jueves, 3 de enero de 2008

Novelorios


Hace unos años (1997?) me leí de una sentada (bueno, dos noches-madrugadas) el novelorio de Ken Follet "Los Pilares de la Tierra". Era a finales de Noviembre.

El novelorio no tiene calidad literaria, pero sí todo el "gancho" de un "best-seller", de ese género pensado para gustar a determinado público sin excluir a otro sino procurando incluir al mayor número posible de entre la galería de lectores posibles.

A mí me enganchó por el sitio (Inglaterra) la cronología (ca. 1150) la ambientación (monasterios, catedrales) personajes (un abad, monjes, señores feudales) historia (la sucesión de Enrique I y la ascenión al trono de Enrique II) y un punto que me rindió: Sale hasta Thomas Becket de mis manías y la escena de su martirio en Canterbury (de pasada, como "cebo", al relance...pero yo piqué).

Me leí el novelorio a gusto, muy a mi gusto: Dos madrugadas, te, copa y tabaco. Encantado. Después volví a releer alguno capítulos, y otros no volví a leerlos.

Incluso recomendaría el libro a quienes quieran hacerse una composición de lugar bastante válida para "reconocer" una época tan fascinante.

Claro que no lo hago porque el libro es falso:

Es una transposición con coartada de temas de hoy al ayer. Por ejemplo:

- Ninguna mujer del siglo XI-XII se hubiera comportado como las mujeres del novelorio de K. Follet. A esa tal Aliena la dota de perfiles, iniciativas y expectativas de una (imposible) chica moderna y liberada del siglo XX-XXI pero en las coordenadas (imposibles) de ca. 1150.

- El tema de histórico-serio-verdadero sirve de fondo como coartada para esa imposible heroína. El tema religioso que debería estar tan presente en una historia de abades, priores y abadías, se soslaya. Se escoge el más fácil de la arquitectura de fines del románico y despertar del gótico (bien tratado, por cierto), pero con aditamentos "al día".

- Todo el romance entre héroe-heroína es una petardada que como no cabe romántica se planea absurdamente pornográfica, casi pensando en guión de cine y escenita de picadero al trote galope (varias).

- El novelorio se complica con escenas, historias, y extravagantes aventuras que sobran y sobran y vuelven a sobrar. Cosa que tendría explicación si el novelorio bestsellero hubiera sido concebido como aquellos folletines por entregas publicados al día, que si no había entrega, el escritor no cobraba/no comía, caso que no es este. Sólo me lo explico si imagino que el tener milcientoypico páginas sea también una conditio sine qua non para un novelorio de kiosko de estación-aeropuerto-vip-cortinglés, que entonces ya sería exigencia de género, y se entiende.

Total, que Ken Follet acaba de sacar otro novelorio que es la continuación de "Los Pilares de la Tierra"; se llama "Un mundo sin fin" . Y me temo - no tengo ganas de leerlo, la verdad - que saque algún gay, una lesbiana, una familia monoparental, y que la Inglaterra de 1200-1300 se parezca sospechosamente a la de la Queen Elizabeth II, políticamente correcta.

Lo malo es que la gente leerá la novela y te preguntará, y habrá que opinar etc.
Así que adelanto mi opinión.

Ya está.
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P.s. Añado este post-scriptum porque acabo de enterarme que la cosa es peor: 1- En algunas librerías de consumo, abrieron a las 12 de la noche para vender el nuevo novelorio, con efectos de luz- sonido y tumulto estilo a cuando sale un HarryPotter_ 2- Ya hay libros sobre el libro explicando cómos y porquéses, como esos dvd's que vienen con los de la peli contándote la peli_3- En el nuevo novelorio sale una tal Caris que "sueña con ejercer de médico aun cuando la práctica de la medicina estaba prohibida a las mujeres" (horreur!!!). Es decir, que es un novelorio tremendo-degenerante in crescendo.

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miércoles, 2 de enero de 2008

Obispos al paredón...otra vez


La infame piara siniestra de los zpeses y su apestosa liga, está que trina con lo de la Fiesta de la Familia del pasado Domingo en Madrid.

Como ellos ya no juntan ni mil apestados de la siniestra para nada que convoquen, se les remueven las malas entrañas cuando ven lo que los Obispos pueden juntar con sólo mover la mitra.

