domingo, 30 de septiembre de 2007

De Hierónimo, el León de Belén


Le tengo especial simpatía al Santo de hoy. Hay días con Santos y dias de un Santo, que son los dominantes del Santoral. Por gracia de Dios, supongo, destacan; y no es novedad: Los auténticos, protagonizan su día desde hace siglos, sin competencia. San Jerónimo, además, no admite competencia, y pocos se atreverían a competirle.
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Alguna vez he escrito que el león que le acompaña en su iconografía y es figura en el blasón de los jerónimos, describe, más bien, el carácter del propio Santo. En la leyenda, es de esos leones feroces que se vuelven mansos al topar con el Santo eremita del desierto. Entonces había desiertos, eremitas, leones y Santos de una pieza, 100% naturales-sobrenaturales ; y los desiertos eran eremos, los eremitas ascetas, los ascetas Santos...y con leones-leones (también cuervos: Los cuervos también salen mucho en las historias de los Santos de entonces).

San Jerónimo empezó la suya, su historia, en Dalmacia (que aunque estaba donde hoy está Croacia no era Croacia, si me explico); después hizo carrera en Roma y se colocó de secretario del Papa San Dámaso (que era de Hispania, pero no español, si me explico). Formaron un excelente equipo en la Roma post-persecuciones; el Papa Dámaso escribía bellos epitafios para las tumbas de los Mártires, y Jerónimo se incardinaba hondo y firme en Roma.

Allí, además de ser secretario papal, predicó bastante y hasta dió clases a una élite de beatas de las que destacaron dos: Paula y su hija Eustoquio. Como ya no había persecuciones y al Santo (bueno, santo en construcción, más bien) le atraían los leones y ya no echaban a los crisitianos a los leones, se fué al Oriente donde sí había todavía leones (hoy ya no hay leones, pero sí hay hamás, al-qaedas, sionistas, yanquis y otras feroces alimañas, más que los leones). Pero el Medio Oriente atraía a Jerónimo por algo más que los leones: Era por Él.

Y Jerónimo se fué al principio, "ad cunas", a Belén, donde se hizo una especie de leonera en una gruta que dicen que estaba junto a la del Pesebre. Allí (ya con león acompañante) se puso a traducir al latín desde los originales hebreos y griegos los Sagrados Textos del Antiguo y el Nuevo Testamento; griego sabía, hebreo tuvo que aprender, y aprendió muy bien (le enseñaron doctos rabinos). Aplicado y docto, finalmente logró la magnífica versión que se llama Biblia Vulgata, tan querida por la Iglesia Católica.

Como un león, Jerónimo desde Belén era una fiera. Se metió en todas las controversias doctrinales de la época. Intervenía él, y la armaba; diatribaba, rebatía, argüía, insultaba y rugía a los herejes hasta acoquinarlos; arremetía contra todo quisque, y no había quisque que se le arrimara, al fiera, al tremendo, al leonino Jerónimo.

Pero cuentan que la fiera de Belén, era un ternazo en el fondo; como un cardo borriquero de espina dura por fuera y cogollito dulce en el corazón. Cuentan que se pasaba las noches flagelándose las magras carnes, ya viejas; cuentan que tuvo tentaciones fuertes, muy fuertes; y cuentan que cuando eran más recias se cascaba el pecho con una piedra, el muy bruto, el muy fiera, el leonazo de Jerónimo (ya casi, casi "San" Jerónimo).

Como estaba en Belén, como rezaba y se apedreaba cerca del Pesebre, algunas noches se le aparecía el Niño como estuvo en el pesebre; y Jerónimo soltaba la piedra y cogía al Niño y se lo ponía cabe su pecho blando por las pedradas (o por el Niño?) y, como era viejo y tenía cascado el pecho, Jerónimo lloraba como lloran los viejos, temblón y tierno; y el Niño sonreía, y Jerónimo lloraba (y el león se estaba quieto, y hasta comía paja en el pesebre de la Mula y el Buey). Vamos, que se montaba en escena la profecía de Isaías que Jerónimo traducía del hebreo al latín: "...et leo quasi bos comedet paleas..." (Is 11,7).

Y así se quedó, junto al pesebre, con el león y el buey rumiando la paja dorada de Belén. Cuando murió Jerónimo, enterraron su cuerpo flaco de asceta en la misma gruta; pasado el tiempo, llevaron su cuerpo a Roma, y con las reliquias del Santo, una carga de tierra y piedras de la cueva bethlemita. Se colocó todo en la Basílica de Santa María Mayor, cerca del relicario de la Cuna del Pesebre. Y allí espera el cuerpo de San Jerónimo su resurrección.

