martes, 3 de julio de 2012

Elegimus, creamus ac confundimus


Esa triple fórmula vendría muy bien para la bula de nombramiento de Monseñor Müller, el bombazo de esta jornada (victoria europea de la Selección Española de futbol aparte). Un bombazo o un petardazo o una explosión de gas lacrimógeno, no se bien como definirlo (no la victoria europea de la Selección Española, sino el nombramiento de Müller).

Como no soy episcopologoadicto como algunos de esos frikis clientes de los estercoleros de la blogosfera, no supe rien de rien del tal Müller hasta que se dió la voz de alarma, a comienzos de curso, allá por Octubre, cuando empezó a correr la especie de que era uno de los posibles sucesores de Levada en DF. Para suceder a Levada, dado su poco notable currículum en DF, cualquier prelado ortodoxo podría haber valido. Lo inquietante era que el tal Müller no sobresalía por ortodoxo, sino que tenía sombras.

¿Quién no fue revolucionario en la mocedad, cuando las efervescencias de la adolescencia exaltan y entusiasman etc. etc. etc.? La primavera que la sangre altera en la edad del sturm und drang, cuando afectaba a los clérigos de los años '60-'70, les provocaba las efervescencias correspondientes a la moda de aquella agitada temorada. Este Müller, con 21 juveniles primaveras cuando el Mayo del 68, tuvo que verse afectado por todo aquello. ¿Algún dato, algún documento que lo pruebe? Sí, su tesis doctoral en teología, que versaba (muy típico en aquella época) sobre Dietricht Bonhoeffer (Kirche und Sakramente im religionslosen Christentum. Bonhoeffers Beitrag zu einer ökumenischen Sakramententheologie).

Huelgan comentarios (se imponen deducciones).

Desde entonces, yendo y viniendo, ha sido profesor visitante en Madrid, Santiago de Compostela, Cuzco , Roma, Filadelfia, Kerala, Salamanca, Lugano, y São Paulo. Fue asesor teológico del Sínodo de los Obispso, y de 1998 a 2002 miembro de la Comisión Teológica Internacional. En 2002, cuando lo nombran obispo de Ratisbona, escoge para su escudo el lema 'Dominus Iesus', muy significativamente elocuente dado el impacto del documento homónimo de la S.C.D.F del año 2000.

Pero las proclividades demostradas hasta entonces no se tapan, no se cubren con un lema. Su fama como simpatizante de la teología y los teólogos de la liberación le dotaba de una suficiente caracterización, de un perfil bastante definido. Ser amigo de Gustavo Gutierrez confiere - velis, nolis - un sello, una etiqueta.

El juanpablismo, con un par de medidas, con unos cuantos gestos mediáticos, dio la impresiòn de haber domado y hasta erradicado la teología de la liberación. Cuando Leonardo Boff colgó los hábitos, algunos pensaron que la T.L. era ya un dragón vencido, un incendio apagado. Pero la influencia en todo el medio eclesiástico iberoamericano era y es muy grande. En Roma, en el Angélicum y la Gregoriana, los estudiantes hispanos y brasileños traían grabados los nombres de Gutierrez, Jon Sobrino, Boff, con Oscar Romero y Ellacuría como mártires extra-canonizados y el estrambote de Pablo Freire como complemento. Todo un continente impresionado por unos nombres y una doctrina. Y todo un continente en trance acelerado de des-evangelización y des-catolización. No se entiende la historia reciente de Iberoamérica sin la teología de la liberación. Desde Allende al depuesto ex-obispo y ex-presidente Lugo pasando por los aun figurantes Chaves, Morales y Correa, en todos se puede rastrear, más o menos remotamente, la huella de la teología de la liberación.

¿Una influencia para bien o para mal? Para el Catolismo, una ideología letal.

¿Cómo se explican, pues, las simpatías? O por afinidad o por oportunidad. Quizá las dos razones puedan confluir, a la vez, en Müller. En sus años de currículum eclesiástico, para ser tenido en cuenta, para ser promovido, un docto intelectual católico no podía dedicarse a cultivar la ortodoxia; estudiar - p. ej. - a Franzelin era una excentricidad. Por eso se entiende la simpatía de Müller por Bonhoeffer, por eso la inmersión en la T.L. Por eso Müller ha llegado a ser algo-alguien (salva Providentia).


En el otoño pasado ya anticiparon de su elevación a DF: Un teólogo de la liberación en el Santo Oficio (no como encausado, sino como prefecto (!!!???) En el articulete aparecían estas declaraciones de Müller:

"...Yo no hablo de la teología de la liberación de forma abstracta y teórica, ni mucho menos ideológica, para halagar al grupo eclesial progresista. De igual modo tampoco temo que ello pueda interpretarse como falta de ortodoxia. La teología de Gustavo Gutiérrez, independiente del ángulo desde el que se mire, es ortodoxa porque es ortopráctica y nos enseña el adecuado actuar cristiano, porque procede de la verdadera fe."

