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domingo, 16 de abril de 2017

Santo Sepulcro


Es una de esas anécdotas que aportan quasi nada a la fe, pero ponen su mica salis para la curiosa inquietud de los enigmáticos:

Los aparatos de medición científica se bloquean inactivos cuando los usan dentro del Santo Sepulcro

Pero son de esas noticias que, como no se resaltan, ni los medios de masas publican, pasan al fin desapercibidas excepto para unos pocos.

Los creyentes, leemos y sonreímos, sin conmoción. Y los impíos, anti-cristianos y ateos, sonreirán también...son rictus sardónico, y seguirán sin creer.

También pasa que con esta clase de noticias el cristiano percibe la gracia y el gozo de la fe, un fenómeno sobrenatural que tampoco miden los aparatos científicos.

Surrexit Dóminus vere, et gaudeamus in fide Resurrectionis Christi !!!


+T.

Sicut Cervus...





+T.

viernes, 10 de abril de 2015

Dos escenas del Catolicismo que fue (que hemos perdido (que nos han expropiado))


Agnus Dei bendecido por el Btº Inocencio XI en Pascua de1677

Como adorno de Pascua, también como felicitación y regalo, pongo en Ex Orbe estos dos preciosos documentos, testigos de la decadencia del catolicismo romano. Las grabaciones nos permiten ver qué grave ha sido la caída, desde el sublime ritual de la tradición reverente y creyente, respetuosa consigo misma, hasta la simplicidad minimalista, vulgar y desconcertantemente ocasional, sujeta al capricho personal. Se despreció el antiguo tesoro de ricos signos y se nos obliga a aceptar la baratija insignificante.

El primer vídeo (con montaje un poco deficiente) muestra partes de la liturgia papal del Jueves Santo de 1964 en San Juan de Letrán. Pablo VI entra en la Basílica, incensa el Altar (con las reliquias de la Mesa de la Institución), ocupa la sede en el ábside basilical y cumple el rito del Mandato, lavando los pies a doce clérigos romanos.




Me resisto a comentar detalles, tantos y significativos. Lo principal es ver al Papa ritu servando, cumpliendo el rito, sujeto a las venerables ceremonias, siguiendo las indicaciones de los ceremonieros, con la solemnidad y devoción exigidas. La humildad del celebrante no necesita moniciones explicativas. Si el yutube tuviera sonido, los cánticos litúrgicos de la celebración completarían la emocionante impresión de las imágenes.


El segundo vídeo es una rareza, porque recoge no ya un rito reformado-deformado, sino que visualiza un ritual católico romano extinto, realizado por última vez por Pablo VI. Puesto que el ritual se cumplía en la Pascua del primer año de pontificado del Papa y después sólo se repetía cada siete años, la grabación recoge la penúltima ceremonia de bendición de los Agnus Dei, el Miércoles de la Octava de Pascua de 1959, por Juan XXIII, la única vez que el Papa Roncalli cumplió ese antquísimo rito papal:




Las oblatas de cera con la imagen del Cordero Pascual se preparaban por los cistercienses de San Bernardo alle Terme. El Papa, en una de las estancias del Palacio Apostólico, bendecía primero el agua con mezcla de Santo Crisma y bálsamos, luego echaban en la fuente bautismal las oblatas de cera, el Papa las removía con una espátula y las recogía poniéndolas en un cesto, rezando las oraciones que señalaban las rúbricas para cada momento del ritual (aquí una descripción más detallada del rito, con las oraciones - en italiano todo - y , menos detallado, aquí en español). El rito se celebraba el Miércoles de la Octava de Pascua, y los Agnus Dei se distribuían el Sábado de la Octava.

Ahora, como una (¡otra!) escena de paraísos perdidos, los Agnus Dei (con su bendición perdida en cuanto se ponen en venta) se pueden comprar en tiendas de antigüedades religiosas, restos y sombra de la piedad que los veneró, acusaciones en cera del catolicismo que los pretirió. Tal cual si fueran un epílogo de lacrimae rerum, o unas líneas de devota nostalgia al estilo de las páginas finales del Il Gattopardo del Lampedusa.

A todos los frecuentadores, afines y afectos de Ex Orbe, ¡Feliz Pascua Florida !!!


+T.

domingo, 5 de abril de 2015

Exultemus !!!

En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él.

El Señor hace su entrada donde están ellos, llevando en sus manos el arma victoriosa de la cruz. Al verlo, Adán, nuestro primer padre, golpeándose el pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos: «Mi Señor está con todos vosotros.» Y responde Cristo a Adán: «y con tu espíritu.» Y, tomándolo de la mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, Y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo.

Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti; digo, ahora, y ordeno a todos los que estaban en cadenas: "Salid", y a los que estaban en tinieblas: "Sed iluminados", Y a los que estaban adormilados: "Levantaos."

Yo te lo mando: Despierta, tú que duermes; porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; yo soy la vida de los que han muerto. Levántate, obra de mis manos; levántate, mi efigie, tú que has sido creado a imagen mía. Levántate, salgamos de aquí; porque tú en mí y yo en ti somos una sola cosa.

Por ti, yo, tu Dios, me he hecho hijo tuyo; por ti, siendo Señor, asumí tu misma apariencia de esclavo; por ti, yo, que estoy por encima de los cielos, vine a la tierra, y aun bajo tierra; por ti, hombre, vine a ser como hombre sin fuerzas, abandonado entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto paradisíaco, fui entregado a los judíos en un huerto y sepultado en un huerto.

Mira los salivazos de mi rostro, que recibí, por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido.

Me dormí en la cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado salió Eva, mientras dormías allá en el paraíso. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muerte. Mi lanza ha reprimido la espada de fuego que se alzaba contra ti.

Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso; yo, en cambio, te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celestial. Te prohibí comer del simbólico árbol de la vida; mas he aquí que yo, que soy la vida, estoy unido a ti. Puse a los ángeles a tu servicio, para que te guardaran; ahora hago que te adoren en calidad de Dios.

Tienes preparado un trono de querubines, están dispuestos los mensajeros, construido el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos y mansiones, a tu disposición el tesoro de todos los bienes, y preparado desde toda la eternidad el reino de los cielos.


De una antigua Homilía sobre el santo y grandioso Sábado
(PG 43, 439. 451. 462-463)

jueves, 1 de mayo de 2014

Con flores



Con flores yo iba a María
y con rezo inocente decía
- 'Oh Señora mía, oh Madre mía,
yo me ofrezco del todo a Vos...'

Y cantábale coplas sencillas
de mi madre en mi casa aprendidas
- '...Salve, Salve, cantaban, María,
¿quién más pura que tú? ¡Sólo Dios!...'

Y cada año Mayo me envolvía
con salves y flores, con velas y vivas,
con voces de niños que blanco vestían
para su primera y feliz Comunión.

La flor de azucena, el libro de nácar,
la cruz, la cadena, el rosario de plata,
el beso, la estampa, la luz mañanera,
la mesa vestida con aquel mantel
que sólo sacaban los días de lujo,
la gente en la calle vestidos de fiesta
esperando al niño para ir con él
a Misa a la Iglesia, todos reunidos,
la familia entera, todos los de casa
creyendo tan firme como cree un chiquillo
sin dudar, sin miedo, con sencilla fe...

