parecía sugerirse en el m. p. Summorum Pontificum de Benedicto XVI...Aunque estemos hoy tan lejos de aquella 'primavera benedictina'.



+T.


viernes, 13 de marzo de 2015

Jubileando



Yo tenía 15 años cuando el Jubileo de 1975, el primero que recuerdo. El siguiente que se preveía sería el del 2000, pero en el intervalo Juan Pablo II celebró el Jubileo Extraordinario del MCML aniversario de la Redención, en 1983, como secuela del que proclamó, también extraordinariamente, Pio XI en 1933. Con este recién anunciado por PP Franciscus - Deo volente - vamos a tener el tercer año jubilar extraordinario en menos de un siglo; y contando los ordinarios de 1950, 1975, 2000 y el ya previsto del 2025, sumando el también extraordinario concedido por Pablo VI con motivo de la clausura del Concilio Vaticano IIº, del 1 de enero al 29 de mayo de 1966, en cien años se habrán celebrado nueve jubileos, cinco ordinarios y cuatro extraordinarios.

El registro de las jubilosas efemérides hace inflexión en el Año Jubilar de 1950, con Pio XII rigiendo una Iglesia Católica pujante; el de 1975 ya estaría marcado por la crisis del post-concilio, y los de Juan Pablo II llevaron impresa la huella voluntariosa de un siglo cerrado y otro abierto por el entusiasmo juanpablista característico de aquellos años de continuos fastos y decadencia católica continua.

Este nuevo extraordinario de PP Franciscus, desde la Inmaculada del 2015 a Cristo Rey del 2016, no se explica salvo por la voluntad de èl mismo. Tiene de bueno que así, por encima de sinodalidades y colegialismos, usa una prerrogativa exclusiva del Papa que es, realizando algo que sólo el Papa puede hacer.

Lo discutible es el recurso, acumulando jubileos en un plazo tan corto entre uno y otro, desvirtuando por la repetición inmoderada el valor del jubileo en sí, cuyo significado depende, en cierto sentido, de su periodicidad según la tradición.

Y lo preocupante, dadas las circunstancias que coinciden con las sesiones del Sínodo de la Familia: ¿No se pretenderá misericordiear algunos temas polémicos como la admisión a los sacramentos de los divorciados re-casados y/o el reconocimiento de las parejas gays?

Con redundante expresión PP Franciscus ha dicho que el Jubileo tendrá como centro la misericordia. ¿Se habrá querido referir a alguna nueva misericordia hasta ahora inédita en un jubileo?



Oremus, ergo, fratres, pro fructibus Iubilei Misericodiae et pro conversione iubilanturorum ómnium.


+T.

sábado, 29 de noviembre de 2014

El Castillo

Como nos debatimos entre fidelidad a lo que creemos, combate contra lo que odiamos y prudencia omnibus rebus, pues al fin somos rien; porque no pretendemos - en suma - herir lo que está tan herido, por todo eso y plus, no comentamos, ni decimos, ni escribimos todo lo que nos llega, sea viento apestoso o tufo hediondo.

Pero el panorama es tremendo: PP Fcus. y Castillo, compañeros (de la Compañía)

Que PP Franciscus escriba, se cartee, se informe por conducto de Castillo, que Castillo (¡ J.Mª Castillo !!!) sea hombre de confianza de PP Franciscus...

¿Qué diremos que no tinte más el horizonte retinto...?

Llega el punto en que a uno le asalta la duda de si no sería mejor tornar a aquellos días de los Borgia y las cantáridas, que eran veneno físico, pero nada más.


+T.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Nuntio vobis donum magnum !!

Se me han adelantado los Reyes más de un mes, porque un buen amigo (un munífico amigo) me ha hecho, inmerecidamente, un regalo espléndido: La Historia de los Papas de L. von Pastor completa (39 volúmenes; Buenos Aires 1948, edit. G. Gili, 2ª edic.), en un estado de conservación estupendo. Un sueño.

Cuando estuve en Roma, en el Colegio Español, ya utilicé el v. Pastor (y creo que leí casi completa la obra). Mis años romanos fueron más de lectura intensa y extensa que de aplicación académica. El p. Lobato me dijo una vez -"Eres un estudioso idealista, no eres práctico"; tenía razón. Sin embargo, a casi cinco lustros de aquellos tres cursos en la Urbe, con la arrogancia petulante del calavera, en vez del 'Que me quiten lo bailao', yo podría decir 'Que me quiten lo leído'.

