martes, 8 de noviembre de 2011

Un escándalo indiscutible?


Hace dos o tres días sacaban esta lamentable noticia, que es la enésima repetición del mismo motivo con variantes, como si de una obsesiva pieza cacofónica se tratara:

Fuera de la Curia el Cardenal encubridor de pederastas

Quieren que el Cardenal Law, ex-arzobispo de Boston, sea expulsado del Colegio Cardenalico, por haber 'encubierto' a los clérigos acusados de pederastía en su diocesis de Bostón, cuando fue arzobispo. Con ochenta años cumplidos, sufre lo que yo entiendo es una persecución por ser quien es, no por haber hecho/no haber hecho lo que hizo/lo que no hizo.

Este verano, el gobierno irlandés pulsó una tecla que es una sirena de alarma para cualquier sacerdote católico que tenga un mínimo de conciencia sagrada. El jefe de gobierno irlandés amenazaba con sacar una ley para suspender en la república de Irlanda el sigilo penitencial sacerdotal, el secreto sacramental que todo confesor está obligado a mantener respecto a la identidad del penitente y sus pecados (con sus circunstancias y demás particulares que se manifiesten en el acto de la confesión). Si tal propósito se hubiera hecho realidad, el golpe a la Iglesia Católica habría sido un lesivo impacto, de los más graves que se le puedan inflingir. Salvo casos históricamente constatados de abierta persecución religiosa, atentar contra el secreto de confesión ha sido señal de una manifiesta intención de exterminio del catolicismo. Que eso haya ocurrido en Irlanda dobla la malignidad del hecho. Que se diga que es por lo de del clero-pederastazo, suma un plus de hipocresía nauseabunda al caso.

Me lo he preguntado otras veces, y repito el interrogante: ¿Por qué la sociedad sexualmente más permisiva, la que ha hecho de la transgresión moral un valor, un ídolo identificativo de ella misma, se vuelve tan reactivamente feroz cuando se trata de la perversión sexual del clero? ¿Es verdad que se afecta tanto, o es sólo una impostación, una hipócrita falsía?

Admito, concedo, que el caso de los clero-pederastas sea un golpe, pero no consiento que me digan que ese es el problema, no me lo creo. No me creo que una sociedad que despierta al sexo y se incia en su práctica cada vez más precozmente, que se entrega al sexo más extravagante y degenerado cada vez con más frecuecia y con peores consecuencias, esa misma sociedad reaccione de una forma tan agresiva contra los clero-pederastas; eso no es congruente, esa reacción no es correspondiente ni proporcional. A no ser que esconda o suponga otros motivos, otras explicaciones, sean o no sean razonables. Intuyo que en parte no lo son, que pertenecen, más bien, al orden pasional o la categoría de lo subconsciente (dejando, por no discutirlo, lo preternatural, que, obviamente, concurre). También supongo que la otra parte de la explicación está compuesta por motivos de intencionada ideología anti-católica, muy hostiles.

¿Cómo actua la Iglesia, qué medidas toma? Unas medidas timoratas, acomplejadas, empañadas por la corrección política. Hace también unos días se publicaba esta otra noticia, con ese poco atractivo personaje curial, Monseños Scicluna, dictando un 'decálogo' sobre la materia:

'Decálogo de Scicluna'

Mientras la Iglesia se mantenga a la defensiva (ad intra y ad extra) y no se decida a atacar (y a defenderse también) con firmeza de intención y acción (ad intra y ad extra), la manipulación de la clero-pederatía seguirá siendo una pesada arma en manos del enemigo, que golpeará una y otra vez, en los momentos menos favorables, cuando menos se espere, de la forma más hiriente.

Su objetivo no es la recuperación de la moral, ni la restauración de la integridad del clero católico; su objetivo es debilitar hasta aniquilar a la Iglesia Católica, su Jerarquía y sus instituciones.

p.s. Por cierto, esta otra noticia, siendo de la misma especie, no tiene apenas relieve, pasa casi desapercibida, la habrán leído sólo unos cuántos porque se ha publicado sólo en unos pocos medios: Islam y pedofilia en Gran Bretaña . No se trata de justificarse con el pecado ajeno, sino de medir y sopesar diferencias, a tenor de lo que he comentado.


