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jueves, 3 de diciembre de 2015

El Triunfo de Javier


Nuestra Parroquia de San Francisco, cuando me hice cargo de ella, no tenía una imagen digna del Santo Titular, En cuanto pude, me procuré una, preciosa y digna. Además, hace año y medio, compré muy barato (fue providencial, creo yo) un viejo y bonito cuadro representando la muerte de Javier. Debe ser de del XVII-XVIII, no sé decir si bávaro o napolitano. Es muy 'jesuitón', pues representa propiamente la estampa de la muerte de Javier muy difundida por la Compañía de Jesús:

El Santo Javier agoniza bajo un pobre chozo, tendido sobre un montoncillo de heno, rígido, con los ojos muy vivos vueltos al Cielo; tiene un crucifijo en la mano derecha, y la izquierda abierta sobre el pecho; de la sotana desabrochada sale una llamarada. A su derredor hay un libro abierto, un pequeño icono de la Mater Dolorosa, un rosario y una calabaza. En el ángulo derecho, entre las olas, a toda vela, está la nave en la que Javier ya nunca embarcará. Sobre el Santo, cinco Querubines miran el tránsito del misionero, abriendo los Cielos que le esperan.

El chozajo y la paja recuerdan el pesebre de Belén. Los ojos mirando a lo alto y la imagen de la Virgen Dolorosa parecen un eco del Calvario. El velero, un alegoría de las venturas y desventuras del mundo.

A las puertas de China, con el ansia insatisfecha del misionero, lejos de todo y todos, también del capitán Ignacio, bajo cuya guía profesó con los otros primeros socios, un día de la Asunción en Montmartre, dieciocho años hacía, con cuarenta y seis años intensamente entregados, estragado, cansado, tantas veces frustrado por los hombres y animado sólo por Dios, el Señor que impone su providencia al impaciente Javier.


Estos cuadros hagiográficos son una estampa para el arte, un medio para la piedad y un motivo para el examen espiritual. Si se le quiere decir 'triunfo' sólo lo es desde el paradigma de la Cruz. Según esta clave sí es victoria. Según el mundo, no, por mucho que se pinten querubines para adornar un gran fracaso.

Con esta escena javieriana he estado esta tarde dando vueltas a unos papeles con un cuestionario de evaluación de la parroquia según el esquema del análisis DAFO, un método para análisis de empresas. Con buena intención - supongo - se pretende que sigamos las pautas del DAFO y las apliquemos a la parroquia, el arciprestazgo, la diócesis. Me pregunto si también a la Iglesia Santa y Católica.

¿Analizar lo divino con metros tan humanos como los que se usan para calibrar empresas?

¿Hemos perdido la conciencia de la esencia y sobrenaturaleza de nuestro negocio, de nuestra empresa?

Me refiero, claro, al negocio y la empresa de Javier.


+T.

viernes, 6 de febrero de 2015

Burke claro, sólido, rectilíneo


Seguramente comparto bastantes opiniones católicas con el Emmº Leo Burke, el Cardenal que destaca entre los cardenales. Hoy me he alegrado de saber que el Reverendísimo no admite cleriguillas trasvestidas de monaguillas; yo tampoco, of course. Por eso han arremetido contra el Cardenal, por no prestarse a la confusión de quienes bajo la manta de las niñas de altar esconden la pretensión de una futura hembra ordenada.

Conozco el caso de un cura que mandaba a los monaguillos a unas convivencias que organizaban en la Delegación de Pastoral Vocacional. Hasta que comprobó que a esas convivencias también iban y admitían niñas. Cuando llegó la siguiente ocasión, volvió a interesarse preguntando en directo a uno de los responsables -¿Irán niñas 'monaguillas'? El responsable, un poco extrañado, respondió -'Bueno, sí; si vienen niñas, como otras veces, también estarán en la convivencia'. -'Ah, entonces no mando a los monaguillos. No me gustan estas confusiones. Si son convivencias con sentido vocacional-sacerdotal, no deberían Uds. prestarse a la confusión'.

En el blog 'Messa in Latino' comentan que el autor del articulete de Vatican Insider que arremete contra el Cardenal Burke, un tal Gianni Gennari, es un cura renegado, casado, militante comunista y ahora periodista de vanguardia des-católica (estilo 'religiondigital', para entendernos). Poca credibilidad católica y visceral anti-catolicismo de pluma hiriente y tinta corrosiva, en suma.

El ex-cura filo-monaguillas arguye contra Burke aquella desgraciada y desafortunadísima disposición permisiva que se ha ido extendiendo, según tendencia vaticanosecundista que generaliza y universaliza una concesión bastante restringida. El último documento - creo recordar - que se refiere al caso es la Instrucción Redemptionis Sacramentum, de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, del año 2004, con el Cardenal Arinze de prefecto:

" 47. Es muy loable que se conserve la benemérita costumbre de que niños o jóvenes, denominados normalmente monaguillos, estén presentes y realicen un servicio junto al altar, como acólitos, y reciban una catequesis conveniente, adaptada a su capacidad, sobre esta tarea. No se puede olvidar que del conjunto de estos niños, a lo largo de los siglos, ha surgido un número considerable de ministros sagrados. Institúyanse y promuévanse asociaciones para ellos, en las que también participen y colaboren los padres, y con las cuales se proporcione a los monaguillos una atención pastoral eficaz. Cuando este tipo de asociaciones tenga carácter internacional, le corresponde a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos erigirlas, aprobarlas y reconocer sus estatutos. A esta clase de servicio al altar pueden ser admitidas niñas o mujeres, según el juicio del Obispo diocesano y observando las normas establecidas."

