lunes, 26 de noviembre de 2007

Dies irae




Dies irae dies illa,
solvet saeclum in favilla,
teste David cum Sibylla.

Quantus tremor est futurus,
quando judex est venturus,
cuncta stricte discussurus.

Tuba mirum spargens sonum
per sepulcra regionum
coget omnes ante thronum.

Mors stupebit et natura,
cum resurget creatura,
judicanti responsura.

Liber scriptus proferetur,
in quo totum continetur,
unde mundus judicetur.

Judex ergo cum sedebit,
quidquid latet apparebit,
nihil inultum remanebit.

Quid sum miser tunc dicturus?
Quem patronum rogaturus,
cum vix justus sit securus?

Rex tremendae majestatis,
qui salvandos salvas gratis,
salva me fons pietatis.

Recordare Jesu pie,
quod sum causa tuae viae:
ne me perdas illa die.

Querens me sedisti lassus,
redemisti crucem passus.
Tantus labor non sit cassus.

Juste judex ultionnis,
donum fac remissionis
ante diem rationis.

Ingemisco tamquam reus,
culpa rubet vultus meus;
suplicanti parce Deus.

Qui Mariam absolvisti
et latronem exaudisti,
mihi quoque spem dedisti.

Preces meae non sunt dignae,
sed Tu bonus fac benigne,
ne perenni cremer igne.

Inter oves locum praesta,
et ab haedis me sequestra,
statuens in parte dextra.

Confutatis maledictis,
flammis acribus addictis,
voca me cum benedictis.

Oro supplex et acclinis,
cor contritum quasi cinis,
gere curam mei finis.

Lacrimosa dies illa,
qua resurget ex favilla.
Judicandus homo reus,
huic ergo parce Deus.

Pie Jesu Domine,
dona eis requiem.
Amen.

Durante esta semana, última del Año Litúrgico, se reza en el oficio latino de la Liturgia de las Horas la antigua secuencia Dies irae de la Misa de Difuntos, adaptada con ligeras variaciones del original y dividida en tres fragmentos como himno para el Oficio de Lectura, Láudes y Vísperas; a cada una de las partes se le ha añadido para cerrarla una estrofa con una doxología: O Tu Deus maiestatis/ alme candor Trinitátis/ nos coniúnge cum beátis. Amen.

Así ha sobrevivido litúrgicamente una de las piezas más inspiradas e inspiradoras del repertorio del gregoriano. Con la restauración del antiguo Misal (rito romano extraordinario) podrá volverse a interpretar tal cual, como sequentia previa al Evangelio en la Misa pro Defunctis.

Está atribuída al franciscano Tomás de Celano (1200-60), aunque no le han faltado otras atribuciones a autores más pretéritos. Con suficiente inspiración en la misma liturgia romana y el tema de las postrimerías tal y como aparece en los Evangelios, el primer verso parece estar tomado expresamente de Sofonías, 1,15-16.

Despertó una especial atracción en los mejores maestros de la música, que compusieron sus Réquiens dándole a esta sequentia un especial resalte (Fauré sólo pone el verso final Pie Iesu como añadido al Sanctus). Las primeras notas aparecen como motivo en otras muchas partituras, pero también se vulgarizó como símbolo de lo macabro, la música de la muerte por excelencia.

Rara vez se hallan armonizadas tan adecuadamente letra, música y circunstancias como en el admirable, bello y pleno de sentido Dies Irae. Tales coincidencias sólo aparecen en obras maestras, perennes como esta que aúna espiritualidad y arte.

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