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viernes, 27 de junio de 2014

Su Corazón


Corazón profundo de mi alma,
Rey, Centro, Amor, Vida,
Fuente, Fuego, Herida mía
que me conforta y me encalma,

Corazón de mi Rey crucificado
Corazón de mi Señor abandonado
Corazón de mi Dios anonadado
Corazón del Amor que no es amado
Corazón de corazones olvidado...

Canto a la llaga abierta de tu herida,
cántole a tu llama de amor viva
que prende en mi corazón enamorado,
cautivo y doliente por pecados
que son de tu corona las espinas.

Tú sabes, Corazón Divino,
que el pulso pecador de mis latidos
confía sólo en Ti. Por eso ruego,
Señor que das valor a lo que vivo,
Amor que tasa en Cielo lo que ofrezco,
que sube a las alturas lo que pido,
que guardas en tu Pecho cuanto espero.


+T.
Ex Voto

viernes, 15 de junio de 2012

Un Corazón traspasado



Hace ya muchos años que predico, cuando predico del Corazón de Jesús, el versículo 19 del Miserere en sentido cristológico: "...sacrificium Deo spiritus contribulatus cor contritum et humiliatum Deus non spernet" Sal 50,19

No lo he leído en ningún autor, supongo que fue ocurrencia mía al rezar ese salmo, aunque quizá otros también hayan hecho una reflexión parecida, o incluso la misma. Sé que lo interpreto alegóricamente, no en sentido propio y literal, pero el sensus plenior es, entiendo ese: El corazon contrito y humillado, más que el de David, es el del mismo Cristo, el Corazón traspasado, roto por la lanza y ofrecido en sacrificio de redención en el altar de la Cruz.

Insertos/pronunciados en un contexto sacrificial, el significado de esos versículos no puede restringirse a expresar la contricción limitada y el sacrificio imperfecto de David penitente, sino que tienen que ser profecia de un Sacrificio mayor y perfecto que sea definitivamente propiciatorio, y este no puede ser el corazón contribulado de David pecador, sino el corazón traspasado de Cristo, Sacerdote y Rey

Hasta tal punto me ha calado esta reflexión que muchas veces, sin darme cuenta, cuando rezo o cito el Miserere, ese versículo lo digo así: "...un corazón traspasado y humillado Tú no lo desprecias", pensando en el Corazón del Señor y refiriéndolo a Él.

Ese es el culto sacrificial del Nuevo Testamento: En el Altar, el sacerdote ofrece como Hostia/Víctima el Sacrificio que Dios no desprecia y siempre acepta, el Corazón traspasado de su Hijo, Jesucristo, propiciación/satisfacción por nuestros pecados.

El Evangelio de la Misa del Corazón de Jesús es el fragmento de Jn 19, 31-37 que narra la escena de la lanzada:

In illo témpore: Iudaei - quóniam Parascéve erat, - ut non remanérent in cruce córpora sábbato - erat enim magnus dies ille sábbati, - rogavérunt Pilátum, ut frangeréntur eórum crura, et tolleréntur. Venérunt ergo mílites: et primi quidem fregérunt crura et alteríus, qui crucifíxus est cum eo. Ad Iesum autem cum veníssent, ut vidérunt eum iam mórtuum, non fregérunt eius crura, sed unus mílitum láncea latus eius apéruit, et contínuo exívit sanguis et aqua. Et qui vidit, testimónium perhíbuit: et verum est testimónium eius. Et ille scit quia vera dicit, ut et vos credátis. Facta sunt enim hæc ut Scriptúra implerétur: Os non comminuétis ex eo. Et íterum alia Scriptúra dicit: Vidébunt in quem transfixérunt.

Pero la celebración del Corazón de Jesús es la sublimación de este momento: La crueldad del sacrificio tremendo del Viernes Santo se transfigura en la luz de amor divino que irradia el Corazón traspasado del Cristo Redentor, atrayendo a los hombres, llamándolos a la gracia, a la reconciliación, a la santidad: Venite ad Me omnes! Mt 11, 28, 30

El Apocalipsis pone un colofón a esta secuencia de la Escritura con un versículo emocionado y terrible:
"...Ecce venit cum nubibus et videbit eum omnis oculus et qui eumpupugerunt et plangent se super eum omnes tribus terrae etiam amen..." Ap 1,7 Mirad que viene sobre nubes, y todo ojo le verá, también quienes le traspasaron, y por Él llorarán todas las tribus de la tierra.