El texto mantiene y alaba la consideración vocacional del ministerio acolital de los niños, y sólo al final concede la posibilidad de las féminas sujeta al juicio del los Obispos en sus respectivas diócesis. El caso es que pocos obispos han reglamentado formalmente el supuesto de niñas-monaguillas, como si importara poco. Al final las cosas se aceptan sin más problema que las quejas de los recalcitrantes católicos, anclados en otros usos de otros tiempos. Usos genuinamente católicos de tiempos más católicos, tradicionalmente vivos, sin necesidad de hermenéuticas.

Lamentablemente ya no vige el cánon del antiguo Códex, tan claro:

"Can. 813. § 2. Minister Missae inserviens ne sit mulier, nisi, deficiente viro, iusta de causa, eaque lege ut mulier ex longinquo respondeat nec ullo pacto ad altare accedat."

El ministro que sirve en la Misa no sea mujer; a no ser faltando un hombre, por justa causa, asista con la obligación de responder (las oraciones del Misal que reza el monaguillo en respuesta al sacerdote celebrante) a distancia y no se acerque al altar por razón alguna.

La tendencia de conceder poco a poco algunas cosas, además de hipócrita contemporización con la dictadura del feminismo, supone actuar según una corrección política incompatible con la doctrina, el credo y la tradición de la Iglesia respecto a cosas esenciales. En el fondo, lo de las 'monaguillas' es jugar con algo tan sagrado como el Sacerdocio, cuya esencia no es un capricho de la historia sino parte fundamental-constitutiva de la Iglesia de Cristo tal y como la quiso Cristo y sus Santos Apóstoles nos la transmitieron

El resistirse a admitir 'monaguillas' no es escrúpulo de Burke. No es un detalle menor: Es un síntoma de algo muy grave, aviso de la descomposición que sufre el catolicismo desde hace cincuenta años. Medio siglo de crisis crónica, con el Sacramento del Orden especialmente afectado y amenazado.


+T.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Sister B


Era una chica discreta, de aspecto delicado, reservada, de las que dicen buenos días y adiós con la cabeza agachada y de medio perfil, tímida - pensaba yo - y quizá un tanto distante, un poco displicente. No tenía más datos que estos que extractaba de las pocas veces que me paré a pensar en ella, tampoco reclamaba más atención. No recuerdo si alguna vez la confesé, pero aparecía regularmente, asistiendo a Misa, por la mañana o por la tarde.

Una vez, por algo que dije en un sermón, su padre (que yo no sabía que era su padre) me preguntó de parte de su hija si podía darle alguna referencia más precisa sobre aquello, un detalle sobre la inspiración/diseño de la bandera de Europa y la famosa vidriera de la Catedral de Estrasburgo; es el único momento que relaciono con ellos, vagamente. Hace unos días, el padre de la chica me comentaba que ellos dos recordaban una riña incontinenti, un broncazo, que les eché una mañana al acabar la Misa, por no sé qué detalle de no me acuerdo qué cosa. Pero pudo pasar, tuvo que ser, más o menos como ella y su padre recuerdan, hasta tal punto que me caracterizaron por aquella bronca matutina. Sin duda merecida, tengo que precisar, como todas las soflamas que dirijo a mis asíduos, muy queridos míos.

La joven aparecía y desaparecía, con esa frecuencia típica de quien no tiene vinculación obligada con la parroquia y mantiene un ritmo de asistencia según horarios personales, por comodidad, o por afinidad, o por preferencias las que fueren. Yo la tenía conceptuada como una chica piadosa, con cierto aire de vocación en ciernes, serena en su discernimiento, con una sincera vida interior que afloraba en esos pequeños detalles que el cura capta por empatía con el medio espiritual, relativamente compartido: La forma de estar, de sentarse, de arrodillarse, la postura de la cabeza, el banco en que se sienta, cómo se acerca a la Comunión, cómo comulga, el rato de acción de gracias, la forma de entrar y salir, todas esas minucias que el cura observa sin atención especial pero personalizando, con más o menos consciencia, a sus feligreses. No diré que como el médico en la consulta, o como el maestro en la clase, ni mucho menos como el director a su dirigido, porque, como estoy diciendo, no había especial conocimiento, ni tratamiento, ni presentación formal siquiera. Era, si me explico, una observación estática, nada dinámica, distante pero constante.