Ahora que vuelve el Mayo florido
con rosas y espinas del ayer que fue,
me conforta el alma el candor del niño
que sigue rezando, muy firme su fe,
lo mismo que entonces, la misma plegaria:

- 'Bajo tu amparo...graciosa belleza...
...alma, vida y corazón...
...no desoigas la oración...
...vida, dulzura, esperanza nuestra...
...Virgen sagrada María...
...llévanos, por tu Asunción...
...súbenos, oh Madre mía !!!

        **** **** ****

...Un día a verla iré
al Cielo, patria mía,
allí veré a María
al fin yo la veré...



Ex Voto

+T.

domingo, 20 de abril de 2014

Las primeras

Primero fueron las mujeres, como rezan los Evangelios '...cuando todavía era oscuro'. Llegaron sin luz, sólo movidas, atraídas, impulsadas por el amor, arrastradas por el amor después de la muerte, que es un amor fuerte, con la pasión del dolor latiendo y amando al Crucificado, al Muerto, al Sepultado.

Iban con ungüentos, con perfumes, con bálsamos para su Cuerpo, con el temor y el temblor de repetir con el Yacente lo que hicieron ellas mismas o vieron hacer a otras: Ungir sus pies, perfumar su cabeza, besar sus manos, llorar a sus plantas y secarlas con su cabellera, mientras Él las miraba y las bendecía con sus ojos y sus labios, entonces llenos de gracia, ahora cerrados y yertos.

Iban sobrecogidas, cuando todavía no rompía el alba, con el rocío fino de la madrugada licuando su frescura sobre sus cabezas, confundiéndose con el brillo de sus lágrimas. Estremecidas por el frío de la brisa y conmovidas por la emoción del duelo.

Eran tres, como tres luceros en la noche, tres Marías antes del alba, más lucientes cuanto más oscuro.

No eran la Madre, pero iban como madres de un mismo Hijo, el corazón en la boca y el alma herida. No eran la esposa, pero caminaban al barrunto de un amor empeñado en más amor. Eran llorosas doncellas con lámparas ardientes y ungüentos fragantes. Eran madres con bálsamos de dulce olor y pechos de interno dolor.

Fueron esperadas por Ángeles. Recibieron una anunciación celeste, temerosas también, como la Virgen Madre de la Anunciación primera. Se les anunció la gloria como a los pastores de Belén, con luz y un alborozo nuevo que sus mentes embeleñadas por el dolor de la Pasión no entendieron al momento.

-"... De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: '¡Alegraos!'. Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de Él."


+T

martes, 14 de mayo de 2013

Tiempo de Ascensión


Soy ascensionista y asuncionista, por Él y por Ella, por Cristo que asciende y abre, y por su Madre que es subida y deja abierto. El Cielo ya no se cerrará hasta que haya subido el último de los que subirán. Nuestra vocación es ascender, somos gente de subida.

Se sube por gracia de Dios. Nos sube la gracia de Dios. Se sube moralmente. Se sube espiritualmente. Se sube cuando superamos las tentaciones y adquirimos virtud. Se sube cuando recibimos la gracia de los Sacramentos y cuando rezamos.

Un alma cristiana santificada por la gracia está dispuesta para subir. Y sube. como un globo, como un aeróstato: Su interior le impulsa, desde dentro, a subir, subir, subir. Basta, sin embargo, un amarre, un anclaje, una cadena, una cuerda, basta una cadenilla, un hilo fino, para que la subida (toda la subida) se frustre, no se realice.

Pudiendo ascender, con todo el inmenso cielo para subir, ¿cuántas almas se quedan casi en plano de tierra, apenas alzadas un poco, pudiendo ascender, elevarse, elevarse y subir, subir, subir...?

La Ascensión de Cristo abrió el tiempo de las subidas, tantas como almas son llamadas a ascender, movidas por el Espíritu Santo, atraídas por Cristo que subió a lo más alto y nos requiere desde la diestra del Padre: El Altísimo llamándonos a la altura. ¡El Señor de las Alturas!

Hay momentos en que se siente el tirón del Cielo, instantes en que sentimos que nos suben, que subimos, que estamos subiendo.

Él dijo: "Cuando Yo sea elevado, atraeré a todos hasta Mí" (Jn 12, 32). No se refería sólo al momento de la elevación del Crucificado en el Calvario; también se entiende de su Ascensión admirable.



En la Misa, cuando el sacerdote alza la Hostia y el Cáliz, representa a la vez a Cristo alzado en la Cruz y al Señor exaltado a la Gloria. Y las almas piadosas, en ese momento, sienten la atracción de Cristo y son subidas, raptadas en ascensión, suben con el Señor que es elevado sacramentalmente, real y efectivamente.

Decía que las almas devotas sienten ese efecto de elevación. La otra mañana, el que tenía que tocar la campanilla no la tocó. Estaba elevado, me dije.

Muchas ascensiones pequeñas, litúrgicas, se hacen con temor y temblor. Y algunas, con lágrimas.

Si son de verdad, todas son ascensiones de amor.






+T.

domingo, 31 de marzo de 2013

Resurrexit a mortuis


Hace años que la emoción de la Pascua me viene con notas de verismo, de ópera verista. Como debe de ser, porque la Resurrección primera ocurrió en medio del dolor, del amor, de la pasión y la muerte, como el Regina Coeli y el Inneggiamo de la Cavalleria Rusticana se abren marcando un eje de Vida y Gloria entre los personajes que viven apasionadamente y mueren cruelmente enamorados, con su tragedia y su pena.

Pero en mitad de la escena se ha proclamado la Resurrección, un himno de victoria sobre la muerte, el llanto y la sangre, un himno de ascensión, de subida, un clamor del Cristo que vive y llama a la vida. Ese es el centro, esa es la clave, el Misterio que ha sucedido entre nosotros y que nos convoca con la fuerza de su verismo apasionado, con el Corazón traspasado y latiente de Cristo derramando misericordia e irradiando vida, esperanza y gloria.






En esta producción de Zeffirelli, con Plácido Domingo y Elena Obraztsova, el Regina Coeli seguido del Inneggiamo comienzan en el minuto 7'40 del youtube. Se representa una preciosa procesión de Domingo de Resurrección, al estilo de las de Sicilia o Calabria, con pasos, imágenes del Señor y la Virgen, disciplinantes, música, clero y mucho pueblo, gente sencilla y devota que creen y aclaman el Misterio que les envuelve.

Cuando creemos, alabamos y adoramos al Resucitado, la gracia de Cristo nos envuelve con su luz. Y su Misterio entra en nuestras vidas con todo su verismo. Parece que no cambia nada, pero todo ha cambiado. Un germen de Resurrección y Vida, de eternidad y gloria, ha sido plantado en nuestra tierra. Y germinará. Y crecerá. Florecerá y fructificará.

Que el Señor Resucitado nos santifique con su amor y su gracia.

