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lunes, 1 de marzo de 2010

Dos siglos de Chopin


Me gustan cada vez menos los músicos del "clasicismo", Mozart y Haydn incluídos; y me confirmo cada vez más en polifonistas del XVI, barrocos vocales e instrumentistas, y románticos. Me gusta Chopin, el eufórico y el melancólico. Le guardo una simpatía que sólo me emborrona esa estúpida aventura con la mediocrísima cortesana de salón George Sand, funesta, estorbo turbio de una vida y una obra que merecían mejores enamoramientos.

En aquella primera mitad del XIX, empapado de revolucionarismos liberales, entusiastas y efímeros levantamientos de la Europa que iba declinando hasta los horrores del siglo XX, las manos de Chopin sobre el piano son una realidad etérea, tan sutilmente bella, trasminando sentimiento, sueño, velo, nube de olor, noche de terciopelo, satén de levita, piel de rusia. Y un licor en copa de cristal ligero, musical al tacto del labio como una tecla aguda.

Hay personajes que son su obra, algo tan dificil de alcanzar, identificar el ser sin solución de continuidad con los actos, uno y el mismo, incluyendo la intimidad de las propias contradicciones, todo en uno.





Sólo me pesa que no compusiera música explícitamente religiosa. Aunque gran parte de su música suene (me suena) a una larga confesión, como una intensa cuenta de conciencia.


+T.

domingo, 14 de febrero de 2010

Hablar de amor por San Valentín



Un amor cumplido es un amor terminado. Los amores que perduran son quereres insatisfechos, ansiosos, nunca alcanzados, vivos pero en agonía incesante, nunca colmados. Y siempre temerosos. Quien diga que los celos no son amor verdadero, nunca ha estado enamorado de verdad.

Como es San Valentín, pega hablar de amor. El otro día me dijeron que era un "cursi". Lo que soy es un romántico, de levita y capa, pelo a lo Liszt, letra de pata de araña y telón con candilejas por delante y el escenario detrás, que no se ve, con paisaje nocturno, media luna y nubarrón sobre castillo enriscado. Y estrellas.

Mis amigos que se han casado tienen el amor menos romántico que yo. También es cierto que lo tienen más realizado, lo gozan más en efectivo. Pero el mio es una reserva de solera, añejada y enriquecida con velo de exquisita flor, etéreo aroma apenas destapado. Eso es lo que digo yo. Y me dicen que cuento, que es cuento y romance al viento. Yo también lo digo.

Con un suspiro se van
vueltos aire sangre y vida;
lo que dentro me latía
en un suspiro se va...
...Y queda en mi corazón,
viva la perenne herida
que es el eje de mi vida,
doliente siempre de amor
(mi suspiro es mitad viento,
la otra mitad oración).


Hace poco casi escandalicé en una conversación a tres bandas (dos cuñados, dos hermanas (sus mujeres) y yo) cuando comenté que me gustaba especialmente la peli de Scorsese "La edad de la inocencia". La novela de Edith Wharton también, cuando la leí hará casi veinte años, y que no he vuelto a releer; pero la peli sí la re-veo, bastante. Es deliberadamente refinada, con un doblaje en español excelente, especialmente la voz en off de la narradora, digna de oscar si dieran oscar a las voces en off.

La banda sonora de Elmer Bernstein es insuperable en su género, una pieza clásica, como el engaste en cine de una joya del mejor romanticismo musical. Me gusta, sobre todo, el vals.

También me gustan Las Penas del Joven Werther. Y Schubert. Y Tchaikovsky. Y Brahms.

Por todo esto me gusta muy poco que se celebre como se celebra San Valentín.





Una vez le dije a un amigo que aquella pachanga rockera que estaba escuchando mal cantada por una cuadrilla de drogatas, era una preciosa canción de fines del XVIII, que hizo furor poco antes de la Revolución, de Martini, que es famoso por sólo esa canción de amor. Me respondió que no dijera tonterías. Cuando le puse una grabación de la canción original, para que comparara, no la reconoció. Y a mí me dio tristeza que no la supiera oir.

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domingo, 28 de octubre de 2007

Dies Irae secundum Verdi

Para ir ambientando las próximas Fiestas y Conmemoraciones:





Iba a poner uno dirigido por Claudio Abbado, pero este otro de este señor con su batuta y su kippá tiene mejor calidad de sonido (recomiendo oirlo a todo volumen, si no no es lo mismo). Entre los cantantes está el desaparecido Luciano Pavarotti, q.e.p.d.A.

Uds. sabrán la historia, pero se la resumo por si acaso: Verdi pensó dedicarle una Misa de Requiem a Rossini, con motivo de la muerte del gran maestro en 1868; contaba con otros compositores italianos del momento para que cada uno compusiera una parte de la Misa; él se reservó el Libera me Dómine. Pero el proyecto se malogró, y sólo después de algunos años volvió Verdi sobre esta partitura con motivo de la muerte del novelista Alessandro Manzoni, al que quedó finalmente dedicado en 1874.

Es una pieza impresionante, especialmente este arranque de los coros en la secuencia Dies Irae.

P.s. Es la 1ª parte; si gusta, pongo la 2ª; si no gusta...es que tiene Uds. un mal gusto de muerte.

P.p.s. Bueno, todo esto si hay "ustedes", claro.

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