N.b.- No se sabe si los huesos del león también están allí; dientes no han aparecido, pero algunas noches parece que ruge, sobre todo cuando hay herejes cerca.

Para mi Jeromín, porque hoy es su Santo, y yo no lo olvido.


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viernes, 28 de septiembre de 2007

Cortesía Bloggerarum


Me han puesto en un apuro, y me veo en el compromiso. Resulta que en un mes me han "otorgado" dos veces uno de esos "premios"(?) tinkinblogagüar ("Thinking Blogger Award") que se dan de blog a blog y tiro porque me toca. El primer otorgante es amigo en directo y ya me conoce y me sufre y no se extraña de que sea espino prieto; me mandó un tinkinblogagüar de esos y pasé de seguir la cadena. Sorry.

Pero esta vez el obsequioso es un conocido de blog, solamente, que como no tiene más referencias que las blogeras, apenas sabe de mí ipse, y prefiero guardar modos.

Respecto a los bloggerios, mantengo cierta urbanidad: Visito las bitácoras de los amigos y les escribo algo (me parece que con más frecuencia/asiduidad/cantidad que ellos); mantengo lealtades si me corresponden, y si no, barro con el escobón del olvido, la-lará-larita. No vagabundeo por el bosque de los blogs, porque hay duendes, trolls, orcos, lobos, caperucitas y hasta caperucitos; sólo de entre los conocidos y los ocasionales pico y enlaceo, con medida circunspección. Algún agradable descubrimiento reconozco que he tenido, pero pocos y raros.

Un blog es un buen instrumento para quienes mantenemos la disciplina del "nulla dies sine línea"; y no es que me sienta "literario", porque detesto los profesionalismos de las letras y sólo admito la aplicación docente-discente y el dilettantismo de escritorio, tertulia, o café-club. Por eso el blog-paginear me ha resultado un invento agradable, satisfactorio, acomodado a mis comodidades y con las ventajas del internete (sobre las que no me extenderé porque Uds, distinguidos míos, conocerán, y apreciarán tanto o hasta más que yo).

Desbarrar, teorizar, pedantear, fantasear, recordar, instruir, adoctrinar, apostillar, contradecir, incordiar, etc. tecé, tecé... imaginando/suponiendo que alguien lo pueda leer y hasta escribirme un graffitti virtual, eso me gusta. Y por eso.

Además con una divertida variabilidad: Hoy de Santos, mañana del tiempo, ahora de artes, anteayer de historia, hace un mes de toros; un surtido o témpora o mores, mechado con lo de dentro y algún geyser de gaseosa (a volcán no llego) más o menos espontáneo, con tinglado de la antigua farsa para un íntimo público de odeón (entrada gratis).
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Bien, conque procedo a otorgar galardones, a saber:
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- A Miantro , un tomo de Vitrubio, para que se arquitocture en sólido y se deje de bagatelas

- A Otratuercadevuelta, una tipografía con todas sus virtualidades, para que se entinte hasta el píloro y las madrecillas de su vis literaria

- A Hispaniarum, un pendón fernandino con cierraespaña y arriba! laureado cubista racional

- A Batiscafo (y como excepción de misógino militante convencido e impenitente; conste) flor natural de exquisito olor y ampo de nieve.

- A Tumbaíto, un tomo de la "Fisiología del gusto-meditaciones de gastronomía trascendente-" de Jean Athelme Brillat-Savarín

- A Majaopúblico, un "De casu diáboli", de San Anselmo, para que lo traduzca y escarmiente

Y ya.

*** Explicatio:

De Miantro: Quoniam cursa conmigo una especie de "telemacato"
De Otratuercadevuelta: Quoniam me suscita cordiales incordios
De Hispaniarum: Quoniam desmiente en su carne mortal que las vanguardias sean de izquierdas

De Batiscafo: Quoniam la excepción confirma la regla

De Tumbaito: Quoniam me caen simpáticas sus perplejidades

De Majaopúblico: Quoniam conexiones de edad y divagaciones cultas
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P.s. No pensarían Uds. que iba a repartir también thinkis de esos, ¿verdad?; faltaría más.



+T.


Y contra los suyos


La siniestra izquierda mantiene abierta una causa, una vendetta, contra uno de los más eminentes protagonistas de la historia, a quien no han perdonado, no perdonan, ni perdonarán nunca que fuera el campeón de la caída de las dictaduras marxistas-comunistas de Europa. Jamás olvidarán a Juan Pablo II, una memoria a derribar después de muerto, porque en vida no pudieron abatirle, aunque lo intentaron tantas veces y de tantas maneras, balas incluídas.