Como en Ratisbona se mostró bastante contundente contra los des-católicos del 'somos-iglesia', algunos le criticaban su progresismo aperturista hismanoamericano y su conservadurismo pastoral germano. Ahora, con su nombramiento como prefecto de DF se está diciendo de todo. También se conjetura que el nombramiendo de Di Noia como vice-presidente de Ecclesia Dei fue el prólogo equilibrante (?) de este sorprendente nombramiento. Todo muy agudo, muy sutilmente vaticanesco.

Los neocon, leales y cerriles, aplauden, se animan, asienten, y se tragan la enorme píldora. Los católicos conscientes nos inquietamos, nos removemos, nos alarmamos, nos tememos, nos vemos venir, nos remontamos. Y miramos (sin tragar) la indigerible novedad.

En estos casos, sólo se estima una opción adecuada: Oremus!

Aunque confieso que no sé cual debería ser la intención de la oración.

Custos, qui de nocte?


+T.

sábado, 30 de junio de 2012

Tu es Petrus


Parece quasi milagroso que el el Cabildo Vaticano continúe revistiendo con tiara y manto la imagen de bronce de San Pedro. La estatua, preciosa, es uno de esos magníficos elementos que quedan apabullados por la máquina portentosa de la misma Basílica. En el ángulo de uno de los machones de la cúpula, en la esquina de la nave de la epístola, frente al Altar de la Confesión y el baldaquino, la veneradísima imagen del Apóstol es apenas perceptible; con manto y tiara reclama más atención. Así y todo, cualquiera que haya asistido a alguna Misa o ceremonia en San Pedro del Vaticano sabe que allí el centro de atención es el Papa.

Cuando el Papa revestía tiara y manto, la impresión de las dos imágenes, la broncínea del San Pedro y la viva del Papa, se coordinaban, conectadas una con otra: Pedro es el Papa y el Papa es Pedro. Y así lo veía y entendía iconográficamente el devoto católico, sin forzar la abstracción, tan plástica, cuando superponía y traducía en conceptos el simbolismo de la dos figuras, idénticas: Este es Pedro, aquí está Pedro.

Item más: El San Pedro de bronce nunca se procesionaba, el que era llevado en procesión era el Papa, entronizado en la sedia gestatoria, a hombros de los sediarii. Una imagen imponente. Y creyente. Se creía en el Papa, en su ministerio sagrado, supremo y único, el mas alto que un hombre pueda cumplir, y todo ello se representaba en el ceremonial vaticano. Se creía en el Papa, y el Papa también creía. No quiero decir que ahora no se crea, ni que el Papa no sea consciente de su sacro ministerio, pero sí digo que la consciencia y su identidad han sufrido cambios que comportan una merma apreciable. La desaparición del antiguo ceremonial lo prueba.

Desde el post-concilio, el Papado se vió afectado por una especie de crisis de identidad, riñendo con sus propios símbolos, que llegaron a verse e interpretarse como extraños, o impropios. El capítulo final - por ahora - lo ha protagonizado Benedicto XVI, al suprimir de su stemma papal la tiara pontificia y sustituirla por una extraña mitra ornada con bandas. ¿Cómo se llegó a eso? Sospecho que desde una acomplejada y errónea interpretación del 'aggiornamento', incluyendo también una lectura con exégesis parcial, subjetiva, reduccionista, de la Escritura, la Tradición y la Historia. Todo ello catalizado por las tendencias, prejuicios y derivas conciliares.

Aun siendo el Papa del concilio, Pablo VI supo conservar muchos de aquellos signos que él mismo había contemplado en pleno apogeo durante su larga carrera curial junto al venerable Pio XII. A pesar de la patética, efectista e innecesaria deposición de la tiara, las imágenes del Papa Montini comunican todavía una solemnidad de formas que desparecerían luego, durante los años deconstructores del juanpablismo. Dentro de los márgenes de su sobria estética, quasi minimalista en comparación con lo anterior, los gestos de Pablo VI eran dignamente solemnes, sin ser triunfales. Hasta aportó un formato nuevo a la imponente estampa de la sedia gestatoria al usar las casullas de corte gótico y portar la férula rematada con el crucifijo, consiguiendo una imagen de sacra majestad quasi insuperable (véase en este youtube, a partir del minuto 1',20" ; y en este otro vídeo, en la sedia bajo palio, revestido con el manto y flanquedo por los flabelli, según el antiguo ceremonial)

Pienso que es un derecho de la Fe el poder verse representada, figurada y simbolizada. Los ornamentos y ceremoniales papales cumplían esa función, no imprescindible pero sí necesaria. Como sucedió con los elementos litúrgicos desechados y/o substituídos, la pérdida de estos signos del Papado son síntomas de una crisis, activa y sin resolver.


