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martes, 4 de diciembre de 2012

Confundiendo, no confirmando

 
Es una pena - es de temer - que la crónica del pontificado de Benedicto XVI tenga que incluir un capítulo dedicado a los equívocos, algo que parece haberse convertido en un rasgo (quizá anecdótico) característico (?) del Papa Ratzinger. Desde el discurso de Ratisbona que levantó ampollas en la susceptible y muy irritable sensibilidad de los mahometanos, pasando por las declaraciones sobre el sida y sus circunstancias yendo en avión cuando su primer viaje a África, y ahora las ocurrencias extraídas del libro 'La infancia de Jesús', la tercera entrega de la anómala publicación bajo la autoría oficial de Joseph Ratzinger y la oficiosa de Benedicto XVI.

Después de lo de la mula y el buey, ahora toca el turno a los Reyes Magos, 'desmitologizados' y 'desubicados'. Es el efecto que causa en el vulgo este tipo de publicaciones, que no son para el vulgo, pero que terminan siendo vulgarizadas con las consecuencias que estamos viendo: El descrédito de las tradiciones y la sensación, cada vez más generalizada de que los Santos Evangelios son narraciones poco fiables, poco fidedignas.

En el 'Año de la Fe' resulta verdaderamente chocante esta ambientación revisionista de los Misterios de la Navidad del Señor, todo ello propiciado por la aparición de ese equívoco libro, absolutamente innecesario, tan poco adecuado si se considera su procedencia y autoría.

El 'apacienta a mis corderos' parece haberse transmutado en un 'desconcierta a mis ovejas'.



Lamentable, muy lamentable. Tanto más si se considera que, al fin, todo parece ser prurito personal de un insigne teólogo que no parece haber asumido en todos sus detalles las consecuencias de ser quien ejerce el Magisterio Universal de la Iglesia, con el privilegio (aunque no lo use) de la Infalibilidad.

Un don único y singular expuesto a ser devaluado por la opinión de una masa necia y confusa.


+T.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Jesús de Ratzinger, 3ª entrega

 
En su momento (aquí), ya dije lo inoportuna que me parecía esa aventura extra-magisterial que ponía entre paréntesis a Benedicto XVI para reaparecer como el profesor-teólogo Ratzinger, publicando libros, siendo Papa, que no son del Papa. Una abstracción de difícil justificación.

La palabra del Señor sobre la irrevocabilidad de una vocación asumida (la vista de aquel que empuña el arado no puede permitirse mirar atrás cfr. Lc 9, 62) tiene en este caso - esa es mi opinión - una particularísima casuística, que no debiera haberse dado. El Papa no puede aparecer detrás o bajo la sombra nostálgica del profesor.

Confirmar la fe es enseñar la Revelación, el Misterio de Cristo, tal y como ha sido recibido por los Apóstoles, y mantener firmemente la regla de fe del Magisterio, una doctrina, una solamente; confirmar la fe no es exponer una galería de opiniones, de autores, de obras, de exégesis, de hipótesis abiertas a otras opiniones que puedan ir llegando de mano de otros autores, de otras obras, con otras hipótesis, dejando en suspenso, en el aire, una vaga indefinición, tanto más cuanto ello, como en este caso, puede suponer la desacreditación/credibilidad de un texto sagrado que es fuente de Revelación

El autor, Joseph Ratzinger (o Benedicto XVI???) se comporta como un docto erudito pero no enseña y confirma como un Papa. La gente leerá su libro como el libro 'del Papa' porque así se vende, esa es la propaganda que va aneja a su lanzamiento editorial para ser el best seller de Diciembre, el libro más vendido y regalado en Navidad, el más atractivo para un gran público católico que comprará, sin más distingos, 'el libro del Papa'.

Si el docto teólogo se impone al Papa, malo, muy malo. Y esa es la impresión que dan este libro y los otros dos. Una tríada absolutamente prescindible, que no dice nada que no hayan dicho ya otro autores; tres libros sin especial relevancia, moderadamente católicos, típicos de una moderna exegética católica sugestionada por el método histórico-crítico. Un tríptico ratzingeriano que sumirá a muchos en la confusión de no saber si enseña el profesor que fue o el Papa que es.

 La cátedra de Ratzinger no puede aparecer, coexistir y/o ser presentada confusamente junto a la Cátedra de Pedro.


+T.

miércoles, 9 de febrero de 2011

La fotito de Lerma y una historieta del Padre Coloma



"A la Excmª. Srª Dª N**** N****


Señora mía:

Ayer me entregó Juan Cortegana las dos fotografías que tiene vuestra excelencia la bondad de enviarme, y la carta en que con sencillez tan espontánea me descubre el gozo de su alma, la paz de su conciencia y el tranquilo bienestar de que disfruta en esa linda aldea asesorada por los doctos consejos de ese señor provisor que ahí veranea, dirigida por ese reverendo capellán que llevó de la Corte, y fortalecida por el trato y amistad de esas benditas Madres Bernardas que la confortan y ayudan con sus ejemplos y oraciones, bizcochitos y alpisteras.