Feliz Pascua Florida

Cum Bene+dictione


+T.

domingo, 15 de abril de 2012

Ver y tocar


Ha sido una de las sentencias que más veces me han dicho, en tono admonitorio y corrector -"Santo Tomás, ver y tocar". Me lo decían, efectivamente, cuando tocaba algo con, digamos, consecuencias: Volcar, tirar, romper, estropear, manchar, mancharme. O también, simplemente, tocar por curiosidad. Si me lo decían mis tías mayores, no me molestaba; si me lo reñían mis tías jóvenes, me irritaba especialmente. Cosas mías. Pero es verdad que me gustaba tocar, ver y tocar (como Santo Tomás).

Mi tía favorita, mi predilecta, conocía mi inclinación y me la consentía: Me dejaba abrirle todos los cajones de las cómodas, escritorios, roperos, y los baúles, los arcones, las alacenas, la despensa: Todo. Hasta el cajón de la mesilla de noche y los de su tocador. Ver, tocar. Y oler. Un día metí la nariz en un bote de cristal tallado, precioso, que se había quedado manchado por dentro por un resto de esencia de jazmines que se fue consumiendo y dejó un poso reseco, parduzco. Le habían echado amoníaco, para que disolviera aquello. Llegué, le quité el tapón de cristal y (ajeno a lo del amoníaco) aspiré hondo, para oler el especioso aroma de jazmín reseco, sssssniiifffffff...Y me caí de espaldas, aturdido y lagrimeando, y escuchando el recriminatorio -"¡Santo Tomás, ver y tocar!" (además de oler).

A Santo Tomás le debemos estar agradecidos porque se atrevió a decir y hacer lo que a muchos les pasa por la cabeza y les gustaría hacer, aunque no lo digan ni lo hagan: Ver y tocar.

Comprendo que me digan, que me expliquen y prediquen que, satisfechas esas dos apetencias visuales y táctiles, la fe queda relativamente desvalorizada, con poco mérito. Yo respondo que no, en absoluto. Por lo menos en el caso de Stº Tomás, vidente y tocante, nuestra fe en Cristo resucitado queda satisfactoriamente confirmada y testada. Además, desprendo por el versículo de Lc 24, 38-40 que no fue Tomás Dídimo el único que tocó, sino que otros, además de él, también tocaron (y vieron):

Pero él les dijo: -"¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo." Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies.


Y San Juan, en el exordio de su primera epístola, lo confirma:
"...lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida"  IJn 1,1

Es decir, que San Juan también tocó y, por supuesto, vio. Lo recalca, incluso, enfatizando. No en vano Verbum caro factum est, el Verbo se hizo carne, carne visible y tangible que fue vista y tocada después de su Santa Resurrección, para que la impresión recibida por los Apóstoles y los Discípulos fuera efectiva, satisfactoria, corroborada por la acción de los sentidos externos que informan a la inteligencia según ese proceso fascinante que es el acto del conocimiento racional humano, todo eso que se estudia en la epistemología (que nunca me gustó estudiar).

Lo que pasa es que el pobre de Stº Tomás dudó y dijo en voz alta su duda. ¿Los otros no dudaron? No sé qué decir. De lo que dicen los SS. Evangelios se deducen actitudes variadas, imagino yo que cada uno reaccionó muy personalmente, pero dubitantes hubo, más de uno, aunque la duda se achaque, por título, a Stº Tomás.

Lo que pasó, también, es que Stº Tomás no estuvo cuando la primera aparición y se resistía a creer lo que le contaban, no recibió la impresión primera de los que sí vieron al Resucitado (y seguro que algunos también lo tocaron), quedándose suspenso en ese intervalo de emoción que no rompe porque no ha probado, no ha sentido.


Y ya como corolario: ¿Qué hubiera sido de la iconografía pascual si no hubiera habido duda, desafío visto y tacto de Santo Tomás, el Dídimo? Tantos relieves, frescos, lienzos, tallas, grabados que no habrían enriquecido nuestro arte cristiano, embellecido iglesias y afamado museos, desde Silos a Orsanmichele, desde Verrocchio a Salcillo, desde Alejo Fernández al Caravaggio, tanta belleza sacro-emocionante.

Conque verán Uds. que estoy dispuesto a montar todo un alegato pro-Tomás y su comprobación. Le estoy, en suma, muy agradecido.

Llegado a este punto, al 'ver y tocar' se me van sumando una serie de dípticos, de parejas de palabras, todas en relación con aquello: Ver y tocar, tocar y sentir, sentir y creer, creer y temer, temer y amar, amar y rezar, rezar y esperar, esperar y vivir, vivir y ansiar, ansiar y aspirar, aspirar y tender, tender y subir, subir y llegar...

...Y al fin ver y tocar.


+T.

domingo, 8 de abril de 2012

La emoción del dolor, el amor y la Vida


In tribulatione sua mane consurgunt ad me venite et revertamur ad Dominum
quia ipse cepit et sanabit nos percutiet et curabit nos
vivificabit nos post duos dies in die tertia suscitabit nos et vivemus in conspectu eius
Os 6,1-3

En los días previos a la Pasión del Señor son varias las escenas en que sus discípulos le muestran un afecto emocionado, desbordado a veces. Como Pedro, que le confiesa su decidida adhesión -"...Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré" Mt 26,35; o Tomás -"...subamos y muramos con él" Jn 11,36; o María de Betania, rendida en sentimientos a los pies del Señor, ungiéndole en casa de Lázaro Mt 26,6-13; Mc 14,3-9; Jn 12,1-8

Después, durante la Pasión, el miedo se impone a la emoción, casi ocultándola, hasta que vuelve a aparecer expansionada en dolor, un dolor funerario que parece querer compensar post mortem lo que en vida no supieron o no pudieron amar. Es una reacción muy común, característica.

Así comparecen las Miróforas, al alba del Domingo, yendo con ungüentos y con lágrimas al sepulcro de Jesús. Los hechos, sin embargo, se les imponen de forma inimaginada: Iban preparadas para encontrarse con la muerte y se les presenta contundentemente el hecho de la Resurrección: "...No está aquí: ¡Ha resucitado!" Mt 28 1-8; Mc 16, 1-8; Lc 24, 1-10; Jn 20,1-2

Los Evangelios de la mañana de Pascua son así, como flashes tomados con cámara en directo, con primeros planos, que pasan de las lágrimas de dolor a la estupefacción perpleja, y luego al miedo sobrecogido, y después al ansia expectante y finalmente a un gozo interior encendido en fervor que poco a poco consigue aflorar en palabras, por fin: "...¡Es verdad, ha resucitado!..." Lc 24, 34ss. Y así, hasta que la tarde, con la aparición a todos en el Cenáculo (Lc, 24 36 ss. y Jn 20, 19ss.) , serena en alegría luminosa la convulsión de aquella mañana de gloria inefable.


Inefable es lo que no se puede hablar porque no se sabe cómo, porque no se atina, porque la realidad de lo admirado supera la capacidad de nuestra expresión mental y verbal. A los testigos de la Resurrección les sucedió lo que a la Virgen, que estando en medio del Misterio, "...conservaba todo aquello meditándolo en su corazón" Lc 2, 19 y 51.