Sin duda, el Juan Pablo II del papamovil y todos los sombreros del mundo no se entendía a sí mismo con la misma auto-conciencia de Pio XII coronado con la tiara y portado sobre la sedia. Además de ser diferentes las personas, eran distintos los signos que les distinguian. ¿Esto les hacía diferentes en cuanto pontífices? Sustancialmente no, accidentalmente sí. No esencialmente, pero sí aparentemente. No se olvide que lo exterior es trasunto del contenido, sobre todo cuando expresan realidades confesadas desde la fe. Las formas también proclaman la doctrina, como una extensión particular de la lex orandi lex credendi.

¿Cuánto cuenta la apariencia? Mucho, o poco, según el peso que cada uno le conceda. Aunque parezca lo contrario, el juanpablismo concedió una importancia muy grande a las apariencias, pero justamente desde una perspectiva que destacó por la displicencia con que se suprimieron o substituyeron las formas tradicionales, escogiendo otras, con otro mensaje. La sima de la degradación (exceptuando las excentricidades ocurridas durante los viajes) se alcanzó en las ceremonias de apertura de la Puerta Santa del Jubileo del MM: Compárese con los ceremoniales del Año Santo de 1950, bajo Pio XII, y de 1975, bajo Pablo VI, para apreciar el nivel de degeneración y declive.

Cada vez son más los católicos que se sienten atraídos, fascinados, por todo este patrimonio perdido, una herencia a la vez material y espiritual que pocas veces se discierne equlibradamente según este doble valor. Reclamar la vuelta de la tiara o la sedia por lo atractivo de estos objetos sería un cascarón sin huevo, una estructura hueca, tan frágil como insustancial.

La fe en la alta significación del Papado romano postula también la recuperación de sus signos, no por nostalgia de lo perdido sino por firme convicción de lo que representan.


No he alcanzado a ver una entrada del Papa en la Basílica, entronizado en la sedia, bajo palio, con las trompetas de plata sonando y los fieles aclamando con fervor, pero la fe que profeso, lo que creo del Sucesor de Pedro, conlleva todas estas espléndidas y solemnes expresiones eliminadas por una malentendida y demoledora 'sencillez' que ha privado a los fieles de su derecho a una gloria 'visible', trasunto del misterio de la Iglesia.

El Catolicismo, en la liturgia y el arte, ha demostrado saber definir la eternidad en el tiempo. Cuando una auto-censura reprime en la Iglesia la exaltación formal de su Credo, es señal de una fe débil que se rinde a las presiones y categorías de la pseudo-cultura ajena pretiriendo la preciosa herencia de su tradición.

Lo paradójico es su sustitutivo: La parafernelia juanpablista, mil veces más costosa, equívocamente representativa no de la solidez de la roca petrina sino de la movilidad de criterios, novedades y ensayos.

Y lo más inquietante, la cuestión última que plantea esta crisis de formas: ¿Se hurta a Cristo la gloria debida cuando se minimaliza la gloriosa expresión de su Vicario y su Iglesia?

Termino con otro vídeo: Pio XII en Stª María sopra Minerva (salida del Vaticano, procesión y entrada solemne, y fervorín del Papa en el púlpito de la Minerva).

Oremus ut videamus iterum!


+T.

viernes, 29 de junio de 2012

Repugnat


El personajillo mantiene una estampa chusca, podria servir para ponerle figura a Mr. Weller, el padre de Sam, el criado sanchopancesco (sin panza) del quasi-quijote Mr. Pickwick. De tamaño peón, con el abdomen marcado apuntando prominencia, piernitorcido, con la punta del cinturón colgando de la trabilla, la chaqueta desabrochada y el pectoral más grande y ordinario de toda la reunión. Es su look más visto, con el que se siente más cómodo, supongo. Pero alarma que lo mismo va de aquesa guisa de mutual-del-clero que deja que le endosen el atalaje completo de un cardenal pre-montiniano. No problem.

Ese 'no problem' de vestuario se extiende a sus relaciones y afinidades de compadre, pues es público y notorio que es adicto a Bono (el manchego, no el de U2) y que se sienta y alterna con quien sea. ¿Con quien sea?

Ese es el quid, entiendo yo: Si un personaje de su talla (no la corporal, sino la estamental y eclesial) puede comparecer con cualquiera que sea y donde sea. Porque una cosa es conversar por obligación en un salón oficial, y otra exponerse en espectáculo, con propaganda, cámaras y publicidad.

Un político desacreditado universalmente, que ha sido el promotor y auspiciador de la mayor degeneración moral que se ha sufrido en una nación, que se ha significado definiéndose efectivamente anti-cristiano, con ideas y con actos, a quien se le puede imputar como autor responsable de una legislación pan-abortista y aberrante, anti-católica, con negativísimas y perversas influencias más allá de nuestra patria (¡un degenerado plus ultra!), un tipo así no puede ser el partenaire de un Cardenal de la Santa Romana Iglesia.

Nunca le tuve afición. Me reía para adentro cuando alguno (¿quién sería?) lo pregonaba como el 'pequeño gran hombre' de la Iglesia del tercer milenio. Tal para cual. Ahora, con estas escenas de diván del Tenorio, el mini-sujeto me resulta repugnante, bochornoso.