Conque he recibido el von Pastor con emoción leyente, como quien recoge un legado que alguna vez deseó sin esperar tenerlo. Deo gratias. Y gracias al generoso y desprendido donante. Hay cosas que uno no sabe cómo agradecer.

En la obra monumental del Barón von Pastor late una tesis que conviene recordar: Los Papas, hombres de su tiempo, enmarcan sus pontificados en su respectiva época, marcados por las circunstancias del momento, también con vicios y deméritos que, cuando aparecen, siendo personales, son imputables al sujeto, nunca a la institución del Papado, cuya esencia permanece, a través de los siglos, incólume en su santidad, integrada en la Santidad de la Iglesia y su misterio salvador, que es del mismo Cristo.

Ludwig von Pastor es un historiógrafo veraz, erudito, imparcial en la exposición, inteligente en la interpretación, ferviente católico siempre y doctor inexorable en su cátedra. Su renombre no es vano.

Hace poco leí por ahí que conocer la Historia de la Iglesia es, a veces, una necesidad, un valioso medio para la fe del fiel católico. Y es verdad.


+T.

sábado, 1 de noviembre de 2014

El Día del Dogma

 
En mi casa, en mi familia, en el pueblo de mi familia, el día 1 de Noviembre, además del Día de Todos los Santos, es también el Día del Dogma, porque celebramos el aniversario de la proclamación del Dogma de la Asunción de la Virgen por Pio XII el 1º de Noviembre de 1950. Todos los años, nuestra Hermandad Asuncionista celebra un Triduo conmemorativo los días 29, 30 y 31 de Octubre, culminando la celebración el 1 de Noviembre con Rosario público, Misa-Función Solemne y Besamanos de la Imagen de Ntrª Srª de la Asunción.

Encontré en yutube este documento histórico de los actos de la Proclamación Dogmática, con imágenes de Pio XII pontificando solemne, reverente y santamente, como un Papa consciente de su ministerio ante Dios y en la Iglesia. Merece verse y comparar con el abandono de formas esenciales (recalco: formas esenciales) que hoy sufre la Iglesia, que todos sufrimos. Vean Uds. y juzquen:



Aunque no lo parezca, es la misma Iglesia que hoy se nos muestra - dice un cardenal - quasi sin timón, desnortada, cincuenta años después del concilio que desbarató tantas cosas y abrió la puerta a tantos males; el concilio que idolatran los jerarcas que descuidan la Barca de Pedro. El concilio al que siguió este post-concilio interminable, como una penosa y crónica enfermedad que debilita y degenera todo el cuerpo eclesial.

Aquel día, el 1 de Noviembre de 1950, el Día del Dogma, el Papa Pio XII rezó ante la imagen de la Salus Populi Romani esta piadosísima, bella e inspirada oración:


Oración a la gloriosa Asunción de la Sma. Virgen María en cuerpo y alma a los Cielos, compuesta y pronunciada por SS. Pío XII el día de la proclamación dogmática, 1 de Noviembre del Año Santo Jubilar de MCML

¡Oh, Virgen Inmaculada, Madre de Dios y Madre de los hombres!, nosotros creemos, con todo el fervor de nuestra fe, en tu triunfal asunción en cuerpo y alma a los cielos, donde eres aclamada Reina por todos los coros de los ángeles y todo el ejército de los santos, y nosotros nos unimos a ellos para alabar y bendecir al Señor, que te ha exaltado sobre todas las demás criaturas, y para ofrecerte el obsequio de nuestra devoción y de nuestro amor.

Sabemos que tu mirada, que maternalmente acarició a la humanidad doliente y humilde de Jesús en la tierra, se sacia ahora en el cielo con la vista de la gloriosa humanidad de la Sabiduría increada, y que la alegría de tu alma, al contemplar cara a cara la adorable Trinidad, hace exultar tu corazón de inefable ternura, y nosotros, pobres pecadores, a quienes el peso del cuerpo hace pesado el vuelo del alma, te suplicamos que purifiques nuestros sentidos, para que aprendamos desde la tierra a gozar de Dios, sólo de Dios, en el encanto de las criaturas.

Confiamos en que tus ojos misericordiosos se inclinen sobre nuestras angustias, sobre nuestras luchas y sobre nuestras flaquezas; que tus labios sonrían a nuestras alegrías y nuestras victorias; que oigas la voz de Jesús que te dice de cada uno de nosotros, como de su discípulo amado: “Aquí está tu hijo”, y nosotros, que te llamamos Madre nuestra, te escogemos, como Juan, por guía, fuerza y consuelo de nuestra vida mortal.