Ella llevaba toda una vida interiorizando el Misterio y co-participándolo. Ahora, en unas pocas horas, los Apóstoles y los discípulos estaban compartiendo la misma gracia: Ver, oir, tocar, creer, guardar en el alma y vivir en el Misterio.

Cuando se nos proclama a nosotros el Misterium Fidei, nos están convocando a lo mismo.

Crucen Tuam adoramus, Dómine, et Sanctam Resurrectionem Tuam laudamus et glorificamus...!!!

+T.

domingo, 12 de junio de 2011

Pentecostés


Lengua, fuego, llama, viento,
beso de su boca aliento:
Habla, prende, quema, mueve
mi alma que en pecado muere
si no estás, si no envías, si no vienes.

¡Quién pudiera sin parar
subir en tu aire, volando!
¡Quién pudiera revivir
y recrearse sin fin
ardiendo en tu fuego santo!

Toda la vida en un rapto,
el corazón en volanda,
el alma el Cielo deseando,
y los sentidos en Tí
clavados, fijos, plantados.

¡Dulce Espíritu de Amor!
Dulce esposo, dulce canto
dulce huésped, dulce ardor
que mudas el amargor
venenoso del pecado
en deleitoso sabor
de celestial destilado.

Mira cómo te imploramos,
oye cuánto suplicamos
tu gracia, tu don, tu auxilio,
tu venia, tu ardor, tu luz,
tu salud y beneficio.

Con rocío de marismas
y vuelo de Paloma Blanca
bendice lo que tu hiciste,
Alma de todas las almas.

Inquieta mi alma espera
tu siembra que germen meta,
gracia y virtud apacible,
Señor de Vida dador,
bien de fuerza irresistible.


+T.

domingo, 5 de junio de 2011

El Corazón en el Cielo


El primer Sursum Corda se sintió como un tirón, un arrebato de lo alto, el día de la Ascensión, en cuanto la nube cubrió al Señor. Fué una pulsación honda, del alma, mitad suspiro, mitad clamor, como una extra-sístole espirítual, un vuelco, un latido que te falta, que notas de repente que no tienes porque se te ha ido y hay que subir a buscarlo al Cielo: ¡Corazones al cielo!

Después quedaría como una frase-oración del ritual de aquellas primeras Misas que los Apóstoles celebraban con un sólo corazón. Un corazón que se les iba al cielo, irrefrenable, raptado, con las manos alzadas y el pecho latiendo ansias, sintiendo que se les iba, que se les subia al Cielo, arriba, donde el Corazón del Señor estaba, desde donde su Corazón atraía a los suyos con fervores que nunca sintieron hasta entonces, con un amor que hasta aquel día nunca habian probado.

Mientras miraban al Cielo y escuchaban absortos el mónitum de los Ángeles, fueron tomando conciencia de lo que habían visto y oído. Un golpe de vida que les hacía reaparecer con destellos de imágenes los primeros momentos con Él, la llamada, los milagros, sus sermones, sus parábolas, cada día vivido con él, cada noche orando a su vera, el Jordán, Nazareth, Caná, Cafarnaúm, Betania, Jerusalén, la entrada con los ramos, la noche de la Cena, Getsemaní, y aquella madrugada, y el Calvario, y el Domingo, y sus llagas, su voz otra vez, su mirada...

Y qué pronto pasaron los cuarenta días, qué ligeras las horas, qué honda la paz que no era sueño, sino certeza y vida, aquella alegría profunda que nunca sabrían bien definir cómo era, aquellas semanas de luz y de gloria.

No sabían que decirse, no se miraban siquiera. Bajaron del Monte de los Olivos más firmes, serenos y más fuertes, más conscientes, recogidos. Pero no hablaban.

Al llegar a la Casa, buscaron todos a su Madre, le besaron las manos y se sentaron todos en torno a Ella. La miraban, arrobados, y reconocían al Hijo, en sus ojos, en su rostro.

Y la Virgen, mirando primero a cada uno, levantó luego los ojos brillantes al Cielo, como Él hacía. Y todos con Ella subieron sus miradas, por encima de las nubes, más allá de las estrellas, viendo con el alma, siguiendo el ritmo de un latir poderoso que les atraía desde lo Alto, uniendo sus corazones con su Corazón.

+T.

domingo, 24 de abril de 2011

Sicut cervus desiderat...




Así mi alma te busca a Tí, Dios mio.
Tiene sed de Dios, del Dios vivo...

De Tí, Cristo del sepulcro,
Fuente de Vida, Jesús,
con cinco llagas de gracia
abiertas en cinco veneros
de misericordia y luz:

Tu corazón, tus manos,
tus pies,
manantiales de dulce consuelo
y poder.

Con ansias te busca mi alma
sedienta, Señor, de Tí.

Porque vives, porque han visto
tus pasos en el jardín,
y estando sacrificado
tu Cuerpo resucitado
en comunión viene a mí.

Con ansias mi alma quiere
amarte tan sólo a Tí.

Con ansias de Pascua teme
mi alma quedar sin Tí.

Como un ciervo temeroso
mi corazón tembloroso
sediento va en pos de Tí.

+T.

domingo, 16 de mayo de 2010

Verismo In Ascensione Domini



El año pasado puse la Cavalleria para ilustrar el Domingo de Resurrección, pero este año he preferido reservarla para la Ascensión. Porque, aunque el Mascagni ambienta la ópera en el Domingo de Pascua, lo que canta la Santuzza con el Coro es "...oggi ha asceso alla Gloria, alla gloria del Ciel!!!" ¡Hoy ha ascendido a la Gloria, a la Gloria del Cielo! Por cierto una muy justa interpretación inclusiva del Misterio, del Dogma.

La Ascensión, como la Resurrección, son difíciles de representar. La Resurrección más, porque tiene menos "recursos". Quiero decir que la Ascensión con los Apóstoles, la Virgen en el centro, los dos Ángeles amonestantes, Cristo ascendente y la nube, tiene mejor configuración que la Resurrección, que es un tema más "indescriptible". Quitando la de El Greco, que es espléndida, y algunas otras excepciones, las Resurrecciones me parecen extrañas y hasta ridículas. Por ejemplo, la que pintó Murillo es de risa, con un Cristo saltimbanqui-malabarista sobre un fondo color café-amarillo (lo mejor del cuadro son los dos esplendidos escorzos de los soldados, uno de ellos con unos pies de mendigo callejero de esos que sabía pintar muy bien el maestro sevillano).

Las Ascensiones, decía, son mejores. Me gusta especialmente la iconografía ingénua (?) que representa en dos planos el misterio: Abajo los Apóstoles arrodillados, con la Virgen en el centro, y arriba los pies de Cristo, solamente los pies y el borde de su túnica, porque la figura del Señor está velada por la nube; en el centro, entre el grupo expectante y Cristo semi-visible, la roca marcada con las plantas de Cristo. Es una representación simple, pero absolutamente concorde con el texto de Hch 1,1 ss. y los someros paralelos de San Marcos y San Lucas, con detalles devocionales jerosolimitanos, como el pormenor de las huellas sobre el suelo.