Loado sea Dios, excelentísima señora, que tal placidez da a su espíritu y tan altos alientos la infunde, que rebosan por la punta de la pluma, y saltan y se atropellan en el papel en frases tan fervorosas como estas textuales de su carta, que ante los ojos tengo presentes:

' Todos me elogian y me aseguran que el Señor me guarda para grandes obras, y como yo siento en mí alientos nada vulgares, ruego a vuestra reverencia me indique la manera cómo se preparaban algunos de esos santos grandes, grandes fundadores, por ejemplo, que ha pasado a la posteridad. '

Pues ya lo creo, señora mía, que le diré cuanto sepa, y en muy claro y sencillo romance: que harto me zumban en las orejas aquellas terribles palabras: Vae mihi, quia tacui! - ¡Ay de mí, porque callé!.

Y como no me dice vuestra excelencia si eso de las grandes obras para que el Señor la guarda se lo dijo algún ángel del cielo, doilo yo por supuesto, porque vaya la puntería a lo más alto; y le contaré por toda respuesta la fiel y puntual historia de lo que acaeció ha más de tres siglos  a dos pobres Juanes, que si no pensaron mucho en la posteridad, de que vuestra excelencia habla, no apartaron nunca de su mente la eternidad, que no menciona en su carta."


Esto que he escrito más arriba no es mío, es un fragmento, el comienzo, de una obrita del padre Luis de Coloma s. j. tan célebre en sus dias, tan olvidado hoy. Pero yo, que le tengo muy particular afición, me acordé de él y de esta narración que tituló Cartas Claras; se compone de dos partes, esta Carta Primera: Dos Juanes, y la otra Carta Segunda: A un Gran Señor Titulado.

Pues decía que en cuanto leí el otro día la carta de la superiora y neo-fundadora de Lerma me acordé de este texto del padre Coloma. Y hoy, con lo de la foto de las neo-monjas con su hábito blue-jeans, otra vez se me ha venido a la cabeza el opúsculo del p. Luís Coloma.

Después de ese comienzo, el que he transcrito, sigue la narración de una de las historias de santidad y de santos más extraordinarias y extrañas que han sucedido y que les resumo (lástima de pereza la mía, que no me deja copiar todo el texto tal cual, sorry, ustedes me dispensen). En resumen, la admirable historia es como sigue:

Predicaba en Granada, en Enero de 1538, en la parroquia de San Pedro, que es la del Sagrario de la Catedral, el gran misionero popular rev. p. Juan de Ávila, que subido al púlpito de la preciosa iglesia granadina inflamaba con su verbo arrebatado a todos los concurrentes ensalzando las virtudes, méritos y santos arrojos del valiente y gallardo mártir San Sebastián, soldado de Cristo y su testigo con sangre y quebranto de su cuerpo, expuesto a la pasión de los tormentos y las cruentas saetas que dispararon contra sus miembros.
Tanta era la elocuencia pía del Maestro Ávila y la emoción que suscitaba en sus oyentes, que un pobre librero ambulante, vendedor de estampas y hojillas de imprenta, salió del templo dando gritos, confesando en alto sus pecados, clamando misericordia y dándose golpes de pecho, con tanto efecto que los chiquillos que había en la plazoleta de delante de la iglesia se fueron detrás suya correteándole y coreándole: "¡¡¡ Al loco, al loco !!!". Total, fue que al dia siguiente, después de la noche que se pasó vagando por las frías calles de Granada, dos buenos señores se apiadaron del pobre librero y lo recogieron en la esquina de una plazuela, donde yacía tendido, y lo llevaron a la casa en que se hospedaba el p. Juan de Ávila, que le hizo un hueco entre los muchos penitentes que tenía que confesar y atender, y tuvo con el pobre arrebatado librero una larga plática, y luego lo despidió.
Pero apenas que pisó el umbral de la calle, el librero volvió a los clamores y voces, tanto que parecía más loco que el dia antes, y salió corriendo por las calles, y hasta se quitó la ropa y se quedó medio en cueros, sin dejar de pedir misericordia y perdón por sus pecados. Y así anduvo hasta que unos alguaciles de la ciudad lo prendieron y se lo llevaron preso al Hospital Real, donde le metieron en una jaula, en el patio de los locos dementes. Estuvo varios meses así, y se cuenta que le dieron cinco mil azotes en sus magras carnes, una zurra cada día, tratado como un loco de remate al que se le pretendía quitar la demencia a palos, según la usanza médica de entonces. Y así hasta que un día le llegó una carta del Maestro Juan de Ávila con este escueto aviso: - "Basta ya la opinión de fingida locura para conservar la humildad. Conviene ahora deis a entender que estais bueno, así por no desacreditar lar virtudes que Dios ponga en su alma, como también para que podais seguirme a Montilla, para donde estoy de camino."




La narración de Coloma sigue contando los primeros días en Granada, ya de vuelta, de aquel extraño penitente que no era otro que el que un día sería conocido y venerado como San Juan de Dios, el fraile hospitalario que encendió la caridad más admirable en el corazón de Granada; y el clérigo que le aconsejó y dirigió espiritualmente sería también canonizado y venerado como San Juan de Ávila, patrono del clero secular español, un consejero de santos, auténtico doctor de aquel radiante Siglo de Oro en que España vencía con la sólida virtud de sus santos la vana grandeza de sus armas y sus triunfos. Aquella España de aquellos tiempos.