Si me hubieran preguntado, yo habría respondido que la chica estaba discerniendo una vocación religiosa, posiblemente a una clausura. No me preguntaba sobre el particular, ni me interesaba en tanto no me implicaban en ello, pero tenía hecho el concepto, sin perfilar pero sí bien trazado, con bastante seguridad. Alguna vez pedía por ella en uno de esos sumarios comunes en los que meto muchas intenciones, algunas generales, otras particulares, durante la Misa, poniéndolas sobre el Altar. Como en estos casos no sé bien qué rogar porque no se me ha encomendado ninguna intención, ni personal ni directamente, para no desleir la oración en una vaguedad insulsa, rezo esto:

-'Señor te pido por ese/esa y por lo que él/ella te pide y necesita'

Si sé el nombre, lo incluyo, y si no, lo dejo indefinido. Con Dios no se necesitan ni detalles ni explicaciones, ni propias ni ajenas. Es una ventaja, siempre.

Ahora no recuerdo la fecha, imagino que sería a principio de curso, por Octubre, una mañana, en Misa, mi observada quasi-feligresa apareció vestida con una falda hasta lo pies, una blusa blanca y una pañoleta azul en la cabeza. Hace de esto unos cinco o seis años, todavía no existían las nenas de Lerma, pero ya había algunos nuevos institutos religiosos que vestían hábitos de ese estilo. No me gustó, porque capté al instante que de clausura nada, que la vocación había cuajado en alguna novelería confraternizadora espiritualista a la moda postconciliar.

En cuanto terminó la Misa, salí de la sacristía y esperé para interesarme, ya que lo que fuera se señalaba patente, con aquel hábito o pre-hábito tan elocuente. Cuando me dirigía a la capilla del Sagrario, para esperar a que saliera, alguien se me acercó para alguna cosa y me entretuvo. Antes de que concluyera aquella interrupción, vi de reojo cómo se me aproximaba la neo-monja, discretamente, como era todo en ella, la acompañaba, unos pasos detrás, otra chica, una hermana o una amiga, me explicó luego. Con pocas palabras, me dijo que dentro de un par de días se iba de postulante al noviciado de las Misioneras de la Caridad, las de Madre Teresa de Calcuta. No sé si ella notó la alegría que me dio (y la tranquilidad) saber que era allí a donde el Señor había dirigido su vocación. Le dije algo sobre sus padres, la animé a perseverar y le prometí oraciones. Y poco más.


Desde entonces la recuerdo en mis oraciones, entre las intenciones que encomiendo. No sé (¡no sabía!) por qué, desde esta pasada Cuaresma, la he recordado en la Misa varias veces, expresamente, quizá porque he visto que estaban su padre o su madre, y la he puesto con su nombre, con sus intenciones, sobre el altar.

La otra tarde, su padre me trajo una tarjeta dibujada y escrita a mano por ella, avisándome de que hoy profesaba votos temporales:

"...Le escribo para compartir mi alegría de que, si Dios quiere, el próximo día 23 de Mayo haré mis primeros votos temporales como Misionera de la Caridad.¡No sé cómo dar gracias a Dios por la vocación tan bonita que me ha llamado a vivir! ¡Pertenecer a Jesús, qué gran dicha!  ...  ...  ...

...  ...  ...  Le ruego sus oraciones y bendición.

En Jesús.

Sr B. "

Profesarán con ella otras nueve. Serán diez, como las vírgenes de la Parábola, diez predilectas. Yo rezo para que las diez se mantengan vigilantes, sensatas, prudentes, con la lámpara encedida, hasta que escuchen la voz que les diga -'¡Que llega el Esposo, salid a recibirlo!'

Sostén, Señor, el amor de tus consagradas, sella el corazón de tus elegidas con el beso divino de tu Espíritu.

¡Qué dicha, Señor, si al fin entramos en tu banquete, si celebramos tus bodas celestiales!

¡Guárdanos, célanos, Amor de los amores!


+T.

domingo, 18 de marzo de 2012

Propaganda vocacional

"Coepit Petrus ei dicere ecce nos dimisimus omnia et secuti sumus respondens Iesus ait amen dico vobis nemo est qui reliquerit domum aut fratres aut sorores aut matrem aut patrem aut filios aut agros propter me et propter evangelium qui non accipiat centies tantum nunc in tempore hoc domos et fratres et sorores et matres et filios et agros cum persecutionibus et in saeculo futuro vitam aeternam" //
Pedro se puso a decirle: -"Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido." Jesús dijo: -"Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por Mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno, ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna".

Acostumbrados a fragmentar la lectura del Evangelio, perdemos las referencias anteriores y posteriores de las citas, que enmarcan y declaran el sentido de los textos sagrados. La cita con la que encabezo este artículo-comentario va precedida de la escena del joven rico que rechaza la vocación del Señor; seguidamente, interviene San Pedro, oportunamente, y expone su situación, tan distinta a la del rico renuente. Después de la cita, sigue el Señor y pronuncia la profecía de su Pasión, cerrando el episodio la escena de los Zebedeos reclamando el puesto de honor junto a Cristo, que les compromete a beber su cáliz. Esta es la escena, que -entiendo yo- debe leerse completa para comprenderla en todo su sentido, sin fragmentarla (cfr. Mc 10, 17-45)

En el texto aparece patente la vinculación, la inter-conexión, de los conceptos de llamada-renuncia-mérito-sacrificio-Pasión-cáliz-vida eterna, con Cristo como referente axial y garante de todo ese misterio, que implica la vocación de sus discípulo/apóstoles con el culmen de su entrega que consumará en Jerusalén: Su Pasión, Muerte y Resurrección, todo lo que va a quedar perpetuado en la institución del Sacrificio de la Nueva Alianza que el Señor les entregará como memorial/perpetuación, confiriéndoles, a la vez, el sacerdocio del Nuevo Testamento.

