sábado, 26 de mayo de 2012

Un Hildebrando adveniente


La gravísima crisis de descomposición post-conciliar con su coda juanpablista sufre actualmente un episodio de intriga que fascinaría al mismísimo Morris West. Ciertamente, la realidad supera a la ficción, con colorido y pormenores dignos del mejor guión de serial escrito, radiado, filmado o televisado. Apasionante y divertido si no fueran los Palacios Apostólicos la escena del drama.

Volviendo la mirada atras, por registrar en la Historia algún parangón, el caso se podría ilustrar, por ejemplo, con la crisis en torno al 1300. Quiera Dios que no veamos repetirse otro gran rifiuto por agotamiento del Santo Padre. Cuando me sacan al relucir el episodio, siempre recalco que la crisis que empezó con Celestino V no se resolvió hasta Martín V Colonna, un siglo y pico más tarde. E incluso algunos prolongarían el período hasta la clausura de Trento (1545-1563). Las crisis de la Historia de la Iglesia no duran cuarenta días.

Y como las noticias con su dramatis personae han coincidido con la fiesta de gran Gregorio VII, me decía un compadre afín que nuestra Iglesia necesita otro como aquel. Yo le comenté que personajes así no se improvisan, que antes se necesita completar un Hildebrando, y antes de un Hildebrando se precisa un Cluny. Acabé preguntando - una pregunta retórica - si no estaríamos inmersos en un siglo oscuro, o a las puertas de otro siglo de hierro (las coyunturas del siglo económico-político como amenazador telón de fondo), con la posibilidad venturosa de un Hildebrando todavía muy lejos, en remota lontananza.

Si me apuran, convendría por otro lado, en otra dirección, que también tendría que haber un par de Otones, etc. Quiero decir que los remedios necesarios y eficaces para las afecciones extensas y profundas no aparecen de repente, no surgen del vacío. Item más: Con la crónica del pasado en la mano, se demuestra que la Providencia, muchas veces, deja supurar la úlcera hasta que el pus infecto da paso a la sangre limpia, y entonces aplica el remedio a la llaga. En el caso de la Iglesia, los remedios suelen ser personas, y las personas son, frecuentemente, santos.

En algunas encrucijadas, son los Mártires quienes preparan el momento oportuno de la llegada de los Santos providenciales. En otras épocas han sido los claustros, las clausuras, los conventos, quienes han precedido al momento de la sanación eficiente. El problema de nuestra época sería, en parte, dilucidar la tipología de nuestra crisis, pero esto sólo se juzga acertadamente desde la perspectiva del tiempo, un factor que nos falta en el presente. Otros verán como se saldrá y quienes promoverán; nosotros, conscientes o inconscientemente, somos parte del reparto, personajes de la historia que está siendo y será.

Pero eso no nos impide preguntarnos qué Cluny estará gestando al Hildebrando necesario y dónde estará ese Cluny.

Cuando algunos exaltados se excitan por los 50 años de aquello que fue, otros, más serenamente, se recogen y ruegan que al tiempo febril de la crisis suceda ya la necesaria quietud para reaccionar, convalecer, reponerse y sanar.

De luchas, partidos y banderías, no quiero imaginar ni hablar, aunque no las olvide. De persecuciones al Papa, tampoco. Véase, no obstante, la ilustración de la crónica de Gregorio VII que encabeza este articulete: Fue confrontado, contradicho, hostigado, traicionado, perseguido, murió desterrado y fue sepultado extra Urbem. Hasta cuando fue beatificado y canononizado se opusieron a su memoria los reyes de la tierra.

Orémus
Deus in te sperantium fortitudo, qui beatum Gregorium Confessorem tuum atque Pontificem, pro tuenda Ecclesiae libertate virtute constantiae roborasti: da nobis eius exemplo, et intercessione, omnia adversantia fortiter superare.
Per Dóminum...Amen

+T.

19 comentarios:

Miles Dei dijo...

El nuevo milenio de hierro llegó y se repitió inexorable, comenzando en el amanecer del siglo XX con la pérdida de los Estados Pontificios y la solución de la cuestión romana con el otorgamiento a la Santa Sede de un inmenso poder mamonístico. Desde ahí todo ha sido una cuesta abajo de corrupción y satisfacción en la mediocridad con el tremendo pontificado de Juan Pablo II que efectivamente hizo el trabajo del sol deslumbrándo a los que lo miraban y no dejando ver la podredumbre existente.

