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martes, 21 de octubre de 2008

Úrsula y XI mil olvidadas Santas Vírgenes

Iba a poner " U. y once mil perdidas...", pero he advertido a tiempo que resultaría equívoco refiriéndose, precisamente, a Once Mil Vírgenes. Que tiene tela el asunto. Porque se trata de eso: Úrsula y sus OnceMil compañeras mártires, vírgenes todas...y olvidadas.
Colonia fue el lugar donde empezaron a venerarse, allá por el siglo IX, cuando hallaron una lápida en una iglesita, con una referencia sumaria a Úrsula y su martirio. Después, la devoción derivó en una saga de esas que fascinaron al Medievo Cristiano, recogida en la Legenda Aurea. Lectura que recomiendo porque tiene todo su encanto - y con toda su gracia - .

Pero resumiendo, para que mis amables y virtuosos visitantes se hagan una idea, érase que la bella y virtuosa Úrsula, princesa bretona de cristianos padres, fue pedida en matrimonio por el hijo de un poderoso rey de Inglaterra. Como el pretendiente era pagano, Úrsula da largas al asunto y propone una serie de condiciones: Que le den diez compañeras virgenes y mil virgenes sirvientes para ella y otras tantas a cada una de sus compañeras, y barcos para embarcarse, y todos los pertrechos para un viaje a Roma y otros lugares durante tres años, terminados los cuales accedería al casamiento. - Me callo las peripecias y me voy al final: Desembarcan en Colonia, y allí son masacradas por una hueste de horrendos bárbaros las Once Mil y Úrsula con ellas, al negarse a las impías proposiciones del bárbaro rey que sitiaba a la sazón la ciudad. Una de las once mil (asustadita la pobrecita como una liebre) se escabulló como pudo y se emboscó en una cueva que había por allí; Córdula se llamaba la huída. Mas recapacitando sobre la suerte de sus compañeras y recobrando el valor perdido, al dia siguiente se presentó ante los crueles victimarios, que la sacrificaron como a sus Santas socias.

¿Alguna observación? Yes. Por lo pronto que en la narración de la Legenda aparecen madres, tias, primos, tios y una galería de parientes de Úrsula y sus compañeras; unos son obispos, otros de estirpe imperial, otros paganos que se convierten y al final están en el momento del martirio; también aparecen ángeles que avisan. En fin una verdadera historia al gusto de la época. Jácopo de la Vorágine, el autor-recopilador, observa con cierto ánimo crítico que si bien algunos señalan mediados del siglo III como fecha del martirio de las OnceMil, él opina que hubo de haber sido más tarde porque en aquella época todavía no habían hunos en Alemania (perspicaz observación, para que luego se diga) y otro par de detalles más. Total, que él propone mejor mediados del siglo V, que fue cuando de verdad los hunos asolaron Occidente. No sé cuando, pero en otras tradiciones, es el mismísimo Atila rey de los hunos el que se insinúa a la virgen mártir y el que dispara el flechazo mortal en mitad del pecho a Santa Úrsula.

Bueno, pues, a pesar de toda esta espléndida epopeya, Santa Úrsula y sus OnceMil camaradas han desaparecido del Misal y los santorales. y encima con pitorreo por lo de las once mil virginidades y demás. Seguro que los antipáticos Bolandistas andan por medio y tienen algo que ver con la desaparición. Y por supuesto los impíos liturgistas post-conciliares (pérfida canalla).

Una pena. Porque como Santa Bárbara y Santa Catalina y otras grandes olvidadas, Úrsula y sus OnceMil están ricamente representadas por lo mejorcito del arte europeo (y hasta por mi caro Caravaggio, que estaba pintando el cuadro de más arriba cuando se murió, q.S.G.h. Amén). La iconografía de esta Santa y sus Etc. cuenta incluso con un auténtico "cúlmen": La arqueta de las reliquias de Santa Úrsula pintada nada más y nada menos que por el maestro Hans Memling, gloria del flamenco (y olé!). El tema de la historia y martirio de Santa Úrsula y las 11Mil estuvo tan de moda que hasta existe otro precioso pintor flamenco, anónimo, conocido como "Maestro de Santa Úrsula", por un retablo-políptico que pintó, hoy entre las joyas del el Museo Groninge de Brujas (la arqueta de Memling está en el Museo del Hospital de San Juan, también en Brujas).