+T.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Mártires de España





ORACIÓN

Oh Dios, que enviaste a tu Hijo, para que muriendo y resucitando nos diese su Espíritu de amor. Nuestros hermanos, mártires del siglo XX en España, mantuvieron su adhesión a Jesucristo de manera tan radical y plena que les permitiste derramar su sangre por Él. Danos la gracia y la alegría de la conversión para asumir las exigencias de la fe; ayúdanos, por su intercesión,y por la de María, Reina de los mártires, a ser siempre artífices de reconciliación en la sociedad y a promover una viva comunión entre los miembros de tu Iglesia en España; enséñanos a comprometernos, con nuestros pastores, en la nueva evangelización haciendo de nuestras vidas testimonios eficaces del amor a Ti y a los hermanos. Te lo pedimos por Jesucristo, el Testigo fiel y veraz, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.



n.b. No me gusta 'formalmente' la oración: Es larga, utiliza conceptos que no me satisfacen y el final no lo considero ortodoxo (lo confieso). Pero es la oración de los Mártires Españoles del Siglo XX (tampoco me gusta el título).

Mi intención es que la memoria de los Mártires de la Persecución Religiosa, que este 6 de Noviembre no se ha celebrado por caer en Domingo, apareciera en el blog, para que conste.


+T.

De vírgenes y lámparas


A la parábola del siervo fiel y el infiel (Mt 24, 45 y ss.) sigue la de las Diez Vírgenes (Mt 25 1-13), que también trata de la diligencia y la vigilancia, con significado escatológico: "El Reino de los Cielos se parecerá a diez vírgenes, las cuales, tomadas sus lámparas, salieron al encuentro del esposo..", así comienza. Después indica que cinco de ellas eran necias y cinco prudentes; desde el principio se distinguen dos predisposiciones, dos actitudes que determirán las obras (no entramos en el intrincado tema de la predestinación, porque ni sabemos ni queremos, aunque conviene ver como se insinua en las Parábolas y otros pasajes de los Santos Evangelios).

La crisis de la Parábola ocurre cuando se anuncia a la medianoche la llegada del esposo y las doncellas dormidas despiertan (todas, sensatas y necias, sucumbieron al sueño): A las necias las lámparas se les han apagado, y no tienen aceite para reponer; cuando piden a las prudentes, estas dicen que no pueden darles, que se exponen a que se les agote, que vayan a comprarlo.

"...Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta."

Cuando se nos predica, la parábola se nos acomoda, se nos hace reflexionar, examinar nuestras disposiciones; las doncellas somos nosotros, nuestras almas; las lamparas encendidas son las virtudes teologales, fe, esperanza, caridad: La fe alumbra, la esperanza mantiene, la caridad arde y se consume.

Yo pienso en la Iglesia, y me la imagino compuesta de vírgenes descuidadas y vírgenes prudentes. Las virtuosas se mantienen alumbrando, ardientes, expectantes; si se duermen porque la vida cansa y les rinde, tienen suficiente combustible que han extraído del depósito de la fe y la gracia, y lo han acumulado para nutrirse cuando sea necesario. Pero las otras han agotado el óleo de las lamparas, la llama se ha apagado, la luz se ha extinguido, el amor se les ha enfriado, y no tienen tiempo para ir al depósito de la virtud a recargar sus alcuzas y poder recibir al Esposo que ha llega.

"...Más tarde vienen también las demás vírgenes, diciendo -'Señor, Señor, ábrenos'. Mas él respondiendo dijo: -'En verdad os digo, no os conozco'."

Si aplicamos la alegoría de la Parábola a la Iglesia, habrá que examinar y distinguir quienes están manifestándose como Vírgenes Prudentes (celosas, precavidas, prevenidas, discretas, pertrechadas, diligentes, preparadas) y quienes dan visos de ser las Necias (despreocupadas, indolentes, perezosas, olvidadizas, negligentes, imprudentes).

¿Quienes tienen la alcuza llena de buena doctrina para nutrir la fe, de buenos ejemplos para alentar la esperanza, de buenas obras para estimular la caridad?

¿Quienes han olvidado la recta doctrina, despreciado los buenos ejemplos, descuidado la benevolencia y la beneficencia?



Danos, Divino Esposo enamorado,
la gracia de aguardar tu paso siempre,
con lámpara de virgen siempre ardiente,
y el corazón latiendo esperanzado.


El coro de las monjas ortodoxas del convento ruso de San Vedensky canta 'Enséñame, Señor, a alabarte "





+T.