El versículo podría entenderse referido, restrictivamente, a aquellos que intervinieron, históricamente, en la Pasión del Señor; pero la oración de la Misa del Corazón de Jesús no distingue expresamente, sino que nombra al Corazón de Jesús 'herido por nuestros pecados', los de todos:

Orémus.
Deus, qui nobis in Corde Fílii tui, nostris vulneráto peccátis, infinítos dilectiónis thesáuros misericórditer largíri dignáris: concéde, quaesumus; ut, illi devótum pietátis nostræ præstántes obséquium, dignæ quoque satisfactiónis exhibeámus offícium.
Per eundem Dominum nostrum Iesum Christum filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum.
R. Amen.



El año pasado puse el romancillo al Corazón de Jesús que compuso Lope de Vega en sus Soliloquios, tan apropiado para estimular la piedad en este dia sagrado:

Hoy, para rondar la puerta
de vuestro santo costado,
Señor, un alma ha llegado
de amores de un muerto, muerta.

Asomad el corazón,
Cristo, a esa dulce ventana,
oiréis de mi voz humana
una divina canción.

Cuando de Egipto salí
y el mar del mundo pasé,
dulces versos os canté,
mil alabanzas os di.

Mas ahora que en vos veo
la tierra de promisión,
deciros una canción
que os enamore, deseo.

Muerto estáis, por eso os pido
el corazón descubierto:
para perdonar, despierto;
para castigar, dormido.

Sí decís que está velando,
cuando vos estáis durmiendo,
¿quién duda que estáis oyendo
a quien os canta llorando?

Y aunque él duerma, Señor,
el amor vive despierto:
que no es el amor el muerto;
vos sois el muerto de amor.

Que si la lanza, mi Dios,
el corazón pudo herir,
no pudo el amor morir,
que es tan vida como vos.

Corazón, de mi esperanza
la puerta tenéis estrecha:
que a otros pintan con flecha
y a vos os pintan con lanza.

Mas porque la lanza os cuadre
un enamorado dijo
que a no haber puerta en el Hijo
¿por dónde se entrará al Padre?

Anduve de puerta en puerta
cuando a Vos no me atreví,
pero en ninguna pedí
que la hallara tan abierta.

Pues como abierto os he visto
a Dios quise a entrar por Vos
que nadie se atreve a Dios
sin poner delante a Cristo.

Y aun ese lleno de heridas
porque sienta el Padre Eterno
que os cuestan, Cordero tierno,
tanta sangre nuestras vidas.

Vuestra Madre fue mi estrella,
que, siendo huerto cerrado,
a vuestro abierto costado
todos llegamos por ella.

Ya con ansias del amor
que ese costado me muestra,
para ser estampa vuestra,
quiero abrazaros, Señor.

La cabeza imaginé
defendieran las espinas,
y hallé mil flores divinas
con que el desmayo pasé.

Porque ya son mis amores
tan puros y ardientes rayos
que me han de matar desmayos,
si no me cubrís de flores.

Cuando a mi puerta salí
a veros, Esposo mío,
coronada de rocío
toda la cabeza os vi.

Mas hoy, que a la vuestra llego,
con tanta sangre salís,
que parece que decís:
- Socórreme, que me anego.

Ya voy a vuestros abrazos
puesto que descalza estoy;
bañada en lágrimas voy,
desclavad, Jesús, los brazos.



Cor Iesu, flagrans amore nostri: Inflamma cor nostrum amore tui


Iesu mitis et humili Corde, fac cor nostrum secundum Cor Tuum


Cor Iesu Sacratissimum, miserere nobis


Ex Voto

+T.

lunes, 21 de febrero de 2011

Un cuento, una fábula, un apólogo



Me lo acaba de mandar mi amigo Paco Val. (todo un señor, del Reino de Granada, felizmente casado, esposo y padre, residente en Madrid). Me ha gustado y lo transcribo aquí. Lean:

En el vientre de una mujer embarazada, dos gemelos sostienen una breve e interesante conversación porque uno de ellos es creyente y el otro ateo.

- El ateo: ¿Hermano, tú crees en la vida después del nacimiento?

- El Creyente: Por supuesto. Todos saben que hay vida después del nacimiento. Estamos aquí para crecer, estar fuertes, y prepararnos para lo que nos espera cuando salgamos.

- El ateo: ¡Tonterías! No puede haber vida después del nacimiento.
¿Puedes imaginarte como sería esta vida?