Pues continuo con el final del cuento del p. Coloma; escribo copiando como al principio:

 
"Y aquí pondría punto final, excelentísima señora, dando ya por satisfecha su consulta y cumplido mi encargo, si no me creyese obligado a darle gracias muy reverente por las hermosas fotografías que me ha hecho el honor de enviarme, con tanta bondad de su parte como de la mía extrañeza.


La idea de retratarse vuestra excelencia vestida de religiosa es, en verdad, peregrina, y por tan famosa y devota la tengo que me extraña y maravilla no se la aconsejase al propio San Juan de Dios su sabio maestro Juan de Ávila como medio de propaganda mística.


Porque la verdad es que el cuadro...la figura de vuestra excelencia, todavía esbelta, arrodillada a los pies del devoto Cristo, y hasta los ondulantes pliegues de la cola del hábito, que con exquisito sentido estético no escogió vuestra excelencia entre los de monjas rabicortas, sino entre los de monjas de cola larga, claman y gritan y vocean el espíritu de humildad y desprecio del mundo que ha inspirado la composición artística y la hacen medio el más a propósito para indicar los grados de preparación que tiene ya su excelencia para recibir encargos del cielo.


... ... ... ...


Madrid, a 23 de Enero de 1897. Suyo affmº servidor y humilde capellán .

Luis Coloma S.J.



Quiten ustedes la crono-patía tardo romántica e irónica que el p. Coloma le pone a la carta, suplanten a la excelentísima de marras por las neo-monjas de Lerma, y entenderán la impresión-evocación que me hizo la carta de Sor Verónica en su día y ahora la fotito de todas reunidas retratadas en hábito de tela vaquera; comparadas en semblanza con el el texto del p. Coloma que he transcrito, quiero decir.

Conste que es sólo eso, sin más. Yo sólo pongo imaginación y comentario a los hechos, que los dan ya hechos, escritos y fotografiados.

Porque tiene gracia chocante que la cosa empiece así, con carta declamatoria estilo 'qué buenas y únicas y auténticas somos' y con fotito de aquí estamos, así vamos, estas somos, allá vamos.

Curiosa y llamativa manera de empezar.

Nada más, sólo eso.


+T.

miércoles, 2 de febrero de 2011

La moderna a-cristología. Comentarios a propósito del caso de Pagola



Cuando hace unas semanas escribí el articulete sobre el preocupante cardenal Ravasi, no sabía que iba a volver tan pronto sobre lo mismo, está vez sobre Pagola, pero con Ravasi también en el escenario, de fondo.

La novedad ha sido la publicidad de la causa que le instruyen en Roma, en la Congregación para la Doctrina de la Fe. Hace un par de días, el Domingo pasado, se publicaba un artículo sobre el caso en el diario vasco El Correo:

El Vaticano procesa a Pagola

Hasta hace tres o cuatro años, Pagola era famoso, sobre todo, por filo-etarritarri y por haber sido el obsequioso vicario del nefasto monseñor Setién, no entro en detalles. Sólo recuerdo una anécdota bastante descriptiva: Fue en Sevilla, hace doce años, justo por estas fechas, una semana después del atentado en el que asesinaron a Alberto Jimenez Becerril y su esposa Ascensión García Ortiz; el entonces vicario episcopal de Sevilla-periferia (este mismo personaje, precisamente) tenía organizadas unas jornadas pastorales cuyo invitado y ponente principal iba a ser el ya famoso vicario donostiarra, J.A. Pagola. Dos o tres días después del atentado, inesperadamente, se nos comunicó que las jornadas se suspendían. El motivo no se explicó, oficialmente; oficiosamente se supo que no pareció 'prudente' que, con el atentado tan reciente, apareciera por Sevilla el vicario de San Sebastián, con lo que se daba por supuesto no sé qué que tenía que ver con no me imagino qué. Ignoro si el que se acobardó fue el vicario sevillano, que era el anfitrión, o si fué el vicario donostiarra, que era el invitado, o si sería cosa del prelado. Pero así pasó (mejor dicho, no pasó). Lo cuento (y recuerdo que lo conté ya otra vez) como anécdota sobre la fama que acompañaba a Pagola, entonces.

Hoy, más que nada, es la cabeza visible de la pseudo-teología des-católica española. Es de temer que pronto sea también (si no lo es ya) mascarón de proa de las vanguardias des-catolizantes iberoamericanas, merced a ese fluído trasiego de recíprocas influencias entre la Península y las Américas.

Tocante al tema de la divulgación teológica, estamos en un momento interesante y peligroso: Por vez primera, un amplio público católico se acerca a la teología y lee y se forma con bastante interés. Lo grave y preocupante es que:

- se acercan sin un mínimo de estructura doctrinal capaz de asumir, distinguir y entender

- su aproximación, frecuentemente, se hace desde un medio deformado, anti-dogmático, pseudo-teológico y des-creyente; (el libro de Pagola es un ejemplo)

- muchos (¿la mayoría?) de los centros de formación donde se imparte esa instrucción a los seglares interesados suelen estar en manos de y dirigidos por elementos des-católicos, poco afectos a la ortodoxia e infectados (consciente o inconscientemente) de todos los virus del modernismo pre y post conciliar

