lunes, 10 de noviembre de 2008

Pagar los cristales rotos

De la Reichskristallnacht sé lo que he leído. Las primeras cosas, en aquellos números de Historia y Vida que esperaba cada mes con ansia. Los recibía el hermano mayor de un amigo, que estaba suscrito a la revista, y mi amigo me los iba pasando cuando su hermano los había leído. Yo era - me parece - el que más los aprovechaba, con 10-11 años, en 1º-2º de Bachillerato.

Empezaron a sonarme palabras, hechos y personajes del IIIer. Reich y el nazismo. Me pasó como cuando unos cuantos años antes me aficioné a la Revolución Francesa, que el tema me fascinaba en la misma proporción que me aterraba. Las fotografías patéticas de los niños y ancianos detenidos e las calles, con la estrella de David, las tengo entre las de mi particular galería de la Historia Contemporánea, como tantos las tendrán también.
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Pero la Historia es historia. Actualizarla o sujetar la actualidad con el lastre del pasado es un error. Cuando la Canciller Merkel hacía ayer una semblanza de la Reichskristallnacht, decía una barbaridad: "... no callar ante el antisemitismo presente, venga de la ultraderecha o de quienes cuestionan el derecho a la existencia de Israel, sea Hamas, Hezbulá o Irán". Equiparar a unos con otros y unos hechos pasados con el presente, es disparatar.
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Comprendo que ella capitaliza y pone "voz política" a Alemania y los alemanes, todavía tan traumatizados por su historia, tan fresca que hasta tiene testigos vivos, con las huellas del terror en sus cuerpos y en sus mentes. Pero no comprendo que la Alemania del 2007 tenga que auto-exculparse por el IIIer. Reich de Hitler. Es casi evidente que las marcas del pasado están hipotecando el presente hasta ese extremo, tan peligroso para el Occidente que en las última décadas se ha definido (o ha sido definido) como el enemigo del Islam.
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Decir que Hizbolá o Hamás, o que una nación entera como Irán, son "antisemitas" como fueron antisemitas los autores de la Reichskristallnacht , me suena a crimen de lesa internacionalidad (si eso existe). Decir que cuestionar la existencia del actual estado de Israel es ser antisemita, es una flagrante injusticia, casi de lesa humanidad. Una injusticia que sufren los palestinos de Gaza, con el agravante de que no se les deja ni protestar. Porque protestar en Gaza (para la Merkel y para muchos) es un acto antisemita, y un palestino que protesta es un antisemita tan peligroso como un nazi del '38.


Seguramente, la Merkel opinará of the record lo que sea, pero para la prensa no comment: Los derechos pisoteados de los palestinos mil veces y de mil maneras ultrajados y humillados y desposeídos por dificilmente justificable estado de Israel no son materia opinable en Alemania, porque sería "antisemitismo".

p.s. Me imagino que si yo escribiera esto en Alemania, a lo peor me acusaban de ser la reencarnación de Rosenberg. Cosas veredes!

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4 comentarios:

MBA dijo...

Leo con el habitual interés tu interesante reflexión y me permito hacerte dos apuntes.
A pesar – o precisamente por – lo que escribes sobre los judíos, nunca me atrevería a decir que eres un antisemita, ni que ninguna de las opiniones que viertes en tu blog lo sea. Más bien te definiría como se definió a sí mismo el profesor Strugnell en una entrevista a Ha-Aretz el 28 de octubre de 1990: anti-judaista. Y te recomiendo vivamente esa entrevista porque creo que encontrarías muy cercanos e interesantes sus puntos de vista. No creo que Strugnell, por muy mal que se expresara, fuera anti-semita porque para él no había nada que no se solucionara con un buen bautismo.
Y en cuanto al asunto anti-semitismo/palestinismo, técnicamente Hamás, Hezbolá y el actual ejecutivo de Irán sí son anti-semitas de viejo cuño porque todo lo que estos grupos están diciendo viene de raíces de la propaganda anti-semita alemana, propagada en su día por el gran Mufti de Jerusalén e incorporado al discurso populachero pseudo-socialista del discurso panarabista. El mundo árabe no ha sido anti-semita hasta fechas muy cercanas, e instituciones políticas estrictamente árabes como el majles siempre han reservado asientos parlamentarios para sus minorías, fueran judíos, cristianos… Cuestionar la existencia del Estado de Israel no convierte al crítico en antisemita, pero al mismo tiempo en anti-israelismo se ha convertido en la camiseta políticamente correcta del moderno antisemitismo. Hace más de 60 años que los palestinos podrían tener un Estado, o podrían haberse integrado en el israelí. Como sí han hecho en el Norte o en el mismo Tel-Aviv donde los cristianos árabes, católicos y maronitas, no tienen donde ir porque son considerados traidores por vivir en Israel y no ser musulmanes entre sus vecinos, y sospechosos como moros a secas en Occidente. Los palestinos son el arma arrojadiza de un montón de estados corruptos que tienen su propia agenda, que en ningún caso incluye a los palestinos, ni se les ha pasado por la cabeza darles absolutamente nada. Como lo primero que han hecho los palestinos mismos tras la desaparición del corruptísimo Arafat ha sido emprender una guerra civil. Pero de esto el que más sabe es nuestro ministro de exteriores, Moratinos, que desde sus orígenes y diversos cargos ha actuado como ministro de exteriores de Al-Fatah. Tal vez algún día a alguien le de por mirarle sus cuentas en la zona, sus socios y a qué se dedica en sus ratos libres, y al cruzarlo con algunas de las acciones que ha tomado desde cargos públicos españoles, el resultado se asemeja a un delito más local llamado alta traición. Y no hace falta estar en Alemania, aquí tampoco se puede hablar de ello.

Terzio dijo...

¿Ves? Cuando hablas en serio y acertado, me honras el blog.

(mañana, Deo volente, sigo, que es muy tarde).

Ciao!

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San Isidoro dijo...

Aparte de Burke y de Maistre, ¿qué más hay, interesante, sobre la Revolución Francesa?

Terzio dijo...

Oh! No soy buen consejero en eso, porque soy compulsivo y leo de la Rev. todo lo que pillo, sin discernir (y me gusta quasi todo porque padezco una fascinación morbosa por el tema).

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