El perpetuo perverso (estaba en Doñana señoriteandose unas Pascuas laicas, pero a cuerpo de rajá) ha echado por delante a los sicarios (dígase ministros). Pero para completar la infame turba de nocturnas aves, ha abierto el pico - nada más y nada menos - el heredero español de los de la hoz y el martillo, nieto político de la Pasionaria ( escupan fuera del blog, please) del Carrillo (el escupitajo fuera, por favor) y demás canalla de la Internacional (vómitos en la escupidera, les ruego).

Ese - Gaspar se llama el rojiverde - ha dicho, glosando el refrán, que "Cria obispos y te sacarán los ojos". Se lo ha dicho (muy estudiada la indirecta) al de la Moncloa (hasta esta mañana en Doñana), dándole un aviso (los masones lo hacen mucho) y de camino un palo en la cresta (también muy del estilo de los de las logias). Pero, ante todo, ha sido un golpe de espuela, como el que se le mete al potro en los hijares para que respìngue y se enerve y se arranque. O un puyazo de picador. O banderillas de fuego.

La cosa es que la bestia embista, y que embista fuerte, a muerte.

Yes. Esas tenemos.

Un político (de la izquierda) puede decir lo que quiera de quien quiera (siempre que no sean políticos de la izquierda los afectados por lo que diga).

Es la impunidad irresponsable bajo la manta de la "democracia".

Un obispo-un cura-un cristiano, no puede piar, decir mu, ni suspirar.
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Es lo que va de un Obispo cualquiera, al infame bocapodrida del comunista Llamazares. Verbigracia.
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¡ A ver quién es el sacaojos !
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Y no le salta los ojos a todo el episcopado y el clero español a golpes de hoz y martillo porque no puede (por el momento) ni le dejan (todavía). Pero conste que ganas tiene. Son los genes.

La mala teta, la mala lactancia, la mala crianza.
Porque en ese desecho marxista no cabe esperar conversión sobrenatural. No porque falte la Gracia, sino por la insuficiente y degenerada naturaleza.

¿Puede llamarse "demócrata" una clase política que desbarra así cuando unos Obispos se reunen con sus diocesanos para cosas de cristianos?
Incluso si los Obispos hablaran directamente de política, o estuvieran apoyando una iniciativa política cualquiera, ¿podría llamarse "demócrata" una clase política que reaccionara como esta?

Y mira que estaban a partir un piñón cuando los Obispos taranconeaban. No problem. Pero en cuanto se les chista un pelo, ¡ Obispos al paredón !
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Pues a ver si le echan bemoles...y a ver qué pasa.
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Por lo que a mí respecta: Adsum !!!

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lunes, 31 de diciembre de 2007

Te Deum quedito, pero Te Deum

El glorioso y tonante TeDeum de Marc Antoine de Charpentier comienza con una tamborrada, muy marcial, muy francesa, muy grand siécle. Sigue el precioso preludio a toda orquesta, trompas, trompetas, sacabuches, cuerda y percusión; si lo tocan con órgano y trompeta, resulta también espléndido.

Pero ni mi casa ni yo estamos estas semanas para tambores y espejos versallescos. Conque acompaño mi TeDeum con un Charpentier quedo, solista y charango, íntimo y recogidito:






De un Te Deum importa - es oración - la intención del orante y el Destinatario de la oración, que es Él. Y Él sabe por qué el Te Deum, y también por qué el "piano", sin tamborradas, ni cromatismo efectista a la francesa. Pero tan Te Deum, como si la Grande Ecurie et la Chambre du Roy tocaran la partitura de Charpentier en la Galérie des Glaces, con peluconas, chorreras de chantilly, y casacones de raso y tisú.

Al fin, aunque suene quedo, un Te Deum es un canto al único Dios, el Dios de la Vida que se hizo vida nuestra para darnos su Vida.

"...Fiat misericordia tua, Dómine, super nos,
quemádmodum esperávimus in Te...! "


Es costumbre piadosa que lucra indulgencia plenaria - con las condiciones acostumbradas - rezar el Te Deum el día de fin de año. Servidor lo reza, gracias a Dios. Como sé que hay píos que leen este blog, para ellos; como sé que hay impíos que lo leen también, por ellos.