Irlanda des-católica


La noticia del cierre de la embajada de Irlanda ante la Santa Sede ha sido un bombazo. Un bombazo apreciable en medios eclesiásticos sensibles al valor y el significado de la diplomacia. Desde luego, la decisión del gobierno irlandés deja en entredicho la calidad y el nivel político del actual Gobierno de Irlanda, eso parece indiscutible.

Salvo que todo haya sido un golpe estudiadamente diplomático, una especie de grado extremo en el nivel de tensión de una crisis diplomática, más allá de la habitual 'llamada a consulta' de embajadores, u otras de estas pautadas y reconocidas formalidades diplomáticas ad casum.

Que el anuncio de la decisión incluya también junto a la Santa Sede a otras embajadas de tercer orden (Irán y Timor Oriental), denota una intencionalidad bastante notable, un guantazo descaradamente afrentoso. Es patente en este caso cuán fácil resulta fabricar un incidente diplomático cuando se quiere tener uno a mano para usarlo como arma ofensiva, la historia está bien surtida de incidentes de esta clase.

Me resisto a creer que todo sea, como se comenta, por lo de lo del clero-pederastazo. Tiene que haber algo más, alguna razón de más calado político. Quizá sea todo una maniobra de agitación que el gobierno y sus agentes montan oportunamente para distraer a la opinión pública del clima de desastre en que se halla inmersa Irlanda por causa de la crisis económica y su pésima gestión. Si en España existen gente como Zp y Rubalcaba y partidos como el Psoe capaces de todo lo que sabemos (¡y tememos!), ¿Por qué no en Irlanda? Se trataría de una versión a la irlandesa de lo que aquí ha pasado (o puede pasar) con otros sujetos, otros nombres, otras siglas.

¿Alguna consideración más al respecto? Sí, una muy importante, por lo que nos afecta y porque no escarmentamos: El poder político termina enemistándose con la Iglesia, atacándola como el perro que muerde la amno del que le da (le daba) de comer. Más tarde o más temprano.

Si la nación irlandesa y sus dirigentes han tenido un valedor histórico firme y leal, ese ha sido la Iglesia, la iglesia de la propia Irlanda con la Roma Católica detrás. Aquí mismo, donde escribo, en Sevilla, como en otras ciudades españolas (Valladolid, Salamanca, Santiago de Compostela, Madrid, Alcalá de Henares), hubo un Colegio de Irlandeses, fundado en 1608, para la educación, formación y misión de clérigos irlandeses para Irlanda. Con la misión católica no sólo se mantenía el catolicismo, sino el patriotismo irlandés, cuya resistencia y supervivencia no se explican sin la misión y el aliento de los sacerdotes católicos. Y Roma, que conocía todo y animaba todo.

Lo que pudiera estar ocurriendo es una especie de emancipación secularista de la política irlandesa respecto de la tutela o poder fáctico de la Iglesia Irlandesa, con el pederastazo como coartada y Roma como gong resonante, para dar el campanazo y que resuene. Diría yo.


Sin embargo, la actualidad irlandesa se aleja de la imagen de la tradicional 'Irlanda Católica', según parece a pasos acelerados, con una opinión pública que se manifiesta cada vez mas adversa al catolicismo. Aun sabiendo y ponderando lo fácil que es para los medios la manipulación ideológica de la opinión pública, la situación de la ex-católica Irlanda viene a ser como la de la ex-católica España, mutatis mutandis.

La Iglesia es buena para los principios heróicos, los intermedios tenaces, las metas triunfantes. Pero la Iglesia estorba después, mucho más en un régimen liberal-democrático que tiende a imitar modelos definidamente secularizantes que miran al Catolicismo como un obstáculo que superar y a la Iglesia Católica como un rival que vencer (cuando no un enemigo que exterminar).

Pero insisto: Lo del escándalo de la clero-pederastia, una coartada. Y lo del cierre de la embajada en Roma, una bomba (de humo).

+T.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Brahms otoñal y mío


Me mantengo fiel a mis gustos originales, que fueron románticos. Creo que fue Schubert mi primer enamoramiento musical, y sigo prendido también de Brahms. Este movimiento de su 3ª sinfonía destila melancolía otoñal, dulce como una ensoñación recreada con las más bellas nostalgias, almas y cosas que se tuvieron, que vuelven como sombras amables, como música suavemente recreada en el ser de otros y el mío.




