jueves, 14 de febrero de 2013

Nosotros nos lamentamos, ellos hacen bromas

La foto habla y conmueve, sin palabras, elocuente escena entre patética y emotiva. Pero es real, así se está viviendo, lo están viviendo los cercanos, los que entienden un poco más y puede que tengan más referencias, o, simplemente, más afecto, el mismo que se les desborda en lágrimas y estremecidos sollozos. No es para menos. El ceremoniero Mons. Guido Marini, tan discreto, indica, suplica, contención, la que él mismo demuestra, impasible el ademán, con la procesión por dentro. Era - lo sabían - la última vez que colocaban la sede de Benedicto XVIº ante el Altar de la Confesión, bajo el baldaquino de Bernini y la cúpula del Michelángelo.

El ambiente cargado se completaba con la liturgia de la feria IV Cinerum, y su terrible admonición 'Memento, homo, quia pulvis es, et in púlverem revertéris', tan parecida a aquella otra que le decían, ritualmente, al Papa durante la procesión del día de su coronación 'Sancte Pater, sic transit gloria mundi!', mientras le enseñaban un puñado de lino ardiendo en la punta de una caña. Pero todo aquello pasó, la tiara, la sedia, el ritual majestuoso. Ahora también parece que desaparece la perennidad del ministerio papal usque ad mortem. Y por eso lloraban ayer los ceremonieros del Vaticano.

Aquí, sin embargo, es como si todavía durara el carnaval, porque la gente parece exultante, entusiasmada, aplaude y vitorea. Incluso quien menos te esperas hace ya bromas sobre el futuro cónclave:

Cardenal Amigo Vallejo: - ''No seré Papa, he hablado con el Espíritu Santo y hemos llegado a este acuerdo''

Esta mañana le recordé a un compadre descuidado que la blasfemia contra el Espíritu Santo es imperdonable. De la pena que tenga la broma sobre el Espíritu Santo (con agravante de persona, publicidad y circunstancias) no sé, no conozco el particular. Pero me resulta una ligereza muy desagradable, impropia, chocante, por quien lo decía, por el tema, por el momento. A personalidades de cierta altura, en ciertas circunstancias, se les presume una gravedad concorde con su dignidad y eminencia. Si lo califico, por lo menos, de lamentable, no exagero.

Aunque a algunos, probablemente, les parezca exorbitado.


+T.

Júbilo indiscreto, regocijo absurdo



El cardenal José Policarpo, arzobispo-patriarca de Lisboa, es un no-brillante prelado que ha dado más de un campanazo; uno de los más sonados y escandalosos fue cuando comentó que la ordenación de féminas era un asunto abierto, con posibilidades de futuro. Ahora, el brillante prelado lisboeta vuelve a batir su bronce hueco, a propósito de la renuncia del Benedicto XVI, con este comentario:

El acto de renuncia de Benedicto XVI rompe el 'tabú' de que el Papa es inamovible

El término 'tabú' fue (y sigue siendo) una palabra comodín muy usada en el discurso de los vanguardistas post-conciliares, teólogos, moralistas, pastoralistas, liturgistas. La exótica palabra polinesia apareció originalmente en textos de fenomenología  y antropología de la religión, y después se acomodó impropiamente en textos de toda clase, con un valor e intención casi siempre peyorativo y descalificativo, tal y como lo usa el cardenal Policarpo.

El tono con que lo dice es, también, eufórico, una especie de exclamación victoriosa, como un ¡por fín! que expresara un arraigado anhelo por muchos ansiado y en todos sitios esperado. Por lo menos, esa es la impresión, entiendo.

Lo que sigo sin entender es el regocijo que la renuncia del Papa ha provocado en tanta gente. Ayer me sorprendieron con la ocurrencia de una hermandad-archicofradía; me proponían organizar un Te Deum la tarde del 28, en 'acción de gracias' por Benedicto XVI. Discretamente, he rehusado; gracias a Dios tenía en mi agenda unas predicaciones fuera de la ciudad, conque me resultaba imposible poder estar en el tedeum (que he desaconsejado).