La pasada temporada el caso del clero colaboracionista polaco tenía como última intención manchar la memoria de JPII; en lo que va de semana, aparecen en la prensa de la siniestra "noticias" de supuestos "escándalos" por la venta de reliquias del Papa. Hoy la carga es de mayor profundidad y el órgano siniestro del País publica que una anestesista (re-putada, seguro, como casi todas esas de la siniestra - ojo! que matizo "casi" -) dice que al Papa lo mataron con eutanasia (vaticana, of course).

Visionarias, conjeturadoras, alcahuetas, brujas de bola, periodistas rosas, liantas en general...y ahora anestesistas. Anestesistas que serán expertas en anestesiar y eutanasiar y por eso tienen interés en publicitarse con noticias bomba que la prensa amarilla (y la "roja") difunde encantada, que para eso está.

Una curiosa "táctica", seguro que de los manuales de des-información revolucionaria marxista-comunista, tan bien aprendidos y puestos al día por los cachorros de la piara. Esas lecciones no se olvidan

Si a San Pio X y a Benedicto XV les acusaron de filo-germanos/austriacos y anti-aliados; si Pio XI fue filo-fascistón; si Pio XII cargó con el baldón de la calumniosa sospecha del silencio, a JPII le levantarán estas y más. ¿Con pruebas más contrastables, con argumentos más contundentes?

¿Y qué más queda?

Pues un Octubre caliente y rojo, muy rojo. Porque hasta el 28-O que se beatifiquen los Mártires de la República y la Guerra, el bombardeo va ser terrible, digno de otro Picasso que pinte otro Guernica mutatis mutandis: Nosotros somos Guernica y las bombas nos las tiran ellos. (Ellos son los de siempre, nosotros también los mismos).


Pero ellos pasarán; nosotros quedaremos hasta que Él vuelva.

Mientras se aguanta, leemos, releemos y meditamos el "...et portae ínferi non praevalebunt..." con toda su profecía de esperanza y misterio; pero duelen los golpes: Nos los dan donde más hieren, sobre lo que más queremos.

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miércoles, 26 de septiembre de 2007

Contra Él


Siento siempre cierto desencanto cuando me encuentro a personas en plano/nivel de sensibilidad religiosa distinto al mio. Pero la frustración es penosa si descubro en otros una agresividad más o menos latente hacia lo religioso (que suele ser lo cristiano); en el caso de que la animadversión sea explícita, también mi malestar es mayor.

Nos desenvolvemos en una cultura en la que el sentimiento anti-religioso se afirma con una creciente intensidad, cada vez más notable. No es un fenómeno espontáneo, sino efecto de una determinada actividad dirigida con intencionalidad y explicitada influyentemente en casi todos los medios en los que desenvuelve nuestra vida, desde los centros educativos, al ámbito familiar, pasando por el más general de las relaciones sociales, y contando siempre con el favor de los medios de comunicación.

La experiencia religiosa del cristiano se forma y crece en la Iglesia, pero se reduce de hecho a una relación entre Dios y cada persona, con tantos y diversos grados de fe, conciencia, vida espiritual etc. pero siempre dependiendo sustancialmente de esa comunicación/comunión primera y fundante de Dios con cada hombre (alma).

Hace poco comentaba en otro blog que el ateísmo como fenómeno es más una voluntad que niega antes que una razón que no entiende. El tema/problema de Dios no se plantea comunmente con toda su profundidad y complejidad racional; por eso el declararse "agnóstico" es la forma más banal de reconocer que no se desea abordar el problema ni discurrirlo, prefiriendo la evasiva de la opción agnóstica como una especie de gatera por la que escapar cuando se presenta el dilema. Porque el problema de Dios se plantea radicalmente desde el si o el no: Dios existe o no, sin términos medios.

El ateo fundamentalista-filosófico iconmovible en la negación de Dios y su posibilidad, es una rareza tan extraordinaria como lo pueda ser el vidente místico, en antitético. No sé si ha existido tal cual; yo más bien diría que no y, si lo hubiera habido, le supondría fruto de algún desorden mental, poco común. Si la duda de fe es una eventualidad para el creyente, a fortiori el "ateo" debe experimentar una duda semejante sobre Dios y su existencia real; una duda tanto más recurrente cuanto mayor sea la inteligencia (discursiva o analítica, es lo mismo) del individuo en cuestión.