Tenemos la vivificante certeza de que tus ojos, que han llorado sobre la tierra regada con la sangre de Jesús, se volverán hacia este mundo, atormentado por la guerra, por las persecuciones y por la opresión de los justos y de los débiles, y entre las tinieblas de este valle de lágrimas, esperamos de tu celestial luz y de tu dulce piedad, alivio para las penas de nuestros corazones y para las pruebas de la Iglesia y de la Patria.

Creemos, finalmente, que, en la gloria donde reinas, vestida de sol y coronada de estrellas, eres, después de Jesús, el gozo y la alegría de todos los santos y de todos los ángeles, y nosotros, desde esta tierra donde somos peregrinos, confortados con la fe en la futura resurrección, volvemos los ojos hacia Ti, vida, dulzura y esperanza nuestra.
Atráenos con la suavidad de tu voz, para mostrarnos un día, después de nuestro destierro, a Jesús, fruto bendito de tu vientre, ¡oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María

Cuánta diferencia con aquellas otras oraciones duras, frías, de JP2º; qué distancia con las expresiones coloquiales, chocantes, de PP Fcº. Como si una época creyente y reverente que el Vat.2º cerró con reluctancia impidiera a nuestro tiempo el fluir piadoso de la emoción espiritual, ferviente, que enardece el alma porque brota (brotaba!!) de un corazón encendido en el celo católico, en la tradición de sus Doctores, en la plegaria inspirada del Papa que se reconocía y fortificaba en el tesoro inmenso de la Iglesia y la Comunión de los Santos.



Hoy he llevado todo el día encima una de las medallas conmemorativas del Dogma Asuncionista. Las mandaron a nuestra Hermandad desde Roma, como un raro privilegio, unas de bronce, otras de plata. Los hombres las usaban con un cordón amarillo y blanco, el color papal; las mujeres las llevaban pendientes de un lazo con los mismos colores pontificios. Mi madre, mis abuelas, mis tías, se ponían la medalla del Dogma, expresamente, cuando iban a comulgar, como un pequeño ritual, como una señal preciosa de identidad católica, asuncionista, de comunión con el Papa y la Iglesia.



Todo eso lo he renovado hoy, mañana, tarde y noche, en cada Misa, en cada rezo. Con gozo por el pasado que fue, que hemos conocido. Con un desconsolado resquemor por este presente inquietante, decadente, degenerante, pobre en signos de esperanza y regeneración.

Un ruego: Recen Uds. por la beatificación de Pio XII, cuyo olvido es una señal más de esta languideciente Roma Católica

Pro beatificación del Papa Pio XII



+T.

miércoles, 8 de octubre de 2014

El que hacía falta, Nicolás

 
Nicolás, el prepósito de la degenerada y degenerante Societas I. ha dicho una de esas cosas que dicen los perturbadores cumpliendo su oficio, una de esas cosas que escandalizan y que merecen piedra de molino al cuello:

«Puede haber más amor cristiano en una unión irregular que en una pareja casada por la Iglesia»

Eso ha dicho Nicolás (con la sombra de Martini revoloteándole por encima de la coronilla).

Siendo Nicolás el jesuita cabeza de la jesuitez, lleva en sus genes jesuíticos aquel perverso equívoco que afloró ya en Ricci y remató en de Melo, esa especie de pancristismo indiferentista que ve asimilable a Confucio, compatible a Brahma y cotangente al Shinto. Todo es digerible, traducible, intercambiable (siendo Cristo el sustituible/transferible).

Por eso pronuncia esa sentencia escandalizante que lleva implícita su lógica premisa: Al decir que en una unión pecaminosa puede haber virtud cristiana, dice también que en el Sacramento del Matrimonio podría no haber gracia. Ergo Nicolás está diciendo que quizá sea mejor un estado de pecado que una vida en gracia. Ergo ¿para qué sirve el Sacramento, si el fornicar de los enamorados es virtud?

Se permite Nicolás bromear recordando los problemas de San Ignacio con la Inquisición, como si él (o quizá estuviera pensando en otro más conspícuo) se equiparara en la actualidad, verbis operibusque, con el Santo de Loyola.



Cuando el otro dia PP Franciscus celebraba los 200 años de la restauración de la Compañía de Jesús, yo me preguntaba si no hubiera sido mejor haberla dejado extinta, tal y como quedó con el Papa Clemente XIV, sin la rehabilitación graciosa de Pio VII. Porque me preguntaba qué pesaba más, si el bien obrado por la Compañía a la Iglesia entre Pio VII y Pio XII o el daño infligido a la Iglesia por los jesuitas desde Juan XXIII al presente PP Franciscus.