- El Creyente: No conozco los detalles y de momento no tengo mucha imaginación, pero supongo que fuera hay más luz. Tal vez allí caminemos y nos alimentemos solos.

- El ateo: ¡Qué disparate! ¡Es imposible caminar y alimentarnos solos! Tenemos el cordón umbilical que nos alimenta. Solamente quiero recordarte esto: la vida después del nacimiento es imposible, porque nuestra vida depende del cordón, y el cordón, es demasiado corto.

- El creyente: Estoy seguro que es posible. Sólo que será un poco
diferente. Quizá muy diferente.

- El ateo: Pero no hay nadie que haya regresado de allí, no te hagas ilusiones. La vida sencillamente se termina con el nacimiento. Y, sinceramente, la vida está llena de incomodidades en la oscuridad. Esto es demasiado estrecho para los dos.

- El creyente: No sé exactamente cómo será la vida después del
nacimiento pero en cualquier caso, vamos a conocer a nuestra mamá, ¡Y ella cuidará de nosotros!

- El ateo: ¿Mamá, has dicho? ¿Tú crees que tenemos una mamá? ¿Y entonces dónde está?

- El creyente: Ella está por todos lados, a nuestro alrededor, y
nosotros nos encontramos dentro de ella. Nos movemos por ella y
gracias a ella estamos vivos. Sin ella no existiríamos.

- El ateo: ¡Qué tontería! Yo no he visto una mamá así; por lo tanto no existe.

- El creyente: Yo tampoco la he visto. Pero cuando no me das patadas, y pasamos momentos buenos de tranquilidad, la oigo cantar; es una música dulce. Estoy deseando encontrarme con ella. Entonces, además de oírla, la veremos.

¿Qué tal? Se refiere, en el fondo y por comparación, a nuestras apreciaciones, juicios e imaginaciones sobre Dios, la vida sobrenatural y la eternidad, todo eso que vulgarmente se dice 'el más allá'. Que existe y es real...aunque no se vea y algunos no intrepreten bien los indicios, que otros sí perciben como signos de certeza.

En relativo sentido, el otro día escribía otro amigo (también señor, también casado, esposo y padre, de Madrid también) algo que conecta con esto mismo: Las turbadoras e inquietantes dudas de los 'teólogos profesionales' frente a la sólida certeza de los pobres de espíritu, los creyentes simples, los carboneros con fe.

Las dos reflexiones valen para darles un hervor (o dos) en el puchero espiritual, y sacar y aprovechar sustancia y sabor. Justamente hoy, que acaba de empezar la cuenta atrás -¡estamos en la Semana de Septuagésima!- y hay que motivarse para la Cuaresma que se acerca etc.


+T.

domingo, 14 de noviembre de 2010

La inquietante cuestión de la fe


Se rezó como Evangelio del Domingo XXIX y en la Misa de esta mañana, Sábado XXXII, otra vez. Es simpática la parábola. Incluso imagino que el Señor tenía en mente al personaje que decribe, quizá alguna viuda tremenda de Nazareth o alrededores, que él conocería personalmente, o de oídas. Una dómina famosa, en todo caso.

Pero lo más llamativo es que el Señor escoja esa escena, con esos personajes, la viuda terca e impertinente y el juez inicuo, para referirse a la oración y una de sus condiciones para que sea eficaz: La constancia. El texto dice que pronunció la parábola para enseñar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse (Lc 18, 1-8). Concluye planteando, dejando en el aire, una cuestión inquietante: "Pero cuando venga el Hijo del Hombre ¿encontrará esta fe sobre la Tierra?". Algunas versiones, la Vulgata incluída, traducen simplemente fe ...verumtamen Filius hominis veniens putas inveniet fidem in terra/ cuando vuelva encontrará fe en la Tierra?; aunque el original griego de San Lucas ('eurései tèn pístìn epì tès gès') parece aludir a la fe sobre la eficacia de la oración, sobre la que predica el Señor.

De todas formas, en un sentido amplio, podemos decir que se refiere también a la fe, en general, porque la oración es una genuina manifestación de la fe: Sólo reza el que cree, el que tiene fe. Cuando reza, el creyente explicita y pone en acto las tres virtudes teologales, Fe, Esperanza y Caridad, porque al orar está creyendo en Dios, amándole y esperando en Él. Por eso, si no hay oración, si no se reza, es que no hay fe, o se tiene poca. La fe mueve a la oración. La falta de oración es falta de fe. En este sentido debe entenderse la inquietante pregunta del Señor, una pregunta que, podríamos también decir, es global, porque cuestiona al mundo entero, a todos los hombres, cuando dice "sobre la tierra" .

