sábado, 12 de junio de 2010

Algo pequeñito...y otras pequeñeces

No quiero calcular el tiempo que hace que no veo un concurso de Eurovisión, porque se me vienen encima todos los años que tengo. Tengo tantos que recuerdo haber visto en directo el La-la-la; con tierna edad, pero lo vi y me acuerdo. Y recuerdo también la Poupée de cire-Poupée de son, y a Sandie Shaw, también. Los años de Abba y demás me pillaron con la edad del pavo, cuando ya no echaba cuenta de esas cosas, ocupado en asuntos más graves y con gustos más trascendentales.

Pero este año, por la anécdota del mequetrefe con la barretina que estropeó la actuación del representante España, he visto unas cuantas veces el video de Eurovisión...y me ha gustado. El Daniel Diges canta muy bien, y tiene cara de buena gente. Y me gusta mucho la coreografía de ballet con los cuatro muñecos, que bailan estupendamente y ambientan la canción con un toque "mágico-infantil" muy logrado. Pero lo que me ha enganchado es la música, porque en cuanto oigo un vals en tono menor, me afecta donde sea y como sea; debe ser algún invencible subconsciente romático, o algo así. También puede ser lo del síndrome de Peter Pan, y tal. No lo excluyo. ¡Touché!!

Pero además está la letra. La letra que no me sé y sólo me he quedado con el "Algo pequeñito, algo chiquitito...uoooó-uó-uoó...". Y también dice algo de una rosa blanca y un perdón...y no sé qué más. Lo suficiente para quedarme con la copla y tararearla y tal. En privé, naturellement.

Pero no iba a hablar de todo esto que estoy hablando, iba a hablar de curas, de curas y de cosas de curas. Y de malas y buenas interpretaciones/conceptuaciones sobre ser cura.

Por ejemplo, una excelente, acertadísima, justa y cabal, oportunísma idea sobre un cura y sus cosas, sobre esencias y potencias sacerdotales, es la que expusoo ayer o antes de ayer en Roma el Cardenal Meisner (por cierto que me alegro mucho de poder alabar a un Cardenal, y un Cardenal alemán, además). Pues el Emmº y Revmº Cardenal Joachim Meisner, entre otras cosas, ha dicho esto:

"Un confesionario en el que está presente un sacerdote, en una iglesia vacía, es el símbolo más impresionante de la paciencia de Dios que espera".

Me imagino que por tener en su Catedral de Colonia el relicario de los Reyes Magos, SS. MM. de Oriente le habrán concedido la gracia (¡todo es gracia!) de hacernos a los curas este extemporáneo regalo de Reyes, porque las palabras de Don Joaquín Meisner me han parecido como un desbordamiento obsequioso del Corazón de Jesús al que los Santos Magos regalaron Oro, Incienso y Mirra, y que ahora nos manda por boca del Arzobispo de Colonia esa preciosa comprensión/exposición del Misterio de su Corazón, pátiens et multae misericórdiae, que tantas veces está latiendo (viviendo y reinando) en escenas sacerdotales como esa que describe Meisner: Un sacerdote, un cura, sólo, en una iglesia vacía, en un confesonario, esperando y orando. Realismo santo, tan descarnado como místico, tan simple como sobrenatural. Es así.

Una aproximación al sacerdocio que olvide las circunstancias que envuelven y en las que se desenvuelve el sacerdote del siglo XXI, es una impostura. Quiero decir que teorizar sobre un ideal en coordenadas y parámetros ideales y/o idealizados, es un absurdo y hasta un engaño. Del sacerdocio hay que enseñar la doctrina verdadera y la realidad en medio de la que se vive esa doctrina. Por eso me han gustado las palabras de Meisner.

La vida diaria de un sacerdote no es una escena de triunfo como la de esos cuadros del barroco que pintan al santo entre un coro de angelotes, con arreboles de nubes destellando gloria, y la Paloma del Espíritu Santo sobre la cabeza. No. Esa gloria - que vendrá, eso es cierto - ni será así, ni será aquí.