Y si quieren rezarlo, ahí va:

Te Deum laudamus:te Dominum confitemur.
Te aeternum patrem,omnis terra veneratur.
Tibi omnes angeli,tibi caeli et universae potestates:

tibi cherubim et seraphim,incessabili voce proclamant:
"Sanctus, Sanctus, SanctusDominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt caeli et terramajestatis gloriae tuae."
Te gloriosus Apostolorum chorus,

te prophetarum laudabilis numerus,
te martyrum candidatus laudat exercitus.
Te per orbem terrarumsancta confitetur Ecclesia,

Patrem immensae maiestatis;
venerandum tuum verum et unicum Filium;
Sanctum quoque Paraclitum Spiritum.

Tu rex gloriae, Christe.
Tu Patris sempiternus es Filius.
Tu, ad liberandum suscepturus hominem,
non horruisti Virginis uterum.
Tu, devicto mortis aculeo,

aperuisti credentibus regna caelorum.
Tu ad dexteram Dei sedes,in gloria Patris.
Iudex crederis esse venturus.
Te ergo quaesumus, tuis famulis subveni,

quos pretioso sanguine redemisti.
Aeterna faccum sanctis tuis in gloria numerari.

Salvum fac populum tuum, Domine,
et benedic hereditati tuae.
Et rege eos,et extolle illos usque in aeternum.
Per singulos dies benedicimus te;

et laudamus nomen tuum in saeculum,
et in saeculum saeculi.
Dignare, Domine, die isto

sine peccato nos custodire.
Miserere nostri, Domine,miserere nostri.
Fiat misericordia tua, Domine, super nos,

quemadmodum speravimus in te.
In te, Domine, speravi:
non confundar in aeternum.


Amén

(Si no entienden el latín, no importa: Él si lo entiende)

+T.

domingo, 30 de diciembre de 2007

Revelación en la Familia

El dia de Navidad, la segunda lectura de la Misa del Día, es el exordio de la Carta a los Hebreos:

"Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo..." Hb, 1, 1-2

También durante estos días de la Octava de Navidad se lee en la Misa la 1ª Epístola de San Juan, que comienza con otros versículos igualmente clamorosos:
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"Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, - pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio..." Jn 1, 1-2

El mensaje es profundo, porque se está revelando el Misterio con la idea implícita que circula por los textos litúrgicos de la Navidad, como una variación sobre el tema principal de la Encarnación-Nacimiento: Que por la contemplación de Aquel que se ha hecho visible lleguemos al amor y comunión con lo invisible; que alcancemos a ser según la divinidad por Aquel que se ha hecho semejante a nosotros al asumir nuestra humanidad.

Las expresiones son neta Teología, puro lenguaje de la Patrología de los primeros siglos, un extracto precioso destilado de la Doctrina más netamente cristiana - lex orandi, lex credendi - .

El Domingo de la Infraoctava, cuando celebramos la fiesta litúrgica de la Sagrada Familia, se propone la Casa de Nazareth como modelo de la familia cristiana. Pero a la vez se expone a la contemplación esta Familia, que Dios (por Cristo/con Cristo/en Cristo) ha hecho su Familia, haciéndola parte sustancial de su Misterio.

De tal forma que, en traducción correspondiente, cabe la paráfrasis-glosa de proclamar que Dios se ha hecho Familia, y ha habitado entre nosotros (Jn 1, 14)

Y también que nos está hablando ahora, en estos tiempos últimos, por la Familia (Hb 1, 1-2)

E incluso que Aquel que existía ab aeterno, se mostró, se dejó ver y tocar en la Familia (1ª Jn 1, 1-2)


" ¡ Quántum potes, tántum áude !..." ???

...porque también es fruto de un Sacramento, y es grande (infinito?) el misterio de la familia desde que Dios reveló su Salvación en el Misterio de su Sagrada Familia.
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sábado, 29 de diciembre de 2007

Campeón de Dios


Fue sobre esta hora, cuando acababan de rezar las Vísperas de la Octava de Navidad, las sombras envolviendo las naves de la Catedral. Los monjes que habían asistido al oficio vesperal en el coro, temiendo un trágico final casi profetizado, corrieron a esconderse, dispersándose por el templo, emboscándose detrás de los pilares, tras los altares.

Thomas Becket volvía del Altar a la sacristía. Le acompañaba su fiel Juan de Salisbury, con la cruz episcopal alzada delante de su arzobispo. La poca gente que se atrevió aquella tarde a asistir a la Catedral, también se había dispersado pronto, demasiado pronto porque el pastor todavía no estaba herido.

