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sábado, 3 de octubre de 2009

De Borja (y miscelánea)

Ayer se me pasaron los Custodios sin un comentario bloggero siquiera, mea culpa; pero a ratos se me venía a la cabeza el Evangelio de la Misa Mt 18, 1-5 y 10: Despreciar a un niño es despreciar a Dios; y los ángeles de los niños, dice el Señor, "...ven el rostro de mi Padre celestial"; y escandalizar a los pequeños, merece el más terrible castigo. Y pensaba en las consecuencias de ese Evangelio aplicado a nuestro mundo, con el aborto galopando por la "globalidad", y con España arbitrando leyes para matar mejor y más pronto a cualquier niño, que desde que son concebidos son amados por Dios, que les pone Ángel que les guardará el alma aun cuando maten "legalmente" sus cuerpos. ¡Malditas las madres, y malditos quienes lo hacen, y malditos quienes quieren y permiten que se hagan!

Un horror; pero un horror cada vez con menos "conciencia" porque nos estamos haciendo inconsciente a golpe de leyes criminales. Y las manifestaciones no valen, son tan letales como consentir porque no arreglan nada y dejan satisfechos a muchos que se creen que por ir el 17 Oct. a Madrid están haciendo algo.

El aborto en España y en el mundo es cosa de leyes y las leyes se hacen en los parlamentos y los parlamentos se hacen en las elecciones y las elecciones las hacen los partidos. Los muy inconscientes y los muy hipócritas (prelados mitrados inclusive) se lavan las manos convocando, animando y yendo a una manifestación pro vida y luego siguen votando y manteniendo al PP que es anti-vida y pro-abortista. Otro horror, pero este con máscara. El Zp, la Aído y demás siniestros psoeros son canallas a cara descubierta; los otros van con máscara. No sé quiénes son peores.

Pero hoy iba a escribir algo sobre Francisco de Borja, pero se me han cruzado los Custodios de los no custodiados, una paradoja. Aun así de Borja diré que es una lástima que haya quedado de nombre cursi y estereotipado de capullo-pijo, una pena. El año pasado (¡cómo pasa el año!) dije que la urna de las reliquias de San Francico de Borja en su iglesia de la calle Serrano se hizo con la plata que a regañadientes donaron ad casum los Grandes de España, porque Borja en su santo patrón. Santos Patrones hay para todo, y hasta los cerdos tienen el suyo y los perros también. Conque no es raro que la noblesse aussíe.
Lo que pasa es que un Santo patrón de Grandes de España - y encima que este sea Francisco de Borja - es un trampantojo barroco de tomo y lomo. Por cierto que se han llevado de Sevilla a Londres la posiblemente mejor imagen que existe del Santo Borja, para una exposición del Barroco Español que va a haber en la National Gallery, y que será digna de ver ("Lo sagrado hecho real. Pintura y escultura española 1600-1700" ; se inaugura el próximo 21 de Octubre, D. m.).

La imagen sevillana de Borja es una escultura de Juan Martínez Montañés, procedente de la antigua Casa Profesa de la Compañía, hoy Iglesia de la Anunciación; conforme a la iconografía del Santo, lo representa con habito de jesuita, sotana negra ceñida, con una calavera (¡la calavera de la Emperatriz!) en una mano y una cruz en la otra (aunque me parece que lo original era una disciplina de cáñamo). La escultura se fecha en torno al año 1624, y como es habitual en casi todas las de Montañés, las policromía de la encarnadura son de Francisco de Pacheco, el suegro y maestro de Velázquez. Digna de la exposición esa de la National Gallery de London, pues; si la instalan con una iluminación adecuada y favorable, causará sensación.