Las horas del cura pasan a diario, más bien, en un escenario como el que evoca Meisner. Como parecen en esas otras escenas de otros maestros del barroco, expertos en el claroscuro. Pienso en nuestro Zurbarán, y en Ribera, y en La Tour, y también en Rembrandt; incluso en el Caravaggio. Pero no encuentro apto un cuadro de Rubens para enseñar qué es la vida de un cura. Podría servir para hacer una presentación alegorizante, quizá; pero no para enseñar la verdad con sus cosas tal y como son.

Bien. Paso ahora a criticar brevemente lo que no es, las malas interpretaciones, los montajes, las películas sobre curas que falsean lo que es la vida de un cura. O, mejor dicho, "la película", porque me refiero a una película en concreto.

-***- Aquí aviso con asterisco para que se retire el beaterío entusista aplaudidor, la claque beata, la comparsa y el coro de los entusiasmados-as. Avisados quedan. Si siguen leyendo, allá se las apañen con el berrinche (si es que les atacara).-***-

Me refiero a esa peli a la que están dando tanta publicidad. Una publicidad, de entrada, muy extraña, muy chocante: ¿No se han dado cuenta de que no es de buen gusto montar el reclamo publicitario de una peli sobre un cura diciendo que la peli "ha hecho en taquilla más recaudación que 'Sexo en Nueva York' ??? ¿En qué están pensando, con qué están comparando???

Pero además entiendo que se trata de un documental admirativo, entusiasmado y excesivo. Que el joven sacerdote protagonista haya sido un tipo fenomenal, con muchos amigos, con mucho gancho y simpatía arrolladora, con muchos recursos personales, con brillante trayectoria y excelentes facultades, todo eso no lo niego. Pero todo eso no vale para proponerle como modelo. Un cura modélico, entiendo yo, es otra cosa.

Un cura-cura no suele ser un cura "de cimas", sino de planura, de llanura, de piso bajo. No quiero decir que no aspire a lo más alto del Cielo (recalco: ¡aspirar al Cielo!); lo que quiero decir es que su vida circula por terrenos bajos, a nivel del suelo. Ni se arrastra por las alcantarillas (aunque a veces tenga que bajar a ellas), ni se pasa el dia en las azoteas de un rascacielo (aunque algunas veces haya que subir a los pisos altos). Normalmente, la trayectoria a recorrer, el camino a transitar, es de baja altura, de discreto, muy discreto relieve.

Un cura-cura, corriente, sin "brillos", no despierta esas admiraciones ni sale en una peli taquillera. Tampoco se puede permitir el "lujo" de irse un Domingo a esquiar, porque los Domingos son los los días en que los curas-curas están ocupados, desde que amanece hasta que es de noche. El Domingo, para un cura, no es día de vacaciones.

Proponer con entusiasmo a un cura alpinista, es una ficción que puede despistar al que se sienta atraído por una "aventura" que luego no va a poder vivir cuando le toque ser cura en un pueblecito sencillo, con su gente sencilla; o en un barrio cualquiera, con gente tan corriente como la de cualquier sitio. Con gente y con cosas igual de corrientes, muy corrientes; vulgares incluso, de medio pelo y hasta de pelaje raso. La vida de un cura no es "aventura", no es "riesgo", no es "escalada". Un cura real no es un Don Quijote que ve gigantes donde hay molinos, ni confunde a una aldeana con una Dulcinea. Un Quijote no vale para cura.

Que no estoy diciendo que el protagonista de la peli haya sido un cura quijotesco. Lo que digo es que proponer un modelo sacerdotal "de cima", no es realista. Y la santidad es realismo. Tan crudo como las cinco llagas reales de Cristo Sacerdote, con corona de espinas auténticas y cruz pesada y azotes que te destrozan el cuerpo. Y tres clavos que te clavan al madero. La santidad de verdad suele ser una vida sencilla, sin destellos, como los treinta años de la Vida Oculta de Nazareth. Nazareth es un Misterio que se olvida mucho, como también que esos 30 años de vida del Salvador forman parte - la más extensa - del Misterio de la Redención.

Si a un seminarista o a un joven sacerdote se les anima con un modelo/proyecto "entusiasta", y después se topa con una realidad pura, dura y (entiéndasme) "rutinaria", ese joven se puede romper en mil añicos irrecuperables. Suele pasar, desgraciadamente. Los Domingos de "vida oculta" de un cura corriente, no dan oportunidad para escaparse a hacer montañismo.


