Mostrando entradas con la etiqueta ficción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ficción. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de agosto de 2008

Pseudo-templarios destemplando-se


La noticia es cómica si no tuviera tan mala uva en origen e intención. Resulta que unos "neo-templarios" españoles han denunciado al Papa por daños y perjuicios. Que tiene bemoles el caso. Resulta además que los denunciantes no son los neo-templarios "oficiales" españoles, sino otros neo-templarios de esos que brotan como hongos sobre boñiga.

Para hacerse una idea de cómo las pintan, merece la pena visitar la web del "priorato" de España . Y si estos son los "oficiales", a saber el pelaje de los "clandestinos". Un horror, de todas formas, tutti quanti.

Pero la fascinación templariera no cesa. Y va in crescendo con ese paradójico fenómeno de la increencia y el descenso de la práctica religiosa. También coincide con la atracción-adicción que las cosas mistéricas y misteriosas despiertan en la sociedad post-moderna, tan tecnologizada pero tan falta de la fantasía mágica que no dan las técnicas. Paradójicamente, el mundo de la ficción tiene esos dos polos tan extraños y separados:

- Los que se imaginan futuros supergalácticos con robots inteligentes y alienígenas invasores

- Los que se evaden a la antigüedad y despabilan ritos de Osiris o prioratos del Temple, verbigracia

Todo ello muy acomodado a las circunstancias-gustos-compromisos de los re-inventores, of course. Por lo pronto - y es un detalle - los templarios "oficiales" incluyen en la nómina a (risum teneatis!) "damas templaresas" de capa y escoba...y alcoba - digo yo - . Como decían que los templarios iban en parejita a caballo y que por ahí les vinieron extrañas fijaciones y aficiones, ahora lo resuelven con dama en la grupa, estilo caballista sevillano-jerezano-rociero con flamenca agarrá a la cintura. Muy tipista. (No sé si las damas templaresas iran a la grupa de su templario con peina y mantilla o con casco guerrero de diseño prêt-a-porter. El tiempo dirá).

Nulla dies sine templario, parece ser el lema que se impone. Yo mismo escribí del tema no hace un año, cuando lo de la edición facsimil del Pergamino de Chinón (que por cierto los neo-templarios españoles se han comprado el suyo, faltaría más). Y como siga la saga, al poco estaremos comentado otra parida templaria de temporada. A ver quién da más.

Lo que no me aclaro es quienes son los neo-templarios no oficiales que se querellan contra el Papa. Por lo pronto, aunque los "oficiales" dicen que ellos no son ni han sido ni serán y que le mandan besos al Papa, estos mismos "oficiales" tienen en su web una "campaña de recogida de firmas" para pedir la revisión del proceso contra los Templarios. Conque no sé si será que los "no oficiales" son una vanguardia desvergonzada de los "oficiales" y han decidido pasar de las firmas a la demanda judicial, que da más publicidad.

Turbio asunto. Y cobarde. Porque arremeten contra el más debil y expuesto y no se atreven a demandar - por ejemplo - a la Republique de la France y a su Monsieur le President Sarkozy, herederos "históricos" del infame Philippe le Bel, oh-la-lá. Mejor, para salir en prensa-radio-televisión, sacar a relucir al Papa y a la Iglesia (Católica, siempre la Católica). Y así se escribe la historia.

Pero la Historia antes la escribian los "grandes", ya fueran asesinos, viles, degenerados e infames como Philippe le Bel, que fue un canalla pero, a su manera, "grande". Mais aujourd'hui, il n'existent pas de grands, seulement les nains: Los enanos vestidos con ropas de gigantes y cabezudos, haciendo comparsa de "templarios" con capas y espadas (y "templaresas" prêt-a-porter).


&.

martes, 20 de mayo de 2008

El pais de Frankenstein

Me atrae desde jovenzuelo el ambiente de la Inglaterra fini-dieciochesca y pre-romántica; y también el primer romanticismo; y por supuesto ese fenómeno literario de la "novela gótica". Y sus autores, of course.

Después de la pesadez insoportable de las novelas de la ilustración con sus tesis morales de inmoralidades estragadas, los relatos de misterios tenebrosos que raptan el sentido y deliran noctámbulos, son una delicia. No sólo de ilustración vive el lector.

Sin embargo nunca me gustó ni Mary Shelley, ni su "Moderno Prometeo". Las ellas literarias que me gustan, las de esa época, son la Austen, las Brontë, la Barrett-Browning, y las de su especie. De la Shelley deduje una estampa de refinada alternadora contertulianta de románticos de la galería, que no sé de dónde concluí pero que me la ha hecho tan poco simpática como su monstruo.

Su monstruosidad, la que imagino, por mucho grabado que vea, tiene la cara del papá de la Family Monster, malrato de mis noches de verano, cuando tierno infante de siete-ocho impresionables años. Terrible. El monstruo de Frankenstein tiene esa cara monstruosa, que todavía me da escarrapelo. Y eso que me hago un concepto sumario, sin pormenores, del engendro de laboratorio; porque si me pongo a imaginar que lo hicieron de retazos de muerto, y lo cosieron con aguja colchonera, y le dieron energía con un rayo de tormenta, mi potencia imaginativa recrea un mostruo que ya quisiera haber tenido en mente la antipática Mary Shelley, que en paz descanse.