Que el Cielo lo juzgue. Pero si al árbol bueno se le reconoce por sus frutos, los frutos del árbol contemporáneo-postconciliar de la S.I. son nocivos sin comparación.

La Iglesia sería hoy mejor sin la Compañía de Arrupe y de Nicolás (y demás).


+T.

martes, 23 de septiembre de 2014

Jugando a Wojtyla?


La voluntariosa personalidad de Juan Pablo II se manifestó de muchas maneras y en numerosos momentos; algunos hitos de su largo pontificado sólo se entienden considerando el tenaz carácter del Papa Wojtyla. Su optimismo se unía a una visión bastante acertada de ciertas coyunturas, cuyas perspectivas/posibilidades de solución catalizó muy efectivamente. Entre todas destaca su determinación/actuación en la re-constitución político-social de Polonia, su patria. Aunque no todo fueran luces y aun quedando muchos rincones por alumbrar (el 'santosubitismo' fue una especie de pase acelerado de páginas incómodas de revisar), la huella del Papa polaco marca una página de la historia.

Pero la historia no es un calco transportable y, aun admitiendo variantes perceptibles para ciertas lecturas en paralelo, tampoco resiste re-protagonismos extemporáneos o excéntricos. La Historia no se reedita. Pretender que se repita, es un espejismo. Muy peligroso o muy ridículo, depende.

Sin conocer quasi nada, muy poco, de la Argentina matriz del Bergoglio que llegó a Roma desde Buenos Aires, me atrevo, sin embargo, a decir que la Kirchner presidenta no es el Walesa de Solidarnosc. Concedo afectos patrios y nostalgias del terruño, se comprende todo eso. Pero no entiendo que el PP Franciscus, tan moderno, tan libre de rúbricas de antaño, tan despegado de sus predecesores, formal y estilísticamente, al fin también politiquee more argentino como un Montini secundum Italiam o un Wojtyla ad Poloniam. Me parece ridículo, por ella, por él, por las cosas de allí y las de aquí. Por todo.

No puedo adivinar qué saldrá de aquestos pasteleos argentino-francisquistas. Pero diría que, dada la calidad-profundidad de dichos y hechos del protagonista mayor y principal, o todo quedará en agua de borrajas, o todo se enredará más y peor.

Quizá por eso la intuición del cuadro devoto.


+T.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Repugnante (y amenazante) presencia


Veo poca televisión, apenas algunos informativos, documentales y algún episodio de algunas series. Pero hace unos días hice este desagradable y repugnante descubrimiento televisivo, este engendro:

Cordoba Int. Tv

El enemigo en casa. Emiten en abierto, en un canal llamado Nacional-5. La programación es íntegramente islamista, e islamismo integrista. Tienen hasta algún presentador español, uno que presentaba hace unos años un programa-concurso, un tal Alonso Caparrós.

Golpeado por la criminal fantochada del neo-Califato del EI, con imágenes y noticias traumatizantes, cada día, saber que tenemos al enemigo operativo en medio de nosotros, es sumamente inquietante.

El Islam es una víbora en el seno de Occidente. Los yijadistas-terroristas made in England son la contundente prueba de que el Islam no es compatible con ningún medio social-cultural que no sea el propio Islam (aunque entre ellos se devoren también como fieras).

Recuerdo la ponderada opinión del entonces Cardenal Ratzinger cuando se oponía a la incorporación de Turquía a la UE. Y vuelvo a recordar el todavía fresco discurso polémico de Ratisbona, el del añorado Benedicto XVI.

Ante la ambigüedad francisquista, insuficiente y equívoca (este articulete opina al respecto), por la gravedad del momento, por el futuro amenazador de un islam en las venas de Occidente, es necesario un sólido discurso que promueva una clara conciencia que posibilite una reacción. Con hechos.

Escribo esto con el temor de que el vacío espiritual de Europa (vacío de cristiandad) incapacite para luchar en esta contienda, que parece se limita al Oriente Medio pero, de hecho, está activa dentro de nuestras fronteras, de muchas y sutiles formas.

La repugnante televisión esa es sólo una (cercanísima) prueba.


+T.

viernes, 25 de julio de 2014

Magisterio necesario. Todos hablaron ¿Francisco callará?