Rezar es necesario, sí, muy especialmente en estas circunstancias penosas y extrañas. Hace seis siglos que un Papa no renuncia, y esta es la primera vez que se hace con una determinación semejante. El hecho no es feliz, no son días de júbilo los que vive la Iglesia.

Sentir con Benedicto XVI, débil y anciano, no significa alegrarse por lo que ha hecho.

El semblante de Mons. Georg Ganswein en la Misa de Cenizas (¡memento homo!)  en San Pedro serviría muy bien para ilustrar lo que digo (el del propio Benedicto, también):




+T.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Divagaciones sobre el retiro del renunciante, S.S. B16


A veces tengo la impresión de que la Iglesia Católica de los católicos obsequiosos es como un plató de tv de esos en los que se televisan programas en los que el regidor señala/ordena al público asistente cuándo tienen que aplaudir, cuándo tienen que callar, cuándo tienen que reir. Por lo visto, a la mayoria católica a-crítica obediente le han mandado aplaudir y bendecir a Benedicto. Y están entusiasmados con la renuncia del Papa, como si les hubiera tocado un premio. Como si vivieran el momento perfecto de la iglesia perfecta.

Una de las aberraciones más notables del post-concilio fue imponer las modernidades conciliares a golpe de antigua obediencia 'perinde ac cadáver'. Fue así como se impuso todo, desde la liturgia revolucionada a las tendencias innovacionistas y las iniciativas pan-aperturistas. Lo patético fue que se logró, que se consiguió que los timoratos obedientes hicieran lo que dictaban los despóticos revolucionarios. Actualmente, con variantes, sucede lo mismo.

Yo discuto que, a estas alturas y con todo lo sucedido, se entienda que bondad sea igual que necia obediencia, no acepto el silogismo de que el bueno es el obediente ciego. Insisto firmemente porque me es evidente que hay un error de principio y cuestiono que lo que se manda sea bueno. También me resisto a la dictadura del mal menor, otro paradigma que suele estar en juego habitualmente.

Que el Papa renuncie, no es bueno. Aunque tenga razones, a pesar de ellas. El ministerio singular del Papa no se puede sujetar a los modos y maneras del mundo. Si lo hace, como lo está haciendo, el resultado es el error de interpretación con la consiguiente errónea apreciación que hace la gente, el vulgo católico y la plebe pagana, que es, más o menos, de este tenor: Si el Papa dimite porque está viejo y enfermo, como cualquier hombre, es que el Papa es como cualquiera, y, de hecho, se comporta como un hombre cualquiera, que se merece y tiene derecho a su descanso; siendo, como es, un anciano cansado, es muy humano garantizarle resposo y cuidados, como a otro enfermo cualquiera. El problema es que no lo es, que no es un hombre cualquiera, ni se debería esperar de él que se comportara como otro anciano cualquiera. El triple exámen del "...'Simón, hijo de Jonás, ¿me amas...me amas más que estos?..." (Jn 21, 15-19) no es un Evangelio fácil de vivir y protagonizar, pero el ministerio único del Sucesor de Pedro lo exige, lo requiere. Dejar el ministerio (con su gracia aneja) podría suponer (o entenderse como) el desprecio del ministerio (y de su gracia). También su desvalorización.

Puedo explicarme que no haya sido imprevisto, admitir, incluso, que estuviera en la intención del Cardenal Ratzinger que aceptó ser (que quiso ser) Benedicto XVI; pero, entonces, pienso que no debería haber asumido tal elección para tal ministerio, ya que sus predecesores no lo hicieron con esa salvedad implícita (si la hubiera habido).

En la rica simbología de la eclesiología antigua se insistía en el desposorio del obispo con su iglesia, su diócesis. En el caso del Pontificado Romano, la acentuación del vínculo era más grave y profunda porque su ministerio lo enlaza con la Iglesia Universal. ¿Puede, según ese concepto, disolverse el vínculo que ata al Obispo de la Urbe con todo el Orbe? ¿Dispensa la debilidad física de la obligación moral y espiritual? ¿Se puede hacer bajo consideraciones como las expuestas por el Papa Benedicto?