En la pintura moderna, Salvador Dalí pintó una versión surrealista de este tema ascensionista de los pies de Cristo, desde una perspectiva-concepción tan originales como otras iconografías cristianas pintadas por él (no me gusta Dalí, pero le reconozco su genialidad, excepcional).

La escena histórica - recalco histórica, con toda la fuerza testimonial de los Evangelios y el Nuevo Testamento, documentos históricos avalados por la garantía de la verdad de quienes dieron su vida por todo aquello que habían "...visto y oido, lo que palparon..." - la escena tuvo que ser fascinante y conmocionante en sumo grado, tanto que los espectadores, los Viri Galilei, necesitaron que los Ángeles les sacaran del éxtasis y les urgieran a ejecutar la misión encomendada por el Señor.

¿Se puede permanecer en el éxtasis contemplativo de la fe, mirando al Cielo? No. Se debe mantener la expectación anhelante del Cielo, pero con el empeño de vivir según el mandato de Cristo mientras estemos en la Tierra. El quietismo es una herejía, bastante "cómoda", por cierto.

El Cielo donde está nuestro Cristo nos aguarda, abierto de par en par, y el camino para llegar a Él se anda en la tierra, con la cruz de cada día. Y es un camino de subida, de ascensión. Un dia cristiano, un dia de cruz, nos asciende, nos sube. Es ese místico "sursum corda", lema de una espiritualidad auténticamente cristiana.

Él dijo que donde esté nuestro tesoro allí estará nuestro corazón. Y nuestro tesoro es Él, y nuestros corazones están (deben estar) en Cielo con Él.


Violeta Urmana Teatro Real 2007





Maria Callas




p.s. Las tres versiones del Inneggiamo son muy buenas. He puesto arriba, de portada, una representación con excelente montaje y la espléndida voz de Waltraud Meier, dirigida por Riccardo Mutti en Ravena, 1996, la escena completa desde el Regina Coeli.
En la segunda canta Violeta Ormana, preciosa voz, muy en el papel de Santuzza, con su coro de sicilianas veladas de negro, fondo de paredón encalado y disciplinantes, muy del gusto de los escenógrafos. Es una grabación hecha en el Teatro Real de Madrid en el 2007.
Y el tercer youtube con María Callas, inconfundible voz.

En la ópera del Mascagni el clímax religioso del Inneggiamo, centro de la ópera, deja paso a la vida cotidiana con sus dramas. Pero el eje es el Inneggiamo, que da sentido a la tragedia cuando aparece la muerte, porque la abre a la Gloria, que no sólo se canta sino que se espera: Una exaltación más allá del dolor, tan real como el dolor mismo, una ventura celeste que sucederá.

El Misterio también es "verismo".

+T.

domingo, 25 de abril de 2010

Bone Pastor



La alegoría del pastor, tan recurrente en toda la Biblia, tiene su colofón en el cap. 10 del Evangelio de San Juan, cuando Cristo se la apropia, sin ser pastor ni haberlo sido. Quiero decir que el pastoreo no fue su oficio, siendo reconocido como "hijo del carpintero", sin nada que ver con la dedicación pastoril. Y sin embargo ahí está su definitivo y revelador "Yo soy el Buen Pastor".

Obligadamente tiene que ser otro pastor, tiene que referirse a otro concepto mayor y mejor que partiendo del simple "pastor" que se entiende termina en un Pastor distinto, nuevo. La distancia entre el pastor común y el que revelan las palabras de Cristo se mide en metros de entrega y de eternidad, porque dice "Yo doy mi vida por mis ovejas" y "Yo doy a mis ovejas la vida eterna", siendo la vida el predicado en las dos oraciones, en la primera su vida entregada/sacrificada (causa) y en la segunda la vida sine termino como su efecto. En una y otra afirmación no sólo se revela un Pastor con dedicación y objetivos que no son los comunes, sino también una grey, unas ovejas que en la intención del Pastor merecen tan alta ofrenda y tan excelso destino.

¿Por el valor del rebaño mismo? No: Por el valor que les da el Pastor, que las ama, y que pone, dando su vida, un precio, un valor, infinito a sus ovejas. Y siendo cada una de ellas inividualmente reconocida, cada una vale esa infinitud. Todo por el Pastor que expone su vida y la da efectivamente. Todo eso que en la perícopa es alegoría, lenguaje figurado, en el Misterio se ha hecho vida, se ha realizado en Cristo por y para nosotros.

Nosotros somos el rebaño rescatado, adquirido por este Pastor, a costa de su vida, que ha entregado en sacrificio por nosotros. Y somos el rebaño al que el Pastor apacienta y conduce hasta la vida eterna. Le conocemos, escuchamos su voz y la reconocemos; cuando Él nos llama por nuestros nombres, le seguimos.

Nuestra vida es ir con nuestro Pastor, ser de su grey.


De la secuencia Lauda Sion me deleita y emociona la estrofa Ecce Panis cuando canta al Cordero identificado en Isaac sobre el Moria, en el Cordero de la Pascua del Éxodo, y en el maná del desierto:

In figuris presignatur
cum Isaac inmolatur
agnus paschae deputatur
datur manna patribus
y luego cuando se explaya invocando al Pastor que apacienta hasta entrar en la vida eterna:

Bone Pastor, Panis vere,
Iesu nostri miserere,
Tu nos pace, nos tuere,
tu nos bona fac videre
in terra viventium.


De entre todas las composiciones que cantan esta estrofa, me gusta especialmente la de Lorenzo Perossi, pero sólo he econtrado este regular youtube:



Praestet pietas supplementum sensuum defectui, (si se me permite el verso ad casum).

Addenda: Piadosamente, he rezado hoy, 25 de Abril, fiesta de San Marcos Evangelista, las Letanías Mayores, según costumbre secular de la Iglesia interrumpida recientemente por las indiscretas innovaciones de la liturgia moderna, dicha "postconciliar" alias "del vaticano2º". Por si alguno las quisiera rezar (ejercicio que recomiendo), las pongo aquí, ad usum piorum et infidelium tremorem :


Litania Omnium Sanctorum

Kyrie, eleison. Kyrie, eleison.
Christe, eleison. Christe, eleison.
Kyrie, eleison. Kyrie, eleison.
Christe, audi nos
Christe, exaudi nos.

Pater de caelis, Deus, miserere nobis.
Fili, Redemptor mundi, Deus, miserere nobis.
Spiritus Sancte, Deus, miserere nobis.
Sancta Trinitas, unus Deus, miserere nobis.