Pero ya digo que son pocos, muy pocos, estos "ateos de razón"; los que sí abundan son los "ateos de corazón", quiero decir de voluntad. Reaccionan contra Dios, más que negarlo racionalmente. Y con un grado de violencia que denota una motivación compleja detrás de su explícito rechazo agresivo.
Quizá sea una variante (o principio?) del complejo de Edipo freudiano, y tenga algo que ver con remotos tráumas infantiles, o una derivación de atavismos regresivos; no sé. Pero todo esto se me viene al pensamiento cuando escucho, veo, leo, esos ataques, agresiones, reacciones tan virulentos y vehementes contra la religión (el Cristianismo y la Iglesia, casi siempre) y Dios.

Si en el caso del creyente es Dios quien interviene y da la gracia y la fe primera, comenzando y manteniendo ese especial y sobrenatural "diálogo", en el caso del hombre increyente, ¿quién interviene? Porque es también evidente que la negación del trascendente o la reacción contra Dios y las cosas de Dios no es fruto de un razonamiento autónomo, incondicionado; no conozco a ningún "ateo" "agnóstico" o "anti-teísta" libre de influencias, sugerencias, transferencias. Todo eso que hoy se favorece tanto y desde tantos sitios con resultados los mismos: Contra Dios y las cosas de Dios y la gente de Dios.

Ayer leía lo que fray Rainiero Cantalamessa escribía sobre un libruco con terrible título ("Dios no es grande") y un viperino subtítulo ("La religión lo envenena todo") de un autor (cuyo nombre no citaré) representante cultural de las alquitarada sociedad liberal-capitalista-materialista-postmodernista (made in Usa, of course, pero ubicable en cualquier otro confín del Occidente - nunca mejor dicho "occidente" -). El buen capuchino le reconcía al agresor habilidad dialéctica, contundencia crítica, y "extraordinaria cultura". Si hubiera añadido que "más sabe el demonio por viejo que por demonio", hubiera quedado más conciso.

Pero del demonio no cabe hablar con sus agentes/instrumentos, porque niegan la mayor: No hay demonio.
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Y entonces, ¿quién? ¿Ellos solos? ¿El del libro ese; o el de la exposición de Ibiza; o el de las fotos de Badajoz; o el del best seller del codigucho; ¿O los demás que hacen y repiten lo mismo? ¿O quienes y pagan y propagan eso mismo?

Cuánta perversa ingenuidad, ¿no?


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martes, 25 de septiembre de 2007

Subir y edificar el Templo

Esta semana se está leyendo en la lectio contínua del Misal Romano el Libro de Esdras, uno de los documentos más interesantes de los Libros Históricos de la Biblia.

En la lectura de hoy se nombraba a un trio de magníficos: Ciro, Darío, y Artajerjes, toda una cita de honor. Si los Faraones de Egipto y los Reyes de Asiria y Babilonia cargan con las terribles maldiciones de los Profetas por los siglos de los siglos, los Reyes de Persia, estos Aqueménidas, son bendecidos hasta el punto de que Ciro es una de las pre-figuras del mismísmo Mesías. Todo porque después de los ominosos 70 años de exilio y esclavitud en Babilonia, Ciro el Grande y sus sucesores fueron los libertadores y restauradores de Israel. El edicto de Ciro es una gloriosa proclama: "Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, sea su Dios con él, y suba a Jerusalén a edificar el Templo del Señor Dios de Israel" (Esd 1,3) .
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Esa es la expresión, "subir a Jerusalén", que está consagrada en la Escritura, desde el Antiguo al Nuevo Testamento. Toda una sección del Libro de los Salmos se titula "de las Subidas" (Sal 121-134) por contener el repertorio de los 14 salmos que se cantaban por los peregrinos al subir a Jerusalén; también formaron parte de otros ceremoniales y se titularon "graduales", porque se cantaban por los coros de los levitas al subir las gradas y escalinatas durante los rituales cúlticos en el Templo de Jerusalén.

Del Templo - y es el Templo por antonomasia, el único de toda la Historia en el que se ha revelado Dios Verdadero - sólo queda hoy el impresionante Muro de las Lamentaciones y, sobre él, el solar con la gran explanada sobre la que se levantan las mezquitas de Omar y Al-Aqsa. Desde el Monte de los Olivos y el vecino Monte Scopus, la vista rutilante de la cúpula dorada del Domo de la Roca suple espléndidamente el efecto que debió causar el majestuoso Templo (el primero, el de Salomón, destruído por Nabucodonosor en Julio del 587 a.C; y el segundo, el de Herodes, que demolieron y arrasaron los romanos cuando Tito asedia y toma la Ciudad en el año 70 de nuestra era).

