jueves, 1 de enero de 2009

Mañana del 1

Tengo un especial respeto por las Misas tempranas de Domingo y Fiestas, entre otras cosas porque son un muestrario del beaterío de primera calidad. A otras horas, la devoción tiene concomitancias y adherencias de diversa etiología y tipo. Pero las Misas primeras son sinceridad piadosa, mayormente. Reconozco que es un buen recurso para insomnes, pero así y todo el insomne impío compra el periódico y se va a la cafetería, no se mete en la Iglesia a oir la primera Misa.

Esta mañana es una mañana extraña, con demasiadas ausencias de esos elementos definidores de la mañana: No hay ruidos de coches rodando, ni de camiones descargando (inequívoca señal del dia de fiesta urbano); pero no había ni kioskos de prensa ni bares abiertos, inusitadas y puntuales ausencias, rarísimas en el decurso del año y sus festivos. Lo que sí había por las calles era un rastro de petardos quemados, botellas rotas y alguna que otra asquerosa vomitona en alguna esquina. ¿Qué dia es?, ¿qué mañana del año? ¡La primera!

La primera en la frente, nos decían en el cole para enseñarnos a persignarnos; después en el instituto el profe de latín nos repetía la frasecita cuando marrábamos la declinación, la conjugación o la traducción: ¡La primera en la frente! Pues con frente señalada con toda la basura urbana de los excesos de una noche crapulosa, así se despereza el primer dia del año. Del Año Nuevo que amanece sucio y desastrado como si llevara consigo toda una vida arrastrando. Qué bonito, qué ilusionante.

En la Misa de 9'30 habrían veinte personas. La Iglesia amplia y espaciosa con un salpicado de fieles, passim, entre los bancos. El cura, muy en su oficio, ha predicado a los veintipico devotos-as su sermón, cortito, que tampoco era cosa de ponerse a emular a Bossuet o al beato Diego José.

Después de Misa, nos hemos ido el cura y yo a tomar un café, en el bar de detrás de la Parroquia, que estaba abierto...o no había cerrado. No sabría decirlo porque, entre las caras de los cafeteros mañaneros, había unas pintas estragadas, con tipo resacoso, ropa que no pegaba (deslucida, un pelo extravagante) y mal aspecto indefinible. Concluyo que el bar o no había cerrado, o había abierto (me parece que era esto) para recoger restos del naufragio, y hacer negocio extra con cafés cargaditos para la resaca. Una mañana de resaca, la mañana del primero de Enero. Perfecta alegoría sin palabras de cómo estamos y a dónde hemos ido a parar.

El jefe de la piara, por cierto, se desmarca del común y pasa unos dias de descanso, apartado del mundanal ruído en ese otro finisterre que es Doñana, allende las Marismas donde Gerión criaba caballos y toros. No sé si se habrá despertado con resaca, pero puedo asegurar sin comprobarlo que a Misa no ha ido.

Con la falta que le hace una buena Misa con un buen sermón que le saque los colores y le remueva la poca vergüenza que le queda. Y para el alma, claro.

Pero como los de la piara no creen en el alma, pues huelgan remedios.

Tampoco creen en España, y huelga todo lo demás (ellos mismos los primeros).

Y dicho esto, señores que concurrís por esta esquina del Pasquino: ¡Santo y Feliz 2009 tengan todos ustedes! (que no será feliz el año si no son santos sus dias, ya se sabe).

&.

1 comentario:

San Isidoro dijo...

Feliz año 2.009.

Y ahora a esperar a los que vienen de Oriente.