Gracias a Dios, el cura de mi Parroquia es reverente varón que compesa sus flaquezas con piedad veneranda, y siempre saca de él sabrá qué recónditos arsenales píos algún viejo oracional de donde toma la oración de estas y otras Santas y Santos perdidos. Y la reza en Misa. Y nos enteramos los devotos de que hoy es el dia de Santa Úrsula y sus compañeras Mártires (que eran, a saber, 11.o10, en realidad; y aunque estuvieron a punto de quedarse sin 1, al final fueron, contando a Úrsula, 11.011 (un bonito capicuo de Vírgenes y Santas, como Uds. pueden ver)).

p.s. No comento lo de las reliquias, porque merecería una entrada a parte: Imagínense la de cabezas de las OnceMil que hay/hubo repartidas por toda la Cristiandad; en Sevilla solamente, que yo recuerde, hay tres (y probablemente hayan más). Tampoco digo nada de las ursulinas...que todo no se va a contar, compréndanme.

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viernes, 30 de noviembre de 2007

Primus Vocatus


San Andrés es la fiesta que rige el calendario de Adviento, que empieza el Domingo que cae más cerca del día de San Andrés. Es un Santo popular, y es un Santo singular. Su hermano Simón Pedro le saca ventaja, pero los orientales, los griegos, que consideran a San Andrés "su" apóstol, recuerdan a los romanos que San Andrés es "o protoclétos" (¿alguien sabe cómo se escribe en el blog con caracteres griegos?; que me lo diga, please). Esto es: El primus vocatus, el primer llamado.

Y así es. San Juan Evangelista que es testigo de las primeras vocaciones apostólicas, lo cuenta en Jn 1, 35-42, uno de los pasajes más emotivos de todo el Nuevo Testamento.

Pero además de ser el primero, es también el que conduce a su hermano Simón Pedro hasta Jesús. Y en este original ministerio, San Andrés es un auténtico profesional: No sólo presenta a su hermano, sino que en los otros pasajes del Evangelio en los que sale, siempre aparece presentando a alguien:

En Jn 6,8, es el que lleva al muchacho de los cinco panes y dos peces con los que el Señor hará el milagro de la 1ª multiplicación; y en Jn 12, 20 aparece junto con Felipe introduciendo a un grupo de griegos, deseosos de conocer a Cristo, en los días previos a la Pasión.

Después no se le vuelve a citar en ninguna otra escena, y los hechos de su ministerio después de la Ascensión del Señor y el Pentecostés proceden de la tradición. Aunque la Iglesia antigua tuvo conocimiento de una Epístola de San Andrés, lo que se sabe del Apóstol se conserva en fuentes relativamente legendarias. Los griegos conservan la memoria de su martirio en Patrás, Acaya, en el Peloponeso, y de ahí su patronazgo de la Iglesia helena. Dos dias cuentan que estuvo vivo y predicando sobre la cruz decussata - en aspas- en la que fué colgado, hasta que al fin expiró.

Cuando la caída de Constantinopla, los bizantinos lograron salvar la reliquia insigne de la Cabeza del Apóstol, que fue entregada en Roma al papa Pio II Piccolomíni. Para conmemorar este fasto, se erigió la Iglesia de Sant'Andrea della Valle, donde están los sepulcros de los dos Papas Piccolomini, Pio II y Pio III. La reliquia, sin embargo, pasó luego al Vaticano, y al edificarse la nueva Basílica, una de las capillas instalada en uno de los grandes machones que sostienen la cúpula, fué la de San Andrés, con la cabeza del Apóstol conservada en el sacellum superior, y una impresionante escultura de Duquesnoy en la hornacina inferior. Allí estuvo la cabeza hasta que con motivo de la clausura del Vaticano II, como gesto de comunión ecuménica, el Papa Pablo VI la entregó solemnemente a representantes de la Jerarquía Ortodoxa, para que volviera a ser venerada en Grecia (por cierto que otras reliquias del Santo fueron expoliadas en Patrás por los amalfitanos, durante la IIIª Cruzada, y desde entonces se veneran en la catedral de Amalfi, dedicada a San Andrés).

En España tiene una devoción popular arraigadísima en Galicia, en torno al Santuario de Teixido, en La Coruña. Aparte la leyenda del naufragio de la nave del Apóstol en ese lugar, la tradición de la presencia apostólica en esta parte de España se encabalga con la de Santiago y la evangelización del "confín del mundo".