A la explanada de las mezquitas no suben los judíos (los judíos observantes); existe una prohibición rabínica que veta el acceso al recinto por el temor reverente de evitar pisar partes sagradas, sólo permitidas por la ley antigua a los sacerdotes; el temor se extrema al imaginar que se pudiera estar hollando el Tabernáculo, el Santo de los Santos, al que sólo accedía una vez al año el Sumo Sacerdote durante las celebraciones del Dia de la Expiación.

Desde el año 70, al poco de la Ascensión de Jesucristo y el nacimiento de la Iglesia, el culto veterotestamentario había cesado violenta y absolutamente, imposible de ser restaurado por no existir el Templo. Esa situación a-litúrgica se ha perpetuado hasta el presente, acompañando la evolución histórica del judaismo y el culto sinagogal, que suple relativamente el antiguo culto del Templo. Recuerdo al p. García del Moral explicando las paradojas de un hipotético culto restaurado: Además de superar para la erección de un nuevo templo el formidable obstáculo de las mezquitas, supondría el restablecimiento del sacerdocio levítico, con la reorganización de los ritos sacrificiales, algo que repugnaría a la sensibilidad moderna del judaismo, tan lejana ya de las formas del culto antiguo.

Sin embargo, parte del actual Israel sueña con esa posibilidad, alentada desde algunos de los sectores más radicales del sionismo. El pasado mes de Mayo, aparecía esta noticia en el diario Haaretz : Un reputado rabino sionista, discute la prohibición de acceder a la explanada del Templo, y anuncia que el año próximo subirán al Templo, que será al fin reconstruído empezando con la ceremonia de lustración de la becerra roja (Num 19,1 ss.). Al parecer, ultimamente los rabinos han estado recibiendo insistentes presiones de los sionistas radicales para que se levantara la prohibición de pisar el antiguo solar del Templo, y los israelistas pudieran visitar sin trabas religiosas la explanada.

Aparte la conmoción religiosa que supondría para la Iglesia y los cristianos(sería revivir las instituciones cúlticas del Antiguo Testamento), la reacción del mundo islámico sería también de dimensiones "bíblicas", pues habría que arrasar las mezquitas para erigir el templo (providencialmente imposibilitado físicamente por esas mezquitas, tan veneradas por la tradición musulmana, que las vincula a la memoria del mismísimo Mahoma, "el" profeta/"su" profeta).

Tremens ac fascinans: Ecco il Sacro !

(Con el pretexto de la lectura de Esdras, que me ha venido al pelo para la esta entrada).


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lunes, 24 de septiembre de 2007

De Cine


Sólo me parecen dignos y de cierto nivel los festivales de cine de Venezia y Berlín. El de Cannes es una boutàde de los franceses, y los demás un remedo, más o menos provinciano, según cómo se atine a disfrazarlo en la prensa.

El de San Sebastían (curiosamente "San Sebastian", no insitiendo en "Donosti"; ni tampoco en que es un invento "franquista" del año cincuenta y pico, de aquella España-España profunda. Eso no se dice, eso no se cuenta, eso no pasó); el de San Sebastián, decía, se define este año en lo que vale con ese premio que le han dado a uno de los peores majaderos de la cartelera de Hollywood (otra curiosidad: que se ensalce lo de Hollywood en el San Sebastían de la kale-borroka/arre borrico y errikotabernas/corre que te mato. Increíble paradoja).

El cine es una novedad en las artes que ha recorrido en poco más de un siglo casi toda la trayectoria de la Historia de las Bellas Artes, como imagen en movimiento rápido que es. Desde aquel 1895 de los Lumiére al cine de usar y tirar de ahora, el espectro cinematográfico es tan rico y capaz que ahora mismo se está promocionando en Barcelona un Congreso Internacional de Teología y Cine; el primero en su especie, parece ser, y con el subtítulo temático de "Dios en el Cine", que ya daría de por sí para una quaestio disputata. (Al margen, digo que me revienta la versatilidad del que mete en cualquier salsa la Teología, como si semejante ciencia fuera compatible con todo aderezo circustancial y/o coyuntural sin desvirtuarse, pero esta es otra quaestio).

Por supuesto que junto al sólido Dreyer, sacan también a Tarkovsky, y a Buñuel, y a Kieslowski, y a Olmi, y a Allen; y hasta a von Trier y a tres enigmáticos cineastas iraníes que ellos sabrán, porque no les ponen ni nombre.