Con perdón de la Sagrada Púrpura.

+T.

martes, 26 de junio de 2012

Punto crítico



Me fascinan los trabajos de restauración que se realizan en los talleres especializados de los museos para la limpieza y recuperación de las obras de arte. Con técnicas cada vez más precisas y contrastadas, se tiene especial cuidado a la hora de levantar y suprimir las capas de barniz y suciedad que deforman la obra de arte. El punto crítico de la operación es fijar el momento en que hay que detener la actuación para evitar el riesgo probable de atentar contra el original, por mor de una 'limpieza' demasiado agresiva que llegue a afectar a la pieza en tratamiento, que sufriría una pérdida irrecuperable, lesiva y traumática.

Item más: Son bien conocidas y apreciadas en el mundo del arte aquellas huellas perceptibles que el tiempo acumula sobre una obra, la pátina que no es simple suciedad, o el craquelado de la pintura, incluso algunos detalles más o menos apreciables que se han incorporado al original o han desaparecido de él y que han llegado a ser, con el tiempo, parte de lo que se admira en una determinada obra de arte.

Por eso son tan delicados y cuestionables los criterios y las determinaciones que se decidan a la hora de efectuar una restauración importante sobre una pieza de valor.

¿Cuándo empezar? ¿Dónde detenerse? ¿Cómo terminar? ¿Habrá que intervenir nuevamente? ¿Con qué perioricidad? ¿Quién dirige? ¿Quiénes asesoran? ¿Quiénes intervienen?

Todo esto que se refiere al mundo del arte y su conservación se podría aplicar, mutatis mutandis, a la misma Iglesia. Y me refiero muy en concreto al proceso de la FSSPX, tan discutido, tan necesario, tan preocupante.

En dicho proceso la complejidad de la operación se multiplica, puesto que se debe entender como una acción doble, relativamente recíproca, tal y como se entiende desde la misma FSSPX, que es intervenida y a la vez interviene, entendiéndose lo mismo respecto de Roma, que no sólo examina sino que es examinada. Si me explico.

Todo ello es bastante exepcional, muy particularmente el papel que la FSSPX parece haber asumido. Así, en el sentido que voy diciendo, el punto crítico de la operación tiene que ajustarse por las dos partes, a dos bandas, en dos instancias, dos voluntades que tienen que acordar un placet suficiente y satisfactorio. Y no son dos partes iguales; algunas veces me pregunto si los miembros de la FSSPX son todos conscientes de esto.

¿Se trata de ceder? Se trata, más bien, de comprender. Inteligentemente, con sabiduría que no puede ser de este mundo, puesto que se tratan cosas que, aun estando en el mundo, no son propiamente de su esfera.

Si digo que hay que pedir al Espíritu Santo, dones y frutos y gracias, estaré diciendo una obviedad. Pero es oportuno - pienso - que se diga.

El punto crítico no es un punto perfecto. Las partes dimensionables de la Tierra no se avienen exactamente con los parámetros exactos de la matemática, porque la Geografía no es ciencia exacta como la Aritmética.

Uno de los edificios más perfectos de la arquitectura universal, el Partenón, es a la vez un modelo de desajustes que ajustan perspectivas de visión, con asimetrías que forman simetrías, sin afectar a la tectónica del edificio, al contrario, pues le prestan como resultado una solidez armónica, en la estructura y en su figura.



Las restauraciones y reformas, si son insuficientes, desperfeccionan al objeto en cuestión; si se pasan del 'punto crítico' (que suele definir el 'grado óptimo') lesionan al objeto, incluso pueden destruirlo. Existe, ha existido en la Historia, ese punto en el que, por ejemplo, el clamor mal gestionado de la Ecclesia semper reformanda concluyó en la crisis letal de la reforma protestante. Existió un punto en el que el erasmismo humanista se desequilibró en protestantismo luterano o calvinista; hubo un punto desequilibrado en el que la gravedad de Trento derivó en jansenismo. En parecido sentido, también se puede detectar un momento, bajo unas circunstancias dependientes de algunos actuantes, en que el bienintencionado Movimiento Litúrgico degeneró (¡su punto crítico!) en la catastrófica reforma litúrgica post-conciliar.

No sé si me explico, si Uds. me siguen.

Al final, sea lo que sea, no voy a cambiar afectos y/o convicciones que tengo bien definidas.

Pero sería una pena lamentable si salvables desavenencias humanas malograran ese necesario punto crítico de esta necesaria restauración.

Un punto crítico reclama, subsiguientemente, un punto y a parte. Que no es, en sintáxis, una ruptura de la secuencia del texto, pero que sí marca una distancia con la frase anterior y abre un nuevo período.

Los puntos y a parte, después de tantos puntos y seguido como sean precisos, son, al fin, una necesidad para una buena redacción que aspire a un correcto punto final.

Oremus!

