lunes, 5 de enero de 2009

Noche de Reyes

Un dia me hice cargo de la edad que tenía al darme cuenta que celebraba y esperaba más la Navidad que los Reyes, cuando hasta hacía unos años pasaba lo contrario, con los Reyes muy por encima en expectación y fiesta sobre todas las fiestas de las Pascuas. La edad también cambia esas cosas. Pero queda mucho en el arca preciosa de la memoria, la buena memoria, siempre a mano para recordar.
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Lo que pasa es que en algunas fechas algunos recuerdos tienen resorte propio y saltan y se imponen. No como una caja de sorpresas, más bien como una especie de despertador con su timbre atrasado, que me rapta a su hora volviéndome a aquellos dias, que ya no son estos que vivo. ¿Si tengo nostalgia?...Diría que no; pero un eco me repite dentro que sí. Sí tengo nostalgia, ese dolorcito del pasado feliz.

El pasado feliz se pesa desde el presente, que no es que sea desgraciado, sino que no tiene las personas que se fueron, las cosas que se perdieron, los días y las horas que se han caído del almanaque y cumplido en el reloj. Es eso, la ansiedad de no abarcar y poseer y estar y detener todo lo de antes, con todos los de antes, tal y como fue y como fueron, que nos hicieron felices y que ahora añoramos.

Por eso, por todo eso, me paso la víspera y el día de Reyes yendo y viniendo del desván interior al mundo actual. Con tropezones, claro. Caras amables, besos, voces, música...Hasta puedo recomponer el ruido de la calle y el trajín de mi casa la mañana de Reyes, de aquellas mañanas de Reyes. También su olor.

Ya no escribo carta a los Reyes, sino que les rezo; me parece que lo conté el año pasado. Les pido cosas ad intra, porque otras cosas me da vergüenza (otro síntoma de la edad provecta). Pero les pido. Me razono que para eso están, siendo de esos Santos que tienen oficio muy determinado, muy ubicado en el Año Cristiano. Tengo, empero, sobre ellos una duda: ¿Les afecta la edad? ¿reconocen nuestra edad? Quiero decir si para ellos, para los Magos de Oriente, tenemos "esta" edad del presente, o nos mantenemos en "aquella" edad que tuvimos; ¿nos ven como adultos? ¿o nos atienden como a niños?

Videtur quod que como ya están glorificados en ánima, también están fuera del tiempo y sus declinaciones, y no nos verán como nos vemos y puede que nos sigan viendo como nos vieron. Y - lo reconozco - padezco cierto síndrome de Peter Pan, sobre todo en estos días de Epifanía. Yes. Y por esto, yo quiero que me vean niño de cinco años; 5 ó 6. O siete.

Todo esto para decir (para decirme) que esta noche no pondré los zapatos en el balcón...Pero tendré zapatos en la puerta del alma esperando regalos, mis regalos de Reyes.

Con toda y la misma ilusión.

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4 comentarios:

David J. Santos dijo...

Gracias.

ELIAS dijo...

¿qué te han traído los Reyes maestro Terzio? Yo también he aprendido como vd. a pedirle cosas, que no materiales, sino espirituales y provechosas para los demás y para mí. El mejor regalo que nos podemos hacer es amistad y amor en el Señor. Tener un amigo como tú, ya es mucho. Recibe mi regalo en la misa y en la oración de cada día.

Blogofrénico dijo...

La dolorosa lejanía de la infancia sentada aún en un triciclo oxidado... ¡La fuerza de la memoria!

Terzio dijo...

Merecería carbón; un poco por lo menos, por muchas cosas.

Al final, siempre me traen más de lo que merezco (aunque no todo lo apetezco, se me antoja, deseo y tengo en mente).

Cosas de niños, ya ven.

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