Como se ve, ideal para rematar de los nervios y con tráuma cinemato-teológico digno de diván (y argumento de película para el 2º Congreso, Deo volente).

No sé si existe en Cine lo que Moeller hizo con la Literatura del siglo XX. Pienso que resultaría un tremendo análisis de las crisis de fe-religión-teología-Cristianismo en nuestra más próxima contemporaneidad, con ejemplos que rayan el tema "problematizando" desde la "Intolerance" de Griffith hasta los dramas de Tarkovsky, o el recien fallecido Bergman (que por cierto no sale entre los del 1er. Congreso de Barna, qué raro).

En el programa, la cosa la pintan seria, como actividad de la Facultad de Teología de Cataluña (bueno, no: Facultat de Teología de Catalunya, que no es lo mismo, pero sí), y con nada menos que un Obispo-Bisbe de moderador de las mesas-ponencias (deberían ser, más bien púlpitos/ambones-redondos, ¿no?).

Como los organizadores son - i presume - de la clerecía y laicados modernos, no habrá Misa de apertura ni Te Deum de clausura, que es lo que pegaría, digo yo.

De todas formas, yo no iría al evento ni con la guardia civil apuntándome (perdón: mossos de esquadra). Un Obispo-Bisbe cinéfilo y en mesa redonda, debe ser letal córpore et ánima.

Además, pienso que Dreyer, Tarkovski y cía , mejor en casa y en sus justas dosis, para no desvariar; que una peli es una peli, y Teología, otra cosa.


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miércoles, 19 de septiembre de 2007

Lex orandi-Lex credendi


Desde el dia 14 de Septiembre, fiesta de la Santa Cruz, vigen las nuevas disposiciones dictadas por el motu proprio Summorum Pontificum, con el que Benedicto XVI ha recuperado la antigua liturgia de la Misa según las rúbricas del Misal de San Pio V. Paradójicamente, la última edición de aquel Misal la hizo Juan XXIII, el mismo que con la convocatoria del Vaticano II inició el principio del fin de la antigua liturgia.

La consumación de la obra le tocó ya a Pablo VI, en cuyo Pontificado se promulgó el nuevo Misal Romano, fruto de aquellos nuevos conceptos que definieron la liturgia post-conciliar, tan discutida en su momento y todavía. Pero la reforma litúrgica era un proceso imparable. En el mismo Concilio de Trento se postuló ya la necesidad de celebrar la Misa y demás Sacramentos en las lenguas vernáculas; el tema resurge con fuerza otra vez durante el siglo XVIII y se extrema en el célebre Sínodo de Pistoya; durante el XIX es una opinión recurrente en los círculos de erudición litúrgica, y en el XX ya es un clamor.
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Los primeros pasos los da San Pio X, entre la efervescencia del naciente "Movimiento Litúrgico", sostenido desde las abadías benedictinas, verdaderos centros de aquella intensa y fructífera iniciativa pastoral y espiritual. A Pio XII (cuando ya languidecían sus días y declinaba su pontificado) le cupo (y no se decir con qué consciencia de lo que aprobaba)  restaurar (??) la celebración de la Semana Santa con el Novus Ordo Hebdomadae Sanctae de 1956, además de otras iniciativas, pero el grueso del programa de la reforma litúrgica tendría que resolverse en el aula del Vaticano II.

Los tiempos estaban maduros para consumar con éxito la empresa. Los grandes liturgistas del momento (Jungmann, Parsch, Baumann...etc) estaban todavía activos, con obras de insuperable calidad y erudición que ambientaron y fueron el material inmediatamente previo a las labores conciliares.
Desde los primeros días del Concilio (11 Octubre 1962), se empieza a debatir en el aula el tema litúrgico. La Constitución Apostólica sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, se aprueba durante el segundo período de sesiones del Concilio Vaticano II, el 22 de Noviembre de 1963, con 2159 votos favorables (placet) , 19 contrarios (non placet), y un voto nulo; el día de la aprobación solemne, con S.S. Pablo VI en el aula conciliar, los non placet fueron sólo 4. Una unanimidad de hecho, pues el texto del documento era, ante todo, un marco teológico referencial para las iniciativas litúrgicas concretas que se tomarían después.

Con el motu proprio Sacram Liturgiam del 25 de Enero de 1964, Pablo VI creaba el Consilium para la aplicación de las directrices de la constitución conciliar. Las labores de aquella Comisión Litúrgica fueron ejecutadas por un equipo de responsables presididos por el Cardenal Giácomo Lercaro y comandados por monseñor Anníbale Bugnini, que harían de la Comisión de liturgia una famosa institución, entre otras cosas por la oposición cerrada que entre la jerarquía más tradicional levantaron sus novedosas propuestas.