+T.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Otra historia macabra


Èl se llamaba Don Klaus Ranittër, y ella Doña Anna lo mismo. Eran los tios de una del pueblo que se casó con un muchacho de Hamburgo, que como estaban de viaje de vaciones por España, se pasaron por el pueblo porque traían unos regalos para la chacha Rosario y el chacho Arcario, los tíos de Rosarito, la que se casó con el muchacho aquel, el alemán.

Pues llegaron al pueblo, se presentaron en casa de Rosario la de Arcario; no se entendieron ni una palabra porque Don Klaus y Doña Anna no hablaban español ni el Arcario ni Rosario entendían el alemán, pero se dieron muchos besos y se rieron mucho los cuatro.

Y como la mesa une los cuerpos y las almas y las naciones se funden con el calor de una lumbre amable, aquella noche los recién conocidos se comieron un cocido de garbanzos con todos sus avíos, y media orza de manteca de lomo con pan de tahona, y unos pestiños recien enmelados, y unas batatas en almíbar, y dos botellas de tinto y media botella de Cazalla. Comieron y bebieron y se rieron y se fueron a acostar sin haberse entendido una pe ni una pa, pero la mar de contentos, como si se hubieran tratado de toda la vida.

El golpe ocurrió por la mañana, a eso de las 8 y media. La primera en enterarse fue Manuela, la de la vaquería, que acababa de ordeñar y estaba preparando las cántaras de leche para el reparto:

- ¡Ay Manuela, Manuela, ayyyy! ¡Ay Manuela de mi alma, que se me ha muerto, que se me ha muerto en mi casa! ¡Ay Manuela!

- ¡Ay qué desgracia, Rosario! ¡Ay tu Arcario, con lo bueno que estaba ayer mismo, que estuvo aquí con mi Rufino! ¡Ay el pobre Arcario!

- ¡Que no, mujer, que no, que mi Arcario esta mu güeno, gracias a Dios, no mientes ruina! ¡Que es el Don Klaus, el tio del marío de mi Rosarito, el alemán! Que han venío de visita y anoche se acostó tan bueno y no ha amanecío, Manuela, se ha quedado tieso el infelíz. ¡Qué desgracia, hija!

- ¡Qué desgracia, mujé!

Se pasaron la mañana avisando al médico para el certificado de defunción, al ayuntamiento para los papeles que había que mover, y llamando a Hamburgo, a la Rosarito y su marido, para contarles la tragedia y que se hicieran cargo de lo que hubiera que hacer.

Don Domingo, el cura, se presentó y rezó un responso, pero por lo visto Don Klaus y Doña Anna no eran catolicos (¡Nicht-Katholiken! ¡Lutheraner der lutherischen Kirche! o algo así, decía Doña Anna). Y el cura aconsejó que los funerales los organizaran en Hamburgo, cuando llegara el cadáver.

A Don Klaus tuvieron que embalsamarlo, meterlo en caja de zinc, otra caja de madera, y embalarlo para embarcarlo en avión. Después del embalsamamiento y la caja de zinc, tuvieron que esperar 24 horas, por no sé qué tramite del consulado. En aquellos años - eran los felices '70 - todavía no había tanatorios en Sevilla, y Rosario y Arcario no quisieron dejar a Don Klaus en el Depósito Anatómico Forense, y cómo no había nada en contra, se llevaron a Don Klaus al pueblo, a su casa, y le organizaron un velatorio como Dios manda.

Como el muerto era extranjero, el velatorio fue muy divertido, más de lo habitual. Se hicieron buñuelos, se sirvió chocolate y aguardiente, unas vecinas llevaron tortas, otras pestiños, y pasaron una noche muy agradable. Contaban luego que allí no suspiraba nadie, ni la viuda. Doña Anna, que no estaba acostumbrada al aguardiente serrano, agarró una melopea de anís El Clavel (seco) y tuvieron que acostarla. A Rosario el efecto del cazalla le dió por llorar (fue la única que lloró), y a las vecinas por reir.

El furgón fúnebre de la empresa funeraria del pueblo (Pompas Fúnebres San Sebastián) estaba contratado para llevarse a Don Klaus desde casa de Rosario la de Arcario hasta el aeropuerto; Doña Anna tenía pasaje en el mismo vuelo en que iría Don Klaus, ella en asiento de primera y él en la bodega, con el equipaje.



