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domingo, 19 de junio de 2011

Displicencia de énesima potencia


No sé quiénes me causan más repugnacia, si los indignados con su mugre pseudo-político social o los periclitantes auto-degenerados que sienten aberrante proclividad, simpatía, comprensión, cercanía o intrínseca vergonzante comunión con esa masa damnata. No sé quienes son más infectos, si los veinteañeros prostituídos a la vanagloria de sí mismos o los cuarentones, cincuentones, sesentones y demás provectos que desahogan sus rijosidades indecentes con el sueño impúdico de volver a la turbia viridiscencia perdida y ya podrida. No sé qué es más nauseabundo.

Pero reclamo la displicencia arrogante de un arístócrata del Ancién Règime, de un abbè refractario, de un nóbile nero romano, de un archiduque ruso para desmarcarme de esa chusma doble, la que desfila y acampa en las plazas y la que aplaude, anima y/o se identifica (aunque sea un átomo) desde el sillón de casa.

Me revisto de toga displicente contra-plebeya, invoco la púrpura de dictadores, déspotas y tiranos, la espada inexorable de la represión, la gloria de la reacción más integrista, el cañonazo contra-revolucionario, la implacable carga anti-populista.


Y me retiro a mi Aventino más enriscado, of course.

No están los tiempos para bajar a la calle.


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martes, 22 de mayo de 2007

Una estampa

Algunas veces se me entra una imagen dentro, y se queda. Luego vuelve, revuelve, y se hace familiar; una estampa, un grabado, una pintura, una foto...interiorizada.

Tienen un significado primero, impactante, por su belleza, por su elocuencia, por su actualidad, porque me traen un recuerdo, porque me emocionan, porque me inspiran un verso, porque me mueven una oración, porque me imponen un exámen. Las hay que me detienen y me dejan suspenso entre su mundo y el mio, el de la imagen y el que vivo. Me hacen más consciente, y me despabilan la conciencia, o la suscitan.

Si puedo y se puede, las guardo; después las dejo en reposo y, cuando pasa un tiempo, las saco y las miro y las pienso. Unas tienen fecha y oportunidad y salen cuando les toca, durante el año, o un día, en su momento; otras se quedan en el desván personal y salen o no, depende de que las busque o de que aparezcan ellas mismas por casualidad de remota y olvidada pero querida intencionalidad.

El otro dia, en la Fototeca de la Universidad, encontré esta placa:


Es un instantánea tomada por uno de los profesores del laboratorio de Arte, José Mª González-Nandín, en Marchena; parece más antigua, pero la ficha pone 1951. Una anciana (también parece mayor, pero no debe andar muy lejos de los setenta, si los tiene) sentada en la puerta de su casa, sobre una sillita baja, envuelta en su mantón, el pañuelo en la cabeza; más que mirar, tiene vuelta la cabeza en dirección al fotógrafo, los ojos cegatos; está a la resolana, con un poco de sombra sobre la pared, tras la silla.
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El portón, despintado y con los cuarterones roídos, está abierto; un cochinillo está parado en el umbral, a punto de entrar en el portal de la casa. Casi se adivinan las alcobas de dentro, la corriente empedrada y el patinillo del corral. La calle está barrida, con las piedras descarnadas asomando del suelo terrizo; entre el umbral y la calle hay unas pocas losas de piedra; la pared está muy blanqueada, dejando ver en los desconchados las capas de cal vieja.
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Han retratado - yo pienso que lo sabían - la dignidad resignada de la pobreza. No sé si cabe decir humildad, porque eso es virtud y es de dentro, pero debe andar muy cerca. También se podría poner cuento, con la historia que le pega al personaje y la escena. Un cuento de pobreza, de pared encalada, el mantón y la silla baja, con matices de gris y sombra, a la resolana.

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domingo, 28 de enero de 2007

Ataque masivo





Tengo una cordial (amiga) que me mortifica (diariamente) con mails (bienintencionados) a razón de media docena (he dicho que diarios, ¿no?).

Los últimos (entre anoche y esta tarde) se titulan:

- La sabiduría de una hormiga

- La fragua del herrero

- Horizontes

- Una madre es...

- Cuando amanece

- Cinco pensamientos y una resta

- La sonrisa de un sabio

- El tren

- Receta para todas las horas

- Un día, un mes, un año

- El cuento de la osa

- Cien razones


Como algunos fines de semana trabaja de noche y está de guardia, mi amiga me mima con mails...y powerpoines. Temo los fines de semana de guardia y bombardeos masivos.

Y yo no sé que hacer, porque como le diga que pare, me la cargo, con la ilusión que pone la pobre.

Aunque a veces pienso que mi amiga es mailerapowerpointista compulsiva, porque me los manda en bruto, en crudo, sin aviso, sin unas letras, sin postdata.

Pero mejor así, porque los mando a la papelera sin más complejo que el complejo de boicoteador-interruptor de bienintencionados mails con imagen.

Algunas veces, hago penitencia y abro y veo y leo los powerpoines de mi amiga que me mima con mails...y alguno me gusta...y hasta lo guardo...y me digo que no: Que es sólo reserva de recursos; que yo nunca mandaré powerpoínes...pero por si acaso.



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