+T.

domingo, 24 de junio de 2012

La Virgen de los Venerables



La Virgen de los Venerables, de Bartolomé Esteban Murillo. Pintada para el Hospital de Venerables Sacerdotes de Sevilla, en 1679, tristemente expropiada y vendida durante el latrocinio del patrimonio eclesial perpetrado en la 1ª mitad del s. XIX, actualmente forma parte de la magnífica colección de Pintura Española del Museo de Bellas Artes de Budapest. Es una de las obras que se exponen en el El Prado, en la exposición sobre Murillo y D.Justino de Neve (Murillo y Justino de Neve, el arte de la amistad). Merece una visita. La exposición se podrá ver en Madrid, Sevilla y Londres.

(para ver en formato mayor que el ofrecido por blogspot, entrar en esta página y pulsar sobre la foto-recuadro de la pintura)

Murillo tuvo la gracia de pintar lo divino en lo humano y describir lo humano de lo divino. Sus escenas de la Vita Christi huelen a hogar, a pesebre, a casa, a carpintería, a cocina con puchero en la lumbre. Cuando pinta a la Virgen, lo reconcentra todo en una mirada que destila Evangelio, sencillez del Misterio, la posibilidad real de lo sobrenatural que ha ocurrido, que ha pasado, que está sucediendo entre nosotros. Es el pintor del habitavit in nobis.

Toca lo sagrado con la suavidad de un espectador amable que cree y adora lo que representa, que moja el pincel primero en el alma, luego en la paleta; primero empapa el pincel en fe, luego le pone color al credo. La belleza con que pinta el pulchrum de lo sagrado es verdadera, no se inventa figuraciones, sino que plasma en el lienzo la gracia materializada, siempre creíble aunque esté pintando lo inefable.

Sus ángeles chiquillos son como una consecuencia pictórica del "...si no sois como niños no entrareis en el Reino de los Cielos", captando el sentido de la sentencia del Señor y aplicándola a los seres celestes, vueltos niños inocentes, que sonríen con los ojos y con la boca alientan el aire de la Gloria, descubren la ternura del Cielo, suspenden el giro del tiempo en un compás de eternidad amable, transparente, abocetando querubes con retazos de arreboles.

El cuadro de la Virgen de los Venerables es una obra del Murillo más celebrado, un artista en el periodo cumbre de su vida artística. Lo pinta en una Sevilla en plena decadencia social, todavía traumatizada por las consecuencias de la terrible peste de 1649, que aniquiló a un tercio de la población total de la ciudad. Se vivían tiempos díficiles, la penuria de recursos hizo que muchos clérigos se vieran necesitados. Para socorrerlos, el acaudalado sacerdote Don Justino de Neve, canónigo de la Santa Iglesia Catedral Hispalense, fundó con parte de su patrimonio personal el llamado Hospital de Venerables Sacerdotes, una institución que sería famosa en Sevilla.

La pintura representa una escena mitad piadosa, mitad alegórica, con la Virgen y el Niño como centro. La Madre del Señor está figurada con sencillo atuendo, túnica jacinto, velo ocre transparente y manto azul, pero con una apostura regia, sentada sobre un trono de nubes; un círculo de querubines (siete identificables y otras figuras que se adivinan entre el celaje de nubes) nimba la cabeza de la Señora, con la luz dorada de la gloria esclareciéndose a medida que se acerca al rostro sereno y bello de la Madonna; sobre el Niño, la aureola de luz es un intenso y estrecho resplandor sobre su pelo, como una media corona de sol eclipsado por la cabeza del Hijo de Dios. Está delante del regazo de la Virgen; la Madre recoge y concentra su mirada sobre la figura de Jesús, a quien sostiene con un paño en torno a su cuerpo, sin tocar directamente la carne del Verbo, como el sacerdote toma con el humeral la Custodia.

El Niño, pone su mano izquierda sobre los panes de una canastilla o panera de mimbres que le ofrece un Arcángel; con la mano derecha da el pan (una pieza de pan tierno, casi todo miga blanca y suave por dentro, llamado 'boba', fácil de comer para los viejos) a un sacerdote anciano. Junto a él, en el ángulo inferior derecho del cuadro, otras dos figuras sacerdotales miran al Niño de Dios y su Madre; las tres figuras representan a las tres clases de sacerdotes que eran atendidos en el Hospital de Venerables: Ancianos (la primera figura, con ropón de paño y un breviario en la mano), enfermos (la cabeza del centro, con el rostro ojeroso y doliente) y transeuntes (la cabeza del extremo, con esclavina y un báculo de peregrino). Son fres perfiles, con más o menos escorzo, quizá inspirados en modelos del natural.

Una brisa abomba y revuela el manto de la Virgen. El Arcángel (una alusión al Ángel Ministerial?) mira benevolente y compasivo a los sacerdotes. La mirada de la Virgen parece abarcar al Niño y a los tres venerables ministros; Jesús mira, dulce y misericordioso, al sacerdote anciano, que le sonríe.