Si se parcializa o reduce todo esto a una vocación relativamente indefinida, sin referencia al sacrificio, se falsea, por insuficiencia, el ser de la vocación sacerdotal cristiana, algo que, por desgracia, sucede frecuentemente (señalar el post-concilio como marco de esta crisis de identidad no es acusar en falso sino reconocer una penosa realidad).

Convengo en que es dificil la exposición 'perfecta' de la doctrina sacerdotal, apurando todo su contenido, con todos sus pormenores. Si se escoge como medio de esa exposición un spot publicitario, un artículo (como este mismo) o cualquier otra forma, soporte propagandístico, audiovisual, en radio-televisión o internet, el riesgo de insuficiencia está quasi asegurado. Por lo menos, habría que asegurar un mínimo de integridad que preserve conceptos esenciales y evite equívocos. ¿Se logra? Opino que no, todo lo contrario. Miren este youtube; y este otro.


Hacer publicidad de lo santo (en este caso de algo muy santo) supone arriesgarse a que el mensaje quede absorbido por el medio, una dificultad que el profesional, si es competente, deberá soslayar con éxito. Al ver que no se logra, surge la duda de si el mensaje escogido es lo suficientemente expresivo y auténtico para imponerse sobre su soporte publicitario y resaltar sobre todo y ante todo.

Uno se pregunta si, antes que nada, la idea, los conceptos, estaban suficientemente nítidos en la mente del que emprendió la iniciativa y encargó el recurso.

Preguntas, en este sentido, inquietantes, por cuanto suponen deficits básicos en instituciones y personas que no pueden permitirse mermas y/o insuficiencias.

No es crítica dañosa: Es preocupación por afecto (en mi caso, muy interesado).

+T.

martes, 4 de octubre de 2011

celebraciones dominicales sin sacerdote



Hará dos o tres semanas, aparecía en algunos noticiarios religiosos esta novedad: En Gerona acababa de publicarse un decreto del obispo regularizando las 'celebraciones dominicales sin sacerdote'

"El bisbe de Girona, Francesc Pardo, ha signat un decret que institueix a la diòcesi les celebracions dominicals en absència de prevere. Serà l’arxiprest qui haurà de demanar autorització al bisbe i proposar «les persones idònies per a aquest servei i les comunitats on s’ha d’exercir». El decret també preveu qui haurà de presidir aquestes celebracions, que, sempre que sigui possible, serien a càrrec d’un diaca. Altrament —diu el decret—, les dirigirà un religiós no prevere, una religiosa, un laic o una laica suficientment preparats i amb la deguda autorització"

El caso, sin embargo, es algo ya común, generalizado, una de esas lamentables prácticas post-conciliares que terminan institucionalizando abusos con el omni-comodín todo-excusa de la 'necesidad pastoral'.

En 1988, bajo Juan Pablo II, la Santa Sede publicó un directorio articulando la manera de proceder. Ver/buscar aquí: Directorio para celebraciones dominicales en ausencia del presbítero

Siguiendo el patrón de la Sacrosanctum Concilium, la Ordenación General del Misal Romano y otros documentos mayores sobre liturgia católico-romana, en el directorio (un documento menor) es patente la ambigüedad, la alternativa, la posibilidad, la oportunidad como norma etc. Sugiere sutilmente abiertas tantas formas como circunstancias se puedan presentar. De hecho, una interpretación acomodada y flexible del texto puede propiciar asombrosas (escandalosas) celebraciones, como de hecho ocurre. Si lo leen, desde el preámbulo apreciarán constantes ejemplos de lo que digo.

Un resumen esquemático de la 'celebración' en sí, pueden Uds. leerlo aquí. Aunque la página es argentina, verán en las notas finales las referencias a autores españoles, típicos liturgistas 'creativos/sugestivos', muy conocidos.

De Aldazábal, uno de esos liturgistas citados, es este libro, cuyo título ya es una declaración litúrgico-pastoral doctrinal: 'Ministerios al servicio de la comunidad celebrante'. En el capítulo 18 se expone particularmente el caso de las 'celebraciones dominicales en ausencia de presbítero' .

En el fondo (en la base) existe toda una concepción des-católica de los Sacramentos, el Sacerdocio y la Iglesia. Una eclesiología laicista que minimiza el sacerdocio reduciéndolo a un ministerio subordinado, dependiente absolutamente de la comunidad, cuyas funciones pueden ser asumidas por un simple seglar, siempre que la comunidad lo precise y siendo capacitado para el ministerio por la misma comunidad. Por supuesto no se dice que el laico se convierta ad casum en sacerdote con potestad de consagrar/celebrar la Misa. Pero se expone una forma de entender el ministerio que sugiere nuevas posibilidades que un discurso teológico más 'vanguardista' puede ir desarrollando hasta los extremos que hace años se viven en ciertas diócesis europeas.