Cuando llegó el coche para llevarse a Don Klaus, Rosario hizo un aparte con Manolito, el de la funeraria:

- Manolito, ¿la caja del muerto es fuerte, va bien cerrada?
-¡Vamos! Una caja maciza y reforzada, con cerradura doble y tres cinchos, que eso no hay quien lo abra, Rosario.
- Pues mira, Manolito, vamos a echar a la gente del cuarto, antes de que cierres la caja, que hay que hacer una cosita, un capricho pa mi Rosarito, tu ya sabes que está esperando pa Julio y ha tenío un capricho, mira tú.
- Yo lo que usté quiera Rosario; total, al muerto le va a dar lo mismo.
- Eso digo yo, Manolito. Y ya que se lo llevan a Alemania, el pobrecito - ¡que en paz descanse, dichoso! - pues se aprovecha el viaje, ¿no es verdad, hijo?
- Eso mismo, Rosario.
- ¡Ea! Pues venga ya, antes que entre nadie y vea lo que no debe. ¡Arcarioooo, ven pacá a echá una mano, hombre!

Y se presentó el Arcario en la alcoba donde estaba Don Klaus de cuerpo presente, en su caja de zinc; por una ventanilla de cristal se le veía la cara, blanca como la pajuela, con un bigotillo y unas patillas rubias entrecanas. Como entre la caja de zinc y el ataúd de madera había espacio, metieron dentro dos sacos de naranjas, una fiambrera con manteca de lomo y otra con chicharrones, unas ristras de morcillas, dos chorizos, un queso, una ristra de ajos, una talega de garbanzos y otra de aceitunas gordales. Todo bien colocado, rellenando huecos, bien atado con guita fina. Sujeta a la ventanilla de cristal por la que se veía a Don Klaus, iba una carta de Rosario a su Rosarito:

Niña, Rosarito, por aquí todos buenos, menos el disgusto de Don Klaus, que ha sido un golpetazo, Dios lo tenga en su gloria y le de resignación a Doña Anna, la pobrecita. Niña, Rosarito, dice el tito Arcario que las naranjas son guachintonas, de las buenas, de la huerta de la Arquidía. Si no vas a aliñar las aceitunas todavía, déjalas en la talega, que ahí no se estropean. Un beso, mi alma, que te tengo en el pensamiento el día entero. Y muchos besos del tito Arcario, que está loquito de contento desde que se enteró de lo del niño, a ver si lo bautizamos cuando vengais en Agosto. Un beso mu grande de tu chacha. Rosario (rubricado).

A las dos semanas, recibieron Arcario y Rosario carta de Hamburgo, de la Rosarito:

"Queridos chacho y chacha, espero que esteis bien, aquí todos buenos, gracias a Dios. Las cosas llegaron estupendamente, como llevaron al tito Klaus a su casa, nadie se dio cuenta de nada, se sacó todo y ya después se llevaron al tito al cementerio, con la tita Anna que lloraba mucho, la pobre. Chacha, qué ricos los chorizos, y el queso y todo. Dile al chacho Arcario que todavía tengo naranjas, que me las estoy comiendo de una en una, pa que me duren más. Pero lo que más me ha gustao ha sido la manteca y los chicharrones. Las aceitunas, la mitad las puse en salmuera y la otra mitad para partirlas y aliñarlas con vinagre, a ver cómo me salen. Chacha, que dice la tia Anna que a ver si le mandais una botella del aguardiente que tenían ustedes, que dice que se acuerda mucho de lo bueno que estaba y que le sentó la mar de bien. Muchos besos, chacha, pa tí y pal chacho Arcario, que estoy deseandito que llegue Agosto, pa salí del parto y pal Bautizo, que dice mi marido que sí, que lo hacemos allí, si Dios quiere, en Agosto. Muchos besos, chacha, de tu Rosarito (rubricado) // Que no se te olvide el aguardiente para la tita Anna, que se acuerda la pobre mucho del tito Klaus // ".


Todo verídico. Doy fe.


&.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Una historia de cementerio


Doña Enriqueta era de las pocas (dos o tres) beatas del pueblo que comulgaban todos los días. Pero Doña Enriqueta no era beata, que era señora, señora viuda del médico del pueblo y señorita de nacimiento, de las mejores familias de la villa, por parte de padre y de madre, ya se sabe, mucho apellido y pocos reales. Pero entonces todavía conservaba casa señorial, criadas y mozos, y unos cuantos olivares, un par de viñas y alguna finquita más, todo bien administrado. La decadencia final sucedió cuando Doña Enriqueta finó.