Pagola, precisamente, escribe para este tipo de laico-medio, adultos con cierto nivel cultural pero adolescentes de conocimientos teológicos que no sabrían ni exponer ni explicar un credo cristiano mínimo. Este público recibe la obra de Pagola y la de otros autores con toda confianza, sin advertir

Pagola no es un gran autor. Pero tiene ciertas facultades, bastante apreciables, para exponer claro y conectar rápido; es un buen 'captador', versátil y ameno, no es pesado. Trata de temas sobre los que su auditorio (sus lectores) ya tiene hecho el oído, o bien escribe sobre cosas accesibles a una formación media, con estilo ligero y asimilable. Estas cualidades son muy agradecidas por un público no erudito que se siente docto en cuanto se lee un libro de un "teólogo famoso", bajo el equívoco de que un autor de tales materias debe ser forzosamente elucubrado y farragoso. El lector se sorprende gratamente cuando experimenta que lee, entiende, sigue el discurso y saca conclusiones conducido por la experta guía del autor del libro, que se gana con esto admiradores fieles, conversos entusiastas que aplauden, asumen y defienden después como mastines las tres o cuatro tesis que han sacado de su lectura.

¿Qué tesis? Alguna vez - me repito mucho - he dicho que Pagola & cía. representan actualmente una especie de neo-arrianismo post-conciliar-post-modernista. Exponen desde una supuesta "superación" del dogma según esa falsa tesis post-conciliar según la cual la Iglesia del post-Vaticano 2º innova la antigua cristología (y toda la teología) gracias a una compresión mejor en sintonía con las necesidades del hombre contemporáneo. Se obvia toda la teología-cristología tradicional y se enseña desde perspectivas dependientes de las últimas teorías y/o hipótesis sobre 'Jesús de Nazareth'; recalco este particular por su valor definitivo en cuanto que con la preferencia reductiva del nombre se reconoce implícitamente solamente al hombre Jesús, a la vez que se resiste a explicitar la confesión del Cristo profetizado-realizado y a la proclamación-reconocimiento del Verbo encarnado/hecho hombre. Es decir, se obvia la misma esencia del Cristianismo, que recibe propiamente la revelación definitiva desde el Misterio del Hijo Encarnado que nos revela al Padre y el Espíritu, Dios Uno y Trino, esencia del Credo del Nuevo Testamento y la Iglesia.

 En las obras de los autores de la nueva pseudo-cristología desaparecen las definiciones de los Cinco primeros Concilios Ecuménicos, que son los normativos tocante a la configuración del Credo Cristiano, sin cuyo reconocimiento no existe el mínimo necesario para la existencia de una fe, una confesión, una doctrina o una identidad cristiana. Quiero decir que en estos autores de la nueva pseudo-teología se esconde una ruptura gravísima que la jerarquía de la Iglesia se resiste a reconocer: Que ya no son cristianos, que han pasado a profesar un credo a-cristológico y a-trinitario y exponen un discurso meramente deísta cuyas referencias cristianas se reducen a un mínimo insuficiente, a veces sólo el reflejo de algunos postulados morales entresacados de una lectura-comprensión reduccionista de los Evangelios (los demás escritos del Nuevo Testamento se excluyen, generalmente, en cuanto suponen una absoluta negación de las tesis minimalistas de la "jesusología" a-cristológica de estos autores).

¿Cómo se ha llegado a esto? El proceso deriva, más o menos inmediatamente, desde la aparición del modernismo de hace un siglo, fines del XIX y comienzos del XX. Primero se dejó de comulgar con los dogmas, se abandonó la dogmática y se prefirió la exegética; siguió después el cientifismo aplicado a la Escritura; ahora, en un estadio ulterior consecuencia de los dos anteriores, prescindiendo del valor sagrado de los Textos, no se reconoce ni siquiera su valor histórico y, abandonada la crítica literaria de los Textos, se instalan con su cátedra en el método histórico-crítico.





Lo que nos deja estupefactos es comprobar cómo las mismas referencias de alguna altas instituciones cercanas al Magisterio han propiciado y alentado este estado de cosas. Así, por ejemplo, del documento Cuestiones selectas de Cristología (1979) publicado por la Comisión Teológica Internacional en 1979, bajo Juan Pablo II, entresaco los enunciados siguientes:

- ...El Nuevo Testamento no tiene por finalidad la de presentar una información puramente histórica sobre Jesús. Pretende, ante todo, transmitir el testimonio de la fe eclesial sobre Jesús

- ...Dentro de los límites de la investigación exegética es ciertamente legítimo reconstruir una imagen puramente histórica de Jesús o bien -para decirlo en forma más realista- poner en evidencia y verificar los hechos que se refieren a la existencia histórica de Jesús.

