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domingo, 19 de junio de 2011
Displicencia de énesima potencia
No sé quiénes me causan más repugnacia, si los indignados con su mugre pseudo-político social o los periclitantes auto-degenerados que sienten aberrante proclividad, simpatía, comprensión, cercanía o intrínseca vergonzante comunión con esa masa damnata. No sé quienes son más infectos, si los veinteañeros prostituídos a la vanagloria de sí mismos o los cuarentones, cincuentones, sesentones y demás provectos que desahogan sus rijosidades indecentes con el sueño impúdico de volver a la turbia viridiscencia perdida y ya podrida. No sé qué es más nauseabundo.
Pero reclamo la displicencia arrogante de un arístócrata del Ancién Règime, de un abbè refractario, de un nóbile nero romano, de un archiduque ruso para desmarcarme de esa chusma doble, la que desfila y acampa en las plazas y la que aplaude, anima y/o se identifica (aunque sea un átomo) desde el sillón de casa.
Me revisto de toga displicente contra-plebeya, invoco la púrpura de dictadores, déspotas y tiranos, la espada inexorable de la represión, la gloria de la reacción más integrista, el cañonazo contra-revolucionario, la implacable carga anti-populista.
Y me retiro a mi Aventino más enriscado, of course.
No están los tiempos para bajar a la calle.
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miércoles, 6 de agosto de 2008
Esclavitud olímpica
Debería haber puesto "comunista", porque la aberración procede de la abyección del sistema y sus derivados y sus consecuencias.Ayer, martes, muy tarde, pusieron en la 2 un reportaje escandaloso sobre los tormentos - sic - a que son sometidos los chiquillos chinos que preparan para competir en certámenes deportivos. La imágenes eran cruelmente indignantes. No sé cómo las pudieron filmar. Viéndolas, uno se preguntaba cuáles serían las verdaderas torturas si esas eran las que enseñaban.
Niños de cinco y seis años sometidos a una disciplina de esclavos, llorando colgados de unas barras, con los tendones de las muñecas a punto de rompérseles; llorando cabeza abajo, no sé cuántos minutos soportando el peso clavado del cuerpo sobre sus brazos y manos; llorando repitiendo una y otra vez volatines sobre un potro; llorando cuando los dejaban sólos en una sala, sin sus padres, que no venían a recogerlos; llorando en una salón sin poder dormir entre cien chiquillos más; llorando en sus casas cuando sus padres les ponían desinfectantes y tinturas en las ampollas de las manos (manos que parecían de juguete, pero atormentadas como las de un gladiador romano).
Abyecto.
Y yo me preguntaba por qué ponían ese reportaje a esas horas y en vísperas de inaugurarse las Olimpiadas en ese horrendo país, el monstruo superviviente del comunismo criminal que nació criminal, prosperó criminal y se ha perpetuado y será criminal hasta que expire el último representante de una ideología reproductora de esclavos y asesinos.
Vamos a estar dos semanas "celebrando" lo que nuca se debería haber consentido. Bajo la mirada corrupta y cínica del infame Mao, criminal engendro de criminales.
Qué asco y qué escándalo de esa China apestosamente comunista aunque la vistan de seda con aros de olimpiada.
Pereat!
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jueves, 17 de julio de 2008
Hambre?

Si nos preocupa la "huelga de hambre" de un asesino y no nos conmueve el hambre de millones inocentes, ¡qué locos estamos y qué degenerados!
Si nos afecta la "huelga de hambre" de un criminal y no nos subleva el hambre de millones de inocentes, ¡cuánta maldad nos envuelve y cuánta injusticia!
Si hablamos de la "huelga de hambre" de un terrorista y callamos el hambre de millones de inocentes, ¿en qué nos hemos convertido, qué estamos consintiendo, cuál es nuestro mundo??? !!!
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martes, 11 de diciembre de 2007
Armenios
Me ha impresionado este mapa que he encontrado hoy en inet. Ha sido casual, pero escalofriante el impacto:

Los puntos rojos marcan lugares donde se masacró a los armenios (el tamaño de cada punto es proporcional al número de víctimas); el trazo rojo con puntas de flecha señala las rutas por las que las tropas turcas condujeron a los armenios en penosas condiciones hasta las fronteras, en algunas ocasiones por el desierto y al desierto; los puntos azules ubican los campos de concentración.
Una persecución contemporánea a una nación, un pueblo y una religión: Por ser armenios y por ser cristianos.
Turquía se resiste a reconocer el histórico y terrible genocidio.
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Los puntos rojos marcan lugares donde se masacró a los armenios (el tamaño de cada punto es proporcional al número de víctimas); el trazo rojo con puntas de flecha señala las rutas por las que las tropas turcas condujeron a los armenios en penosas condiciones hasta las fronteras, en algunas ocasiones por el desierto y al desierto; los puntos azules ubican los campos de concentración.
Una persecución contemporánea a una nación, un pueblo y una religión: Por ser armenios y por ser cristianos.
Turquía se resiste a reconocer el histórico y terrible genocidio.
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miércoles, 18 de abril de 2007
Sangre común
Todo el mundo civilizado se ha estremecido a causa de los treintitantos estudiantes asesinados por un demente en una universidad de los USA; desde el Lunes pasado, las fotos del suceso han estado en primera página de prensa, noticiarios e internet. Junto a las fotografías de los jóvenes tiroteados, la del presidente Bush jr, que se declaraba "horrorizado" por este nuevo crímen sin sentido, que no es el primero ocurrido en su país.En otro plano de la actualidad, los muertos de hoy en Bagdad han sido más de 130, que no horrorizan ni al cretino envilecido que preside los EEUU, ni al mundo que se ha acostumbrado a los muertos de Bagdad.
Hasta que el mundo no vea sentados ante un tribunal a personajes tan poderosamente perversos, capaces de provocar una guerra amañada ante la opinión pública, el escándalo por las víctimas de un demente sólo será hipocresía teledirigida de una sociedad enferma que desvaría.
Siento casi un deber moral clamar por el horror de Oriente Medio y la guerra de Irak, para que conste. Y quizá recordarme a mí mismo que no existe una sangre con más derechos que otra para ser derramada en balde, sea el demente autor de la matanza un estudiante perturbado, o un degenerado político encumbrado a una poderosa e impune presidencia.
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