Algunas de las personalidades más relevantes de la Curia Romana, expresaron públicamente su oposición a los nuevos textos y formularios litúrgicos preparados por el Consilium y la Comisión. Especialmente riguroso fue el comentario hecho público por los Cardenales Alfredo Ottaviani y Antonio Biffi como Breve exámen crítico del Novus Ordo Missae , que tuvo un efectivo impacto sobre la opinión, aunque la mayoría del clero católico ya había optado por una franca y optimista acogida de las nuevas normas de litúrgicas.

Las reservas de la jerarquía más conservadora a la reforma litúrgica se fundamentaban en el valor sagrado y el respeto debido a la liturgia celebrada desde tiempos inmemoriales por la Iglesia Romana, a la vez que el temor de que el ambiente ecuménico, omnipresente en el Concilio, terminara por desvirtuar la genuina liturgia católica por aproximarla a los modelos de las liturgias protestantes. En este sentido, los esquemas sobre los que trabajó la comisión del Consilium y las propuestas presentadas a los Padres Conciliares supusieron un escándalo en más de una ocasión, siendo varias veces desaprobadas o rechazadas. Para la jerarquía conservadora fue una prueba durísima resignarse, finalmente, a aceptar el nuevo Misal - promulgado por Pablo VI en el Adviento de 1969 - y los diferentes Rituales para la celebración de los Sacramentos que se irían publicando en los años siguientes.

Los muy bien pregonados aciertos de la reforma litúrgica consecuencia del Vaticano II son muchos y muy logrados, según el alegato de sus autores y promotores. Por ejemplo, recalcan, el Misal de Pablo VI es superior al de Trento en riqueza eucológica, pues cuenta con  la inclusión de tres nuevas plegarias eucarísticas, pasando por los nuevos prefacios, además de otros nuevos formularios de oración para la Misa; comparativamente, es un esquema litúrgico mejor adaptado a las necesidades pastorales y celebrativas de la Iglesia actual. En el mismo sentido, la ampliación de los leccionarios y la distribución de las lecturas de los Evangelios y los textos del Antiguo y Nuevo Testamento es indiscutiblemente muy superior a la limitada selección del Misal de San Pio V. Finalmente, la publicación del nuevo breviario con las oraciones de la Liturgia de las Horas (antes Divinum Officium), fue un reconocido logro. (Pero en su crítico examen, los más conservadores niegan la idoneidad de algunos contenidos, que se consideran inadecuados, confusos, o insuficientes para expresar en la liturgia oficial los contenidos del dogma).

¿Qué se perdió? Se perdió toda una tradición litúrgica de un inmenso valor. Los antiguos y venerables ritos, ceremoniales y signos de la Misa y los otros Sacramentos se vieron reducidos por mor de un minimalismo crítico y revisionista, que despojó a la celebración litúrgica de gran parte de su solemne y grave dignidad, tan significativa. Desde los mismos textos esenciales hasta los demás que componían el extenso repertorio gregoriano, todo un aquilatado tesoro de piedad y espiritualidad desapareció en pocos años. Además, la fuerza con la que Roma implantó los nuevos formularios, hizo apenas imposible una resistencia mínima a la fuerza de los hechos. Por otra parte, el pueblo fiel acogió las nuevas formas celebrativas con un entusiasmo incontestable, siendo muy pocos los núcleos que se resistieron a adoptar la liturgia conciliar.

La articulación en torno a Mons. Marcel Lefebvre de los pequeños grupos más beligerantes del catolicismo tradicional, hizo de la reivindicación de la liturgia pre-conciliar una auténtica causa; en especial se insistía en la desvirtuación de la Misa, enfatizando todos los aspectos dogmático-litúrgicos tradicionales que parecían haber quedado expresados insuficientemente en el Novus Ordo del Misal de Pablo VI.

Con diversas alternativas y episodios en torno a este eje de resistencia tradicionalista, las circunstancias y los hechos concluyeron finalmente con la comisión de algunos actos cismáticos (ordenaciones extra-canónicas de presbíteros y obispos) que obligaron a declarar la la excomunión de Mons. Lefebvre y sus colaboradores por Juan Pablo II, en Junio-Julio de 1988; la gravedad de los hechos incluían el rechazo explícito de la autoridad del Papa y el Concilio, y la consumación de todo ello con el atentado de unas ordenaciones cismáticas.