- ...Las investigaciones científicas sobre el Jesús de la historia tienen, ciertamente, un gran valor. Esto es particularmente verdadero para la teología fundamental, así como para los contactos con los no-creyentes...Un conocimiento pleno de Jesucristo no puede obtenerse a menos de tenerse en cuenta la fe viva de la comunidad cristiana que sostiene esta visión de los hechos. Esto vale tanto para el conocimiento histórico de Jesús y para la génesis del Nuevo Testamento, como para la reflexión cristológica de hoy

- ...Hoy en día es fructífero y necesario, en el campo de la teología dogmática, un retorno hacia el Jesús terrenal, dentro del marco más amplio que queda indicado. Es sumamente importante poner en evidencia las innumerables riquezas de la humanidad de Jesucristo, y más de lo que lo hicieron los cristologías del pasado

- ...La cristología debe asumir e integrar, en cierto sentido, la visión que el hombre de hoy adquiere sobre sí mismo y sobre la historia, en la relectura que la Iglesia procura al creyente

En el mismo documento, se entreveran otras afirmaciones que matizan, corrigen o subordinan algunas de estas afirmaciones:

- ...La identidad sustancial y radical de Jesús en su realidad terrenal con el Cristo glorioso, pertenece a la esencia misma del mensaje evangélico. Una investigación cristológica que pretendiera limitarse al solo «Jesús de la historia», sería incompatible con la esencia y la estructura del Nuevo Testamento, incluso antes de ser objeto de rechazo por parte de una autoridad religiosa magisterial

También se incluye un buen resumen de las definiciones de los Cinco Primeros Concilios, así como otras referencias fundamentales. Se advierte, empero, en todo el texto la participación en su redacción de diversas opiniones, tendencias, estilos, autores y fuentes dispares, con el resultado final de un documento del que se pueden deducir conclusiones contradictorias o equívocas. Algo demasiado habitual para ser mera casualidad.

En cierto sentido, paradójicamente, la obra por la que se ha abierto la investigación a Pagola es consecuencia de lo que la misma Iglesia Católica ha permitido y animado, o, incluso, ha expuesto ella misma, consecuencia de un magisterio que prefiere dejar abiertas las cuestiones antes que enseñar con solidez, garantías y autoridad, con la tradición doctrinal como referencia incuestionable y no, como da la impresión, con la novedad y la eventualidad de la hipótesis como tendencia escogida/preferida. Los frutos de la indefinición (consciente? deliberada?) son autores y obras como Pagola y su libro.


Sobre lo que ya se distinguía en su momento y lo que se vislumbraba como porvenir más o menos inmediato, el Magisterio condenó en el Decreto Lamentabili (Julio de 1907, dos meses antes de la publicación de la encíclica Pascendi de S. Pio X) una serie de tesis modernistas que atentaban contra la ortodoxia cristológica, estas:

27. La divinidad de Jesucristo no se prueba por los Evangelios; sino que es un dogma que la conciencia cristiana derivó de la noción del Mesías.

28. Jesús, cuando ejercía su ministerio, no hablaba con el fin de enseñar que El era el Mesías, ni sus milagros tendían a demostrarlo.

29. Puede concederse que el Cristo, que presenta la historia, es muy inferior al Cristo que es objeto de la fe.

30. En todos los textos evangélicos el nombre de Hijo de Dios equivale solamente al nombre de Mesías; pero de ningún modo significa que Cristo sea verdadero y natural Hijo de Dios.

31. La doctrina sobre Cristo, que nos enseñan Pablo, Juan y los Concilios de Nicea, de Efeso y Calcedonia, no es la que Jesús enseñó, sino la que sobre Jesús concibió la conciencia cristiana.

32. El sentido natural de los textos evangélicos es inconciliable con lo que nuestros teólogos enseñan sobre la conciencia y ciencia infalible de Jesucristo.

33. Para todo el que no se guía por opiniones preconcebidas es evidente que o Jesús enseña un error al hablar sobre el próximo advenimiento del Mesías, o que la mayor parte de su doctrina, contenida en los Evangelios sinópticos, carece de autenticidad.

34. El crítico no puede atribuir a Cristo ciencia ilimitada, sino en una hipótesis inconcebible históricamente y que repugna con el sentido moral, a saber: que Cristo, como hombre, tenía la ciencia de Dios y que, sin embargo, no quiso comunicar ni a sus discípulos ni a la posteridad el conocimiento de tantas cosas.

35. Cristo no siempre tuvo conciencia de su dignidad mesiánica.

36. La resurrección del Salvador no es propiamente un hecho de orden histórico, sino un hecho de orden puramente sobrenatural, ni demostrado ni demostrable, que la conciencia cristiana derivó poco a poco de otros hechos.

37. La fe en la resurrección de Cristo, en su origen, se refería no tanto al hecho mismo de la resurrección cuanto a la vida inmortal de Cristo junto a Dios.

38. La doctrina de la muerte expiatoria de Cristo no es evangélica, sino solamente paulina.


(Cfr Dz 2037-2038 ó Dz 2437-2438)

Resulta conmocionante comprobar cómo son estas tesis, precisamente, las que salen una y otra vez en las obras de los autores des-católicos, con la grave circunstancia de ser personajes bien considerados e incluso promocionados dentro de la Iglesia, ocupando relevantes puestos y encargos pastorales y académicos. El caso Pagola es uno entre tantos, sólamente una muestra que aflora gracias a la publicidad de su libro y del mismo autor en cuanto personaje muy conocido por otros conceptos. Pero repito que es sólo una muestra.