 
El Anglicanismo primero fue cisma, luego herejía. Sin embargo, históricamente, la Iglesia Católica prestó una particular atención a la llamada 'Iglesia Anglicana'. Desde el Movimiento de Oxford la atención fue tácita, si no oficiosa relación. En ese marco, la bula Apostolicae Curae, de León XIII, 1896 (ver en Denzinger), aunque supuso un golpe medular al anglicanismo, reconocía, implícitamente, una remota conexión, merced a la cual aplicaba su magisterio respecto a un caso especialmente anglicano, que no por eso dejaba indiferente al Papa, cabeza de la Iglesia.

Con motivo del movimiento reclamando la ordenación de mujeres, a una carta del entonces primado anglicano, el arzobispo Donald Coggan (convencido promotor de la iniciativa pro-femenina ya en la Conferencia de Lambeth, en 1970), Pablo VI contesta con un rescripto pontificio, claro y contundente;

"Your Grace is of course well aware of the Catholic Church's position on this question. She holds that it is not admissible to ordain women to the priesthood, for very fundamental reasons. These reasons include: the example recorded in the Sacred Scriptures of Christ choosing his Apostles only from men; the constant practice of the Church, which has imitated Christ in choosing only men; and her living teaching authority which has consistently held that the esclusion of women from the priesthood is in accordance with the God's plan for his Church"


"Su gracia es, por supuesto, muy consciente de la posición de la Iglesia Católica sobre esta cuestión. Ella sostiene que no es admisible ordenar mujeres para el sacerdocio, por razones verdaderamente fundamentales. Tales razones comprenden: el ejemplo, consignado en las Sagradas Escrituras, de Cristo que escogió sus Apóstoles sólo entre varones; la práctica constante de la Iglesia, que ha imitado a Cristo, escogiendo sólo varones; y su viviente Magisterio, que coherentemente ha establecido que la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia".

Cfr. Pablo VI, Rescripto a la Carta del Arzobispo de Canterbury, Revdmo. Dr. F.D. Coogan, sobre el ministerio sacerdotal de las mujeres, 30 noviembre 1975: AAS 68 (1976)

Merece la pena destacar, por especialmente firme y clarificador, el final del párrafo: "...Magisterio, que coherentemente ha establecido que la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia".

Por expreso encargo (y preocupación) de Pablo VI, un año después, en Octubre 1976, la S.C. para Doctrina de la Fe publicaría la declaración Inter Insigniores (leer aquí), exponiendo la doctrina de la Iglesia sobre el tema. El documento merece leerse, pues es de absoluta actualidad:

"...la Iglesia es una sociedad diferente de las otras sociedades, original en su naturaleza y estructuras (...) se utiliza a veces el texto antes citado de la Carta a los Gálatas (3, 28), según el cual en Cristo no hay distinción entre hombre y mujer. Pero este texto no se refiere en absoluto a los ministerios: él afirma solamente la vocación universal a la filiación divina que es la misma para todos. Por otra parte, y por encima de todo, sería desconocer completamente la naturaleza del sacerdocio ministerial considerarlo come un derecho: el bautismo no confiere ningún título personal al ministerio público en la Iglesia. El sacerdocio no es conferido como un honor o ventaja para quien lo recibe, sino como un servicio a Dios y a la Iglesia (...) el sacerdocio no forma parte de los derechos de la persona, sino que depende del misterio de Cristo y de la Iglesia. El sacerdocio no puede convertirse en término de una promoción social. Ningún progreso puramente humano de la sociedad o de la persona puede de por sí abrir el acceso al mismo: se trata de cosas distintas (...) igualdad no significa identidad dentro de la Iglesia, que es un cuerpo diferenciado en el que cada uno tiene su función; los papeles son diversos y no deben ser confundidos, no dan pie a superioridad de unos sobre otros ni ofrecen pretexto para la envidia: el único carisma superior que debe ser apetecido es la caridad (cfr. 1 Cor. 12-13). Los más grandes en el reino de los cielos no son los ministros sino los santos."

Tanto el rescripto de Pablo VI como la declaración Inter Insigniores aparecen citados en la Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis, de Juan Pablo II, publicada en Pentecostés del año 1994, el año de las primeras pseudo-ordenaciones de 'clérigas' anglicanas. Como es sabido, el texto papal utiliza una fórmula quasi-definitoria (infalible), con voluntad expresa de dar por cerrado, definitivamente, el tema:

"...Por tanto, con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia."