Con setenta y muchos años, todavía admiraba y encantaba, una belleza con canas como había sido una beldad con veinte. Hasta el luto le sentaba bien, hasta el velo negro le favorecía, no sabían decir qué tenía, pero cuando pasaba por delante del casino, los señores se quitaban el sombrero desde que la veían venir, y la seguían con la mirada hasta que desaparecía por la esquina del marmolillo.

Iba a Misa de alba, de vuelta a casa tomaba un desayuno ligero, con media copita de coñac, y volvía a salir calle arriba, para el cementerio. Iba sóla, no quería que la acompañase la tata porque renqueaba y le entorpecía el paso, que a su edad Doña Enriqueta todavía lo tenía ligero y seguro.

Iba al cementerio a diario, menos los Domingos y Fiestas, desde que murió su hijo pequeño, en el frente, un mes antes de acabar la Guerra, en Febrero del '39. Desde el día después del entierro se impuso esa devoción. Cuando murió Don Augusto, su marido, siguió con lo mismo, con doble motivación. Ella era de poco llanto, de lágrima contenida y suspiro para adentro, de las de pena honda e impasible el ademán. Ni perdió nunca la sonrisa, ni a nadie fastidió con su luto. Pero el camino del cementerio sonaba todos los días al compás de su medio tacón.

Aquella mañana Don Francisco, el párroco, celebró la Misa con el Pepe el sacristán, Doña Enriqueta y Rosarito la de Buela, porque amaneció con temporal, una ventolera y un aguacero que quitaba las ganas de salir hasta a las más pías de la parroquia, sólo las irreductibles fueron capaces de vencerse y salir. Cuando terminó la Misa había dejado de llover, pero el celaje estaba tormentoso y el viento soplaba de abajo, avisando más lluvia.

Doña Enriqueta decidió dejar el desayuno y aligerar la visita al cementerio, aprovechando el escampado. Cuando cruzó la cancela del cementerio, el cielo barruntaba tormenta; al llegar al panteón sonó el primer trueno, con un relámpago como un fogonazo. El cementerio sobrecogía, el cielo tan oscuro, todo el suelo encharcado, con un silencio extraño porque todavía no había empezado a llover, sólo tronaba.

Al pasar, en la cuartelada de nichos que hacía pared con el panteón, había una sepultura abierta, un nicho de la segunda fila contando desde el suelo, la lápida estaba apoyada en la abertura, encajada de canto en uno de los extremos de la bovedilla. Doña Enriqueta se fijó en todo, echando una de esas miradas de paso, distraidas pero que ven todo lo que tienen que ver.


Cuando acabó el misterio del rosario que iba rezando, Doña Enriqueta añadió un responsorio, un Credo y el De profundis (ella sabía bien los latines de Misa, las Letanias, algunos salmos de carrerilla, y algunos responsorios también). No se entretuvo con más rezos, porque tronaba y tronaba, con los relámpagos y los truenos cada vez más cerca. Se dió la vuelta y, de pronto, se quedó petrificada, impávida, casi se le para el pulso: En el nicho de al lado, el que vió abierto y sin lápida, había algo, algo se movía, hacía ruído, como si se revolviera algo dentro, un ruído sordo, cada vez más. Horrorizada, tapándose la cara con el velo, vió como dos pies, dos botas, iban saliendo del nicho, luego dos piernas enfundadas en un pantalón mugriento, lleno de tierra y retazos de telarañas, y dos manos, dos manos que se agarraron al arquillo del nicho y, con un impulso torpe, arrastraron y dejaron caer fuera, sobre la tierra encharcada, un cuerpo, un cuerpo de hombre; la cara no se le veía porque la llevaba cubierta con un pañolón pardo, manchado. Cayó pesadamente en el suelo, se revolvió y se fue levantando apoyándose con las manos huesudas de uñas largas en el nicho de más abajo del que cayó. Y rompió a toser.

