jueves, 5 de noviembre de 2009

Una "época Potemkim"


Por supuesto que no me refiero al panfletucho cinematográfico pro-bolchevique de Einsenstein. Gracias a Dios nunca me he contaminado ni de lejos con basura roja de heces y martillos (ni capullos empuñados); el Señor nos libre, y aniquile lo que queda de la plaga.

Yo quería referirme al noble querido de la zarina Catalina II la Grande (o la gorda, con su doble papada y su ubérrimo busto y su todo lo demás): Su Serena Alteza Grigori Aleksándrovich Potiomkin, que además de solazar a su soberana demostró ser un capaz y competente ministro ilustrado de aquellos de aquella época, cuando las coronas ilustradas de la Europa del nefasto Siglo de las Luces practicaban el despotismo ilustrado, que el Señor nos libre también.

Pues fue aquello que Uds. ya sabrán pero yo quiero recordar: Cuando Rusia pretendía extenderse más allá de Crimea y morderle fronteras a la Sublime Puerta de los decadentes sultanes otomanos. Y para ambientar triunfalmente el viaje de su Zarina, Potemkim inventó una Rusia de escenario, de tramoya, de opereta. Y se inventó pueblos que no había y él levantó de la nada con telones y bastidores de papelón y cartón piedra, que de lejos parecían pueblos reales, tan bien figurados que la comitiva de Katharina die Große cruzó triunfal y ufana por en medio de aquellos sitios de arquitectura efímera fallera. Todos contentos, la grosse Katalina realmente encantada (y satisfecha) y Potemkim triunfante.

Pero ni había pueblos, ni había casas, ni palacios, ni iglesias, ni rien de rien. Todo era oropel, todo cortinaje, tela encolada y telón pintado, todo ilusión creada, castillos de arena, torres de algodón, avalorios y encajes de papel picado. Telarañas con escarcha plateada de tarjetón de cumplido.

Pues como Potemkim y su triunfal viaje a Crimea, hay quienes se han mantenido con lo mismo, todo fachada, trampantojo, barroco y falsa cúpula al estilo de los bastidores pintados del padre Pozzo. El barroco inventó toda la macchina de la pompa ficticia, el aparato de la apariencia. Y el desengaño. Y somos barrocos, medularmente berniniani, borrominiani, churriguerescos en España y roldanescos en Sevilla.

Mucho arco triunfal, mucho evento fastuoso, cada més un triunfo coronado, cada año un cúlmen escenificado, cada temporada un castillo de fuegos artificiales, todos los días trono, carroza, palacio y corte...Y así más de cinco lustros, con una corte de ridículos y piccoli "Potemkims" montando escenarios ad casum. Nulla dies sine fascino.

Hay una coplilla de rueda-rueda que glosa en rima popular la insustancialidad de la cosa, también ustedes la sabrán:


Tanto botón de nacar
tanta cadena
y de noche en su casa
no tiene velas.

Tanto vestido blanco,
tanta parola
y el puchero en la lumbre
agua sola.

Tanto coche de lujo,
tanto boato
y en llegando a su casa
no tiene plato.

Tanto reloj de oro
tanta cadena
y después en la mesa
no tiene cena.

Estribillo:

- Alirón, tira del cordón,
cordón de Valencia,
dónde vas tú,
bien mío
sin mi licencia.



Después viene la otra parte, el desengaño. Dan las 12 en el reloj y todo se deshace en niebla, en sueño, en sombra. Y la carroza vuelve a ser calabaza. Y el caballero de Calatrava se deshace en el pudridero junto a un prelado con la mitra agusanada. No somos nadie. Ni más (ni menos).

Pues eso era lo que quería decir.

A Jueves cinco del mes de Noviembre del 2009, cuando se cierra, se va, termina una "época potemkim" que pasó. Con pena y con gloria.

p.s. No pregunten detalles, please. Tampoco es tanto ni merece más.

&.

1 comentario:

San Isidoro dijo...

Yo diría más bien, con pena y ¿con gloria?

Sí, mejor no preguntar.