Si se pudiera hacer sin más, otros los habrían hecho antes. La excepción histórica que se enseña, única, parece confirmar la regla, aunque el código vea y prevea. Pero, más allá del caso canónico regulado en un cánon del códex, el asunto implica cuestiones tan graves y excepcionales que opino que es aberrante asumirlo con normalidad impasible y obsequioso contento.

Por eso no aplaudo. Ni me río. Al contrario, me entristezco por la Iglesia, por el Papa, por los católicos ensayados que tocan palmas. Y por los católicos conscientes (no digo perfectos, recalco) que sufrimos una decepción más. Muy dolorosa.

Uno de los comentaristas del articulete anterior ha escrito que la renuncia de Benedicto XVI le ha recordado la escena de la deposición de la tiara de Pablo VI. A mí también; ayer tuve una imagen y otra superpuestas, como si se hubiera consumado un acto más en la devaluación premeditada del Papado.

Es obvio que Benedicto XVI, aunque haya actuado con recta intención, deja esta hipoteca (otra más) a su sucesor.

Oremus et ad invicem


+T.

lunes, 11 de febrero de 2013

Confirmado: Es otro 'gran rifiuto'

Espero que esta renuncia no tenga las consecuencias de aquella otra, aunque sea de temer que sobrevenga - antes o después - una situación de cataclismo general, como cuando entonces. De hecho  (lo reconozcan los pazguato-católicos del 'estamosencantados' o no) esta renuncia deja patente la debilidad personal de Benedicto XVI, y trasluce la debilidad general de la Iglesia Católica, menos reconocible/identificable con su propio ser histórico a partir de ahora. Porque la renuncia de Benedicto XVI es más grave y lesiva que la del débil Celestino V. El final del siglo XIII no es igual que la primera década del siglo XXI; habrá que recordárselo machaconamente a los ilusos.

Hace año y medio, cuando se rumoreó insistentemente sobre la intención de Benedicto XVI, publiqué en Ex Orbe este articulete:

Otro gran rifiuto ??? (sobre una supuesta renuncia 'por edad' del Papa)

 
Mantengo la reflexión y lo dicho. Pero lamento que la sospecha se haya consumado, tan sorpresivamente.
 
Las preguntas, hoy, surgen irreprimibles, cargadas de malos presagios. ¿Porqué ahora, en mitad de su 'año de la fe', convocado y proclamado por él mismo? ¿Así celebra los grandes faustos conmemorativos del medio siglo del Vaticano IIº?
 
También me pregunto si lo del vatileaks habrá tenido algo que ver. Y también si la enorme crisis de la Iglesia en Alemania y Austria, con recientes palabras y hechos desconcertantes, ha pesado sobre la voluntad del Papa Ratzinger.
 
¿Por qué en Febrero-Marzo, meses antes de la muy publicitada jmj brasileña? ¿Por qué en mitad de curso, en plena Cuaresma? ¿Por qué la reciente reestructuración de la Casa Pontificia, con nombramientos que se preveían 'de blindaje'?
 
En fin, son tantas preguntas, tantos flecos, muchos interrogantes sobre un acto que daña gravemente a la Iglesia, dejándola tan debilitada como se confiesa estar débil el sorprendente Benedicto XVI.
 
A estas alturas, bajo la impresión de este golpe, confieso que la entereza firme del anciano, herido y enfermo, Juan Pablo II sí se me aparece grande, magna. Y Benedicto se me empequeñece como un pergamino reseco, arrugado, ajado.
 
Esta mañana, al poco de conocer la triste noticia, he rezado el 'Sancta María succurre míseris, iuva pusillanimes, réfove flébiles...'
 
Entre los míseros, me ponía yo mismo; entre los pusilánimes, a Benedicto.
 
Y a todos los católicos entre los flébiles, hoy especialmente.