Hay para dar y regalar en este periodo que en nada desdice de los tiempos de Marozia: poder, ambición, finanzas y simonía (que no solo es pagar por un cargo o prebenda eclesiástica sino el dar regalos agradecidos por/esperando recibirlo). Tenemos hasta un posible asesinato de Papa incluído y homicidios y suicidios a tuti plen (¿quien se acuerda del meteórico coronel jefe de la guardia suiza con su rebelde vicecabo?) junto a perversión sexual de los dos lados de la acera; todo ello sin faltar el lado oscuro y satanista, del que todo esta maldad suele ser síntoma si hemos de hacer caso al exorcista más famoso de la Iglesia. Se aporta en este tiempo mediático un signo de los tiempos, la gran novedad de las filtraciones de documentos reservados y privados y al final de todo el paroxismo de declarar culpable al mayordomo. Hasta la Tradición anda revuelta en los momentos en que se acerca el cumplimiento de las profecías de los Papas. ¿Que queda, sino esperar que Cristo venga a poner orden tras el descalabro más o menos inminente que certifica la hipótesis eclesiológica del Padre Meinvielle y es testada por esa profecía que habla de cardenales que se oponen a cardenales?

Miles Dei dijo...

Perdon no se si antes he dicho Tornelli, debe decir Messori, que ha llegado a comparar el pontificado actual con el imperio español en el que no se ponía el sol y al papa con Carlos V (manda huevos los lapsus, ya que Carlos V, a su pesar, fue el culpable del saco de Roma y en realidad la comparación debía haber sido con Felipe II, que es el del imperio en el que no se ponía el sol)

Una cosa que no se advierte en todas estas comparaciones históricas y que no se si usted, Don Terzio, toma en cuenta, es que el periodo del siglo de hierro está conformado por una mentalidad feudal y un sentir realista del pecado y sus miserias muy propio de la época. En este tiempo, por el contrario, estamos ante hombres que no paran de fantasear sobre el progreso y la elevación de la humanidad y que todavían celebran los L años de la Primavera de la Igleisa o la gran gracia nunca vista que renovó para siempre la Iglesia...

Terzio dijo...

Yo hablo figuradamente y comparando y tú hablas realmente e identificando, Miles. Conque supondrás que lea tu comentario concluyendo serias objecciones a cuanto dices.

Una muy especial: Las profecias de San Malaquias, tan fáciles de acomodar al Papa que sea, tan burdas tocante a la descripción de motes y stemmae, y tan equívocas al incluir y mezclar Papas y anti-papas en la misma lista y sin discernir (el distingo es obra de los 'interpretadores').

Por otra parte la Historia y las historias nunca se repite ni son las mismas, aunque nosotros intuyamos coincidencias, concordancias, concomitancias. Pero la realidad y sus hechos, aun pareciéndose, no son un calco de lo anterior.

Oremos para que lo malo de antaño no se reproduzca y, en todo caso, seamos capaces de resistir y vencer la maldad que nos salga al paso, Deo adiuvante.

Miles Dei dijo...

De la veracidad de las profecías ya hablé como también en habló una burra (algo ilógico e irracional el logos en el animal). Sólo digo que se cumplen ya o no se cumplen.

La histora no se repite, pero es previsible que la repitan los que se empeñan en olvidarla. Y algunos olvidan la historia de la Iglesia y se creen en la nueva era que anula todo lo anterior. Ya vemos una repetición casi a cámara lenta de lo peor de los siglos pasados y como se hacen humos de los carros y caballerías en que los faraones habían puestos sus esperanzas.

Miles Dei dijo...

Código de Derecho Canónico:

1242 No deben enterrarse cadáveres en las iglesias, a no ser que se trate del Romano Pontífice o de sepultar en su propia iglesia a los Cardenales o a los Obispos diocesanos, incluso «eméritos».

Y el gran hecho es que a los pocos años de promulgado este canon se enterró a todo un jefe de la mafia romana en la basílica de San Apolinar.