Entraron tumultuosos, desafiantes, vociferantes: - "¿Dónde está el traidor?". Cuatro nobles de la más neta nobleza normanda, de la corte de Enrique de Plantagenet, sus vasallos incondicionales, con la solidez del súbdito feudal que prometía y servía al rey, hechos y jurados a su medida.

El rey, al fin, había clamado dejando una sentencia en el aire: - " ¡¿No habrá quién me libre de ese clérigo que me altera ?! " De la misma sala salieron los ejecutores, como furias, al galope por la Normandía, feroces sobre las olas que le llevaron por el paso de Calais a tierra inglesa. Cuando desembarcan, camino a Canterbury, a uña de caballo, les crecía el encono, sedientos de crímen y sangre.

Pero era sangre de un ungido, de un sacerdote, de un obispo, primado de Inglaterra, la que iban a derramar. Y en suelo sagrado. Y ante el Altar.

Los testigos contaron que Juan de Salisbury quiso pararlos con el asta de la Cruz, pero le derribaron. Y Thomas Becket, revestido de pontifical, ascendió las gradas del Altar. Y le clavaron la primera espada en el pecho, y cayó arrodillado, y el segundo golpe le atravesó la mitra aúrea, y cayo sobre la grada del altar, y los últimos golpes de espada fueron sobre su tonsura, y metieron las espadas en la cabeza abierta, y blasfemaron impias palabras contra el ungido, el pastor, el mártir.

Consumado el sacrílego magnicidio, salieron los criminales, y entró el pueblo, con paños y lienzos que empaparon la sangre de Thomas Becket, la sangre que ya consagraba martirialmente las viejas losas de su catedral.
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El martirio de Thomas Becket supuso una conmoción en la Europa plena del siglo XII. La Cristiandad no recordaba el caso de un rey cristiano alentando el asesinato de su Obispo. Al poco, Alejandro III, el Papa reinante, aprobaba el culto de Santo Tomás, convirtiéndose su sepulcro en la cripta del ábside de la Catedral de Canterbury en unos de los centros devocionales a los que peregrinarían multitudes de Inglaterrra, Francia y toda Europa. Su culto se extendió rápidamente, y la iconografía reprodujo en todos los materiales y formas desde la piedra al pergamino, desde el vitral al esmalte, desde el bordado al repujado, la escena del martirio de Santo Tomás de Canterbury, el gran Thomas Becket, campeón del honor de Dios frente a la arrogancia terrible del poder de los hombres.
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Era la tarde de un 29 de Diciembre, infraoctava de la Navidad del Señor, el año 1170.


+T.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Matar la inocencia


Lo de Belén es historia, historia sagrada; la más triste, quizá, de todas las escenas del Evangelio, como una sangrienta mecha entre los misterios de la Navidad de Cristo, un punto desgarrado entre el Pesebre, la Estrella y los Magos.
El 28 de Diciembre, el día de los Inocentes que antes se celebraba con inocentadas (con grado diverso desde la "simpática" a la "desagradable" pasando por la "maleducada" o la "pesada", según quién y cómo), hoy ya no se dan apenas bromas.
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Pero la ocasión sigue siendo significativa, ahora más cercana a la memoria de la matanza de los Inocentes de Belén por la masacre perversa que las legislaciones "progresistas" reconocen, amparan, y promueven bajo el falso y pervertido concepto de "derecho" de la mujer (nunca estuvo tan envilecida la mujer).

Hoy, en algunos sitios, alguna gente con una conciencia distinta a la de los que propician y sostienen esas aberrantes leyes, saldrán a la calle y protestarán, clamando por los inocentes de cada dia (siempre es 28D?). Pero las mayorías mirarán a estas minorias pro-vida como extraños, extravagantes, incluso como "enemigos", casi siempre con la consideración de "ultras", "integristas", o "fundamentalistas" (conceptos que deberían estar inseparable y positivamente vinculados al de "vida").

Pero, para llegar a esta situación, para "tolerar" y disimular la matanza diaria de inocentes, antes se ha matado la inocencia.

Ayer aparecían en prensa unas declaraciones del obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, que han "escandalizado". Es el hipócrita escándalo farisáico, ese que repugna falsamente a quienes están al tanto de lo que se denuncia, pero no se quieren enterar. Es más: Los que están detrás del caso, los que por acción u omisión son sus responsables, pero se horrorizan si se cuenta, y claman contra quien pone el dedo en la llaga.