Sancta María, succurre míseris,
iuva pusillanimes, réfove flébiles,
ora pro pópulo, interveni pro clero,
intercede pro devoto femíneo sexu:
sentiant omnes tuum iuvamen,
quicumque celebrant tuam sanctam commemorationem.

Amen
 
 
+T.
Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿adónde vas?». Jesús le respondió: «A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás».  Pedro le preguntó: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti». Jesús le respondió: «¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces».
Jn 13, 36-38
El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios

Lc 9, 57

Benedicto XVI anuncia que renuncia

 
 
 
 

Neo-monjas guitarreras-copleras


Antes, cuando una se metía monja, dejaba atrás el mundo y entraba en la clausura, mundo interior. Ahora es al revés: Las nenas neo-monjas entran en el convento con su mundo encima, e introducen su mundo en la clausura, instalándose con su mundo exterior, que invade y se impone dentro del convento. Las monjas viejas, cansadas de bregar, se dejan llevar y asumen encantadas las alegrías mitigadoras de las chicas nuevas que, al poco de entrar, en cuanto llegan, ya tienen ideas, proyectos. Y graban un disco.

Como estas carmelas de Valladolid, muy lanzadas. Al final, son monjas, y por mucho que guitarreen y le den al bongo y a los palos rítmicos, lo que canturrean es una empalagosa cantata monjil pop-kikera. Esa es otra: El tufo del kikerío se nota tela, tela. También lo han metido en el claustro, con todo su efecto (que lo tiene),

Dicen que resultan bien, que se adaptan mejor que las africanas y las hindúes porque el venir con el idioma solucinado ayuda mucho. Y también como traen la impronta neocatecumenal y manejan la Biblia y cantan y guitarrean, todo eso les facilita el tránsito de la calle al claustro. Aunque, como ya dije, lo que traen de fuera lo meten dentro, con ellas, como si de una dote se tratara: Enriquecen al convento con sus kikerías, sus copletas y sus guitarritas, es decir. Esa es su aportación.

Al poco, en muchos sitios, se recortan los hábitos, se quitan las tocas, se achican el velo, y se transforman en monjas de medio hábito. Conozco a unas carmelas de un convento que fundo Stª Teresa que ya no hacen cilicios ni disciplinas de cáñamo, porque están demodées, ya no se estila la mortificación penitencial. Llegó una monja foránea con ideas y, al poco de arribar y ser elegida superiora, recortó hábitos, reformó tocas, y cerró la fábrica de cilicios (un negocio nada boyante, no nos engañemos, con poca demanda porque la fe mengua y la penitencia se volatiliza, y - también - porque un cilicio y un flagelo de cordel son para toda la vida, duran la mar - doy fe - y entre una cosa y otra y las pocas ganas de la superiora susodicha, finiquitó la empresa). Ahora que están pidiendo porque se les cae el convento, yo no les pienso dar un duro. Si volvieran a la manufactura de las disciplinas, me ablandarían la voluntad. Pero si no, nones.

Volviendo a las carmelas kikas-copleras de Valladolid, esta es su web, para el que quiera empalagarse un rato. Tienen videos, fotos, cosas...Muy propio todo. Y algunas cosas raras, algunos detalles, algunas imprecisiones, algunas cosas que dicen (o que cantan). Si hubiera Santa Inquisición (¡¡ay!!) seguro que las examinan, las llevan al tribunal y ya se aclararían las cosas esas que suenan mal. Hay material para inquirir, créanme.

Resumiendo, yo diría que estamos ante una variante de lo de la nenas de Lerma (aquellas que empezaron clarisas, se quedaron con los conventos de las clarisas y terminaron fundando una novedad con hábitos vaqueros y tal). ¿En qué parará todo esto? ¡Yo qué sé!  Pero si sé que las clausuras conventuales no son - cincuenta años después de aquel mejorable V2º - ni sombra de lo que fueron.

Y no son mejores que lo que fueron.

n.b. Las de la foto son carmelitas descalzas de rigor, no guitarreras.


+T.