Yo he alcanzado a conocer, de niño, las rogativas ad petendam pluviam como algo normal. En mi pueblo sacaban al Cristo de la Agonía, una impresionante imagen, último recurso para cuando el cielo se cerraba y los campos se agostaban. Después también he presenciado las rogativas por la lluvia como algo casi "folklorizado", valorado ya como un rito ancestral que debía conservarse y por eso celebrarse de vez en cuando. El año 1980, o el 81, no recuerdo bien, sacaron en Sevilla a la Virgen de los Reyes en procesión de rogativa, y lo más memorable de la ocasión fue el efecto capillita, el comentario entre los cofrades sevillanos sobre lo impresionante que iba la Virgen vestida de morado y sin tumbilla. La rogativa, la oración con su intención, fue lo de menos; importó, más que nada, la procesión con su anécdota.

Lo mismo he podido constatar después en otros sitios, en casos similares. La gente del campo y los labradores - los que van quedando - están más atentos y se fian más del parte meteorológico que de la rogativa al Santo Patrón. Item más: En la Sevilla famosa de las Hermandades y Cofradías, los hermanos y cofrades ya no ruegan ni piden a sus Santos Titulares que no llueva cuando el día de la procesión amenaza chaparrón, sino que llaman al servicio meteorológico del aeropuerto, o a la base militar de Tablada, o a la de Morón de la Frontera, o a alguno de las estaciones de observación meteorológica, y se atienen para salir o no salir al cálculo de probabilidad de riesgo de lluvia que dan los meteorólogos. La confianza en la oración está mínimamente en el ambiente, pero insuficientemente presente.

Y como este, tantos casos, ya sean de salud y enfermedad, de accidentes, de tantas cosas que antes eran motivo y materia de oración - de fe, es decir - y ahora se resuelven acudiendo a otras instancias. Pero no a la oración.

No estoy diciendo que todo el mundo; pero sí digo que todos entendemos el mundo de otra manera, más independiente de Dios, menos pendiente de la la fe. Y esto no es de creyentes.

Voviendo al ayer, recuerdo escenas domésticas que llevaban cada una de ellas el signo de la fe: Se hacía una labor, y se trazaba la señal de la cruz, ya fuera para plantar un olivo o al pan que se iba a meter en el horno, o a las aceitunas que se iban a aliñar, o cuando se cortaba una tela, o se levantaba una pared, o se trabajaba el hierro en la fragua. La cruz, la oración, la fe estaban siempre presentes. Y no se debe decir que fuera superstición, que eso es pagano, sino que era la pequeña y simple conciencia de Dios y su Providencia, algo que es muy cristiano.

¿Si se pierde esta conciencia se pierde la fe? La sabiduría creyente que mete la levadura para que fermente toda la masa es, entre otras cosas, esa misma sencilla acción de saber referir todo a Dios, pidiendo, insistiendo, perseverando.

Esta mañana leía una noticia típicamente post-moderna, de neto siglo XXI:

Una ecuación del universo sin Dios

Otra vez - me dije - la arrogancia de los inteligentes, que se vuelven necios, ofuscados, negando una luz que les ciega y les deja envueltos en el sinsentido de un laberinto. Un mundo sin Dios, a Quien no se ve porque un día dejaron de rezarle, de creerle, de amarle, de esperarle.

La trayectoria de la modernidad, desde hace dos, tres siglos, es una cada vez más insistente y generalizada negación del Creador. Parece un grado extremo de radical absurdo que la ciencia atea postule algo que ella misma negaba como un imposible y hable ahora de un universo que surgió de la nada.

El racionalismo que empezó negando al Dios hecho hombre y definiendo sólo un vago concepto de Dios, ni siquiera sostiene ya un mínimo deísta, ni siquiera un confuso panteísmo, sino que en un paso más allá niega toda trascendencia y proclama el vacio de un origen en la nada y una evolución hacia la nada.



Lo más patético es que el sostenedor de la hipótesis sea un hombre como S. Hawking. O quizá por eso.