Sancta Maria, ora pro nobis
Sancta Dei Genetrix, ora pro nobis
Sancta Virgo virginum, ora pro nobis
Sancte Michael, ora pro nobis
Sancte Gabriel, ora pro nobis
Sancte Raphael, ora pro nobis
Omnes sancti Angeli et Archangeli, orate pro nobis
Omnes sancti beatorum Spirituum ordines, orate pro nobis

Sancte Ioannes Baptista, ora pro nobis
Sancte Ioseph, ora pro nobis
Omnes sancti Patriarchae et Prophetae, orate pro nobis

Sancte Petre, ora pro nobis
Sancte Paule, ora pro nobis
Sancte Andrea, ora pro nobis
Sancte Iacobe, ora pro nobis
Sancte Ioannes, ora pro nobis
Sancte Thoma, ora pro nobis
Sancte Iacobe, ora pro nobis
Sancte Philippe, ora pro nobis
Sancte Bartolomaee, ora pro nobis
Sancte Matthaee, ora pro nobis
Sancte Simon, ora pro nobis
Sancte Thaddaee, ora pro nobis
Sancte Matthia, ora pro nobis
Sancte Barnaba, ora pro nobis
Sancte Luca, ora pro nobis
Sancte Marce, ora pro nobis
Omnes sancti Apostoli et Evangelistae, orate pro nobis
Omnes sancti discipuli Domini, orate pro nobis

Omnes sancti Innocentes, orate pro nobis
Sancte Stephane, ora pro nobis
Sancte Laurenti, ora pro nobis
Sancte Vincenti, ora pro nobis
Sancti Fabiane et Sebastiane, orate pro nobis
Sancti Iohannes et Paule, orate pro nobis
Sancti Cosma et Damiane, orate pro nobis
Sancti Gervasi et Protasi, orate pro nobis
Omnes sancti martyres, orate pro nobis


Sancte Sylvester, ora pro nobis
Sancte Gregori, ora pro nobis
Sancte Ambrosi, ora pro nobis
Sancte Augustine, ora pro nobis
Sancte Hieronyme, ora pro nobis
Sancte Martine, ora pro nobis
Sancte Nicolae, ora pro nobis
Omnes sancti Pontifices et Confessores, orate pro nobis

Omnes sancti Doctores, orate pro nobis


Sancte Antoni, ora pro nobis
Sancte Benedicte, ora pro nobis
Sancte Bernarde, ora pro nobis
Sancte Dominice, ora pro nobis
Sancte Francisce, ora pro nobis
Omnes sancti Sacerdotes et Levitae, orate pro nobis
Omnes sancti Monachi et Eremitae, orate pro nobis

Sancta Maria Magdalena, ora pro nobis
Sancta Agatha, ora pro nobis
Sancta Lucia, ora pro nobis
Sancta Agnes, ora pro nobis
Sancta Caecilia, ora pro nobis
Sancta Catharina, ora pro nobis
Sancta Anastasia, ora pro nobis
Omnes sanctae Virgines et Viduae, orate pro nobis


Omnes Sancti et Sanctae Dei, intercedite pro nobis.

Propitius esto, parce nos, Domine.
Propitius esto, exaudi nos, Domine.


Ab omni malo, libera nos Domine
Ab omni peccato, libera nos Domine
Ab ira tua, libera nos Domine
A subitanea et improvisa morte, libera nos Domine
Ab insidiis diaboli, libera nos Domine
Ab ira et odio et omni mala voluntate, libera nos Domine
A spiritu fornicationis, libera nos Domine
A fulgure et tempestate, libera nos Domine
A flagello terraemotus, libera nos Domine
A peste, fame et bello, libera nos Domine
A morte perpetua, libera nos Domine


Per mysterium sanctae Incarnationis tuae, libera nos Domine
Per adventum tuum, libera nos Domine
Per nativitatem tuam, libera nos Domine
Per baptismum et sanctum ieiunium tuum, libera nos Domine
Per crucem et passionem tuam, libera nos Domine
Per mortem et sepulturam tuam, libera nos Domine
Per sanctam resurrectionem tuam, libera nos Domine
Per admirabilem ascensionem tuam, libera nos Domine
Per adventum Spiritus Sancti Paracliti, libera nos Domine
In die judicii, libera nos Domine

Peccatores, te rogamus audi nos
Ut nobis parcas, te rogamus audi nos
Ut nobis indulgeas, te rogamus audi nos
Ut ad veram paenitentiam nos perducere digneris, te rogamus audi nos
Ut Ecclesiam tuam sanctam regere et conservare digneris, te rogamus audi nos
Ut domum Apostolicum et omnes ecclesiasticos ordines in sancta religione conservare digneris, te rogamus audi nos
Ut inimicos sanctae Ecclesiae humiliare digneris, te rogamus audi nos
Ut regibus et principibus christianis pacem et veram concordiam donare digneris, te rogamus audi nos
Ut cuncto populo christiano pacem et unitatem largiri digneris, te rogamus audi nos
Ut omnes errantes ad unitatem Ecclesiae revocare, et infideles universos ad Evangelii lumen perducere digneris, te rogamus audi nos
Ut nosmetipsos in tuo sancto servitio confortare et conservare digneris, te rogamus audi nos
Ut mentes nostras ad caelestia desideria erigas, te rogamus audi nos
Ut omnibus benefactoribus nostris sempiterna bona retribuas, te rogamus audi nos
Ut animas nostras, fratrum, propinquorum et benefactorum nostrorum ab aeterna damnatione eripias, te rogamus audi nos
Ut fructus terrae dare et conservare digneris, te rogamus audi nos
Ut omnibus fidelibus defunctis requiem aeternam donare digneris, te rogamus audi nos
Ut nos exaudire digneris, te rogamus audi nos

Fili Dei, te rogamus audi nos

Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, parce nobis, Domine.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, exaudi nos, Domine.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis.

Christe, audi nos.
Christe, exaudi nos.


Kyrie, eleison. Kyrie, eleison.
Christe, eleison. Christe, eleison.
Kyrie, eleison. Kyrie, eleison.



n.b. Las oraciones conclusivas, como las he rezado yo, se las dispenso; la procesión mandada como no puede hacerse, también. Para que vea Uds. que me preocupo por ustedes (que merecen bastante preocupación).

p.s. Si me meten en las intenciones cuando las recen (quienes las recen), me viene muy bien y se lo agradezco. Si no, peor para ustedes (y para mí).

+T.

domingo, 4 de abril de 2010

Desiderium Vitae Domini




Recuerdo una madrugada ansiosa en Jerusalén, del Sábado al Domingo, con el sueño desvelado porque habíamos quedado a primera hora de la mañana para celebrar en el Santo Sepulcro.

Todavía de noche, con estrellas sobre nosotros, salimos del hotel andando con prisa por las calles. Entramos en la Ciudad por la Puerta Nueva, y recorrimos el laberinto de callejuelas, desiertas, sintiendo el golpeteo de nuestros propios pasos sobre las losas de piedra.

Cuando llegamos al Santo Sepulcro estaba recien abierto, entramos y olimos el sahumerio de la Basílica, ya iluminada con las llamas temblorosas de mil velillas encendidas alrededor de la edícula del Santo Sepulcro, que desprendía aroma y luz por su estrecha puerta, donde estuvo la losa que las Miróforas encontraron descorrida.


Por tus Cinco Llagas de Pasión, cóncedenos, Cristo, gozar de tu Resurrección

+T.

jueves, 4 de marzo de 2010

El Dios de la inocencia


Ayer tarde la recé en las Vísperas del Miércoles de la IIª Semana de Cuaresma (Divinum Officium tradicional); y esta mañana, Jueves, como colecta en la Misa (Misal de Pablo VI), y en el Breviario. Es una de las oraciones que más me conmueven:

Oremus

Deus innocentiae restitutor et amator, dirige ad Te tuorum corda servorum: ut Spiritus tui fervore concepto, et in fide inveniantur stabiles, et in opere efficaces. Per Dominum...Amen.