Que yo no sé si estará descansando en paz con la monstruosidad que están elaborando sus paisanos; pero esta vez no es novelorio gótico, sino fantasmagórica realidad. Hace un año o así escribí sobre esas "quimeras" de laboratorio que ya están aprobadas por el Parlamento de su Majestad. Por cierto que el edificio neogótico puginesco pega la mar de bien como escenario para ubicar la legalización de los engendros. Muy propio. Casi un escenario de Harry Potter. La realidad superando cada vez que puede a la ficción.

¿Que pasa en England? ¿Huele a podrido como Dinamarca en Hamlet? Porque esas monstruosidades genéticas deben heder a carne corrupta, a humanidad hedionda. Y las leyes, también. Y también el Parlamento. Y el Gobierno de his Royal Majesty.

Si England sigue siendo el referente que ha sido para Europa desde los tiempos en que Mary Shelley se enervaba fantaseando un Frankenstein factor de mostruos, Europa y el mundo se van a plagar de híbridos antropo-animalescos, revival en carne mortal de los bestiarios medievales y sus lucubraciones.

¿Una "cartamagna" de los horrores? Parece que yes. Con la coartada de que es para vivir mejor. Coartada que esconde la terrible verdad de una muerte de la que se pretende huir creando una vida de novela gótica de terror. Es decir, que viviremos entre monstruos, a costa de monstruos, para morir como monstruos.

O peor.

&.

martes, 16 de octubre de 2007

Clérico-ficción (thriller de)


El boletín de la agencia Zenit sorprende - me sorprende - de vez en cuando con noticias que no sé qué pintan en un bolentín de una agencia como Zenit.

El de esta tarde trae una entrevista con un mozo de treinta y siete años que ha escrito un novelorio que dice Zenit que se está vendiendo y es casi best seller (horreur!). Y más horreur porque el novelorio del quasi cuarentañero es un thriller, una ficción eclesio-satánico-clerical-policíaca de intriga (no sé si sale sexo, que sería el colmo-olmo).

Pregunta el de Zenit: -"Pensábamos que la marea de «El código da Vinci» ya había pasado. "

Contesta el autor de treintisiete años: -" No sólo no se ha acabado con «El código da Vinci» ni con otras novelas que aprovecharon el tirón comercial de aquel libro. Es más, aquella literatura-basura prostituyó un género que no puede manejar quien no tenga fe, salvo que le sea ajeno el riesgo de caer en la desinformación o directamente en la calumnia."

Tendría que haber contestado simplemente : - No, como prueba mi novelorio. Voicí.

Mantengo la tesis de que el combate contra el enemigo no puede/no debe hacerse hacerse con las armas del enemigo; que una bomba atómica no se convierte en una bomba santa porque se bendiga con agua bendita y se adorne con una cruz; que una prensa amarilla no se combate con una radio amarilla. Verbigracia.

Me imagino que en el fondo ese novelorio del codigucho y la demás pseudo-novelítisca de ese pseudo-género que tanto vende, es por algo: Es porque engancha y crea adicción. Suele pasar. Y me atrevo a pensar que el autorcete de 37 del noveloriete que cuenta Zenit (hay que ver!), es un fascinado adicto del codigucho y que su novela es consecuencia, criatura, engendro de una loca e irresistible pasión (iba a añadir también "inconfesable"...pero no sé, porque la entrevista suena a, por lo menos, cuenta de conciencia).

Tengo un temor, una aprensión: Que la gente piense, se imagine, sospeche, que la Iglesia es así; que eso pasa en las Iglesias, que eso hacen los curas, que así es la Curia, que esos son los Cardenales, y que el Papa hace eso. Tengo este miedo. ¿Infundado? ¿No lo cuenta Zenit?

¿Digo como se titula el novelorio? Pues como una entrega de Harry Potter: "La sangre del pelícano". Original el muchacho de los trentisiete, como se ve. Lo peor es que lo explica y todo, con cita del Adoro te devote y Stº Tomás al canto, para que se sepa que sabe.

¿Que si yo no he leído bagatelas? Si, claro está que también he leído chucherías gustosa y despreocupadamente. Pero yo leía las cosas del Padre Brown de Chesterton...que no son lo mismo, que no es lo mismo.

&.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Biólogos, alquimistas y brujos


Me da escalofríos lo del embrión fifty-fifty humano-vacuno que están aliñando en Inglaterra, sin obstáculos. Tampoco - no problem - habrá trabas para la empresa en España, donde legalmente cabe porque se ha hecho ex profeso una legislación para que quepa. Eso mismo que están haciendo allí, se hará pronto aquí también, que no somos menos libres, modernos, capaces y pérfidos que Albión.
.
De repente, al postmoderno siglo XXI ha retornado el "homúnculo", ese proyecto delirante de la alquimia medieval que pretendía hacer una especie de hombre sublimando en una alquitara los elementos adecuadamente mezclados. Se sabía absolutamente, indiscutiblemente, cuales eran los ingredientes a combinar: Agua, aire, tierra y fuego, los cuatro elementos del viejo Empédocles; se dudaba en las proporciones de la combinación; pero se confiaba en el resultado final, siempre perfectible.