La simpática tradición galega cuenta que un día andaba San Andrés quejoso porque su hermano San Pedro tenía siempre romeros en Roma, y Santiago, su colega en el apostolado, atraía a los peregrinos de toda la Crisitiandad, pero al santuario de Teixido (San Andrés de "Lonxe" o San Andrés "Do cabo do mundo") no iba casi nadie. Y en esto, el Señor le dijo: "Tranquilo, Andrés, que el que no venga a tu Santuario vivo, tendrá que hacerlo después de muerto si quiere entrar en el Cielo". Y cuentan los paisanos que por los pinares y caminos que rodean al santuario se ven filas de animalillos que son las almas de los difuntos que van a cumplir con la debida visita a San Andrés de Teixido.



Ahora no recuerdo si lo contaba Cunqueiro o es algo que me contó mi amigo Xosé, uno de los curas más sabios de Mondoñedo, pero era el caso que iban unos peregrinos camino de San Andrés de Teixido y en la cuneta del camino se encontraron una calavera que, cuando le dieron una patada, les dijo: - "Muchas gracias", y ante su asombro les contó que iba a Teixido, y que, patadita a patadita, se iba acercando al Santuario. Conque los dos peregrinos se compadecieron y la llevaron hasta la ermita del Apóstol, dejándola luego en lugar sagrado, una vez cumplida la romería post mortem.

Mi amigo el cura de Mondoñedo, me tiene invitado hace años, y yo, que soy muy devoto de San Andrés, estoy deseando ir (de vivo, no de muerto).

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martes, 6 de noviembre de 2007

Una leyenda

La campana seguía doblando las Ánimas, con un tañido más grave a cada toque que daban los campaneros, como si el bronce se espesara como la tarde, ya anochecida.

Él se despojó de los capisallos de coro en el vestuario de la Sacristía, y se embozó en el manteo de paño con las vueltas de tafetán que era el mejor que se paseaba por Sevilla, y el más caro. De la salida del locum cruzó sin saludar a ninguno por el entrecoro, y por la Puerta del Lagarto salió al Patio de los Naranjos, tan húmedo, ya con las primeras verdinas en los ladrillos. La fuente rebosaba agua de la taza, y era lo único que se oía junto con el doblar pesado de la Giralda, que en la anchura del patio sonaba tan hondo.

La buscó, rastraendo entre los naranjos como un perro; sabía que estaba allí, entre las sombras verdinegras, como un fruto atractivo, tentando su deseo, tan fuerte, tan fuerte...Apenas se dibujaron dos figuras negras, yendo al paso hacia la Puerta del Perdón. El fino chapín de la dama casi hacía contrapunto a la campana, y llamaba a su pulso, que se le fue aligerando mientras se acercaba, se acercaba...

La vieja dueña se adelantó un trecho, ya en las Gradas, y la dama giró hacia Placentines. Al pasar bajo el farolón de la esquina de la Borceguinería pudo ver el garbo airoso de talle y cuello, imaginando lo que ocultaba el velo que cubría tanta belleza imaginada, que le arrastraba, que le vencía.

Ya la alcanzaba...Y al pasar la esquina de Placentines, en la estrechura de la callejuela, le toca el hombro, le toma el brazo, le va a decir...

En un segundo se le cortó el aliento cuando la mano enguantada en negro alzó el velo y una horrenda calavera le miró sin ojos, sonriendo siniestra con la mueca hedionda de una boca desencajada; y le llamaba profunda, decía su nombre al compás del toque de muertos: Vente, Vente, Vente, Ven...te...Ven...te Ven...te...Vennn...eee...nnn...teeeeee...!!!



Nunca supo cuánto tiempo estuvo paralizado, estático, en la estrechura de Placentines; uno de lo sacristanes de la Catedral lo encontró así, yerto, demudado, sin color, casi sin pulso. Después contaban por Sevilla que a la mañana siguiente, cuando salió para la Cartuja, llevaba todo el pelo vuelto canas, y también el bigote y la perilla, como si en una noche le hubieran echado encima la gravedad que nunca tuvo.
La historia salió luego, y corrió de convento en convento, de casa en casa, de taberna en taberna: Era la historia del señor Arcediano Don Mateo Vázquez de Leca, que siguió a una dama que cuando se destapó era la Muerte, una noche de Noviembre, cuando daban en la Giralda el toque de Ánimas.

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