jueves, 14 de febrero de 2008

Vanitas vanitatum...pero con corona

No sé si esto será una frívola vanidad, a una semana y dos días del Miércoles de Ceniza, pero me acaban de "titular"...y de qué manera:


My Peculiar Aristocratic Title is:
Imperial Majesty Terzio the Introspective of Divine Intervention
Get your Peculiar Aristocratic Title



...y, vanitas vanitatum, me ha hecho gracia la cosa, y la pongo aquí, que es su sitio: Un espacio virtual para un magno título virtual.

También le pongo música a tan fausta ocasión, faltaría más:



...aunque la música va en serio (y la letra también).

En el Breviario pusieron como himno para Cuaresma un poema de Sor Cristina de Arteaga, née hija del Duque del Infantado, Grande de España, y después monja jerónima de clausura en el Convento de Stª Paula de Sevilla, donde murió. La conocí de priora, y las tocas todavía dejaban ver la noble cuna. Este es su poema-himno:

¿Para qué los timbres de sangre y nobleza?
Nunca los blasones
fueron lenitivo para la tristeza
de nuestras pasiones:
¡No me des corona, Señor, de grandeza!

¿Altivez? ¿Honores? Torres ilusorias
que el tiempo derrumba.
Es coronamiento de todas la glorias
un rincón de tumba.
¡No me des siquiera coronas mortuorias!

No pido el laurel que nimba al talento,
ni las voluptuosas
guirnaldas de lujo y alborozamiento.
¡Ni mirtos, ni rosas!
¡No me des coronas que se lleva el viento!

Yo quiero la joya de penas divinas
que rasga las sienes.
Es para las almas que tú predestinas.
Sólo Tú la tienes.
¡Si me das coronas, dámelas de espinas!


Conozco a un probo sacro varón que tachó ese último verso, parece que lo estoy viendo. Fue sincero, porque lo que se dice en un verso o se reza en una plegaria no va siempre aparejado con el querer o el valor del corazón, que no suele estar para espinas extras.

Pero ahí quedó el himno desencantado de vanas coronas, con su verso final, por si alguien recoje el guante a Sor Cristina y se atreve a pedir lo mismo.

p.s. El secreto está en a Quién se pide.

&.

8 comentarios:

Counter-Revolutionary dijo...

Qué curioso, el abuelo de uno de mis mejores amigos era primo del Duque del Infantado, de hecho este amigo lleva el Arteaga entre sus apellidos. El mundo es un pañuelo.

Terzio dijo...

Sí, un pañolito: Unas veces con lágrimas, otras con mocos; unos lo llevan en el bolsillo, otros al cuello, otros en la cabeza. Se saca por la ventanilla para pedir socorro o en los toros para pedir la oreja.

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Mendrugo dijo...

El sitio de los títulos nobiliarios es un hallazgo. A mí me acaba de nombrar nada menos que His Exalted Highness Duke Leonel the Intransigent of Throcking in the Hole. Con qué poquito se complace la vanidad humana. Sor Cristina habla con tino de la tristeza de nuestras pasiones. Porque las pasiones pueden ser vehementes, violentas, dominantes... pero sobre todo son tristes.
Por cierto que ella no sólo fue de altísima cuna, sino que también mereció la corona de "laurel que nimba el talento", como muestran estos versos. Y pudo aspirar a la de mirto y rosas. La pretendió por ejemplo José Antonio Primo de Rivera.

Terzio dijo...

Sí, eso se dijo. Y no sé cuánto habrá de verdad o de leyenda, porque cuando José Antonio estaba en su apogeo, y desde años antes, Cristina de Arteaga ya andaba por Solèsmes y otros claustros, con una decidida vocación monástica; y en 1934 ingresaba en la Concepción Jerónima de Madrid, antes de venirse definitivamente a Sevilla.

Aquí se puede ver una sucinta nota biográfica con foto de Sor Cristina

'

Alfaraz dijo...

El pretendido interés de José Antonio por sor Cristina parece no ser cierto, al menos su biógrafo Gil Pecharromán lo desmiente.
Por otra parte lo de las relaciones de J.A. es algo muy recurrente, y se me ocurren media docena de nombres de las que he leído historias parecidas.

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Terzio dijo...

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Qué placer contar con eruditos sobre estas interesantes cuestiones de enamoraciones humano-divinas.

No esperaba menos de tí, caro confratello

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Trasto dijo...

Otra versión para los que no nos atrevemos a tanto:

Las penas o gozos que Tú me destinas
recibo por bienes:
Igual Te bendigo si de oro o de espinas
me ciñes las sienes.
Pero si son penas, ¡que sean divinas!

Fran cis dijo...

Jose Antonio tiro los tejos a Cristina, al parecer se encontraron en varias reuniones sociales y en la universidad, en algunas de las clases comunes que tenían en sus respectivas carreras, Derecho el, Filosofía ella. Coincidieron en algún baile de palacio también. Eran conocidos. A el le gustaba ella, pero por supuesto la cosa no pasó de ahí. El verdadero amor del lider de la Falange fue Pilar Azlor de Aragón, la duquesita de Luna, hija mayor del Duque de Villahermosa. Mantuvo con ella un noviazgo de 6 años, siempre escondiéndose del padre que se oponia de manera frontal a estas relaciones. Pilar aguantó el tipo hasta donde pudo. Hasta para regalarle una pulsera el día de su santo Jose Antonio tuvo que intentar pasar desapercibido y acercarse en medio del gentío a la Basílica del Pilar, un 12 de Octubre, y ceñirsela a la muñeca sin que nadie mas que ella se apercibiera. Ninguno pudo aguantar la presión y las circunstancias y terminaron dejando el noviazgo. Dos años después Pilar se casó con otro, mas del gusto de su padre, y al día siguiente de la boda la pareja recaló en el Parador de Gredos. Allí quiso el destino que Jose Antonio celebrara, con la Junta Política de la Falange, un encuentro de fin de semana. Al bajar al comedor se topa con la pareja que cenaba también allí. El hambre de lobo que traía se le paso, y el comentario que al día siguiente le hizo a su pasante Rafael Garcerán fue "no he podido pegar ojo en toda la noche".