Todavía en pleno XVI, Paracelso ensayaba con estiércol de yegua el calor adecuado para la retorta en la que debería later el engendro. No sé si en el gabinete del estrambótico emperador Rodolfo se cocerían las últimas tentativas para lograr el homúnculo, pero la ciencia positiva del XVII-XVIII se derivó de aquellos antros de la alquimia, que traspasó los matraces al laboratorio de Lavoisier sin solución de continuidad.

Después la literatura heredó el tema con la misma trama fascinante del sabio que fabrica vida humana. Del alquimista del XIV a Mary Shelley y su novelorio del Dr. Frankestein, sólo dista lo que va de una gárgola gótica a una neo-gótica, con invariable sustancia.

La misma que luego fue perversamente reintentada en los pabellones de Austzwich, Dachau o Treblinka, con un Mengele en vez de un Frankenstein actuando con materia humana real, viva, manipulable.

Lo de ahora es el siguiente capítulo de la misma terrorífica secuencia de ciencia-ficción-realidad. Con la diferencia de que todo Occidente con el peso de su irrenunciable modernidad "apuesta" por el "progreso" y la "ciencia", como sea y a costa de lo que sea, encubriendo con leyes el horror y dictando el discurso irrevocable de que esto es ciencia y aquello fue crímen.

Ellos no se ven el rostro, pero son los mismos Mengele-Frankestein-Paracelso-Flamel...y así una larga secuencia de perfiles desde un Bernat Soria a un brujo de novela gótica, Saruman incluído.

El híbrido de embrión humano-vacuno ya tiene pseudo-nombre: Se le llama "quimera", para despistar y con una intencionalidad de coartada "clásica", supongo.

Un dia cualquiera, uno de estos bió-alquimistas, tentará elaborar sirenas y centauros; y otro buscará un necronomicón perdido para conjurar alternativas de vidas contrahechas. No estamos tan lejos de Lovecraft, me temo.

Pero se ha trazado la secuencia a la inversa, progresando en degradación perversa del científico al alquimista al brujo.
.
¡Qué miedo!


&.

martes, 1 de mayo de 2007

Más códigos


Yo pensé que con la peli y el relativo fracaso, el "fenómeno" del codigucho del best-seller comercial del escritorzuelo aquel, se apagaría. Pero no; o sería que lo que pensaba yo era, más bien, lo que yo deseaba.

Cualquier persona con un mínimo de formación/cultura de cierto nivel, reconoce de un vistazo que todo lo tramado en el novelorio aquel era fantástica ficción y burda patraña. Pero entiendo que aquel episodio se ha convertido en "género". Ayer por la noche pusieron en una emisora de televisión una peli con enigmas, templarios, griales y todos los elementos ad casum; no me importaría apenas si con todo eso no mezclaran temas que atentan contra la fe y falsean al Cristianismo y a la Iglesia.

Cada época ha tenido su carácterístico género de ficción: Lo que significaron las sagas de Troya y sus héroes para los griegos, lo fueron más tarde el Rey Artús en el medievo, o los Amadises, Tancredos y Melisendas un poco después; el XVIII fantaseaba con Casanova, el XIX con Verne y el XX de la Guerra Fría con Bond, James Bond. Me parece sintomático que el XXI haya empezado con esos códigos templarios anticristianos, y con un tufo a logia y a masón que hiede.

Hoy, el diario insignia de esos "círculos" trae en su sección "Cultural" la noticia de que no sé quienes han descifrado un "código" musical entre las piedras talladas de la capilla escocesa de Rosslyn, que era uno de los escenarios de la novela del codigucho aquel, qué casualidad. La cosa va, está claro, de money-money, y el filón del género está en plena fase de rentable explotación.

A las piedras de una capilla tardogótica se les puede hacer decir lo que se quiera, sólo es cuestión de imaginación y cierta dedicación al empeño. No digo que no pueda ser, porque las intenciones vertidas en el arte son tan sorpredentes como los recovecos de la mente del artista. Pero si de una discreta capilla en Escocia se sacan motetes, deliro imaginando lo que pudiera esconder El Escorial, o la Gran Muralla China, o las tres Pirámides de Gizeh. Bueno, de las pirámides ya se ha hablado muchísimo, y también tuvieron su momento esotérico-místico-psicofántico. Pero ahora le toca el turno a los códigos, puñeteros códigos.

Ayer fué la fiesta de San Pio V, al que le tengo tantísima simpatía y devoción desde niño; entre otras razones porque en su época, a los que "codigueaban" los visitaba la Inquisición, y se acabó (el código y/o el codigueante). Era así de facil; no niego que era tremendo, pero sí mantengo que era efectivo e "higiénico". Para la infección, alcohol de quemar y sublimado de yodo, y no hay microbio que aguante.

Es lo que echo yo de menos para códigos y codigueros.


&