martes, 10 de mayo de 2016

El centro del Maestro Ávila

 


Esta mañana, a un cura amigo que me felicitaba la fiesta del Patrón con una cita, le escribí: "-...Sabes? Algunas veces, cuando leo a San Juan de Ávila me da miedo...algo así como un reverente temor sacerdotal..."

Ese miedo a las palabras (¡las verdades!) del Maestro Ávila no es nuevo, pues lo siento desde las primeras veces que leí sus sermones, sus meditaciones, sus tratados, sus cartas. Cosas, por ejemplo, como esta:

"...Entre todas las obras que la divina Majestad obra en la Iglesia por ministerio de los hombres, la que tiene el primado de excelencia, y obligación de mayor agradecimiento y estima, es el oficio sacerdotal; por el ministerio del cual el pan y el vino se convierten en cuerpo y sangre de Jesucristo Nuestro Señor, y su divina persona está por presencia real (...)

Y no se tengan por afrentados los hombres terrenales, bajos o altos, cuyo poder es en cuerpos o en cosas corporales, en ser excedidos de los sacerdotes de Dios, cuyo poder es en las almas, abriéndoles o cerrándoles el cielo, y lo que es más, teniendo poder sobre el mismo Dios, para traerlo al altar y a sus manos; pues que los ángeles del cielo, aunque sean los más altos serafines, reconocen esta ventaja a los hombres de la tierra ordenados en sacerdotes; y confiesan que ellos, con ser más altos en naturaleza, y bienaventurados con la vista de Dios, no tienen poder para consagrar a Dios, como el pobre sacerdote lo tiene.

(pero los Ángeles) No tienen envidia de esto, porque están llenos de verdadera caridad; y, viendo en las manos de un sacerdote al mismo Hijo de Dios a quien ellos en el cielo adoran y con profunda humildad le alaban con mucho temblor, admíranse sobremanera de la divina bondad, que tanto se extiende, y gozándose mucho de la felicidad de los sacerdotes, y una y muchas veces, con entrañable deseo, les dicen: Benedicite, Sacerdotes Domini, Dominum; laudate et superexaltate eum in saecula; y de verlos tan honrados de Dios, hónranlos ellos, y oyen con temblor las santas palabras que de la boca del sacerdote salen; y adoran a su mismo Rey y Señor en las manos del sacerdote, como una y muchas veces lo adoraron en los brazos de la Sagrada Virgen María (...) Oh bondad grande suya, que así engrandece a los sacerdotes, que los levanta del polvo y estiércol, y les da poder no sólo como a los príncipes de su pueblo, más aún: que puedan lo que ellos no pueden!..."


San Juan de Ávila, Tratado del Sacerdocio.

Lees textos como este y, de pronto, te encuentras enfrentado al misterio de ti mismo con Cristo en el centro. Y Cristo al principio, porque te escogió, te llamó, te consagró. Y Cristo al final, porque te examinará, te juzgará, te remunerará. Todo en modo sacerdotal, siendo el sacerdocio el sello que me marca cristológicamente (y me estremezco al escribirlo).

En el Doctor de la Iglesia San Juan de Ávila, la referencia sacerdotal es Cristo-centro, Cristo eje, Cristo única atracción, único destino, puerto de salida y meta de llegada. No hay periferias.

Las periferias han sido el perdedero de tantas vocaciones dubitantes, de tantas crisis de identidad sacerdotal que se han extraviado, confundido y disuelto en las periferias. Tantas periferias, todas distrayendo a los sacerdotes de su centro, de su eje sacerdotal, que es sólo Cristo.

Y la centralidad de ese Centro es sacerdotal-sacramental-eucarístico.

También eso me da miedo, que estemos en tiempo de promoción de periferias.

También me estremece que se conjugue tanto, y por tantos sitios, 'descentralizar'.