Como fue sensacional la conversión de Francisco de Borja en su día. Pero ahora los Grandes de España no se convierten; ni antes tampoco, porque lo de Borja fue una rareza, una excepción que no se ha vuelto a ver (y mucho menos en esa "magnitud" borgiana). Los Grandes, excepto en el título y en sus excesos, apenas han sido grandes en nada; por supuesto que en virtud menos que en nada. Para vergüenza de la casta que se acoge bajo el patrocinio de Francisco de Borja, hoy la grandeza o se sienta en sillones de consejeros de empresas, o arrastran sus indecencias por el Hola como antes las paseaban por la Corte y sus salones. Y otros horrores; algunos somáticamente descriptivos de su decadencia, como que antes padecían gota por comer demasiada caza y hoy sufren adiciones por demasiados polvos en nariz (y no rapé, precisamente).

Supongo que alguna representación de la Diputación de la Grandeza se habrá pasado esta mañana por la iglesia de Serrano para alguna Misa que le dedicaran al Santo, supongo. Y me imagino a media docena de cacatúas ellas (ha sido fama que las Grandes de España cuanto más grandes más feas) y una cuadrilla de tipos estilo Luís Escobar/Marqués de Leguineche . O por el estilo.

¡Y mira que fue grande Francisco Borja cuando dejó de ser "Grande"!

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viernes, 3 de octubre de 2008

El Caso Borja

En Roma, la sección española de la leyenda negra católica se mantiene viva y activa por capricho expreso o discreto de Sus Santidades y monseñores adláteres. En el Vaticano todavía se sienten "molestos" con nuestro Alejandro VI, el Papa Borgia (segundo Papa Borgia). Como si fuera el único "incómodo" sucesor de San Pedro a la hora de recordar Papas y papados. Pablo VI condenó los bellísimos Aposentos Borgia a ser mera galería del Museo de Arte Moderno, viéndose la bochornosa escena de paredes y bóvedas con los frescos más rutilantes del Pinturicchio sirviendo de almacen a la galería de trastos y adefesios del pseudo-arte contemporáneo (con el agravante de ser "cristiano", en este caso). Ni siquiera bajo esa humillante servidumbre se pueden ver todas las stanze de los Borgia, porque no todas están abiertas a los visitantes. La malquerencia borgiana de Pablo VI la mantuvo Juan Pablo II y hasta el dia la mantiene Benedicto XVI. No sé si piensan que la desmemoria borra la historia, o si los pecados (los que tuviera, y no los que le achacaron) del fascinante Alejandro VI Borgia fueron/son más lesivos para la Iglesia de Roma que los de sus inmediatos antecesores y sucesores italianos.
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La Divina Providencia se encargó de hacer una llamativa purificación de la memoria de los Borgia. No existe un santo Médici, ni un santo Farnese, ni un santo Borghese. Pero sí hay un irreprochable santazo Borja, biznieto del Papa Borgia y prueba sagrada de que no estaría muy descontento con la familia ese Dios que castiga los pecados de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación.

Biznieto del Papa Borgia y biznieto de Fernando el Católico, nieto de un bastardo suyo. Por los dos lados, padre y madre, marcado y bien marcado. Claro que en esos casos tachas de cuna son blasón de mundo. Pero así fueron las fuentes de Francisco de Borja y Aragón, tan altas y tan reputadas.

De su vida antes de, nada diré, porque pasó su primer período viator según el modo de la nobleza de su tiempo. Compárese con la de ahora - mutatis mutandis, nobleza por famosos y jet, con caballo pura sangre entonces y coche de lujo ahora - y fue más o menos lo mismo de poco honrosa. Que tuvo cargos, que cumplió bien sin exagerar (antes no había o eran raras las auditorías y esas cosas) y así un currículum digno del biznieto de tales bisabuelos. Más tarde, ya en su otra vida, confesó un día que al imaginarse entre los Apóstoles siempre se tuvo de la calaña de Judas y hasta peor. Por algo sería.

Pero cuando Dios enmienda un borrón, escribe con letra de oro. Y fue el archisabido caso que murió de sobreparto Doña Isabel de Portugal, la Emperatriz esposa del César Carlos. Y que a Francisco de Borja Duque de Gandía le tocó en gracia por encargo del desconsolado Emperador custodiar el cuerpo imperial de la difunta desde Toledo a Granada. Y en la Capilla Real de Granada, cuando tuvo que reconocer y dar fe de que el cuerpo que depositaba era el cuerpo de su tan admirada señora, dijo estas frases del lapidario inmemorial hispano:

- "No puedo jurar que ésta sea la Emperatriz, pero sí juro que fue su cadáver el que aquí se puso".