Alguna vez me he preguntado si el clamor negacionista de los ateos no será un insistente quejido, un inconsciente llanto rebelde que como no sabe (no quiere?) rezar rompe en un agresivo grito anti-divino, que en fondo del alma desesperada es un como un de profundis mitad blasfemo, mitad mísero, para que Dios mire, como provocando, tentando a Quien niegan para ver si se afirma, si se les muestra científicamente evidente, como una forma de probar al Omnipotente, de someterle a un especulativo análisis de laboratorio in extremis.

También he imaginado la parte del Libro de Job en la que Dios, por fín, interviene y habla como la escena de la Sagrada Escritura que mejor describe/profetiza el final de la diatriba de la ciencia no creyente y sus científicos contra Aquel y aquello que se empeñan en obviar:

Dios repondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:
¿Quién es éste que empaña el Consejo con razones sin sentido?
Ciñe tus lomos como un bravo: voy a interrogarte, y tú me instruirás.
Dónde estabas tú cuando fundaba yo la tierra? Indícalo, si sabes la verdad.
¿Quién fijó sus medidas? ¿lo sabrías? ¿quién tiró el cordel sobre ella?
¿Sobre qué se afirmaron sus bases? ¿quién asentó su piedra angular,
entre el clamor a coro de las estrellas del alba y las aclamaciones de todos los Hijos de Dios?
¿Quién encerró el mar con doble puerta, cuando del seno materno salía borbotando;
cuando le puse una nube por vestido y del nubarrón hice sus pañales;
cuando le tracé sus linderos y coloqué puertas y cerrojos?
«¡Llegarás hasta aquí, no más allá —le dije—, aquí se romperá el orgullo de tus olas!»
¿Has mandado, una vez en tu vida, a la mañana, has asignado a la aurora su lugar,
para que agarre a la tierra por los bordes y de ella sacuda a los malvados? Ella se trueca en arcilla de sello, se tiñe lo mismo que un vestido.
Se quita entonces su luz a los malvados, y queda roto el brazo que se alzaba.
¿Has penetrado hasta las fuentes del mar? ¿has circulado por el fondo del Abismo?
¿Se te han mostrado las puertas de la Muerte? ¿has visto las puertas del país de la Sombra?
Job 38, 1-17ss. (pongo la cita con el enlace para que continuen leyendo, porque los versículos que siguen son tan tremendamente bellos como conmovedores).

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

La viuda impertinente que insistía incansable al juez inicuo es una ínfima imagen del clamor de los que piden a Dios porque sólo en Él han puesto su esperanza, la pequeña de todos los días, la minúscula del minuto de apuro, y la gran esperanza final que se asoma al vértigo de la Eternidad.
Esta es la fe que el Señor se pregunta - ¡nos pregunta! - si quedará al fin sobre la tierra.

La cuestión se responde, por lo que nos toca a cada uno, rezando creyendo, amando y esperando en Él, que es Quien nos examina a nosotros y al mundo que creó y que se resiste a su Señor.

+T.

miércoles, 16 de junio de 2010

Una mini-peli digna de verse y entenderse

No me gusta recibir este tipo de correo, alguna vez he comentado cuánto me fastidian los powerpoints y demás chucherías. Pero esta peli, un corto premiado hace unos años en el Festival de Berlín, me parece que merece esta excepción:





Me lo ha mandado un amigo, ingeniero, un tipo estupendo. Le despidieron del trabajo hace año y medio, y hasta hace unos meses que le contrataron en otra empresa ha pasado una mala racha, personal y familiar, de esas que todos tememos. Sin duda, la peli tiene para él un significado/mensaje muy especial, por las circunstancias. La vida con sus golpes nos hace más sensibles al dolor ajeno, más comprensibles. Y, si tenemos fe, más creyentes.

El corto está rodado en Filipinas. Es real, con escenas, lugares y personas reales, pero parece un apólogo antiguo. O una parábola.

Perfectamente planteado en la clásica secuencia narrativa de presentación-nudo-desenlace, alcanza su clímax entre los minutos 4,14'-5,21', durante la escena hogareña. Y luego la moraleja, vale. Pero la escena de casa, el padre con su mujer y sus niños, en torno a la mesa, le da un vuelco a todo el mini-film. Bastan esos minutos para trascender todo lo demás.

Hay miserias que son grandezas, por lo que suben. Como hay sublimidades que son cloacas por cuánto bajan.

De todas formas, la peli me deja chico, muy chico. Espero que a ustedes, los que la vean y la sientan, también.

Dios sea bendito.