En el Misal de Pablo VI y el Breviario nuevo ha quedado tal cual. En el Misal en español y el Breviario castellano aparece así:

Señor, Tú que amas la inocencia y la devuelves a quien la ha perdido, atrae hacia Tí nuestros corazones y abrásalos en el fuego de tu Espíritu, para que permanezcamos firmes en la fe y eficaces en el bien obrar. Por Ntrº Sr. Xtº...Amen.


Una de las "gracias" del oracional-eucologio romano es su concisión conceptual, con una extraordinaria capacidad sintética para decir mucho con una medida economía verbal, sin excesos ni redundancia, justamente expresivo. Por ejemplo, en esta oración cuaresmal, desde el princio, se está diciendo casi todo: "Deus innocentiae restitutor et amator..." es una proclamación-afirmación-invocación que incluye la fe en Dios Creador, Dios Redentor, Dios Remunerador; sigue después con una petición de la acción del Espíritu Santo que es una intensa definición de la vida de la gracia, y se concluye con un reconocimiento de sus efectos en la fe y las obras, ad intra y ad extra. En pocas palabras se ha expuesto la Fe Católica y se enseña al que ora, a la vez que pide. Un precioso ejemplo del principio lex orandi-lex credendi.

A mí, personalmente, me "afecta" la primera parte, tan "positiva", tan emocionante para el pecador: Dios que amas la inocencia y la restituyes...En este punto, cuando la medito, me envuelvo en un contrapunto de variaciones sobre el mismo tema: Restituye porque ama; ama porque restituye; ama la inocencia y por eso la restituye; restituye porque es inocente; la inocencia restituída es el efecto del amor de Dios; sólo el amor de Dios restituye la inocencia; y es Dios porque ama restituyendo. Sólo Dios puede eso, porque es fuente de pureza y de misericordia santificante.

Y de golpe se me viene a la mente la escena evangélica de la pecadora que llora sobre los pies del Señor y los besa y derrama sobre ellos el frasco de precioso ungüento y los cubre con su melena, ante el estupor de los comensales y la complacencia de Cristo (Lc 7,36-50).

Esta oración que comento condensa como un frasco precioso el llanto de María Magdalena y las otras mujeres que aparecen en los Evangelios honrando a Cristo, derramando perfumes y lágrimas, reconstituidas en su dignidad, antes irreconocible, porque han sido renovadas inocentes, en la inocencia que perdieron y que Cristo les recrea con amor misericordioso, reintegrándoles la pureza del alma con la gracia perdida.

Al final me pregunto qué es mejor, qué más rico, si la inocencia intacta, si la conservada, o la inocencia restituída por el Amor de Dios. Porque en el Evangelio el Señor dice que la que le llora y le besa y le unge los pies, ama más porque se le ha perdonado más, como una especie de la gozosa exclamación de la felix culpa.

¿No es más rica, más sabrosa, más intensa la inocencia devuelta por Ese que ama y restituye?

No;  hay que distinguir y matizar. Es otra cosa, se trata de un efecto fruto de la gracia que eleva, capaz de restaurar la inocencia perdida, de reconstituirla y restituirla porque Quien ama es la Fuente de la inocencia y del Amor que hace inocentes capaces de amar con charitas: El Amor es es el Espíritu, qui ex Patre Filioque procedit.
Una inocencia nunca perdida (piénsese en el caso especial y único de la Virgen Madre, concebida en gracia y mantenida en la inocencia bienaventurada) es un monumento de la fidelidad de Dios - veritas Domini manet in aeternum -. Por eso la conciencia de María Santísima, especialmente iluminada, en el Magníficat, canta la magna obra de Dios en ella misma. La pureza-virginidad-inocencia es una obra del Dios Redentor, especialmente eficaz en la Madre de Cristo, Hijo de Dios hecho hombre nacido de María. Y esta inocencia es originalmente fuerte, y más fuerte en cuanto permanece, perdura, no se pierde. La virtud crece y se robustece con su práctica.

La restitución de la inocencia, por su parte, es otro efecto de la obra salvífica de Cristo; quizá podría decirse que, en el sentido de esta oración, un resumen hermosamente conceptuado de la acción de Cristo sobre nuestras almas. La recuperación reconstituída de lo perdido, roto, olvidado o manchado, es posible y se realiza por y en Cristo.

Más adelante, en Tiempo pascual, reaparece en otra oración el mismo enunciado "Deus innocentiae restitutor et amator...", el Miércoles de la Vª Semana de Pascua:

Oremus

Deus innocentiae restitutor et amator, diríge ad Te tuorum corda famulorum, ut, quos de incredulitatis ténebris liberasti, numquam a tuae veritatis luce discedant. Per Dominum...Amen.


Dios amador y restaurador de la inocencia, dirige hacia Tí el corazón de tus siervos, para que quienes libraste de las tinieblas del error, no se aparten nunca de la luz de tu verdad. Por ntrº Sr. Xtº...Amen.


Tan bella y reconfortante como la cuaresmal, esta plegaria pascual retoma el concepto y lo complementa con otro enunciado que incluye la posibilidad de apartarse de la luz y retornar a la tiniebla, dejar la fe y volver al pecado.



Si lo primero que Dios crea es la luz, pasar a la tiniebla es una regresión al caos, a un absurdo estadio de pre-creación/pre-gracia. El pecado también incluye esa enormidad, tan posible que incluso es uno de los temas recurrentes del Evangelio de San Juan:

"...vita erat et vita erat lux hominum et lux in tenebris lucet et tenebrae eam non comprehenderunt...erat lux vera quae illuminat omnem hominem venientem in mundum in mundo erat et mundus per ipsum factus est et mundus eum non cognovit in propria venit et sui eum non receperunt..."

"...en ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres,
y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron...La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron..."

Jn 1, 5 ss.


La espiritualidad (y la teología) que encierra el profundo lex orandi-lex credendi tiene esa facultad de conectar con el Evangelio, la Escritura, la Revelación, sin solución de continuidad. Se empieza con una oración y se va desembocando en una afirmación teológica, un dogma, una doctrina, para terminar en las mismas palabras del Señor, en una escena del Evangelio, en un Misterio de Cristo, en una enseñanza de los Apóstoles o el Magisterio de la Iglesia.

Este es el método. Y sus frutos son santos, objetiva y subjetivamente: En sí mismos y para quienes los reciben.

+T.

martes, 14 de abril de 2009

Descendió a los infiernos


Los que sepan catecismo - cada vez son menos - sabrán para qué descendió Cristo a los infiernos: -Para liberar a los justos que estaban esperando su santo advenimiento. Esa es la respuesta que se enseñaba en el Catecismo al comentar-explicar el Credo Apostólico, que incluye ese artículo del Descensus ad inferos.
.
Como la Cristología se ha ido haciendo ultimamente sobre las especulaciones de los incrédulos y no sobre la fe de los creyentes, nuestros cristianos cada vez saben menos y dudan más. Hasta el Concilio, la Teología Católica se fundamentaba en la Escritura y la Tradición (Magisterio, Padres, y Doctores de la Iglesia). Desde el Concilio, cualquier exegeta de última hora o el último libro del último autor tiene más "peso" que los 20 siglos precedentes. Tristemente.