En Holanda hay parroquias donde la 'eucaristía' dominical la 'celebran' seglares, hombres y también mujeres. Este curso pasado hubo 'colectivos' de gays y lesbianas que pidieron formalmente la incorporación de representantes de sus respectivos grupos, como signo de integración/no discriminación, para que pudieran celebrar como ministros efectivos de la comunidad.

En Suiza se da el caso de sacerdotes que pueden celebrar la Misa en determinadas parroquias donde desde hace años se tienen estas 'celebraciones en ausencia de presbítero', pero se ven rechazados y se les niega que puedan celebrar la Misa porque la comunidad ya ha 'optado' por la celebración sin presbítero. Increíble, pero cierto.

No dudo de que todos estos lamentables ejemplos de degeneración estén muy lejos de las intenciones con que el Bisbe de Gerona y otros como él tienen en mente cuando publican directorios pastorales-litúrgicos para el caso de estas 'celebraciones dominicales sin sacerdote'. Pero sí estoy convecido de que estas novedades tienen consecuencias que afectan gravemente a la liturgia en sí y a la piedad de los fieles, suscitando confusiones que descomponen la fe de los que asisten a esos actos.


La fe eucarística se resiente cuando el Sacramento deja de ser algo reservado al ministerio sagrado del sacerdote. La impresión que produce en los fieles ver a un seglar abrir un Sagrario, tomar un Copón, administrar la Comunión, etc. produce una devaluación, más o menos consciente, del Sacramento, precisamente del que proclamamos 'Sacramento de la Fe'. Negar esta experiencia es no reconocer un hecho evidente que repercute muy nocivamente en la piedad de los fieles. Sin embargo son prácticas comunes en la mayoria de nuestras parroquias, a veces impuestas por normativas diocesanas, otras veces aceptadas generalmente sin discusión.

Hacer de lo excepcional algo común es otra consecuencia de la vigencia de estos directorios litúrgicos. Se supone que son disposiciones arbitradas para situaciones excepcionales, pero al poco de su publicación pasan a ser prácticas comunes que se consienten y se propician sin más limitación que la del criterio del responsable ad casum, sea el párroco que delega o nombra, sea el seglar encargado ocasional de esas celebraciones, unas veces por costumbre, otras permanentemente.

El hecho de que también las mujeres (religiosas y/o seglares) puedan actuar como 'ministras' introduce una variante todavía más peligrosa, por cuanto supone una realización de las tesis feministas que reivindican el ministerio sagrado como un 'derecho' que no se le puede negar a la mujer. Desde fines de los años '70 se aprobaron algunas fundaciones religiosas femeninas dedicadas al apostolado rural, que muy pronto asumieron por encargo pastoral ciertos ministerios parroquiales: Catequesis, sacristía, archivos parroquiales, visita de enfermos y familias, etc. Poco tiempo después fueron estas religiosas las que se hicieron cargo también de las primeras 'celebraciones dominicales sin sacerdote'. Al princpio fue (como tantas veces) ad experimentum, luego se multiplicaron los ensayos, después llegó el Directorio de la Santa Sede y hoy día tales celebraciones con 'ministras' se han divulgado por doquier.


La impresión de un 'culto degradado' y una 'liturgia deformada' resalta en cualquier caso. Insisto en que la piedad de los fieles, sin captar matices, distingue que están asistiendo a otro tipo de celebración, pero con el juicio consecuente de que todo vale, todo se puede hacer, todo da lo mismo. Después transportan esa valoración indiferentista a la Stª Misa, cuya celebración ya no les causa el mismo respeto que antes ni les mueve a la devoción que tuvieron. La fe popular, tan profunda y firme, es también sutilmente fragil, susceptible de quebrarse en cuanto la fe/doctrina que se les predica (¡se les predicaba!) no se ejemplifica y vive en consecuencia. Si a la pérdida de tantos signos de devoción que acompañó a la reforma litúrgica post-conciliar se le suman estas sustituciones/sucedáneos de la Misa, no es de extrañar la grave crisis del catolicismo, con pérdidas dificilmente recuperables de la piedad y la espiritualidad popular.

No ignoro que el problema pastoral es grave. Cada vez hay menos sacerdotes y las diócesis tienden a mantener las mismas parroquias y lugares de culto que existían cuando el clero era más abundante. Sin embargo la falta de ministros no debe paliarse con formas de culto excepcional encomendadas a seglares, porque tal uso deviene al poco habitual y supone, de hecho, una degradación litúrgica cuyos resultados/beneficios pastorales son absolutamente discutibles.

Por supuesto, escribo estas parrafaditas con la penosa consciencia de que la realidad supera (desde hace años) mis temores y aprensiones. Y con la más dolorosa intuición de que estos hechos seguirán su progresión degenerante.

Usquequo?


+T.

martes, 8 de marzo de 2011

Nuevas formas de vida consagrada (¿Lerma va camino de esto?)


Con la metamorfosis de las ex-clarisas de Lerma y sus nuevos hábitos y sus nuevas formas, se ha hecho patente en España un fenómeno que en Europa se conoce hace ya varias décadas: Los nuevos institutos religiosos con una 'nueva impronta monacal'.