Sin embargo, parece que la intención de Roma fue siempre la de reintegrar a estos grupos tradicionalistas, en cuanto confesaran la aceptación del Concilio y su autoridad, y no mantuvieran actitudes contrarias a la comunión intra-eclesial. El asunto litúrgico en el que tanto insistían los grupos de la tradición católica, se entendió entonces que podría ser ahora el vehículo para una posible concordia, cada vez más deseada. Y fue el mismo Juan Pablo II quien manifestó su personal interés con la erección de la Comisión Ecclesia Dei, y el indulto concedido para poder celebrar el antiguo rito de la Misa según el Misal de Trento, con la autorización explícita del Obispo correspondiente, medida que templó levemente la tensión y satisfizo relativamente las aspiraciones de los católicos tradicionalistas.

Unas recientes declaraciones del Cardenal Castrillón reconocen que Juan Pablo II tenía a punto un documento en el mismo sentido y con semejante contenido que el reciente de Benedicto XVI; sólo el tiempo y la oportunidad impidieron su publicación.

Todo esto se expone en el motu proprio Summorum Pontíficum , así como en la Carta a los Obispos que acompaña al documento.

Resumiendo:
- Las reformas litúrgicas del Vaticano II, a pesar de sus muy bien ponderados aciertos, supusieron un patente desprecio de la antigua liturgia, en descrédito del propio valor de las nuevas formas.

- Fue un relativo error la rígida imposición con que se urgieron los nuevos formularios litúrgicos y la exclusión de facto de los antiguos rituales, que, sin estar canónicamente impedidos stricto sensu, fueron prácticamente abolidos.

- La restauración del antiguo Misal supone la recuperación de un patrimonio de inmenso valor litúrgico-espiritual, que enriquece a la propia Iglesia a la vez que reactiva la conciencia de su más preciosa tradición, en este mismo sentido.


El pasado Domingo, se celebró en la Parroquia sevillana de San Bernardo una Misa según el rito antiguo - "rito romano extraordinario", como debe ser llamado en lo sucesivo para distinguirlo del ordinario del Vaticano II - , con unos cincuenta o sesenta fieles asistentes. No sé en qué grado pudieron seguir la celebración, tan lejos ya de la práctica de un latín que apenas se enseña, y que al caer en desuso esta misma liturgia tridentina, quedó todavía más olvidado.

Yo no estuve en esa Misa, pero me alegré de su celebración. Tampoco sé en qué medida nuestros católicos sabrán apreciar este don que, como una gracia especial de la Providencia, Benedicto XVI ha devuelto con toda justicia y oportunidad a la Iglesia. Pero deseo que alcance los frutos deseados implícita y explícitamente en el motu proprio, y que suponga una renovación de la lex orandi, lex credendi, que es una de las expresiones más genuinas y definitorias de la Iglesia de Cristo, Una Santa Católica Apostólica...y Romana.


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martes, 18 de septiembre de 2007

No hay mejoría

Alan Greenspan, con su cara de perro viejo tristón y miope, siempre me ha dado la impresión de hombre honrado; pero también de que sólo le dejan hablar cuando lo que tiene que decir conviene a los del gobierno (de los EEUU, of course), y sólo de su especialidad, la (gran) economía. Tantas veces me he quedado con la impresión de que calla más que cuenta.

Ahora, en unas memorias de inminente publicación, se permite soltar algunas perlas; entre ellas esa que ayer sorprendía en los noticiarios: Que la guerra de Irak se planeó, ejecutó, y se ha mantenido por el oscuro y pegajoso petróleo ; lo demás, todo lo demás, eran excusas y falsas coartadas.

Las palabras de Greenspan son como las del niño que grita que el Rey está desnudo en el cuento de "El traje nuevo del Rey"; porque tantos que no somos Greenspan ni tenemos dotes de adivino, ya sabíamos que esa perversa "guerra preventiva" era una canallesca balandronada de la nefasta estirpe de los Bush, petroleros y presidentes (antes petroleros que presidentes).

¿Y ahora qué? Ahora que las ratas de la guerra abandonan un Irak devastado, dividido, empantanado en sangre (y en petróleo), ¿ahora qué?

Pues, aunque parezca mentira, ahora Sarkozy amaga amenazante (un rebrote de "grandeur"?) con trasladar el conflicto bélico al Irán, que está un poco más allá de Irak y que también tiene petróleo (y quiere tener armamento atómico).

Terrible, ¿no?

Pues esas tenemos.


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