+T.

sábado, 10 de enero de 2009

La percepción (o no) de Dios

El relativismo que flota en la atmósfera como un gas tóxico lo respiramos también los dogmáticos fundamentalistas. Velis nolis, uno también ha ido absorbiendo su relativismo ambiental, y relativiza lo que más aprecian los relativistas, sus hipervaloradas instituciones e ideas. Por ejemplo, estoy firmemente convencido de la fatuidad de las instituciones políticas modernas, de la sociedad progresista del progreso, y de los relativismos igualitarios omnímodos y universales. Si no me explico, yo sí me entiendo. Y muchos también, estoy seguro.
.
La sociedad, por ejemplo, de los zpeses y sus piaras (dependientes y/o convergentes) es un fracaso estrepitoso, auto-previsto con todo el entusiasmo. Lo que pasa es que los planteadores de las premisas o no se atreven a concluir adecuada y lógicamente, o se obcecan en definir como bueno el pésmo resultado que ellos saben (o que ellos quieren). Una demente (y culpable) actitud.

El peso cultural-histórico de una sociedad que tiene como cabezas culturales derivados tan desechables como el pop, el rock, y la psicodelia, es tan insustancial como deletéreo. Nuestra postmodernidad es un grado más bajo (de degradación), porque deviene de aquello, de lo del 68. Si el 68 fue una revolución, que lo averigüe Vargas. A mí no me interesa esa cuestión. Lo que sí diría es que es la "revolución" degenerada y decadente de una época revolucionarista, que empezó en Julio de 1789 (por ponerle fecha) y que en estos años se pudre en las últimas revolucionerias caribeñas de Cuba y Venezuela.

Una constante muy notable de esa época revolucionarista fue el barrido teológico-religioso-espiritual que supuso cada una de las revoluciones, sintomáticamente afines en ese concreto particular a pesar de lo ideológicamente separadas que estuvieran unas de otras. No pongo ejemplos porque los supongo fáciles de encontrar (y tristes de recordar).

Los creyentes que estamos y procuramos vivir en la verdad que es la fe (única verdad) medimos con el patrón de lo que creemos todas las cosas. La historia y sus cosas también. Pesar cada época de la Historia en la balanza de la fe es muy aleccionador, muy instructivo. Por ejemplo, pésese el siglo XII con su románico y su escolástica y se asombrará uno de cuánto pesa. Sigan con el XIV y el gótico final; lo mismo con el Renacimiento, y el Barroco. En cada una de estas epocas la percepción del Misterio, de Dios, ha sido admirable y riquísima. Dejo escoger a cada cual, por respeto a sensibilidades y aptitudes de una persona u otra.

Propongo ahora que se compare y concluya si la época que tiene como "líderes" culturales a los oficialmente catalogados en los registros vip de nuestra post-modenidad es sustancialmente apreciable o relativamente insustancial ad nauseam.

Dígaseme si el ecologismo naturista no es uno de los tumores sintomáticos de la degradación biológica que ha acompañado al "progreso" de los 2 últimos siglos. Y si las democracias liberales occidentales no son el más desencantante proyecto político que se ha visto. Y si sus consecuencias "globales" no son más perniciosas para el Globo que jamás lo fueron ninguna de las iniciativas políticas que la Historia registra, desde los imperios de los faraones a la hordas de los hunos.

Paso a paso, hemos llegado a donde estamos a costa de perder tanto para ganar tan poco, apenas unos márgenes de comodidad acompañada de un plus desproporcionado de complejidad.

Junto con todo esto, una pérdida (deliberadamente planificada? consecuentemente advenida?) de lo religioso y espiritual. Si la cota máxima de humanidad es el acceso inteligente a lo sobrenatural por la fe, nuestra época y la futura que se prevé iran mermando antropológicamente a medida que adelanta en técnica, pagando además un injustísmo precio "global".

El mundo que no quiere a Dios y enseña que Dios no existe no es más feliz ni sabe más de sí mismo que el siglo XII del Románico o el XIII del Gótico, sino al contrario. Un pseudo-artista que des-pinta con mangueras no es "sumable" al arte del Greco ni estará nunca al nivel de Rembrandt. El mundo que se auto-define ecologista y conserva lo que queda de naturaleza como un gran "parque-reserva" expuesta a la degradación contaminante irrefrenable, no es un mundo más "natural y ecológico" que el que conocieron los hombres del siglo XV, ni siquiera los del XIX.