Los signos cantan por sí solos. Esa vez cantan como hecho simbólico-profético. Será contado entre malhechores, dice la Escritura de Cristo en su cruxifición, pero la neoconía dice que eso no puede cumplirse en su Iglesia, enmendando al Espíritu Santo, tal como decía el comentario de los padres de Salamanca del mismo texto sacro, ya que eso de la profecía de Is 53, 12 que San Marcos aplicaba aquí era muy dudoso y una interpolación, ergo sin decirlo así, venía a ser un invento de San Marcos (Marcos para los exegetas)

Al final ni Malaquías ni la Sagrada Escritura. Todo puede ser criticado por la crítica más certera, padre. Pero nada quita la esperanza.

YORCH dijo...

En lo que concuerdo, es que se viene una nueva Edad Media, el futuro colapso económico de Occidente lo prefigura, el ascenso de potencias asiáticas y el resurgimiento del Islam muestra por donde va la cosa.

Probablemente el próximo Hildebrando se cuece entre los Lefebvristas o en la Fraternidad Sacerdotal San Pedro o en alguna otra orden, aunque no sea tradicionalista, pero de la que vendrá alguna reforma, o en el ámbito ortodoxo si se aproxima la unión de la Iglesia Oriental con la Latina, en este caso, creo que Rusia al fin asumirá su papel como "Tercera Roma" y protectora de la Cristiandad, como sea, creo que se avecinan tiempos interesantes, pero para llegar a ellos, primero tendrá que darse una gran crisis que remueva las conciencias adormecidas de los occidentales, hasta ahora perdidos en el neopaganismo y el hedonismo

AMDG dijo...

Esto supera el tópico de las novelas policíacas de serie B, en las que el malo es el mayordomo.

Y se presentará la traición como si fuera culpa de la Iglesia.

Que reine Cristo dijo...

Pero que manía. ¿Y si no hubiera Cluny? ¿Por qué no Filadelfia o Laodicea? ¿Y si no hubiera restauración? ¿Y si no fuera "una" crisis sino "la" crisis?

Hay que decirlo todo, dar por descontado una posibilidad que por cierto todo apunta a que cada vez es menos probable me parece peligrosamente voluntarista, dañino y estar fuera de la realidad.

Bien podría ser que la sanación eficiente esta vez sea el mismo Jesucristo el que la traiga en su regreso. ¿O no?

Es posible que ya no estemos en tiempos de otros Cluny. Considerémoslo seriamente, POR FAVOR.

Anónimo dijo...

¿Quiénes son, por lo tanto, los enemigos de la doctrina y de la renovación promovida en la Iglesia por el Concilio Vaticano II? De hecho, la respuesta más clara e inmediata parecería tener que decir: aquellos que, desde el principio, lo han rechazado, considerando su enseñanza inoportuna e imprudente y, todavía más, incongruente y contradictoria con la enseñanza y la disciplina siempre vigentes. Detrás de esta posición se insinúa, de hecho, un juicio (…) extremadamente genérico y excesivamente rigorista, que no se puede admitir sin poner seriamente en peligro las verdades de la asistencia del Espíritu y de la promesa de la Providencia, así como aquellas de la autoridad y la infalibilidad de Pedro y sus sucesores.

Sub-secretario de la Congregación para el Culto Divino, Mons. Juan Miguel Ferrer Grenesche

Miles Dei dijo...

Monseñor Ferrer en ese discurso alude inmediatamente después a los verdaderos enemigos del Concilio, los del espíritu conciliar.

De lo que no se da cuenta, como todos los neocones que repiten esto mismo por activa y por pasiva, es que su alusión a la "enseñanza conciliar" es ni más ni menos que el mismo concepto del "espíritu conciliar" de la progresía sólo que transmutado en sus accidentes. Un instrumento de la voluntad de poder para imponerse en el gobierno de las cosas. Lamentablemente los actores no dan para más y su mediocridad ante la altura de miras y profundidad teológica y teologal que la situación eclesial requiere queda manifiesta.

Miles Dei dijo...

Y para actores el mentor de Ferrer, que sería digno de uno de los cuadros de Landini con tema propio. "El viaje" o algo así.

Anónimo dijo...

Parece que a Miles Dei no le gustó el comentario de Mons. Ferrer

Lástima que, a estas alturas, los buenos católicos no se reconozcan entre ellos.

Miles Dei dijo...

No es que me guste o me deje de gustar, sino que voy a los principios que están detrás de las afirmaciones y de los que no necesariamente se es consciente, ni aunque se sea un buen católico.