La impresión que dan es esa misma que dan las de Lerma, un juvenil entusiasmo animado por una espiritualidad neo-católica (postconciliar-juanpablista, es decir) con elementos más o menos reconocibles, unos tomados de la tradición religiosa monacal/conventual católica, y otros más novedosos y modernos. Personalmente - y supongo que más de uno compartirá conmigo esta impresión - distingo ciertos tonos, algunos detalles que parecen inspirados incluso en el cine.
¿Recuerdan ustedes la peli de Franco Zeffirelli Fratello Sole Sorella Luna/Hermano Sol Hermana Luna? Pues miren estas fotos y comparen:

Una neo-conventualidad mixta e idílica

Si quieren saber más sobre el grupo, lean aquí:

La Fraternidad de Tiberíades

Y aquí un enlace a la página web de la susodicha comunidad:

Fraternité de Tibériade

Si echan un vistazo a las galerías de fotos verán una exposición a la par encantadora, ingénua, sorprendente y a veces chocante.

No es la única. En Francia y Bélgica hay otras más por el estilo. Las ex-clarisas de Lerma van por el mismo camino. No sé si se habrán planteado lo de crear la rama para los chicos, pero no sería extraño, ya lo he comentado alguna vez.

El estilo compagina lo naturalista con una espiritualidad inspirada en el espíritu de las Bienaventuranzas y otros elementos contemporáneos, unas formas con cierto sabor a grupos de scouts, grupos de animación juvenil, grupos de oración y reflexión etc. Yo diría también que es manifiestamente reconocible la impronta de Taizé, así como la influencia de las Comunidades Neocatecumenales y bastants elementos de la Renovación Carismática. En Bélgica surgió la Communauté des Beatitudes - Comunidad de las Bienaventuranzas que ha sido un poco el modelo matriz de estos nuevos grupos.

De hecho suponen una contra-oferta a la vocación monacal tradicional. Estas nuevas formas parecen prender más facilmente en el ánimo quizá poco formado, diluído, de algunos jóvenes con cierta intención vocacional, que se alejan de la vida monacal tradicional, quizá por falta de una oportuna dirección espiritualidad y un adecuado discernimiento.

Pero las vocaciones de nuestro siglo XXI no son las de hace cuarenta o cincuenta años. Sin ser experto en el tema, me parece obvio el tirón/impacto que la presentación de una vida consagrada 'idílica', con esa ambientación juvenil-naturista, puede causar en el ánimo impresionable de un joven 'urbano' de perfil post-moderno.

El 'encanto' y la simpática impresión de estos grupos es parte de su éxito, una amable tarjeta de presentación. Que a veces se acompaña también de un reconocimiento más formal, con más sustancia. Por ejemplo, uno de los autores de espiritualidad católica más leidos y mejor recibidos de estos últimos años, el p. Jacques Philippe, es miembro de las Beatitudes. Destaco a este autor porque sus libros han sido editados y difundidos en distintos medios y ambientes católicos con notorio éxito. Y lo recalco para que se entienda que hay más, algo más sólido que esa primera impresión  poco sustancial, o al menos ingénua.


¿Subsistirán? Sí, si perseveran. El entusiasmo juvenil se irá moderando con el temple de la madurez y la sabiduría de la ancianidad. Si perseveran, como digo.

Si son fieles, un día dejaran atrás el franciscanismo amable y descubrirán y experimentarán el temor y el temblor de la Cruz, con su dolorosa sabiduría. Dejarán las estampas luminosas y bucólicas y se verán inmersos en el contraluz zurbaranesco o el tenebrismo de la celda con flagelo y bodegón con calavera y vánitas, que todo eso es también vida consagrada. Si perseveran irán pasando por todas las estancias del Castillo Interior, algunos se adentrarán más, otros se pararán en alguna alcoba, en algún nivel. Pero no podrán perpetuarse ni madurar en virtudes y vida religiosa practicando un perpetuo juniorado.

Me preocupa especialmente la alteración de la liturgia, la mixtificación de estilos e influencias espirituales con otras más ambientales, superficiales. Echo en falta la búsqueda realista de las raíces que ha sido una de las características más reconocibles y apreciables de los movimientos de renovación intra-católicos, cuando los ha habido. Una sólida inspiración en los orígenes y los hitos de la vida consagrada de ayer para revivirla ahora.

Oremus!

+T.

sábado, 12 de junio de 2010

Algo pequeñito...y otras pequeñeces

No quiero calcular el tiempo que hace que no veo un concurso de Eurovisión, porque se me vienen encima todos los años que tengo. Tengo tantos que recuerdo haber visto en directo el La-la-la; con tierna edad, pero lo vi y me acuerdo. Y recuerdo también la Poupée de cire-Poupée de son, y a Sandie Shaw, también. Los años de Abba y demás me pillaron con la edad del pavo, cuando ya no echaba cuenta de esas cosas, ocupado en asuntos más graves y con gustos más trascendentales.

Pero este año, por la anécdota del mequetrefe con la barretina que estropeó la actuación del representante España, he visto unas cuantas veces el video de Eurovisión...y me ha gustado. El Daniel Diges canta muy bien, y tiene cara de buena gente. Y me gusta mucho la coreografía de ballet con los cuatro muñecos, que bailan estupendamente y ambientan la canción con un toque "mágico-infantil" muy logrado. Pero lo que me ha enganchado es la música, porque en cuanto oigo un vals en tono menor, me afecta donde sea y como sea; debe ser algún invencible subconsciente romático, o algo así. También puede ser lo del síndrome de Peter Pan, y tal. No lo excluyo. ¡Touché!!