Lo peor es que no somos capaces de volver, y nuestro fatum terrible es un progreso abocado a tristes horizontes deshumanizadores.


Existe la ecuación que mide la felicidad según la proporción de fe. Cada persona más o menos inteligente se la puede plantear, a su nivel y según sus circunstancias. Y no es que la fe sea para la felicidad de aquí, pero es elemento sine qua non para cierta y real felicidad terrenal, aunque sea la de esa otra realidad que acompaña siempre a la fe y que es la esperanza. Junto a las dos va la caridad, tan esencial (aunque se le diga sólo amor). Si el mundo las pierde, el mundo se pierde. Porque está perdiendo los medios que llevan a Dios, que es su razón, su principio y su final.

Cuando nuestro mundo no percibe a Dios, o instrumenta medios para obstaculizar que sea percibido, o argumenta para negar su percepción, nuestro mundo se inflinge heridas de muerte, se autolesiona como un demente suicida. La percepción (o no) de Dios es un dato/una constante trascendental para medir en profundidad la historia (y sus consecuencias).


Esta mañana he leído la espeluznante noticia de un condenado a muerte que se ha arrancado el ojo que le quedaba y se lo ha comido. Me he preguntado si no es una patética alegoría de lo que le pasa a nuestro mundo.


¿Por qué no hay manicomios para las ideologías? ¿Por qué no hay pena capital para el progresismo antihumanista? ¿Por qué no nos libramos de los líderes del futuro fracasado?


Pero nos ha tocado vivir (hemos escogido/consentido vivir?) en el fondo roto de la Historia, que pierde el tesoro de Dios y se queda con la miserable calderilla de los hombres que aspiran a ser menos hombres.


p.s. Sursum corda! Que nosotros padecemos esos males, pero no somos de esos malos: ¡Nos ha aparecido la gracia de Dios! (y estamos celebrando su Epifanía).

&.

viernes, 9 de enero de 2009

¿Vida sin Dios? ¿Felicidad sin Fe?

Un eslogan publicitario desde un radical fundamentalismo ateo que invita a disfrutar de la vida...¡Qué paradoja!


Pregunta que les hago: ¿De qué vida? ¿De la vida que los ateos no dejais nacer porque la matais recien concebida? ¿De la vida que los ateos no dejais terminar porque la rematais antes de que acabe naturalmente? ¿De qué vida, si los ateos no creeis en la vida? ¿De qué vida, si los ateos os habeis definido históricamente contra la vida?


El ateismo es anti-vida, lo tengo claro, cada dia más claro. Más que nunca en estos dias de agresión propagandística atea recien terminada la Navidad, con el eco de las palabras leídas y rezadas y meditadas con emoción creyente:

- "...Por la Palabra se hicieron todas las cosas...En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres..." Jn 1, 3-4

-"...la Palabra de Vida, es lo que os anunciamos.
Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos, y os anunciamos la Vida eterna, que existía junto al Padre y que se nos ha manifestado...."
IJn 1, 1-2

¿Hay vida fuera de Dios? ¿Hay alguna vida que no sea obra de Dios? ¿Puede haber vida que no termine abocada a Dios?

.
Pretenden anular a Dios con un eslogan, porque no le ven en la vida, no le comprenden en la vida, no le aman por la vida. Y hacen un idolillo de barro de una vida exánime, vacía de Dios. La vida ridícula y minúscula del ateo luchando contra el Dios de la Vida, de toda vida...Una patética y perversa ofensiva.

El cristiano, en estas circunstancias, bajo este chaparrón ateo, abre el paraguas de los recursos sobrenaturales. Y aguanta el tifón, que pasará. Y recita desde lo hondo el "Perdónalos, porque no saben lo que hacen" (pero completa también, mentalmente, la frase: "....aunque sí quieren lo que hacen y saben que hieren con lo que dicen"). No somos tontos. La caridad no quita sensibilidad. La fe que ilumina la conciencia no narcotiza la consciencia.

Sabemos que ellos, los malos, se perderán, desaparecerán, se extinguirán. La estirpe de los malvados perecerá. Como neblina mañanera, como nube de tamo de era, se disiparán ateos e impíos. Cacharros de loza vana, serán quebrados contra la roca. Consumidos por una mirada, en un instante, tan inconsistentes como la vida vacía que pregonan. Ita!