El Domingo pasado, Zenit publicaba en su boletín un extracto de un artículo de L'Osservatore (ver aquí), con una comunicación del primado anglicano Justin Welby sobre la reciente aprobación por la jerarquía anglicana de la incorporación de mujeres al episcopado (uso el concepto sin reconocer, obviamente, que en la confesión anglicana exista, propiamente, jerarquía sacerdotal - obispos, presbíteros, diáconos - y sucesión apostólica). En las palabras de Welby se detecta cierta condescendencia, como si hablara desde cierto nivel de superioridad, un paso (o dos) más allá en la evolución cristiana que aquellos otros cristianos a quienes se dirige:

"...somos conscientes de que nuestros interlocutores ecuménicos encontrarán en esta decisión un nuevo obstáculo en nuestro camino hacia la plena comunión (...) nosotros, como Iglesias fortalecidas por el Espíritu Santo, tenemos la tarea de proclamar la Buena Nueva de nuestro Señor y Salvador Jesucristo y luchar por una amistad más estrecha y una mayor unidad..."

La declaración del primado cantauriense resulta un irritante ejercicio de hipocresía en cuanto insiste en la unidad desde el anuncio de un hecho consumado que fractura aun más la desunión e imposibilita la comunión, siendo ahora más grave y profunda la separación por la degeneración de la misma institución jerárquica que, adoptando los dictados sociales, abandona la tradición recibida en aras de la modernidad y el reclamo feminista, extraño a la Iglesia desde sus orígenes, ausente en la institución de Cristo.



La gravedad de este nuevo error anglicano exige, como en los casos precedentes que he citado, una declaración magisterial como la hecha oportunamente por León XIII, Pablo VI y Juan Pablo II. Dado que el desenlace del asunto ya se preveía, después de una polémica muy activa en estos últimos años, se esperaría que Roma hubiera tenido elaborado el documento pertinente para ser publicado, bien por la S.C. de Doctrina de la Fe o, incluso, como documento del mismo Papa.

Pero no. No ha habido nada.

Sin embargo, la noticia del boletín de Zenit sí incluía una grave censura del error de las (pseudo) ordenaciones episcopales de mujeres anglicanas, una declaración no del Papa, ni de Roma, sino del Patriarcado de Moscú, de su Departamento de Relaciones Exteriores que dirige el metropolita Hylarión Alfeyev. Contundente, destilando doctrina y juicio, neta ortodoxia fiel a la tradición eclesial y apostólica:

"...(la incorporación de mujeres a la jerarquía)...impide considerablemente el diálogo entre ortodoxos y anglicanos (...) contribuye a aumentar las divisiones en el mundo cristiano en general (...) la introducción al episcopado femenino también elimina la posibilidad teórica de un reconocimiento por parte de la Iglesia ortodoxa de la existencia de la sucesión apostólica en la jerarquía anglicana (...) la consagración de mujeres obispos contradice a la antigua tradición de la Iglesia (...)

(lo decidido por el sínodo anglicano)...no ha sido por una necesidad teológica o asuntos de la práctica de la iglesia (...) sino un esfuerzo por satisfacer la idea mundana de la igualdad de género en todos las esferas de la vida y mejorar el papel de la mujer en la sociedad británica (...) se trata de una secularización del cristianismo (...) que alejará a muchos fieles que, en la inestabilidad del mundo moderno buscan apoyo espiritual en la inquebrantable tradición del Evangelio y de los Apóstoles".

Qué pena que tengamos que reconfortarnos con la buena doctrina de los cismáticos ortodoxos mientras el Magisterio de la Iglesia Católica prefiera callar y no decir nada.

Todo ello en los días de PP Franciscus, tan locuaz, tantas veces, con quien y sobre lo que no debiera.


+T.

domingo, 11 de mayo de 2014

Btº Pablo VI


Mi padre le llamaba 'Pabloví', jugando con el numeral VI como si fuera la terminación del nombre con cierto soniquete de apellido ruso: 'Pablovich'. Mi padre no era beato papista; mi padre era católico y franquista, falangista nieto y sobrino de carlistas. Por eso se atrevía a meterse con el Papa, por ser católico sin complejos y detectar (sin profundidad ni distingos eruditos) las anomalías de Pablo VI, todo aquello que se hizo por obra y gracia del Papa Montini.

A mi madre no le hacia gracia que mi padre llamara Pabloví a Pablo VI, y cambiaba de conversación cuando la conversación derivaba en críticas al Papa. Mi madre no criticaba a Pablo VI, pero le tenía devoción a un sólo Papa, a Pio XII, cuyo busto de escayola tenía siempre a la vista, en mitad de la estantería de su salón; estaba especialmente encariñada con aquella figurita del Papa Pacelli.