Entre un atractivo cura de película y el depresivo Curé de Campagne de Bernanos, hay matices y niveles intermedios, más realistas, más apreciables, oportunos, y tanto más fructíferos sacerdotalmente cuanto más sencillamente amoldados a una santidad que no exige "cimas" sino que pide fidelidades. Fidelidades que son sencillos ministerios, carentes de brillos humanos, aunque plenos de gracia divina. Pero la gracia no se ve, ni se siente (aunque actue y transforme el alma, que tampoco se ve).

Lo que me sigue resultando chocante - perdón por insistir - es eso de escalar un Domingo. Y en compañía (detalle que, por mucho que lo expliquen, no tiene explicación). Como tampoco me imagino qué clase de vocación tiene este otro, ni qué tipo de parroquia piensa que va a tener. ¿Se dedicará a celebrar emocionantes misas en un 8.000, o en las crestas de hielo del Perito Moreno, o en lo alto de un errante iceberg???

Un buen final puede arreglar un mal principio, incluso una trayectoria regular, y hasta mala. Si la historia acaba bien, el final es bueno. Pero si el final fuera, digamos, extraño, dejaría la historia que fuera con esa misma extraña impresión final. En este caso que cuenta la peli, opino que brillan, por su ausencia, la discreción y la prudencia. Y como dije, me parece una peli excesiva, que peca por exceso.

Ningún cura, por regular que sea, se escapa de tener su pequeño coro de admiradores-as. Gente buena y agradecida, pero que quizá olvidan (o no saben) aquello que dijo el Señor que se debía responder cuando cumplimos algo a la perfección: "Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que debíamos hacer". Y ya está. Sin películas. Sin claque.

Volviendo a la copla de Eurovisión, que con eso empecé, me he hecho estos dias algunas reflexiones al hilo de la misma; meditaciones de andar por casa, o por iglesia vacia como la que evoca el Cardenal Meisner, consideraciones pías chiquitas, pequeñitas, infantiles. Por ejemplo pensaba, ahora que ya han pasado las solemnidades del Corpus, con procesiones solemnes y todo ese despliegue que - ¡gracias a Dios! - hacemos en nuestras parroquias, por toda España, por tantos sitios; pensaba que, sin embargo, la piedad eucarística de nuestras parroquias, la de todos los días, es de tono sencillo. No se le expone al Señor Sacramentado en una custodia del Arfe todos los dias, sino que se le adora en su Sagrario con gestos y signos y cosas más sencillos, más pequeñitos/chiquititos: Una oración, una visita, una flor, una comunión espiritual, la comunión con recogimiento, con devoción, con temor y temblor (también), la acción de gracias acabada la Misa, alguna oración "de propina", alguna ofrenda por algo o por alguien...

Cosas pequeñas, chicas, que son grandes no por aquello que en sí son, sino por Aquel para Quien son y por Quien son . Si me explico.


p.s. Se me olvidaba el youtube con la copla deEurovisión; ahí va:



+T.

9 comentarios:

DJS dijo...

Una vida corta es siempre incomprensible. Si, además, es vivida con intensidad, entonces es fácilmente exaltable. Salvando las distancias, don Terzio, ¿se acuerda usted de Fernando Martín, el jugador de baloncesto?

No he visto la película, pero la veré. De momento, leo los Ejercicios que dio el P. Domínguez a las monjas cistercienses de Tulebras, publicados por San Pablo bajo el título "Hasta la cumbre" (vaya por Dios).

Terzio dijo...

El Kempis: El Kempis es más seguro, hágame caso.

Me alegro mucho de su vocación de monja. Espero persevere y profese en la clausura.

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Esperanza dijo...

Le ha salido redondo el post, lo de la discreción incluido. Todos los días rezo por los sacerdotes, y, la verdad, nunca he pedido que un día llegue a ganar alguno el descenso del Sella. Por eso me ha gustado especialmente lo que ha dicho el card. Meisner. Y me he reído con sus comentarios sobre la vocación del ruso.

Voy a dejar un enlace con una versión “paralela” de “algo chiquitito”. Es la que cantamos algunos en privado…

http://www.youtube.com/watch?v=bkZtjb4WBfg

San Isidoro dijo...

Bueno, ya sabe lo que Chesterton decía, que lo más extraordinario de la vida es la normalidad, la regularidad.