Podrido el cuerpo y agusanado, la belleza de la más hermosa reina que jamás tuvo España se descomponía a la vez que se derrumbaba la presencia altiva de un noble de los más altos linajes de España y el mundo. Las palabras que dijo luego - no sé si para sí o para el mundo, pero tuvieron que oirse porque se les guardó memoria como a las otras - incoan otra vida:

- "Nunca más serviré a señor que se me muera".

Telón.

Telón como en la acotación final de un drama de teatro. Se cierra una escena y otra se abre. En Roma es fama que el Renacimiento y su espíritu se extinguen con il Sacco di Roma, los mismos dias que Doña Isabel paría a Felipe IIº, el primogénito del Emperador. Otros dirán que la trompeta del barroco se toca en la Sixtina, con el Michelángelo pintando Il Giudizio tremendo bajo la admirable bóveda del Génesis. Dos obras tan dispares del mismo autor, tan lejanas, como si una época hubiera en verdad pasado dejando otra, marcando al hombre en su alma y su arte.

El barroco en España, la España del Siglo de Oro con todo su tropel de glorias y vanaglorias, empieza en Granada, cuando Francisco de Borja pronuncia - protagonista de su drama - su frase de telón.

Y Francisco, jesuíta, humilde y asceta, segundo sucesor de Ignacio de Loyola - que lo caló tan bien y tambien se sirvió del ex-grande de España - murió despues de probada y virtuosa vida de converso, con fama de santidad, en la misma Roma que repudió a su Pontífice bisabuelo, para asombro y lección de la misma Roma.

Sus restos son historia activa de España, reliquias profanadas y dispersas cada vez que España ha dejado de ser grande y se ha envilecido villana. Pero existen. Hoy estarán alumbradas con cera, en su urna de plata, pagada a regañadientes por los Grandes de España que le tienen por patrón y que cualquiera de ellos tenía en casa una sopera con más plata que la que gastaron para la urna de la Iglesia de Serrano.

Tan sordos, tan opacos, tan frívolamente ridículos, nunca se enteraron que Francisco Borja apostató de su grandeza para servir a un Señor que no admite grandes a su vera, sino pobres de espíritu y mansos y humildes de corazón.

+T.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Reliquias Vivas (por poner título)

Este personaje tan poco agraciado acaba de ser elegido septuagésimo nono Gran Maestre de la Soberana y militar Orden de Malta. Nada que ver con la noble estampa de su predecesor Frey Andrew Berty (q.s.G.h.). Bueno, me refiero a "porte" y eso que los italianos dicen "bella faccia", porque este neo Gran Maestre, Frey Matthew Festing, tiene cara de quincallero, o de sastre-camisero, a lo sumo. Se entiende que la prosapia de tener por delante 78 Grandes Maestres no le ha asegurado un gen de formal estética aristocrática. Me temo que con gorro de plumero, capa y espada, estará peor, incluso.

Pero algo tendrá este inglés hijo de ingleses - católicos, of course - para haber llegado a tan alta jerarquía, que es una de las pocas que quedan abiertas a rematar un curriculum bien llevado con una quasi-corona. Porque, en cierto sentido, un Gran Maestre de Malta, es un soberano con las puertas abiertas para codearse con toda la realeza reinante y/o aspirante y/o declinante, incluyendo también a la abdicante.

Cuenta la gracia peculiar de ser sin-tierra, como el king John hermano del king Richard (Cœur de Lion). No quiero decir que le toque nada al Plantagenet de la Carta Magna (a su pesar). Quiero decir que la soberana Orden de Malta es un "estado soberano" sin tierra que gobernar. Bueno, tienen dos magníficos palacios en Roma: La palazzina de Via Condotti y el palazzo de la Villa di Malta, en la cumbre del Aventino. Exquisitos y nobilísimos enclaves en los mejores y más conspicuos solares de Roma (en cuyos salones el feísimo nuevo gran Maestre va a parecer un busto grotesco del Bernini, me temo).