La enseñanza conciliar es un ente difuso, etéreo y para nada concretado al día de hoy salvo en lo que es repetición de enseñanzas tradicionales. Monseñor Gherardini es también un buen católico y ve que hace falta mucho estudio pendiente e intervenciones definitivas del magisterio para que se aclaren muchos puntos de eso que tan alegremente se dice "enseñanza conciliar".

Uribante dijo...

¿La enseñanza conciliar es etérea y difusa? Será sobre todo para quienes tienen nubes en el cerebro.
Con rectitud de intención y amor al Papa y a la Iglesia la enseñanza conciliar es diáfana. ¿Desde cuándo el Espíritu Santo es confuso en sus iluminaciones? Si hay confusión en algunos es por falta de ciencia o de rectitud de intención. ¡Cuánto le cuesta a la gente admitir que Benedicto acierta y uno se equivoca!
El mensaje del Concilio es diáfano cuando se lee en continuidad con las enseñanzas anteriores y enmarcado en las circunstancias de nuestra época.
Saludos, Miles.

Terzio dijo...

Uribante, necesitas una inmersión urgente en el Iota Unum de Romano Amerio, o hacer una lectura más atenta de los documentos del Vat.2º.

La controversia es muy seria, grave en extremo, porque con los mismos recursos críticos que B16 habla de hermenéutica de la continuidad, otros teólogos católicos (cfr. los representantes de la llamada Escuela de Bolonia) insisten en una hermenéutica rupturista, en el sentido de que el Vat2º quiso poner un punto final e iniciar una nueva era para/de la Iglesia Católica.

El peso, sin embargo, del argumento de B16 es muy grande en cuanto que lo pronuncia el Papa, el máximo magisterio, que enseña tal hermenéutica de la continuidad como doctrina respecto al Vat.2º y sus enseñanzas. Pero el enunciado se queda vacío en cuanto no precisa ('define' sería el concepto más adecuado) la hermenéutica de la continuidad con la aclaración de los puntos controvertidos del Vat2º que supondrían una ruptura con respecto al Magisterio anterior. Se supone, pero no se hace (no se está haciendo) la 'concordancia' de la Tradición con el Vat.2º.

Cuando Mons. Athanasius Schneider pide un nuevo Syllabus, lo hace en este sentido.

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Uibante dijo...

Estimado Terzio:
Tal como me aconsejaste leí Iota Unum. Estudio de las transformaciones de la Iglesia en el siglo xx. Como por los andurriales que habito no existe la más remota posibilidad de encontrar ese libro, lo busqué en Internet, y efectivamente, allí estaba. Lo bajé en pdf y lo he leído parcialmente. Me ha interesado sobre todo la Primera Parte.
Verdaderamente Romano Amerio es un hombre erudito y conoce de primera mano las cosas que dice. Se ve que vivió intensamente los años del Concilio y la crisis que siguió, de la que todavía vemos las ruinas.
Sin embargo pienso que a Amerio le falta una visión más “sapiencial” de la Iglesia. Sólo ve sombras. Ni una luz. En los 50 años transcurridos desde el Concilio ¿no ha habido nada bueno en la vida de la Iglesia? ¿Ningún destello de luz? ¡Por favor! ¿Qué clase de miopía es esa?
Su juicio sobre las transformaciones de la Iglesia en el s. xx es parcial y distorsionado, aunque tenga muchos elementos verdaderos. Se podría decir que no ve lo que de positivo pueda haber en estos años porque la estructura de su pensamiento se lo impide. Es como el afectado por daltonismo, que no consigue distinguir lo colores y los brillos, y sólo aprecia las sombras. Y el cuadro adquiere una tonalidad tan sombría que falsea la realidad.
Pienso que la razón de ese modo deformado y empobrecido de apreciar las cosas, a pesar del talento histórico que demuestra tener, es no haber valorado adecuadamente la crisis de la cultura de la modernidad; una crisis mucho más amplia que la meramente eclesiástica, que envuelve –y continúa envolviendo- la cultura de nuestro tiempo desde los años que siguen a la I Guerra Mundial. De una crisis cultural no escapa nadie, y la Iglesia que está en el mundo y por eso sufre sus vaivenes, tampoco escapó de ella. Pero culpar al Concilio Vaticano II y a Pablo VI de todos los males que le han acaecido en estas últimas décadas es perder la perspectiva histórica; no saber interpretar la Historia de nuestro tiempo, ni el mismo Concilio.

