martes, 5 de abril de 2016

En torno al Cardenal Segura

En Sevilla aun recuerdan al Cardenal Segura bastantes septuagenarios que añoran aquella época (sin confesarlo) porque fueron los años de su mocedad. Sienten por Segura, el Cardenal, una fascinación quasi hipnótica, que les hace volver una y otra vez sobre el personaje. Si Sevilla fuera London de la Gran Bretaña, seguramente tendríamos fundados y activos varios clubs de fans ‘seguradictos’, una ilustre academia segurista, un museo segureño y un día anual-revival del Cardenal Segura.

Hace unos años se publicó en la BAC un tomo que pretendía ser la crónica definitiva de Segura. De hecho, el libro era, más bien, una sarta de episodios regularmente hilvanados, poco documentados, retazos de recuerdos, flashes de escenas vividas o referidas por terceros y anotadas/rehechas por el autor del susodicho volumen, un muy conocido viejo canónigo de la S.M.I.C. de Sevilla, afamado juez del Tribunal Diocesano, de toda nuestra consideración (q.S.G.h.A.).

Ahora, en estos mismos días, se anuncia la aparición de otro 'rien ne vas plus'. Estando como estamos bajo el imperio mediático del escándalo (sea rosa o amarillo), el autor de la nueva publicación lanza el anzuelo publicitario para la captatio de lectores abusando/presumiendo/acusando, muy lamentablemente. Como no me ha gustado la noticia, no voy a repetir la especie que lanza (que garantiza con el aval de convidado de piedra del difunto autor susodicho (palabra de autor)). Si quieren Uds. informarse, lean estos articuletes aparecidos en la prensa local:

ABC de Sevilla y Diario de Sevilla

Que semejante enormidad, dado el personaje y sus circunstancias, se hubiera tapado en aquellos años de la pre y la post-guerra, me parece harto improbable. Que a estas alturas sea el señuelo publicitario de un libro escrito por un sacerdote, me parece repugnante.

Como se sabe, los sacerdotes, antes de la recepción de las Sagradas Órdenes, prometen en manos del obispo obediencia y respeto a él y a sus sucesores. La obediencia es canónica, concreta y actual; el respeto, considero que se debe, en tiempo presente y en pretérito, no sólo al prelado que sea sino también a los que fueron: Si la obediencia se promete al obispo ordenante/incardinante y a sus sucesores, el respeto se extiende - así lo entiendo - a sucesores y predecesores.

A mí Segura me toca ya pasado, pero le mantengo un digno respeto y recuerdo. La controversia en torno a su carácter y actuaciones me parece en exceso marcada por las pasiones de los extremos con los que tuvo que medirse, en aquella España que, en las circunstancias del Cardenal Segura, se desenvolvieron en tres momentos, a cual más distinto y delicado, eclesialmente hablando, de monarquía, república anti-cristiana y régimen franquista. No me trago bolas conjeturadas. No soy adicto a mitomanías destructoras de honor y fama, mucho menos si se refieren a la Iglesia y sus personajes, caso que detesto muy particularmente.

Sobre el Cardenal Don Pedro Segura y Sáez leí, hace ya años, un ensayo de la colección 'Espejo de España' titulado 'El Cardenal Segura y el Nacionalcatolicismo' (Ramón Garriga, 1977, edit. Planeta), que me pareció tópico y escasamente documentado. El citado libro publicado en la BAC, quasi lo mismo. Y este nuevo, me temo que será de la misma laya. Confieso que lo siento, porque el personaje en cuestión se merece, si se escribe de él con pretensiones, algo mucho mejor, en calidad y en consideración.


Para concluir, echen Uds. un vistazo al artículo que enlazo aquí abajo, un artículo del año 1976 (no distingo bien si está firmado por Ramón Serrano Súñer o si se refiere a una publicación suya), y compárenlo con lo que se dice, a modo de resumen del nuevo libro, en los dos anteriores enlaces de ABC y Diario de Sevilla, y sorpréndanse de las coincidencias, sean o no casualidades:

El anacrónico Cardenal Segura

Y es que una cosa es investigar y documentar la historia, y otra contar historias.

+T.

4 comentarios:

Uno que pasaba, dijo...

Si Carlos Ros no justifica la paternidad del Cardenal Segura en la fuerza incontestable de documentos o testimonios fidedignos, como sacerdote e historiador queda retratado por maledicencia de quien ya no puede defenderse ni ser defendido.

Uno que pasaba, dijo...

Me parece inverosímil lo del hermano casándose con la buena señora a instancia del granuja del obispo.
En fin, la cosa es que el cardenal Segura ni puede defenderse, ni tiene ningún pariente que lo defienda.
Carlos Ros sabrá por qué lo dice.
Y el viernes nos viene la misericordia moderna, el último grito en misericordia, con un nombre en latín.

Unknown dijo...

Como descendiente,me parece muy curioso que este señor haya esperado que mi padre y todos los hermanos,hijos de Vidal murieran para sacar este libro.

Terzio dijo...

No debe ser un señor. Los señores no publican libelos.

Salutem!

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