Con la lección del Maestro Ávila emocionándome con temor y temblor, mi invocación a Cristo, por sus sacerdotes: Cor Iesu, Rex et Centrum ómnium sacerdotum cordium, sanctífica, miserere nobis !!!


+T.

5 comentarios:

Curro Estévez dijo...

Don Terzio: Un sacerdote, párroco, a quien cité a San Juan de Ávila, me cortó en seco diciendo que ahora se requiere "otro modelo de sacerdotes".
O sea, de película de terror.

Josefina dijo...

Feliz santo. Y más "feliz eleción de Nuestro Señor a Usted para el sacerdocio", después de haber leído esto y comprobar una vez más que no irá a la periferia, sino que seguirá con la Gracia de Dios en el centro.

ELIAS dijo...

Muy estimado Reverendo: Me ha encantado este artículo. Ojalá lo leyeran todos los sacerdotes, sobre todo algunos en los que el cargo se les ha subido a la cabeza o a aquellos que van por otros caminos... Usted siga como va, que con sólo leer éstos escritos suyos, hacen mucho bien a las almas. Un abrazo en Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

Anónimo dijo...

Siempre de este Santo me ha llamado la atención el episodio de la conversión de San Juan de Dios.
¡Qué diferencia entre el Santo y las homilías peña que dicen vaguedades o buscan las periferias coj el resultado de la somnolencia generalizada!

Santi

Anónimo dijo...



GOZOS A LA SANTÍSIMA TRINIDAD


Dios Uno y Trino,

A quien tanto

Arcángeles, Querubines,

Ángeles y Serafines,

Dicen Santo, Santo, Santo.

A vuestra inmensa Deidad

Indivisa tres Personas,

Clamamos, pues nos perdonas

Nuestra miseria y maldad;

Por esta benignidad,

En tu misterioso canto,

Ángeles y Serafines, etc.

Interminable Bondad,

Suma Esencia Soberana,

De donde el bien nos dimana,

Santísima Trinidad;

Pues tu Divina piedad

Pone fin a nuestro llanto,

Ángeles y Serafines, etc.

El trisagio, que Isaías

Escribió con grande celo,

Le oyó cantar en el Cielo

A angélicas Jerarquías,

Para que a sus melodías

Repita nuestra voz, cuanto

Ángeles y Serafines, etc.

Este Trisagio Sagrado,

Voz del Coro Celestial,

Contra el poder infernal

La Iglesia le ha celebrado;

Con este elogio ensalzado,

Que en fe, amor y adelanto,

Ángeles y Serafines, etc.

De la subitánea muerte,

Del rayo y de la centella,

Libra este trisagio y sella

A quien le reza: y advierte,

Que por esta feliz suerte

En este mar de quebranto

Ángeles y Serafines, etc.

Es el iris que en el mar,

En la tierra y en el fuego

En el aire, ostenta luego

Que nos quiere libertar;

Por favor tan singular

De este prodigio y encanto

Ángeles y Serafines, etc.

En escudo Soberano

De la Divina Justicia,

Y de la infernal malicia

Triunfa devoto el cristiano;

Y como el demonio ufano

Huye de terror y espanto,

Ángeles y Serafines, etc.

En vuestra bondad me fundo,

Señor Dios, fuente inmortal,

Que en el Coro Celestial

Cantaré este himno yucundo;

Pues en los riesgos del mundo

Me cubrís con vuestro manto;

Ángeles y Serafines,

Dicen Santo, Santo, Santo.

Dios Uno y Trino,

A quien tanto

Arcángeles, Querubines,

Ángeles y Serafines,

Dicen Santo, Santo, Santo.



Bendita y alabada sea la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo; el Santísimo Sacramento del Altar, y la Purísima Concepción de María Santísima Señora Nuestra, concebida sin mancha de pecado original, en el primer instante de su Ser natural. Amén.

https://radiocristiandad.wordpress.com/2016/05/22/gozos-a-la-santisima-trinidad/