Pero además está la letra. La letra que no me sé y sólo me he quedado con el "Algo pequeñito, algo chiquitito...uoooó-uó-uoó...". Y también dice algo de una rosa blanca y un perdón...y no sé qué más. Lo suficiente para quedarme con la copla y tararearla y tal. En privé, naturellement.

Pero no iba a hablar de todo esto que estoy hablando, iba a hablar de curas, de curas y de cosas de curas. Y de malas y buenas interpretaciones/conceptuaciones sobre ser cura.

Por ejemplo, una excelente, acertadísima, justa y cabal, oportunísma idea sobre un cura y sus cosas, sobre esencias y potencias sacerdotales, es la que expusoo ayer o antes de ayer en Roma el Cardenal Meisner (por cierto que me alegro mucho de poder alabar a un Cardenal, y un Cardenal alemán, además). Pues el Emmº y Revmº Cardenal Joachim Meisner, entre otras cosas, ha dicho esto:

"Un confesionario en el que está presente un sacerdote, en una iglesia vacía, es el símbolo más impresionante de la paciencia de Dios que espera".

Me imagino que por tener en su Catedral de Colonia el relicario de los Reyes Magos, SS. MM. de Oriente le habrán concedido la gracia (¡todo es gracia!) de hacernos a los curas este extemporáneo regalo de Reyes, porque las palabras de Don Joaquín Meisner me han parecido como un desbordamiento obsequioso del Corazón de Jesús al que los Santos Magos regalaron Oro, Incienso y Mirra, y que ahora nos manda por boca del Arzobispo de Colonia esa preciosa comprensión/exposición del Misterio de su Corazón, pátiens et multae misericórdiae, que tantas veces está latiendo (viviendo y reinando) en escenas sacerdotales como esa que describe Meisner: Un sacerdote, un cura, sólo, en una iglesia vacía, en un confesonario, esperando y orando. Realismo santo, tan descarnado como místico, tan simple como sobrenatural. Es así.

Una aproximación al sacerdocio que olvide las circunstancias que envuelven y en las que se desenvuelve el sacerdote del siglo XXI, es una impostura. Quiero decir que teorizar sobre un ideal en coordenadas y parámetros ideales y/o idealizados, es un absurdo y hasta un engaño. Del sacerdocio hay que enseñar la doctrina verdadera y la realidad en medio de la que se vive esa doctrina. Por eso me han gustado las palabras de Meisner.

La vida diaria de un sacerdote no es una escena de triunfo como la de esos cuadros del barroco que pintan al santo entre un coro de angelotes, con arreboles de nubes destellando gloria, y la Paloma del Espíritu Santo sobre la cabeza. No. Esa gloria - que vendrá, eso es cierto - ni será así, ni será aquí.

Las horas del cura pasan a diario, más bien, en un escenario como el que evoca Meisner. Como parecen en esas otras escenas de otros maestros del barroco, expertos en el claroscuro. Pienso en nuestro Zurbarán, y en Ribera, y en La Tour, y también en Rembrandt; incluso en el Caravaggio. Pero no encuentro apto un cuadro de Rubens para enseñar qué es la vida de un cura. Podría servir para hacer una presentación alegorizante, quizá; pero no para enseñar la verdad con sus cosas tal y como son.

Bien. Paso ahora a criticar brevemente lo que no es, las malas interpretaciones, los montajes, las películas sobre curas que falsean lo que es la vida de un cura. O, mejor dicho, "la película", porque me refiero a una película en concreto.

-***- Aquí aviso con asterisco para que se retire el beaterío entusista aplaudidor, la claque beata, la comparsa y el coro de los entusiasmados-as. Avisados quedan. Si siguen leyendo, allá se las apañen con el berrinche (si es que les atacara).-***-

Me refiero a esa peli a la que están dando tanta publicidad. Una publicidad, de entrada, muy extraña, muy chocante: ¿No se han dado cuenta de que no es de buen gusto montar el reclamo publicitario de una peli sobre un cura diciendo que la peli "ha hecho en taquilla más recaudación que 'Sexo en Nueva York' ??? ¿En qué están pensando, con qué están comparando???

Pero además entiendo que se trata de un documental admirativo, entusiasmado y excesivo. Que el joven sacerdote protagonista haya sido un tipo fenomenal, con muchos amigos, con mucho gancho y simpatía arrolladora, con muchos recursos personales, con brillante trayectoria y excelentes facultades, todo eso no lo niego. Pero todo eso no vale para proponerle como modelo. Un cura modélico, entiendo yo, es otra cosa.

Un cura-cura no suele ser un cura "de cimas", sino de planura, de llanura, de piso bajo. No quiero decir que no aspire a lo más alto del Cielo (recalco: ¡aspirar al Cielo!); lo que quiero decir es que su vida circula por terrenos bajos, a nivel del suelo. Ni se arrastra por las alcantarillas (aunque a veces tenga que bajar a ellas), ni se pasa el dia en las azoteas de un rascacielo (aunque algunas veces haya que subir a los pisos altos). Normalmente, la trayectoria a recorrer, el camino a transitar, es de baja altura, de discreto, muy discreto relieve.