El que quiera informarse sobre la cuestión un poco más allá de la escueta (pero cierta) respuesta del catecismo, mejor que lea la obra del p. Antonio Orbe, un experto católico insuperado (insuperable?) sobre temas de teología paleo-cristiana, por ejemplo este capítulo sobre el Descensus ad inferos, magistral.

En suma, es la revelación de Cristo a la humanidad "retenida" en ese lugar/estado no bien definido en el Antiguo Testamento, denominado "sheol" o "seno de Abrahám". No es un lugar propiamente de condena, sino una privación de la Gloria. Cerrado el Edén para Adán y su descendencia, los justos no pueden gozar post-mortem de una felicidad preternatural/sobrenatural que tienen vedada. Tampoco pueden ir propiamente al infierno, puesto que los méritos personales de cada uno merecen la recompensa de Dios. De ahí la retención de los justos en ese "limbo de los padres", como también se le llama.

Existe un evangelio apócrifo, atribuído a San Bartolomé apóstol, que narra extensamente el descensus, con la característica imaginería de los textos apócrifos, tan influídos por conceptos extraños a la doctrina verdadera de la Iglesia, casi siempre por contaminación de ideas-conceptos provenientes de sectas heréticas, la mayoría de las veces gnósticas.

La iconografía greco-ortodoxa representa la Anástasis-Resurrección según la imaginería que escenifica el Descensus ad inferos: Cristo vestido con túnica blanca pisa y rompe las puertas del infierno-hades, aplastando al diablo vencido, y toma con sus manos a Adán y Eva, representados como ancianos que tienen detrás a todos los demás Justos retenidos (se suelen representar a Moisés, reconocible por los rayos que le despuntan en la frente o por las tablas; y al rey David, que lleva corona; y así a otros profetas y patriarcas del Antiguo Testamento). En otras iconografías occidentales dependientes de este prototipo, se representa al Señor desnudo, cubierto con el sudario blanco y portando un estandarte con una cruz, dirigiéndose a unas figuras que representan igualmente a Adan y Eva etc. Otras veces aparecen junto a Cristo unos Arcángeles, a manera de séquito, y no es raro que porten los instrumentos de la Pasión: Cruz, lanza, corona, caña, flagelos, etc.

El Descensus, ocuparía en los Misteria Vitae Christi ese intervalo que media entre la Muerte-Sepultura y la Resurrección. En Cristología se explica que Cristo no baja al infierno corporalmente, sino sólo en alma (unida sustancialmente al Verbo), puesto que aun no había ocurrido la resurrección carnal-corporal, que acaece "al tercer día" para cumplimiento de las Escrituras que así lo profetizaban.



Una de las homilías pascuales más bellas de la antigüedad cristiana recrea con una intensa emoción este momento, la conversación de Cristo con Adán:

Va a buscar a nuestro primer padre como si éste fuera la oveja perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva.

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo, nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: “Mi Señor esté con todos”. Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: “Y con tu espíritu”. Y, tomándolo por la mano, lo levanta, diciéndole: “Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y seré tu luz. Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: ‘Salid’, y a los que se encuentran en las tinieblas: ‘iluminaos’, y a los que duermen: ‘Levantaos’.

A ti te mando: Despierta, tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

Por ti, yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti, Yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti, yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti, me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del paraíso, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.

Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.

Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.

Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.

El trono de los querubines está a punto, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos; se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad».


Es una de las lecturas más bellas y emocionantes de entre las que se leen en Semana Santa, en el Oficio de Lecturas, el Sábado Santo. No se sabe su autor, sólo que es una homilía pascual de los primeros siglos, recogida como "homilía antigua sobre el grande y santo Sábado" (PG 43, 439. 451. 462-463). Una preciosa meditación para esta Semana de la Octava de Pascua.
.
+T.

domingo, 12 de abril de 2009

Inneggiamo! - un oratorio pascual verista -

Para solemnizar la Resurrección, me parece mejor, más emocionante, el Inneggiamo que el Aleluya, mejor Mascagni que Häendel. Una de las gracias del verismo - sempre Italia! - es la comprensión de lo heroico, lo lírico y lo operístico - in somma - en la vida común y corriente de la gente.

Con más o menos resistencia, llega un día en que descubrimos que también somos "gente". A algunos, esta certeza se les hace insoportable y la disfrazan con oropeles o sombras chinescas, una huida al castillo de arena al que todos tenemos derecho de fantasía, es comprensible. Otros no lo soportan, y cargan tintas negras sobre lo oscuro y no dejan leer (no pueden leer-se) el negro sobre blanco que es la escritura de la vida, de cada vida. Los más sabios, tocados por la gracia, son los "veristas" que hacen vida con la vida y se reconocen héroes y amantes y resistentes y profetas y sabios y personajes de una pequeña leyenda de pequeña vida, sin tramoyas de escena, pero con intensidad sincera que hace admirable lo sencillamente vivido.

En Cavalleria Rusticana se canta la vida y la muerte, el amor y las pasiones del amor, una historia en un pueblo con música para las palabras y los sentimientos. En medio de todo esto, transcurre el Misterio:





Dependiendo de gustos y medios disponibles, los maestros de escena montan esa procesión pascual que comienza - como un trémolo de voces - con el Regina Coeli y continua con el glorioso Inneggiamo! Es la escena "corazón" y centro de la ópera, todo lo que ocurre debe retornarse a esta escena, a los pasos con las imágenes del Señor Muerto y Sepultado y Resucitado; y a la Addolorata, que es la misma que recibe el exultante Regina Coeli, laetare!

Ocurre toda la ópera verista del Mascagni en las horas breves de una luminosa mañana de Domingo de Resurrección, en un pueblo de Sicilia. Se vive la alegría, vino y sol, aire perfumado de azahar y enamorados; se presiente el dolor, la sangre, la muerte; se resigna la tragedia, el destino. Y el telón cae apenas se oye el grito: -"Hanno ammazzato il compare Turitu!"

Pero en el eje de todo ha quedado plantado como un venturoso olivo de paz y esperanza el himno de la Resurrección: - "Inneggiamo, il Signor non e morto. Inneggiamo al Signore risorto. Oggi asceso alla gloria del Ciel...Inneggiamo, il Signor non é morto! Inneggiamo il Signor é risorto! Oggi a asceso a la Gloria, a la Gloria del Ciel, a la gloria del Ciel!!!"

En el youtube de arriba canta Elena Obratsova, tan propia en el papel de Santuzza; en estos que siguen hace de Santuzza Fiorenza Cossotto, intensa y arrebatada también, con Karajan a la batuta, envolvente como el aroma degli aranci sicilliani (y unos subtítulos feísimos en japonés):











Fiorenza Cossotto en Tokio:






En fin, que ya he dicho que prefiero la Cavallería Rusticana como verista "oratorio" de Resurrección.

¡Feliz Pascua Florida!

+T. & # ~