El final será terrible para los que toman el nombre de Dios en vano y se burlan (¡perdónalos, perdónanos!). Ignoro sin son conscientes de que el vacío de fe siempre es invadido y desbordado por el mal. Y el que echa de su casa a Dios, mete dentro al demonio. Ignoro si saben que trabajan para el diablo (tampoco se si algunos están a su servicio con sueldo, contratados por el insidioso (los miles y miles de Faustos engañados)).

Sed Deus non irridetur!


p.s. Dice un amigo que puesto que la campaña va contra Dios y sus creyentes, que a ver si sale un digno talibán con las gónadas bien puestas y se toma creyente y contundente venganza ejemplar. Porque los cristianos tenemos mandado poner la mejilla, pero otros creyentes no: Más bien lo contrario. Y han demostrado, passim, que saben vengar su fe muy bien, muy bien, muy bien.

p.p.s. Si pasara, yo encantado (y horrorizado también, of course; tanto como me horrorizan estas publicidades).

p.p.p.s. Que - entiendo - son institucionales, políticas, talanteristas, y subvencionadas bajo manta por los jefes de la piara. ¿O es que caben dudas sobre quienes son los sponsors?


&.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Las manos de Cecilia



En 1600, el escultor Stéfano Maderno realiza una de las imágenes más patéticas de la iconografía cristiana: La Santa Cecilia yacente para el altar de la Basílica de Stª Cecilia in Trastévere. La singular escultura no fue ocurrencia del maestro; simplemente se limitó a trasladar al mármol la figura del cuerpo de la joven Mártir, tal y como fué hallado en el cúbiculo a ras del suelo de una de las capillas de las Catacumbas de San Calixto.

El descubrimiento del cuerpo admirablente (milagrosamente) conservado causó enorme conmoción por la forma en que se presentaba: Reclinado sobre la superficie del nicho, vestido con una simple túnica, con la cabeza envuelta en un lienzo y girada, mostrando el tajo mortal en el cuello. Pero en la disposición del cuerpo, más que las huellas del martirio, resaltaba la peculiar disposición de las manos: La derecha con el pulgar, índice y corazón extendidos; la izquierda, con el índice sólo.

Era una forma cristiana de significar la fe en la Trinidad de Dios: Un Dios-Tres Personas. Un credo abreviado, tan plástico y comprensible como el lenguaje gestual de los mudos y los sordos, tan elocuente en la patética figura de Cecilia.

Por esa fe eran martirizados. A veces se escogia deliberadamente a los miembros más conspicuos, más selectos, más llamativos de la Iglesia de Roma. No fué la única doncella de familia señalada y relativamente conocida que acabó víctima de la persecución. Antes y después que ella otras más fueron conducidas al tribunal y al patíbulo, donde se confesaron cristianas, se conservaron vírgenes, y se entregaron mártires. Luego la Iglesia las honraria con una especialísima gloria, sabiéndolas el séquito del Cordero Inmaculado, Rey de las Vírgenes y Fuente de toda santa virginidad.
En todas se admira la misma fortaleza, virtud, ofrenda. En cada una destaca un particular detalle, que las perfila, que las resalta, firmes como torres sobre roca, puras como lirios sobre nieve.
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Al poco de cesar las persecuciones, durante la devastadora crisis arriana, los falseadores de la Fe olvidaron que por Unus de Trinate qui passus est, habían sido inmolados vírgenes y mártires, sacerdotes y niños, madres con sus hijos, hombres con su familia: Por confesar y mantener la la verdad sobre Cristo, la fe transmitida por Pedro y Pablo, por los Apóstoles que fueron sus primeros y privilegiados testigos; la única fe que salva porque es la que confiesa al Cristo Jesús, el Enmanuel nacido de Vírgen, el Dios con nosotros, entre nosotros, por nosotros.

Cuando vuelven minimalismos de tufo arriano, cuando se parcializa y reduce al Verbo que se hizo Carne, que se hizo Hombre siendo Dios de Dios ab aeterno, las manos de Cecilia son un clamor.

Parece que fueran a pulsar notas en un arpa, en un salterio, en un órgano (sobre un corazón, en una mente, en el alma); dispuesta a entonar, a tocar una melodía de triples notas y un ritmo, de una voz con tres acordes, de tres registros de una única, sola, poderosa y eterna música que canta al Uno y le dice Trino con un Trisagio angélico: Ágios-Ágios-Ágios /Sanctus-Sanctus-Sanctus/Santo-Santo-Santo...!!!



Fragmento de la Oda a Stª Cecilia, de Henry Purcell.

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