Terzio dijo...

Me parece, Uibante, que no captas la esencia del estudio de Amerio. Cuando un médico analiza, estudia síntomas de enfermedad en el cuerpo, los órganos y su fucionamiento. Si es un filósofo y además teólogo, analiza desde conceptos básicos de pensamiento y doctrina que han sido obviados o alterados por las innovaciones introducidas por el Concilio y la etapa que le siguió, desfigurando, sustituyendo o anulando lo anterior, incluído el Magisterio mismo, el más próximo y el antiguo. Sin duda, esto afecta a la conisderación de la Iglesia en sí. El exámen de Amerio no es caprichoso, al contrario, expone y cita continuamente referencias, hechos y documentos de la Iglesia. Si se refiere con más frecuencia a la Iglesia en Europa, especialmente en Italia y Francia, es por ser el mundo más cercano a él, pero su prospección vale para toda la Iglesia, puesto que el conocimiento de otros casos habría corroborado su dossier. Un informe que no es 'pesimista' sino crudamente realista y atinadamente certero, ni exagera ni parcializa.

Sobre las bondades y frutos del post-concilio, tú mismo podrías haber señalado algunas, pero no has citado ni una. Justamente, los últimos acontecimientos con todo su patético anecdotario dan cuenta de las lamentables consecuencias de aquella ilusión conciliar, que ha afectado tanto y tan profundamente. Es verdad que el marco socio-cultural influye, pero es la Iglesia la influída negativamente, sin duda por esa 'apertura' inmoderada al mundo. La Iglesia postconciliar dejó que el mundo penetrara en ella, pero incidió muy poco, efectivamente, en el mundo que la invadía y desvirtuaba.

El Iota Unum de Romano Amerio es un testimonio cabal, del más alto nivel crítico. Ni más ni menos.

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Uribante dijo...

Efectivamente, Terzio: no te señalé ninguna de las luces, y lo hice a propósito. Los “flashes” son demasiado elementales. Prefiero remitirte a un libro sobre el tema. Te puedo recomendar un título, mucho más sencillo que el del Prof. Amerio; realmente no es tan erudito, sino más bien de divulgación, para gente de a pie. Se llama “La Iglesia Católica en la segunda mitad del siglo XX”, y está escrito por el prof. Orlandis, de la Universidad de Navarra. La editorial que lo publica es Palabra (Madrid, 1998, I.S.B.N. 84-8239-286-7, 275 págs.). A grandes rasgos, narra los mismos hechos pero con un enfoque distinto. Sin negar la gravedad de la crisis que atraviesa la Iglesia deja entrever un horizonte menos ominoso, un futuro más esperanzador. Quizás te interese conocerlo.

Hay otra razón, además, por la que no me referí a las luces… tengo la impresión de que vemos las cosas desde categorías distintas, y me parece difícil entendernos en esos puntos claves que precisamente son luminosos para mí…, pero que, al parecer, no lo son tanto para ti. Y esto es difícil tratarlo por este medio.

El que tengamos perspectivas distintas no impide la simpatía, por lo menos por mi parte. Respeto tus opiniones y ojalá que algún día podamos conocernos personalmente; esto es un poco difícil porque estoy a unos 7000 km de distancia. En todo caso, recibe un saludo muy cordial, transoceánico,

Uribante

Terzio dijo...

Orlandis es plano como una paleta, nivel - la mayoría de las veces - de simple manual. Y Palabra ya sabemos qué editorial es, conque intuyo a qué luces te refieres, Uribante. Te diré, entonces, que las tales luminarias valen lo que su Fundador imprimió de buena catolicidad tradicional, y desmerecen en tanto en cuanto se alejan de los ideales espirituales de la fundación original, algo que desde la desaparición del Fundador ha ido precipitándose aceleradamente, hasta el punto de que nos preguntamos más de uno si aquella obra no se estará desvirtuando irremediablemente. Una vuelta a las fuentes sería - entiendo yo - muy necesaria, especialmente para expurgar ese nocivo juanpablismo que parece haberse instalado como seña de identidad, suplantando las originales del Fundador.

No sé si me explico.

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