Don Bernardo, desde Tenerife, a propósito del tema de los "abusos sexuales" comentaba que


- "...Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece. "


¿No es verdad? ¿No hay niños que en una temporada se revelan extraños adolescentes, con toda esa carga prematuramente de-formada por los medios, por lo que ven, por lo que oyen, por lo que presencian, y hasta por lo que se les enseña?

Son víctimas. Se les ha matado la inocencia, eso que hace niño a los niños, y que cuando se pierde nos tiñe de mundo, nos impresiona y marca maliciosamente, clausurando el tiempo de la infancia con una sórdida huella.

Hoy también es su día, tan triste. Después, estos niños con la inocencia asesinada serán los que entiendan como un "derecho" atentar contra la vida concebida y no nacida, y causarán más muertes de más inocentes. Hoy víctimas, mañana criminales.


¿Siempre es/será 28 de Diciembre?


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lunes, 24 de diciembre de 2007

La Visitadora


Era en Belén y era Nochebuena la noche.
Apenas si la puerta crujiera cuando entrara.
Era una mujer seca, harapienta y oscura
con la frente de arrugas y la espalda curvada.

Venía sucia de barros, de polvo de caminos,
la iluminó la luna y no tenía sombra.
Tembló María al verla; la mula no, ni el buey
rumiando paja y heno igual que si tal cosa.

Tenía los cabellos largos, color ceniza,
color de mucho tiempo, color de viento antiguo;
en sus ojos se abría la primera mirada
y cada paso era tan lento como un siglo.

Temió María al verla acercarse a la cuna.
En sus manos de tierra ¡oh Dios! ¿qué llevaría...?
Se dobló sobre el Niño, lloró infinitamente
y le ofreció la cosa que llevaba escondida.

La Virgen, asombrada, la vio al fin levantarse.
¡Era una mujer bella, esbelta y luminosa!
El Niño la miraba, también la mula, el buey
mirábala y rumiaba igual que si tal cosa.

Era Belén y era Nochebuena la noche.
Apenas si la puerta crujió cuando se iba.
María, al conocerla, gritó y la llamó: " ¡Madre! "
Eva miró a la Virgen y la llamó: " ¡Bendita! "

¡Qué clamor, qué alborozo por la piedra y la estrella!
Afuera aun era pura, dura la nieve fría.
Dentro, al fín, Dios dormido, sonreía teniendo
entre sus dedos niños la manzana mordida.


Gn 3, 6-15.

Antonio Murciano
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Es uno de los poemas de Navidad que más me emocionan; me hubiera gustado escribirlo yo. Es de Antonio Murciano, uno de los mejores poetas españoles vivos, con su hermano Carlos. Tienen la gracia del verso y la rima, y de expresar con sentido, sin disfrazar el no poder/no saber con pseudo-poesía.

El poema es quasi-teológico, un auto sacro de Navidad condensado.

Y con la verdad que intuye cuánto que no sabemos se incluye en el Misterio.

Hodie pro nobis natus est, venite adoremus!

+T.

sábado, 22 de diciembre de 2007

A coger lentisco

Antes de las nueve, ya estábamos lavados y vestidos; en el lavabo del aseo grande, tan frío, con jabón y agua fría, el vaho del aliento empañando el espejo. Como la neblina que hacía en el patio, y en la calle, con escarcha de Diciembre en los cristales, casi repitiendo los encajes de los visillos en el cristal de las ventanas.

En el comedor estaba encendido el brasero, que habían empalmado poniendo cisco nuevo a los rescoldos de la noche antes. Sentarse a desayunar en la camilla redonda, y taparse con la falda de franela, y tomar la leche caliente, con un poco de café, y las rebanadas de pan frito y azúcar, y las tostadas con manteca, y algún alfajorillo, y el agua fría de la jarra; todo el ritual de la mañana que se hace hogar, que huele a casa.

Sobre las diez, llegaba el tio Enriquito, dispuesto para la excursión, la más expectada del año. Traía en el morralillo de cuero un hacha corta, unas tenazas de podar, dos machetes, y un par de azoletas. Los niños llevábamos una cantimplora de aluminio, con el culo abollado, con las iniciales de abuelo Pepe, que la tenía para las cacerías. En una esportilla de pleita, nos metían unas madalenas; de camino cogeríamos naranjas en alguno de los huertos, y también algún palmito.