Pablo VI fue el Papa de mi niñez y mi primera juventud. Le guardo ese afecto y respeto reverente porque fue el Papa que conocí, y con él aprendí a querer al Papa. De Pablo VI tengo muchos recuerdos, estampas, fotos, revistas, televisión, cosas del colegio de las MM Teatinas, del año de mi Primera Comunión y de cuando la Confirmación. Me acuerdo muy bien del secuestro de Aldo Moro y la súplica dramática de Pablo VI. En Agosto del '78, cuando murió, viví intensamente aquellas semanas históricas, los dos meses ocupados por la rápida enfermedad y desaparición del Papa Montini, el Cónclave, la elección y muerte de Juan Pablo I, el nuevo Cónclave y la llegada de Juan Pablo II.

Entonces (universitario, con diecisiete-dieciocho años) ya tenía un concepto muy crítico sobre Pablo VI, mucho más que el que tenía mi padre. Ahora, si me preguntan, digo que el de Pablo VI fue uno de los pontificados más ruinosos de la historia, el comienzo de la decadencia imparable que Juan Pablo II aceleró con el relumbrón excesivo y voluntarioso de su largo pontificado, en uno y otro caso, con el Vaticano II como referencia obsesiva, rellenando con decretos e iniciativas inspiradas en el concilio el vacío eclesial que iba evidenciando la crisis del catolicismo. La pantalla poderosa de la hipertrofia juanpablista ocultaba la decrepitud galopante de la Iglesia.

Los des-católicos que señalaban a Juan Pablo II como el involucionista polaco, no entendieron (o disimularon) que Wojtyla fue el gran activista del Vaticano II, en todos los sentidos. Todo lo que - a pesar de todo - había sobrevivido con cierta dignidad durante los años de Pablo VI (y me refiero muy especialmente a la dignidad del Papado, formal y esencialmente) periclitó durante los casi 30 años de Juan Pablo II, luces y sombras.

Concuerdo con quienes entienden estas urgidas y aceleradas beatificaciones y canonizaciones como una huida hacia adelante de quienes están empeñados en dejar atado y bien atado el Vaticano 2º, no sólo mediante la continua re-proclamación del concilio y la re-evocación de su 'espíritu', sino también con la exaltación de los Papas del Vaticano II, cuyos calamitosos pontificados se obvian y quedan en la cuneta a-crítica de la historia que no quiere enjuiciar, ni revisar, ni releer, ni hacer balance general, realista y sin 'mitoramas' del V2º y sus consecuencias.



Todo eso no empece para que mantenga un respeto cariñoso a Pablo VI, aunque nunca me lo haya imaginado en los altares. Cuando las causas de los Santos se tramitaban con rigor, antes de la lamentable reforma de Juan Pablo II, la causa de Pablo VI (y la de Juan Pablo II) ni siquiera se habría incoado, por no resistir ni el primer examen de rigor. Pablo VI no gozó de fama de santidad en vida, ni murió en olor de santidad.

Ahora, después de haber sabido que ya tienen fijada la fecha para la beatificación del muy patético (y hamletiano, según ciertos excéntricos mitómanos admiradores) Pablo VI Montini, me pregunto quién le seguirá, a quién más tendrán en la lista de los canonizables vaticanosecundistas. ¿A Lercaro? ¿A Bea? ¿A Suenens? ¿A Frings? ¿A Doepffner? ¿A Köenig, quizá?

Suponemos, con toda lógica y congruencia, que si han comulgado con la piedra de molino de la beatificación de Montini, es de temer que tendrán tragaderas para atreverse a canonizar hasta a Benelli, a Bugnini y (¡¡por qué no!!) a Monseñor Marcinkus.


Y todos antes que a Pio XII.


+T.

lunes, 28 de abril de 2014

Canonizaciones


Los Santos ya no suben a la gloria del Bernini. Porque - primeramente - los sanpietrini ya no montan el aparato de las antiguas canonizaciones. Porque - segundamente - la Fábbrica di San Pietro no tiene caudales para gastar dinerales en el montaje de las canonizaciones de todos los santos que se han canonizado en estos últimos años, desde la rebaja juanpablista de los procesos de canonización.