A mí me caen simpatíquísmas estan anticuallas. Entre otras cosas porque son una nobleza en activo-activo. Ser caballero de Malta no es cosa de sangre (aunque los caballeros procuren que sus hijos sean caballeros); quiero decir que no paren a uno caballero de Malta, sino que se hace uno caballero de Malta (presentaciones, relaciones, contactos, etc. etc. etc.). Y todo eso.

Me gusta que hayan conservado las antiguas formas de la antigua Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén...en cuanto han podido. Así, por ejemplo, el nuevo Gran Maestre es célibe con votos, como la plana mayor de los bailíos que le asisten en el gobierno de la Orden. No sé cómo llevaran los votos, pero hacerlos, los hacen porque están obligados a hacer su profesión para poder pertenecer al rango superior de la Orden, los Caballeros de Justicia (en el caso de Frey Matthew, viéndole la cara, no creo que el celibataje le halla supuesto especial esfuerzo; aunque en estas cosas nunca se sabe).

Los Caballeros de la Soberana Orden de Malta, a pesar de su carácter "hospitalario", son - no se olvide - Las Cruzadas en el siglo XXI. Y tal como se está poniendo el siglo, quién sabe si no veremos a Frey Matthew Festing a caballo con manto negro y cruz blanca al hombro blandiendo un espadón contra la morisma infiel (digamos, por ejemplo, un Ben Laden).

No sé en qué quedaría el combate. Si fuera competición estética y no bélica, la verdad es que yo dudo quién ganaría o perdería por feo, si el moro terrorista Laden o el Gran Maestre Festing.
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n.b. Como excepción a las reglas (no escritas, of course) de este blog, acepto opiniones en contra (si no son muy en contra).

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jueves, 14 de febrero de 2008

Vanitas vanitatum...pero con corona

No sé si esto será una frívola vanidad, a una semana y dos días del Miércoles de Ceniza, pero me acaban de "titular"...y de qué manera:


My Peculiar Aristocratic Title is:
Imperial Majesty Terzio the Introspective of Divine Intervention
Get your Peculiar Aristocratic Title



...y, vanitas vanitatum, me ha hecho gracia la cosa, y la pongo aquí, que es su sitio: Un espacio virtual para un magno título virtual.

También le pongo música a tan fausta ocasión, faltaría más:



...aunque la música va en serio (y la letra también).

En el Breviario pusieron como himno para Cuaresma un poema de Sor Cristina de Arteaga, née hija del Duque del Infantado, Grande de España, y después monja jerónima de clausura en el Convento de Stª Paula de Sevilla, donde murió. La conocí de priora, y las tocas todavía dejaban ver la noble cuna. Este es su poema-himno:

¿Para qué los timbres de sangre y nobleza?
Nunca los blasones
fueron lenitivo para la tristeza
de nuestras pasiones:
¡No me des corona, Señor, de grandeza!

¿Altivez? ¿Honores? Torres ilusorias
que el tiempo derrumba.
Es coronamiento de todas la glorias
un rincón de tumba.
¡No me des siquiera coronas mortuorias!

No pido el laurel que nimba al talento,
ni las voluptuosas
guirnaldas de lujo y alborozamiento.
¡Ni mirtos, ni rosas!
¡No me des coronas que se lleva el viento!

Yo quiero la joya de penas divinas
que rasga las sienes.
Es para las almas que tú predestinas.
Sólo Tú la tienes.
¡Si me das coronas, dámelas de espinas!


Conozco a un probo sacro varón que tachó ese último verso, parece que lo estoy viendo. Fue sincero, porque lo que se dice en un verso o se reza en una plegaria no va siempre aparejado con el querer o el valor del corazón, que no suele estar para espinas extras.

Pero ahí quedó el himno desencantado de vanas coronas, con su verso final, por si alguien recoje el guante a Sor Cristina y se atreve a pedir lo mismo.

p.s. El secreto está en a Quién se pide.

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