La escena parece una Epifanía, una adoración de los Magos a la inversa, en la que es el Niño quien regala y hace ofrenda a las tres figuras sacerdotales, entregándoles su pan, en una alegoría que se refiere juntamente al Sacramento de la Eucaristía y al del Orden Sacerdotal, centrado todo en el motivo principal que inspira el cuadro, la beneficencia de la Casa Hospital de Venerables Sacerdotes.

Según algunos, el cuadro estaba en el refectorio de la casa; otros dicen que estuvo colocado en la pared del descansillo central de la escalera. Como dije arriba, el cuadro salió de Sevilla cuando el canallesco expolio de bienes eclesiásticos causado por la desamortización de Mendizábal, en 1835-36 y sucesivos años. Vendido a coleccionistas extranjeros (la pintura de Murillo se cotizaba altísima por aquellos años), terminó formando parte de la colección de pintura española del Museo de Bellas Artes de Budapest.

Después de la exposición del Prado, vendra el próximo otoño - D. m.- a Sevilla, y se expondrá en su casa original, el Hospital de Venerables Sacerdotes, de donde nunca debió salir.

Entonces, seguro que la Virgen de los Venerables será regalada con muchas Avemarías, porque no es un cuadro para ver sino para rezar.

Mater sacerdotum et pauperum, ora pro nobis!



+T.

miércoles, 20 de junio de 2012

Indiscreta curiosidad



Es que me pregunto si lo del obispo ese, el del baño marítimo con prójima, no tuvo capítulos previos, nadie notó nada, nadie vio algo. Porque esas cosas se ven. Y es penoso que al final se vean en fotos, dando la vuelta al mundo con escándalo. Y es triste que alguien las haya puesto en circulación. Y es traumático, incluso para quienes estamos curados de espanto; al final también nos escuece. Nos duele porque creemos en todo eso que se pisotea. No nos tenemos por mejores, estamos también en el conjunto de los débiles, los tentados, los caídos, los pecadores. Sabemos que decimos con sinceridad, en cada Misa, el mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa, que no son palabras de ceremonia, que son verdaderas y sentidas. Lo sabemos. Y por eso nos duele más lo que pasa.

Después, las explicaciones del obispo son patéticas, como un estrambote de vergüenza, una propina denigrante. Estas escenas, con alegato resultan peor, provocan la vergüenza ajena. No son de recibo.

El look poco sacerdotal del obispo denota una soltura, una ambientación muy aggiornata. Vestir, hablar, alternar y aparecer 'como uno más', ese traicionero postulado del 'encarnacionismo clerical', finalmente desespiritualiza al sacerdote y deja al hombre en carne viva mortal, con todas sus crudas tendencias y pasiones. Y llegados a este punto, ¿quién resiste? Sin diques de contención, sin muralla de defensa, sin bunker donde guarecerse y resistir.

La Escritura, en los Salmos y Profetas, dice 'alcazar', 'roca', 'baluarte', 'peña', 'refugio'. La tonsura, la sotana, servían de todo esto. Y el obispo, siendo más su dignidad y grado sacerdotal, implementaba sus defensas con solideo, anillo y pectoral, complementos armamentísticos contra mundo, demonio y carne. Pero el desmontaje post-conciliar fue ridiculizando primero y suprimiendo despues todo eso, más en los curas simples que en los obispos, que han conservado bastante el atalaje jerárquico, no por virtud, sino por señal visible de autoridad. Por eso, cuando dejan de ponerse solideo y sotana filetata, mal síntoma. Un obispo vestido con clergyman (que al fin es atuendo minimalista), avisa de que es más gestor que pastor. Un obispo en ropa común (o quasi) va declarando una auto-desacralización implícita de consecuencias temibles.

Siendo presidente de las Cáritas de Hispanoamérica (¿por qué se empeñan en asociar caridad con secularización, un 'detalle' tantas veces repetido en sacerdotes u obispos trasmutados en agentes sociales?), habrá alternado mucho con el Emmº Cardenal Maradiaga. Me pregunto si no sabría nada su Eminencia, si no habrá sospechado o conocido algo. Me pregunto si le habrá sorprendido. Y más cosas me pregunto sobre el Cardenal y este subordinado suyo.

Desde luego, urgen medidas canónicas y pastorales. No me imagino al mitrado al frente de una diócesis.

Son de temer las posibles reacciones del afectado, estando tan fresco, vivo y coleando, el caso del presi del Paraguay, el ex-Ilmº y ex-Revmo ex-Monseñor Fernando Armindo Lugo Méndez, una tentadora alternativa para casos como este. A ver si no se complica el asunto.

Cierro el articulete con otra indiscreta curiosidad: ¿Nadie ha reaccionado contra esto? Porque me parece uno de los artículos más sucios de todos los que llevan publicados esta temporada el tándem Vidal-Bastante.

Ayer noche estuvo unas cuántas horas en portada, como noticia titular de Religión Digital. Esta mañana descendió entre los recuadros de mitad de la página, y esta noche ya aparece al final de la web, sin foto.