Un cura-cura, corriente, sin "brillos", no despierta esas admiraciones ni sale en una peli taquillera. Tampoco se puede permitir el "lujo" de irse un Domingo a esquiar, porque los Domingos son los los días en que los curas-curas están ocupados, desde que amanece hasta que es de noche. El Domingo, para un cura, no es día de vacaciones.

Proponer con entusiasmo a un cura alpinista, es una ficción que puede despistar al que se sienta atraído por una "aventura" que luego no va a poder vivir cuando le toque ser cura en un pueblecito sencillo, con su gente sencilla; o en un barrio cualquiera, con gente tan corriente como la de cualquier sitio. Con gente y con cosas igual de corrientes, muy corrientes; vulgares incluso, de medio pelo y hasta de pelaje raso. La vida de un cura no es "aventura", no es "riesgo", no es "escalada". Un cura real no es un Don Quijote que ve gigantes donde hay molinos, ni confunde a una aldeana con una Dulcinea. Un Quijote no vale para cura.

Que no estoy diciendo que el protagonista de la peli haya sido un cura quijotesco. Lo que digo es que proponer un modelo sacerdotal "de cima", no es realista. Y la santidad es realismo. Tan crudo como las cinco llagas reales de Cristo Sacerdote, con corona de espinas auténticas y cruz pesada y azotes que te destrozan el cuerpo. Y tres clavos que te clavan al madero. La santidad de verdad suele ser una vida sencilla, sin destellos, como los treinta años de la Vida Oculta de Nazareth. Nazareth es un Misterio que se olvida mucho, como también que esos 30 años de vida del Salvador forman parte - la más extensa - del Misterio de la Redención.

Si a un seminarista o a un joven sacerdote se les anima con un modelo/proyecto "entusiasta", y después se topa con una realidad pura, dura y (entiéndasme) "rutinaria", ese joven se puede romper en mil añicos irrecuperables. Suele pasar, desgraciadamente. Los Domingos de "vida oculta" de un cura corriente, no dan oportunidad para escaparse a hacer montañismo.


Entre un atractivo cura de película y el depresivo Curé de Campagne de Bernanos, hay matices y niveles intermedios, más realistas, más apreciables, oportunos, y tanto más fructíferos sacerdotalmente cuanto más sencillamente amoldados a una santidad que no exige "cimas" sino que pide fidelidades. Fidelidades que son sencillos ministerios, carentes de brillos humanos, aunque plenos de gracia divina. Pero la gracia no se ve, ni se siente (aunque actue y transforme el alma, que tampoco se ve).

Lo que me sigue resultando chocante - perdón por insistir - es eso de escalar un Domingo. Y en compañía (detalle que, por mucho que lo expliquen, no tiene explicación). Como tampoco me imagino qué clase de vocación tiene este otro, ni qué tipo de parroquia piensa que va a tener. ¿Se dedicará a celebrar emocionantes misas en un 8.000, o en las crestas de hielo del Perito Moreno, o en lo alto de un errante iceberg???

Un buen final puede arreglar un mal principio, incluso una trayectoria regular, y hasta mala. Si la historia acaba bien, el final es bueno. Pero si el final fuera, digamos, extraño, dejaría la historia que fuera con esa misma extraña impresión final. En este caso que cuenta la peli, opino que brillan, por su ausencia, la discreción y la prudencia. Y como dije, me parece una peli excesiva, que peca por exceso.

Ningún cura, por regular que sea, se escapa de tener su pequeño coro de admiradores-as. Gente buena y agradecida, pero que quizá olvidan (o no saben) aquello que dijo el Señor que se debía responder cuando cumplimos algo a la perfección: "Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que debíamos hacer". Y ya está. Sin películas. Sin claque.

Volviendo a la copla de Eurovisión, que con eso empecé, me he hecho estos dias algunas reflexiones al hilo de la misma; meditaciones de andar por casa, o por iglesia vacia como la que evoca el Cardenal Meisner, consideraciones pías chiquitas, pequeñitas, infantiles. Por ejemplo pensaba, ahora que ya han pasado las solemnidades del Corpus, con procesiones solemnes y todo ese despliegue que - ¡gracias a Dios! - hacemos en nuestras parroquias, por toda España, por tantos sitios; pensaba que, sin embargo, la piedad eucarística de nuestras parroquias, la de todos los días, es de tono sencillo. No se le expone al Señor Sacramentado en una custodia del Arfe todos los dias, sino que se le adora en su Sagrario con gestos y signos y cosas más sencillos, más pequeñitos/chiquititos: Una oración, una visita, una flor, una comunión espiritual, la comunión con recogimiento, con devoción, con temor y temblor (también), la acción de gracias acabada la Misa, alguna oración "de propina", alguna ofrenda por algo o por alguien...

Cosas pequeñas, chicas, que son grandes no por aquello que en sí son, sino por Aquel para Quien son y por Quien son . Si me explico.


p.s. Se me olvidaba el youtube con la copla deEurovisión; ahí va:



+T.