- ¡Ejeeem, ajuuummm, ajuuummm, ejeeem, jemmmm...!!!....¡Ay! ¡Doña Enriqueta dispense usted!
- ¡Jesús, por Dios! ¡Romualdo, hijo de mi alma! ¡Jesús, Jesús, Jesús!
- ¿Se ha asustado usted, Doña Enriqueta? Mire usted que yo no sabía que estaba usted aquí, si no no salgo.
- Pero Romulado, por Dios, ¿que hace usted dentro de un nicho?
- Las cosas, Doña Enriqueta, las cosas; que ayer me ajumé y me dieron aquí las tantas y cuando empezó a llover me lié en el capote y me metí en el nicho, y ahí he pasado toda la noche, que yo sé que no es sitio, pero las cosas, Doña Enriqueta ¿qué va hacer uno, si no tengo donde caerme muerto?
- ¿Que no? Para eso tienes el cementerio entero, Romualdo.
- Que no tengo donde recogerme, Doña Enriqueta, ni un mal chozo, quería decir, usted me entiende.
- Lo que entiendo es que por poco se me sale el corazón por la boca, Romualdo, que vaya susto...
-¡Ay Doña Enriqueta, que yo le juro por mis muertos que no había intención!
- No jures, no jures, que no hace falta. ¿Y eso lo haces mucho, lo de meterte en el nicho?
- Pues mire usted, Doña Enriqueta, ahora, con el mal tiempo, más de una noche me arrecojo en el nicho, en este que está bajito y alcanzo bien a meterme; como en esta cuartelá pega bien el sol, está mu sequito por dentro y no hay humedá, ni bichos. Y pa decirle a usté toa la verdá, en verano también me echo la siesta, que no sabe usté lo fresquito que se está dentro.
- Si hijo, sí, me lo figuro, la mar de a gusto que se estará, vivir para ver.
- Doña Enriqueta, no se lo diga usté a naide, que me busca usté un lío, que ya sabe usté que na más tengo la paguita de enterraó, que vivo de eso, Doña Enriqueta.
- Descuída, Romualdo. Toma, toma un duro y vaya usted a tomarse un aguardiente a la Ventilla, y entre usted en calor. Descuíde que no pasa nada, Romualdo.
- Ay, señorita Enriqueta Dios se lo pague a usté, que siempre tiene usté un detallito conmigo, Doña Enriqueta.
- Anda, anda...Ea, ahí se queda usted, Romulado, con Dios.
- Vaya usted con Dios, Doña Enriqueta, condió, condió...


Doña Enriqueta se entró en la ermita de la Soledad, junto al cementerio. Terminó el rosario; había empezado a llover, y le pidió a la santera que mandara recado a casa para que vinieran por ella. Al cuarto de hora llegó un coche a recogerla.

- Al ayuntamiento, Paco.
- Lo que usted mande, Doña Enriqueta.

- Buenos días, Doña Enriqueta, ¿necesita usted algo?
- Sí, Pepito, buenos días ¿está el alcalde?
- Sí señora, despachando con el Comandante de Puesto.
- Pues dile que quiero verle.
- Ahora mismo.

- Enriqueta ¿que traes?
- A sus órdenes, Doña Enriqueta.
- Usted siempre tan marcial, Sargento Cotán...
- Mira, Eduardo - siéntate, y usted también sargento -. Mira, Eduardo, me acaba de pasar lo que no te puedes figurar...

Y le contó al alcalde lo de Romulado el enterrador saliendo del nicho, con los truenos de fondo y el relámpago alumbrando la escena.

- ¡Jesús, Enriqueta! A mí me pasa eso y me muero allí mismo. Ahora mismo lo mando a llamar.
-¡Ni se te ocurra! Que el pobre se ha llevado tanto susto como yo al verme allí, creyendo que no había nadie. Déjalo y no le digas nada, que yo le he dicho que no lo iba a contar. Pero habrá que hacer algo, Eduardo, porque ese hombre no puede andar así, durmiendo en los nichos, que eso ni es cristiano ni es salubre.

- Dí que sí, Enriqueta, desde luego que no, que eso no puede seguir. ¿Qué quieres que haga?
- Venía pensando, Eduardo, que si no se podría arreglar la casilla de los trastos, la que está junto al osario viejo. Si tú das permiso, se le podría arreglar el techo y abrir una ventana, o dos, y echarle por medio un tabique y separarle un cuartillo con su alcoba y una cocinilla, y una puerta que de al costado de la ermita, para que no tenga que entrar y salir por el osario. Yo me hago cargo de lo que cueste la obra, pago el jornal de los albañiles y tú pones los materiales, ¿estamos?
-¡Y como no vamos a estar! Si tú cuando vienes no traes problemas sino remedios, Enriqueta. Así da gusto ser alcalde.
- ¡Anda, anda! Que a tí te gusta la alcaldía y el sillón como sea y con lo que sea, Eduardito, que eres alcalde profesional, como si hubieras estudiado la carrera. Bueno, ahí se quedan ustedes, que con lo del cementerio y el enterrador ya he perdido media mañana. Un beso, Eduardo. Sargento, que me alegro de saludarle, bien lo sabe usted.
- A sus órdenes, Doña Enriqueta.
- Con Dios, Con Dios...