Si a casos concretos como este, obra y autor, se les atribuyen simpatias y coberturas de primerísimas instancias (el artículo de El Correo cita al Cardenal Gian Franco Ravasi y al Secretario de la mismísima Congregación para la Doctrina de la fe, el jesuíta español Mons. Luis Fcº Ladaria), la panorámica resulta no ya intranquilizante sino sombriamente inquietante, con las más negros barruntos planeando sobre nuestro juicio al respecto.

Así corre el tiempo, así está las cosas.




Las soluciones, con estos protagonistas como actores del drama, no se preven ni próximas, ni consistentes. Menos aun si se expone el asunto (véase el artículo de El Correo) como una contienda intra-eclesial con intrigas, influencias e intereses.

Hace poco, no recuerdo en qué articulete, escribí que es de temer que las componendas que buscan soluciones por aproximación de extremos y consecución de un 'medio' que contente a los implicados suelen tener como resultado temible que por evitar una herejía se pacte la proclama de una medio-herejía, con un resultado igualmente malo: La verdad no admite parcialidad, ni merma, ni medias tintas.

Ignoro en qué quedará lo de Pagola, un caso entre muchos, ya digo. Me preocupa más la Iglesia y los 'hombres de iglesia' que intervienen en estos asuntos en los que se debate la Fe. Y, por supuesto, el estado de afectación que sufra la Fe: De su integridad depende algo tan serio como la Iglesia misma y la salvación de muchos.



+T.

jueves, 22 de octubre de 2009

Tolkien & prolongaciones familiares


Desde que leí El Silmarillion tuve todas las sospechas de que el supuesto "original" de JRR Tolkien había sido reelaborado y retocado por su hijo Christian en un grado y proporciones que él sabría. Después, publicación a publicación me he ido auto-confirmando en mi sospecha. La última "re-tolkienería" es esta: «La leyenda de Sigurd y Gudrún». La confusión (deliberada?) padre-hijo es tal que al final no sabe uno si el apéndice con la "conferencia inédita de Tolkien Introducción a la Edda Mayor" que incluye la edición, es una conferencia de JRR Tolkien o del prolífico Christian.

Un prolífico vástago que se ha fagocitado al resto de la prole del maestro, porque es Christopher el que se ha erigido en "el hijo" por antonomasia y en exclusiva de JRR y Edith, "el tercer hijo" que ha dejado en la sombra a sus tres hermanos.

No soy "tolkienmaníaco", pero sí profeso una admiración especial al maestro y a su obra, a saber: El Señor de los Anillos, El Hobbit, y los tres relatos Hoja de Niggle, Egidio Granjero de Ham, y El Herrero de Wootom Mayor. Esta es la obra que reconozco como de Tolkien, y nada más. Lo demás es tan "autógrafo" como los editores han querido admitir y el "tercer hijo" ha ido haciendo creer. Un crédito alimentado por la voracidad de los (malos?) lectores que se quedaron con el síndrome de abstinencia al llegar al punto final de los Apéndices de El Señor de los Anillos.

En cierta manera es el fenómeno del maestro y sus epígonos con el manierismo de escuela subsiguiente, algo que pasa algunas veces con los grandes del arte. En literatura es más dificil seguir el rastro porque los "discípulos" son, generalmente, muy mediocres y terminan siendo "de género", como todos los "generados" por Tolkien y su obra, un auténtico fenómeno de la literatura del XX-XXI.


Pero el caso de Cristopher Tolkien es excepcional porque se re-presenta como su propio padre, siendo evidente que no lo es. El caso es que yo mismo leo con cierto gusto esas narraciones abocetadas, plagadas de notas y referencias, no por el valor literario (que no lo tienen) sino por la evocación del imaginario tolkieniano. Ese "valor" sí que le concedo a la "labor" de Christopher, aparte del de ser el gran compilador re-ordenador crítico de la obra de su padre...O su re-creador complementario, con todos los juicios y valoraciones que se merece una mano tan "reordenadora" como ha demostrado ser la de Christopher.

A veces he concluído que el gran "apéndice" de Tolkien es su "tercer hijo", Christopher. Quizá por el mismo motivo interno que he dicho antes, tan característico del lector de JRR: El síndrome de abstinencia, cuyo primer afectado habría sido el propio Christopher.

Lo "original" en el caso de Cristopher Tolkien es que él y sólo él es el único autor de la formidable serie que supera en extensión - sólo en eso - la propia obra de su padre, una especie de gran mantenedor de la obra paterna, como una prolongación que ha ido tomando una consistencia considerable. No digo "imprescindible" para la obra de Tolkien, que se aprecia plenamente sin necesidad de los "apéndices" de Tolkien; quiero decir que en el universo del género tolkieniano, Christopher es, quizá, el primero de los "apócrifos".

Una cuestión que me planteo (seguro que a más de a uno se le habrá ocurrido, a estas alturas) es si la obra de Cristopher se puede considerar como "complementaria" o si, por el contarrio, ha "desvirtuado" la obra original, alterándola con sus "prolongaciones". Cuando un autor tan atento a su obra como JRR Tolkien no quiso publicar todo eso que Christopher ha ido sacando a la luz, es oportuno (necesario?) cuestionar si ha sido respetuoso con la voluntad del maestro Tolkien, un escritor con una obra que el estimó tal y como la dejó.

En otro plano queda especular sobre la considerable fortuna que los derechos de autor estarán produciendo a los herederos de JRR Tolkien, cuya "participación" en los propios copyrights de su hermano Cristopher desconozco.