Lo que no se dice y se deja entender por lo que se semi-dice es sumamente denigrante-infamante. Bastante y Vidal acostumbran a clavar - día sí, dia no - estos rejonazos, dirigidos implacablemente contra Rouco y Martínez Camino. Pero esta vez se han pasado.

Con articuletes como este, Vidal y Bastante se autodefinen, enseñan sus calidades, de qué van y en qué estercoleros se mueven. Me rio yo del vatileaks en manos de 'profesionales' como este par.

Me pregunto también si son conscientes del daño (y daño personal) que pueden estar causando. Y también me pregunto si su maledicencia está patrocinada o es nada más, solamente, inquina de autor.

¡Vamos apañados, entre el indeseable fanfarrón y el indecente monstruo bicéfalo!

Y se prueba con muestrario abundante que todos ellos están la mar de satisfechos con lo que publican, el uno y los otros dos.

+T.

lunes, 18 de junio de 2012

Grotescos y pamplinas de verano



Y digo 'pamplinas' en sentido objetivo (cosas) y subjetivo (gente). Y me refiero a los saraos de la pseudo-cultura de verano, que son (también) invento socialista para subvención discreta de su clientela, pasándoles esta pensión de verano, plus de vacaciones o paga extra estival, todo bajo la manta y pretexto de ese, decía, dúctil invento, la 'universidad de verano'.

Invento de la piara, dije, pero a la postre comedero de todos los bandos, estamentos y clases. Hasta los cardenales pican, unos más decentemente que otros, reconozcámoslo. Pero Cañizares & Bono, es una pareja indecente. Y esto es una multi-indecencia:

Fray Amigo contratado por Tamayo y alternando con Castillo, Masiá, Raguer, Mayor Zaragoza y J.Bastante. Un reparto muy completo, muy bien sintonizado, agrupado según afinidades, desde la púrpura al fucsia sin salir de la gama cromática del rojo/red, podría decirse.

Aquí la lista completa de guest-stars

Aquí el programa de la cosa

Algunos dirán babiecadas, otros hilarán con herejía fina, otros mecharán la cháchara con exabruptos, otros propondrán insubordinaciones, alguno repartirá en la puerta del áula trípticos con instrucciones para fabricar cócteles molotovs versión fumata bianca/nera. Por supuesto, no faltará la mitopoiética conciliar y hasta puede que se conjure en mesa redonda la ectoplasmación del espíritu vaticanosegundero. Etc.

Fray Amigo, especialista en desencantar a conspicuos y seducir a simples, lucirá su discurso en florido castellano adornado con estudiada gesticulación, diciendo nada como si estuviera diciendo todo. A estas alturas, debería cuidar sus entradas y salidas y mirar con quién alterna. Parece como si jugara a ser un Martini celtibérico, gustando de estos extremos confusos, bailando al borde del plato. No debiera. Por dignidad. Por lealtad. Por prudencia. Por muchas razones que, supongo, le importan un pito. Pero no debiera. En su descrédito va (que va siendo mucho).

A Mayor Zaragoza lo tengo conceptuado como el mascarón de la hiper-hipocresía pseudo-cristianóide filo-logiante. Una vez desaparecido el católico oficial que fue Ruiz Jimenez, esta formidable pieza se merece un puesto de honor en el estrado de los intra-arruinadores de la cristiandad (salvando la consideración debida a Don Peces Barba).

Del resto de la cuadrilla, de su perfil, habrán advertido Uds. que hasta aquí llega el mal olor que desprenden, ese tufo apestante de contra-catolicismo des-cristianizado que les caracteriza. Que muchos de ellos coincidan en la blogosfera de Religión Digital es un simple dato, pero digno de tenerse en cuenta, muy definitivo.

Aprestándose a ser sus valedores incondicionales, no sé si son conscientes del baldón que le echan encima al Vati-2º, hoy más cuestionado que ayer pero menos que mañana (por sus crisis los conocereis (aunque Piacenza se empeñe)).

Como los sociatas del sur manejan los dineros del per y los eres y toda la actividad económica político institucional, también sus agentes pseudo-culturales mantienen sus clientelas, conexiones, listas de afines y demás. Son quienes son. Como en la tentación en el desierto, como decía Satanás, ellos podrían decir, parafraseando, 'todo esto es mío y se lo doy a quien yo quiero' / 'todo esto es mío y yo invito a quien yo quiero' / 'todo esto es mío y aquí viene quien yo quiero'.

Se me olvidaba. Los objetivos del curso son:

- Analizar la significación histórica de tan relevante evento.

- Exponer las líneas fundamentales de la Reforma que puso en marcha y la nueva imagen de la Iglesia.

- Ofrecer la nueva ubicación de la Iglesia en la sociedad y su solidaridad con “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustia de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo los pobres”.

- Analizar los avances y retrocesos que ha tenido lugar durante los cincuenta años transcurridos desde su celebración en los diferentes campos

- Proponer las líneas de futuro del cristianismo en respuesta a los a los desafíos más importantes del cristianismo.