- Su tia, Don Eduardo, es una señora. ¡Qué distinción, que simpatía!
- Mi tía, sargento, no es corriente. Y ademas de ser una señora es una santa, de las que no meten ruído y dejan buen olor por donde pasan.
- Usted que lo diga, Don Eduardo, una mujer sin par.

+T.

martes, 1 de noviembre de 2011

Inter Sanctos


'Ser santo, que todo lo demás es tiempo perdido'. Esta era una de las sentencias que más se repetían en las consideraciones habituales de la dirección espiritual. El sacerdote se la decía al dirigido, y se la recordaba muchas veces, entretejida con otros buenos consejos. Para muchos católicos, estas palabras se convertían en un programa, una regla de vida con la que examinarse cada día y medir cuánto tiempo se perdía por no haberlo empleado en cosas santas que edificaran la santidad. Para otros, la frustración de no conseguir nada o de ganarlo con mucho esfuerzo, aspirar a la santidad se volvía o una obsesión que tensaba toda la vida espiritual, o en un imposible que se pretería con enojo, un propósito que se olvidaba y que nunca se retomaba.

Y, sin embargo, es nuestro destino. Nos han llamado a la santidad, existimos porque nos han creado para ser santos. Es dificil hacerse cargo de esta verdad; asumirla serenamente es el primer grado de la santidad.

Se nos olvida, o quízá no se nos enseña bien, que el proceso de santificación no depende de nosotros como dependen otras cosas humanas, otros trabajos, o empeños o logros. Lo de la santidad y la santificación es otra cosa, pertenece a otro orden en el que el hombre queda insertado en el Misterio. Como la vid en el sarmiento, dice el Señor; y también, y en ese sentido, dice que sin Él no podemos hacer nada. Y con Él - es la continuación de ese silogismo de santidad -, con Él podemos hacerlo todo.

Alguna vez he comentado que me gusta especialmente el versículo del Salmo que reza "...Dios lo da a sus amigos mientras duermen":

"...Es inutil que madrugueis,
que comais el pan de vuestras fatigas:
Dios lo da a sus amigos mientras duermen"

Antes de dormir, suelo rezar esta bendición del Breviario:

"Ad societatem civium supernorum perducat nos Rex Angelorum"

¡Que el Rey de los Ángeles nos conduzca a la compañía de los ciudadanos celestiales!

Y después me duermo.

¡Sanctus nos fiat sancti!



(El Salmo 126 con música de Vivaldi y Philippe Jaroussky cantando el versículo "...lo da a sus escogidos mientras duermen...")

Y para reforzar, la letania de los santos según Guatavo Adolfo Bécquer (muy buena para los nervios):


Patriarcas que fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor divino de la muerte
rogadle por nosotros.

Profetas que rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas
rogadle por nosotros.

Almas cándidas, Santos Inocentes,
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños a su lado
rogadle por nosotros.

Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositario
rogadle por nosotros.

Mártires que ganasteis vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que os dio fortaleza en los combates
rogadle por nosotros.

Vírgenes semejantes a azucenas,
que el verano vistió de nieve y oro,
al que es fuente de vida y hermosura
rogadle por nosotros.

Monjes que de la vida en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas
rogadle por nosotros.

Doctores cuyas plumas nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es caudal de ciencia inextinguible
rogadle por nosotros.

Soldados del Ejército de Cristo,
Santas y Santos todos,
rogadle que perdone nuestras culpas
a Aquel que vive y reina entre nosotros

Y la oración de la Solemnidad, para santificar la fiesta e impetrar la intercesión de los Santos, nuestros hermanos y modelos en Cristo:

Orémus
Omnipotens sempiterne Deus, qui nos omnium Sanctorum tuorum merita sub una tribuisti celebritate venerari: quaesumus; ut desideratam nobis tuae propitiationis abundantiam, multiplicatis intercessoribus largiaris.
Per Dóminum nostrum Iesum Christum, Filium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sæcula sæculórum.
Amen.



+T.