Por eso no me extrañaría que cuando el ya anciano Cristopher desaparezca, alguno de la estirpe de JRR T. tome el relevo y la saga continue con nuevos "descubrimientos" del abuelo Tolkien. O del tio Chris, pues no sería raro que al propio "complementador" le salgan también sus "comentadores".

Por supuesto, yo hubiera preferido que todo hubiera quedado como Master Tolkien lo dejó.

p.s. Por supuesto también que la peor deformación sufrida, la más grave agresión a la obra de Tolkien no ha sido la resultante de los addenda de Christopher, sino la perpetrada por la infame infausta pelicula del infra-cineasta P.Jackson, merecedora del fuego del Monte del Destino, ad damnationem memoriae suae in perpetuum.

+T.

miércoles, 17 de junio de 2009

Sábana Santa y Templarios ( en serio )

Para los filo-templaristas serios (que los hay) la signorina (supongo) dottoressa Bárbara Frale será bien conocida. Bárbara Frale lleva camino de ser una dignísima sucesora de la legendaria Donna Margherita Guarducci, la historiógrafa-arqueóloga que marcó época allá por los años 40-50, durante el glorioso pontificado de Pio XII (¡viva!), casi un hito después del de Rossi y las Catacumbas, un siglo antes. Pues la Frale lo mismo, pero en asuntos templarios.

La Frale fue, nada más y nada menos, que la que descubrió el Pergamino de Chinón, extraviado en el Archivo Secreto Vaticano, porque la dottoressa Frale es una de las pocas (poquísimas) historiadoras (e incluso historiadores) con puerta franca para meter sus inquisitivas narices entre los infolios y pergaminos de tan augusto y exclusivo sancta-sanctorum de la Historia. Una monumental dama, podría decirse. Y todavía no ha cumplido los 40 (aunque le falta poco). Y no es fea (fotos), ni delavega, ni villaloba, ni soraya, ni siquiera principona asturianeca. Una rara avis dados los tempora y las mores. Y no digo más.

Es por esto (y por más) que cuando la Frale trata y publica de Templarios, es para escucharla con atención y leerla para re-leerla y no olvidar lo que dice, cuenta y escribe. Sic. Y a esto iba:

Ayer traía L'Ossevatore Romano el artículo-reseña de un libro recien publicado por la Frale que esclarece bastante bien documentada la, digamos, trascendencia templaria de la Santa Sábana de Turín.


En resumen, para el que non capisca l'italiano (con lo bonito que es capire l'italiano, o el bello itagnolo che parliamo los espagnitlianos), las tesis son estas:

- Que el misterioso "ídolo" que adoraban - según fuentes - los señores caballeros Templarios era, ni más ni menos, que la Santa Síndone; o, mejor dicho, la parte del Rostro de la Sábana, plegada y expuesta a la veneración (con reserva) del Temple
- Que esto se apoya en la documentación iconografica que resta en diversos monumentos templarios, que identifican propiamente diversas representaciones de la Faz
- Que otras imágenes de la Faz dispersas y conservadas como reliquias corresponden a otras tantas copias de un mismo modelo de origen templario, que los caballeros obtenían para su devoción (probablemente"reliquia de contacto" ? ) y que terminaron depositadas para la veneración en Santuarios de toda Europa (cita expresamente las de Manoppello, Génova, Jaén, Alicante, y la de la Basilica di San Pietro in Vaticano , todas de antiquisíma veneración).

Esta parte de la tesis es la más discutible, no por el comentario iconográfico que toma como prueba de identidad entre reliquia-imágenes duplicadas, que es muy sostenible. Lo problemático es aventurar la identificación de la Síndone con la imagen venerada por los Templarios y trazar el decurso por el que llegó a sus manos. Recurrir al saqueo de Constantinopla como explicación es casi un tópico etiológico. Casi.

Porque en una segunda parte de la tesis, ya perfectamente documentada y razonada, la Frale se centra y explaya en un hombre/una familia: El caballero templario Geoffroy de Charny, ni más ni menos que el compañero templario que fue quemado en la hoguera junto con el Maestre del Temple Jacques de Molay, clave en la aparición y transmisión de la Reliquia de la Sábana Santa primero en Lirey y luego en Chamberí.



La explicación aventurada antes por Ian Wilson, solamente una conjetura, se desarrolla apasionantemente, con documentación y deducciones al hilo de los textos contrastados, tejiendo una más que probable historia con personajes, una trama de hechos y nombres como sólo una atenta, hábil y docta historiadora puede hacer. Y lo logra.

Decir a la vez Sábana Santa y Templarios suena a película mala o a revistucha de historietas estilo NationalGeografic y esas cosas, prensa bastarda de kiosko de estación y/o aeropuerto. Me alegro por eso que la dottoressa Bárbara Frale deje a la altura de una boñiga a EslávanesGalanes, DanesBrownes y demás fantoches de la bestsellería y "género" de no-historia-in-ficción, que tanto engañan y tanto enganchan a los proletarios culturales (ínfima casta de parias).

Claro que no me hago ilusiones y sé que muy pocos se harán adictos a la Frale, que empieza ya a tener, por contraste, un selecto auditorio. Hasta puede que un día tenga pedestal, no digo igual, pero sí en la misma sala que mi admirado y querido Runciman.