Cuando dejó de usarse el aparato de las antiguas canonizaciones, la gloria del Bernini se sustituyó por un cartelón montado sobre un tapiz y cubierto con un paño que se alzaba (¡arriba el telón!) en un determinado momento de la canonización. Los tapices se colgaban en los balcones de la loggia de la fachada, si la ceremonia se organiza en la plaza, o, cuando es dentro de la basílica, los cuelgan de las balaustradas de las capillas altas de las reliquias, en los machones de la cúpula. Ahora, ni se tapan ni se alza el velo, porque las imágenes de los nuevos santos están ya descubiertas, tal y como aparecían los dos retratos de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II, con un estridente fondo azul-magenta, contrastando con el rojo intenso del tabarro y el blanco de la sotana papal.

Los filipenses de la Chiesa Nuova conservan todavía la gran imagen pintada, como un enorme estandarte, que se usó cuando la canonización de San Felipe Neri, aquella memorabilísima canonización del 12 de Marzo de 1622 en la que Gregorio XV subió a los altares a un quinteto espléndido de la Comunión de los Santos: Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Felipe Neri y (España entonces imperaba) Isidro Labrador.

Contra lo dicho al empezar, estos cinco magníficos no subieron a la gloria del Bernini, porque el portentoso altar de la Cátedra aun no se había construido y no había gloria (del Bernini). Conque la presentación de los nuevos Santos se hizo quasi como ahora, con telones pintados figurando a los canonizados.

Para los que no se hacen idea de cómo resplandecía un santo recién canonizado con su imagen expuesta en la gloria del Bernini (en el centro del resplandor, donde se ve la vidriera del Espíritu Santo entre ángeles y rayos de luz, todo en bronce berninesco), en este yutube con un breve reportaje de la beatificación de Inocencio XI ,se puede ver un poco de aquella brillante visión católica que ya no se ve: Pio XII beatifica a Inocencio XI. Y en este otro vídeo, con imágenes de la canonización de María Goretti, la primera que se celebró en el atrio de la Basílica, en la plaza, se puede ver cómo se descubre un tapiz con la imagen pintada de la nueva santa.

Cosas, detalles, circunstancias, formas.

Con diferencias que marcan conceptos, con la distancia que los conceptos marcan. Con todo eso que nos hace añorar con nostalgia la conciencia consciente de la gloria de la Iglesia, de la dignidad grave y majestuosa del Papa, de la solemnidad de los ritos celebrados todo ello sin entrar en contradicción ni incompatibilidad con la pobreza, o la humildad, o la sencillez. Sólo una conciencia desconcertada y endeble puede enredarse en tales fantasmas, que antes no había y hodierna die causan estragos y desfiguran todo. Compárese, simplemente, y véase.



Luego está lo de los santos y su santidad. Como se ha olvidado todo aquello que antes se sabía, los grados de santidad, las aureolas (p. ej.) y otras cosas sobre estas cosas, la gente, nuestros empobrecidos y desnutridos católicos, a veces no distinguen, cuando tanto conviene distinguir.

Al fin, de santos quien sabe es Dios, que es Quien los hace. La Iglesia sólo reconoce, y no engaña ni se engaña, porque es la Iglesia. Y es el Papa, aunque no se ponga tiara, como debiera, y no se revista con la majestad sagrada que le corresponde. Es el Papa; minimalista, filo-vulgar, des-solemnizado, pero es el Papa.

Me mueve a risa floja la devoción de quienes le encienden velas (es un decir) al Beato Urbano II (el de las Cruzadas) o a Santa Juana de Arco (que mataba ingleses) o a San Luis IXº (cruzado dos veces (y una calamidad para las Cruzadas)) pero les ponen pegas a Juan XXIII o a Juan Pablo II. Y no pongo más ejemplos estridentes porque témome que voy a escandalizar al beaterío hiper-pío que suele pasearse por ExOrbe.

Nótese que he citado a tres santos franceses, porque con los míos no me meto. Aunque en ExOrbe hemos contado la poca devoción que tengo a algunos de nuestro Santoral Hispano. Que sean santos no me obliga a ponerles cirios.

Ayer le aconsejé a un compadre que le pidiera a los dos nuevos recién canonizados, que, como son santos, tienen que trabajar para la Comunión de los Santos, y si está mandado amar a los enemigos y hacer el bien a los que nos odian, los Santos están obligados a todo eso con un grado de santidad como el que les pertenece y compete; conque, en lógica de santidad, deben favorecer a sus críticos no-devotos cuando les ruegan (¡ojo! que el encomendarse a ellos es necesario sine qua non).

Si Uds. no me entienden, no importa. Pero háganme caso, que les conviene.

+T.