Y los destinatarios dicen que son "...cuantas personas y colectivos estén interesados por la significación sociocultural de las religiones en los nuevos climas culturales, la dimensión liberadora del cristianismo en tiempos de crisis y la construcción de una sociedad más justa y solidaria." Sic.

La inscripción cuesta 129 desperdiciados euros.

Los que vayan tendrán que purgar a fuego lento dantesco esa suma. Estoy convencido.

Lo que tengan que purgar los ilustres invitados conferenciantes, lo dejo a la calibración de Uds. mismos. No se queden cortos.

El Señor nos libre!

+T.

domingo, 17 de junio de 2012

Sembrar



Por el Evangelio de la Misa (San Marcos 4, 26-34. Dom. XIª Temp. Ord. lecc. B) he recordado los versos de Madre Cristina de Arteaga; hace un par de años los puse en un articulete sobre ella. Este poema:

Sembrad!

Sin saber quién recoge, sembrad,
serenos, sin prisas,
las buenas palabras, acciones, sonrisas;
sin saber quien recoge,
dejad que se lleven la siembra las brisas.


Con un gesto que ahuyente el temor,
abarcad la tierra,
en ella se encierra
la gran esperanza para el sembrador.
Abarcad la tierra!

No os importe no ver germinar
el don de alegría. Sin melancolía,

dejad al capricho del viento volar,
la siembra de un día.

Las espigas dobles romperán después;
yo abriré la mano
para echar mi grano,
como una armoniosa promesa de mies
en el surco humano.

Brindará la tierra su fruto en agraz,
otros segadores cortarán las flores,
pero habré cumplido mi deber de paz,
mi misión de amores.

Estos versos los escribió Sor Cristina para encabezar la biografía de un sacerdote español que contribuyó a la restauración de la Orden Jerónima, entre los años 1920-30. Murió joven. La poesía de Sor Cristina intuye el sentido de una misión acabada, cumplida, que no fue la de recoger frutos, sino la de sembrar la semilla.

Desde esta perspectiva, el Evangelio de la siembra, de la semilla, tiene una lectura diferente, con otro valor. El mismo acto de la siembra es válido, tan importante en cuanto es el principio y fundamento del crecimiento, la floración y la fructificación, siguiendo esa alegoría vegetal-agricola de la parábola del Señor.

En el Evangelio de San Juan, en otro contexto, la alegoría de la Vid y los Sarmientos (Jn 15, 1ss.) explica más, y sentencia definitivamente: "...porque sin Mí no podeis hacer nada" Jn 15,5. Pero conste que primero hubo siembra. San Pablo también expone esos conceptos, con su lección sobrenatural, resaltando el orden de la gracia:

"...Yo planté, Apolo regó; mas fue Dios quien dio el crecimiento. De modo que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que hace crecer. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada cual recibirá el salario según su propio trabajo, ya que somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificación de Dios."           IªCor 3, 6-9

Esta semana pasada, una feligresa se preocupaba por su nieto, un niño de 5-6 años, en el que había notado cierta actitud displicente: - "Rezar es una cosa de abuelas", dijo el pequeño. Sin duda es una idea inculcada en el chiquillo por alguien enemigo de la oración, con más o menos malevolencia. Le aconsejé a la abuela del peque que le explicara que la oración es cosa de todos, de todas las edades, y para ayudarle en su 'siembra' le dí unos libros infantiles de oraciones, para que le enseñara a su nieto cómo había oraciones para niños, y las mismas oraciones que él ya sabía venían en libros infantiles, editados para que los niños las leyeran y aprendieran. Me contó después mi beata amiga que el niño se quedó pensativo cuando le explicó todo esto y vió y leyó él mismo las oraciones en aquellos libritos.

La 'semilla de mostaza' que pone el Señor como ejemplo en la parábola, muchas veces la entiendo como la siembra del Evangelio en los niños, ya sea la enseñanza religiosa en la familia, o la catequesis, o la formación cristiana en los colegios: Una semilla diminuta que contiene toda la virtualidad para crecer y hacerse un árbol frondoso. Y refiero también esta simiente de la mostaza que se hace árbol a la vocación sagrada, sacerdotal o religiosa. Muchas comenzaron así, como un granito de mostaza cristiana en el alma de un niño.

Hace un momento, en el facebook de un amigo, monje argentino, he leído un verso que me ha gustado:

Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.

Pero al punto la he completado con la oración de San Alberto Magno, que se me ha venido, apropiadamente, a la cabeza:

Doce me, Dómine,
radices árboris mei,
Coelo et non terra infígere,
ut non in foliis verborum,
sed in fructibus bonorum óperum
fidélis agnoscar


Enséñame, Señor, a plantar las raíces de mi árbol no en la tierra, sino en el Cielo; para que sea reconocido fiel no en las hojas de las palabras, sino en los frutos de las buenas obras.

Amen.

+T.