Todavía no había levantado la niebla; en las cunetas, los zarzales estaban envueltos en bruma. Todos íbamos con los abrigos cortos, con las bufandas, y el tio Enrique llevaba su gorra verde de cazador; no se había traído la escopeta porque le daba miedo llevarla con los chiquillos. Pero estaba pendiente cuando volaba un zorzal, y apuntaba con el bastón de caña, y remedaba un tiro, y saltábamos: - "Le ha dao, le ha dao, le ha dao..!!!".

- "¡Mira, un conejo!! Y era verdad, un conejo; y un poco más allá una liebre. Alguna vez vimos un hurón, fino y casi rubio de pelo. El tio Enrique lo veía todo, y lo enseñaba. Sabía ver y escoger los espárragos en la esparraguera, y también los gurumelos, cuando era el tiempo, y siempre que salía al campo traía algo para la cocina.

Los niños queríamos ver un jabalí, pero el tito decía que era un bicho peligroso, que embestía, y que por allí no había, que estaban en el monte, que cuando fuéramos mayores ya nos llevaría a alguna montería, para que vieramos venados y jabalíes, como los de los colmillos que estaban en la cuadra, grandes como las cabezas que había en el Casino.

Parábamos en algun claro, cerca del Arroyo Hondo, o arriba de la huerta del Armito, o por la Loma de las Vacas. Las matas de lentisco eran grandes y frondosas, mojadas todavía por la escarcha, con las bolitas coloradas entre las hojas verdes, unas más oscuras, otras más claras. Rezumaban olor cuando se cortaban, y las manos se pegaban con la resina; el romero olía distinto que en verano, más vegetal, menos penetrante; pero el tomillo estaba fresco, rico de olor, y el cantueso. Había que tener cuidado con las ahulagas, que pinchaban y arañaban las piernas.


Las pitas se arrancaban con la azoleta, escarbando al pié; se escogían las más chicas, para que estuvieran en proporción con las figuritas; y tambien cuatro o cinco medianas, para ponerlas en el rincón, y en las puntas del tablero.

Los musguitos eran más delicados, y había que saberlos desprender sin que se desmoronasen, y sin mojarse, porque algunos estaban al filo del arrollo, y las piedras resbalaban.

Si subíamos por el caminillo de la Tejonera, cerca de la Fuente Vieja había madroños, y también arrayanes. De los chaparros se cortaban unas cuantas ramas recias, con las hojitas espinando; y unas retamas largas, para rellenar el fondo.
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Al final se amarraba todo en tres o cuatro haces, y nos sentábamos a comer las madalenas; llenábamos la cantimplora en el arroyo, y el agua estaba dulce. Las naranjas se pelaban con las manos, que olían luego todo el dia, aunque te las lavaras. Y volvíamos por el camino de detrás del Cementerio, y entrábamos en la ermita, a rezarle a la Soledad y al Cristo de la Agonía.

Para la hora de almorzar, ya estábamos en casa. Y mis tias, con mis hermanas, habían bajado del soberao el cajón con las figuras del Nacimiento, y ya tenían montados en el estrado los caballetes con los tableros, y la tela del faldoncillo prendida, y preparado un cubo con serrín y otro más chico con tierra húmeda del arreate; y los corchos metidos en sus sacos, debajo de los tableros, a punto para montarlos.

En una esquina de la sala estaba el portal, de corcho y escayola; y sobre el velador de mármol, los Reyes con los camellos y los pajes, todavía envueltos en papeles; y la Virgen y el San José y el Niño estaban en la cocina, porque mi tia los limpiaba con clara de huevo, para que les quedara brillo.

Mi hermana chica jugaba haciendo piaritas con los borreguitos, y los cochinitos, y las cabritas, y los pavitos; a la hora de ponerlos, cogería un berrinche, y después se pasaba el día quitando y poniendo ovejitas y pavos del Nacimiento.

Por la tarde, cuando volvía mi padre, ya estaba el Nacimiento acabado, y mamá sacaba los primeros mantecados. La casa olía a pestiños, a miel y matalahúga, desde que se entraba al zaguán, y hasta en la calle.
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Nos daban las panderetas, y cantábamos el primer villancico

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