Aunque para eso, entre otras cosas, la signorina Bárbara Frale tendrá que aprender a envejecer tanto y tan estupendamente como Sir Stephen Runciman, of course (y no dejarse tentar por in-ficciones templarias, claro también).

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sábado, 21 de febrero de 2009

Un pipiolo que escribe


Este de la fotito es un pipiolo, con cara y tipo de idem. Se llama Tony O´Neill. El O'Neill, pase, pero el Tony le hace más pipiolo. Y me parece que le gusta. A mi no, pas du tout. Del sombrerito, opino que es un detalle de buen gusto que es de mal gusto, por todo lo demás que no va con el sombrerete y la corbata look '60, la cara de niño bueno y esa solapada agresividad emboscada tras la mirada de cachorrito. No.

Pero el mocito ya tiene hasta "generación". La "generación" es un invento de literatureros, surgida en conatos de antologías, una catalogación relativamente petulante, de tesina. Tuvo éxito la ocurrencia, y ya en el 27 hubo "conciencia de generación" (los del 98 fueron pioneros, y salvaron cierta dignidad, todavía), y desde entonces hay que adscribirse (o tener quien te adscriba) a una para ser alguien en el quien es quien literaturero. Una vulgaridad, pues, si se considera que el precedente, antes, se computaba en "siglo". Y hay que ser cretino-cultural para entenderse "generacionista" de tales y considerarse a la altura del Siglo de Oro o del Grand Siècle o del Trecento florentino, un poner.

Pues el pipiolo de la foto a lo Charlot es, videtur quod, de la "generación offbeat". Ignoro quien pueda ser el inventor de esa generada offbeat, pero me parece más que probable que el que sea que tuvo la gracia de apadrinar y ponerles mote ya estará cobrando derechos de autor y copyright por cada vez que se diga, se cite, se escriba "generación offbeat". Si hay una constante referente a las nuevas "generaciones" literatureras es lo pronto que se les despierta la vis del copyright. Los pollos salen del huevo despabiladísimos para este negocio.

En este como en otros casos de la post-modernidad y el pseudo-arte, lo admirable es que se debatan en el fondo cuestiones de dinero, sumas considerables de esas que "motivan" suficientemente al escritorzuelo que fuere a escribir. Pero no es la historia de Dickens quemándose las pestañas a la luz de un quinqué, ganándose el pan por entregas, o de Dumas y su enigmático "negro". No, esa época pasó y ahora la post-modernidad hace antes al millonario y al literaturo sin solución de continuidad y en una entrega. También con publicidad de agencia, web, y editorial rampante, para que el mundo descubra el nuevo lanzamiento y su lanzado.

Si hay un mundo snob es el de las élites culturales; el snobismo nació en los salones y creció en las tertulias. Nadie que se tenga por algo y mire por encima del hombro a los demás que nada son se atreverá a reconocer que el perengano de marras es un petardete infumable o que jamás ha leído del sujetillo una línea, ni piensa hacerlo. Con lo que hay que leer y lo que se puede leer, ponerse a leer "a la page" es signo de la misma mentecatez que el que visita pasarelas de moda y se pone lo que dicen que se lleva esta temporada. Quedan pocos señores que van al sastre y se visten a su gusto, tan pocos como los que leen lo que les gusta y se asquean displicentes cuando ven que les pueda rozar la dictadura de la moda editorial. Y no es cuestión de dineros, sino de gusto, buen gusto. Y en música y demás lo mismo: Buen gusto para el gusto propio.

Encontraré una excusa razonable para el que tome el florete y combata por el derecho de la literatura del siglo XXI: El derecho mismo a que el siglo XXI tenga "su" literatura, que no se lo niego. Lo que niego es que sea "esta" literatura. El Lazarillo de Tormes, que es espejo y alma del XVI más crudo y descarnado, es anónimo y no apareció con crítica, publicidad contratada y mesa redonda. Au contraire, estamos en el momento este en que primero es el nombre y el perfil, y después la obra. Una obra tan discutible, que nadie lo dude. Lo reciente por lo reciente y lo novedoso por lo novedoso y lo contestario por lo contestatario no es el arte por el arte.

La gacetillera (que puede que sea admiradora ren-di-da del Tony y su sombrerito y su miradita pestañosa de caramelín) pregona enfática que el lema de la offbeat people es "sea lo que sea, me opongo a lo que sea"...o algo así. Muy radical. Pero me temo que sin raíces, improvisando en perpetuum mobile contra mundum, sin apoyo en nada para oponerse a todo. Y cabreado. Con carita de niño bueno peligroso, o con trazas de bruja post-moderna o de mugriento fan heavy-metal (veáse la foto del trio).

Con toda la contundencia de ese manifiesto offbeat, me opongo y mando al muladar noveluchas, papeluchos y literaturillos de esa ínfima pero bien promocionada especie. Ni que decir tiene que si fuera o fuese una "ella" la escritorcilla, desmejora en proporción mi disgusto. Yes.

Sólidos principios, firmes convencimientos, irreductible opinión.

p.s. Se me olvidaba, que quería decirlo: Fernán Caballero for ever!!!

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