Quizás hemos perdido la capacidad de asombro, la inocencia de los niños; supongo que por eso Nuestro Señor dijo lo que dijo, sobre los niños y el Reino de los Cielos.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con su entrada, Si no somos capaces de encontrar a Dios en lo pequeño y ordinario, estamos apañaos...terminaremos cazando leones por los pasillos. Por otro lado está la cuestión de la prudencia; por muy segura que esté de mi fidelidad a mi marido, no se me ocurre irme sola con un hombre, ni de escalada ni a Mercadona, que ya se sabe: "entre santa y santo, pared de cal y canto". Y no me vengan con que tengo una mente calenturienta, que ya tengo unos años y he visto demasiado, y, por mi profesión, conozco el paño (el mismo para todos). Por otro lado me parece estupendo que todos hagamos algo de deporte y expandamos el cuerpo y el espíritu, y saber encontrarnos con Dios también ahí.
Y en cuanto a la adoración eucarística ¿por qué no pone reclinatorios para que quien quiera (y pueda) adore a Dios también con el cuerpo al comulgar?
Blanca

Mendrugo dijo...

La película se está convirtiendo en un fenómeno social, algo parecido a lo que fue en 1933 El divino impaciente. Los que compran la entrada como una proclamación de Fe se merecían que les echaran un poco de San Ignacio (y unas miguitas de Pemán).

La idea de la peli también me recuerda a la novela de Olaizola sobre el General Escobar. Por ese «voluntarismo periodístico» que se empeña en sacar un santo de donde no lo hay, con pretensiones de propaganda fide. ¡Y mira que hay curas santos! Ay, esos complejos que nos hacen avergonzarnos de lo mejor, y buscar modelos dudosos creyendo que serán más atractivos...

Agus Alonso-G. dijo...

Qué maravillosa literatura hay en esta entrada.

De un tiempo a esta parte, cada vez valoro más las iglesias con curas en el confesonario. Hoy mismo estuve en una. El cura -ya experto por las arrugas y por la sencillez con que me trató- esperaba a los confesores leyendo su breviario y con un rosario en la mano.

Cuando acabó la Misa, todavía se quedó allí. Solo, apartado. Me conmovió. Me conmueven los curas de pueblo, fieles, ortodoxos, quizá despeinados o que dicen la Misa un poco rápido a veces porque tienen que ir a otros cinco pueblos ese día... ME conmueven, como me ha conmovido su entrada.

Anónimo dijo...

He llegado a ste blog tras la recomendación de un amigo. La verdad es que me encanta porque no es fácil encontrar esta contundencia desde el conocimiento de la Fe con una perspectiva eterna.

Sobre la película que comenta, he de dcir que la he visto y que me ha gustado. Yo no conocí al sacerdote del que habla y debo decir que fui un poco por apoyar un proyecto tan inaudito y positivo a pesar de todos los "peros" que usted le pone. No le diré que la vea porque no es obligatoria para ser católico, pero sí le diré que la película sabe centrar el por qué este cura fue ejemplar y no se corta a la hora deponer nombre a Aquél que dirigió la vida del cura montañero: Dios.

Ciertamente, Pablo Domínguez fue un cura extreordinario (por aquello de que estaba fuera del orden normal de un sacerdote, que es la parroquia) y tiene usted razón al reivindicar a los curas ordinarios, de los que todos recibimos los sacramentos en las parroquias. Pero no creo quee esta pelíucula pueda ser perjudicial para los qu se están planteando su vocación, ya que el centrarles en la misma no depende de una película sobre un "cura bueno" sino de su director espiritual (si tienen) y de los superiores en los seminarios.

Terzio dijo...

El problema de esa historia es su final. No acaba bien y está insuficientemente explicado e insatisfactoriamente supuesto. No se sabe cómo acabó, teniendo en su contra unas circunstancias que no diré escabrosas pero sí preocupantes.

Por eso - y a pesar de las bondades del personaje y la simpatía de sus amigos por él - todo lo de la peli, el montaje publicitario, su difusión y toda la movida aneja, me parecen excesivos. Un exceso en torno a un personaje válido para quedar en la buena memoria de quienes le trataron, pero impropio para ser presentado como modelo.

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