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domingo, 18 de julio de 2010

Calores, sudores, pudores (II)


Me permito una re-versión del tema, como en Julio del 2009, dadas las circunstancias termométrico-estivales, como desahogo redaccional, que dicen que calma; y repito con variaciones lo del verano pasado sobre lo mismo, en casi las mismas incordiantes circunstancias de calor, sudor y pudor.

Esta tarde, a la hora de Misa, el sol que quemaba la esquina de la botica era quasi argelino. El reloj del letrero de la farmacia marcaba un poco menos de las 8 pm, que son en horario solar real casi las 6 pm. La temperatura, que también la marca, no la miré; sostengo que el conocerla hace que se sufra más: No es lo mismo 40 grados inconscientes que 40º vistos en un termómetro, circunstancia esta que hace que sean más insoportables, como si la medición científica añadiera un grado de fatalidad material ineludible. Conque prefiero no mirar.

La hora en verano es un crímen que la canalla sociata mantiene sádicamente no sé por qué. Porque la hora cambiada es algo franquista, tan franquista como que se cambió dos veces con Franco: Una hora que se agregó cuando la Guerra, allá por el 36 ó 37, y otra más que se le sumó en el 72 ó el 73. A estas alturas de la reacción de los rojos traumatizados, no me explico por qué estas dos horas franquistas no se quitan y se dejan los relojes al compás de la hora natural. Reconozco que es de las pocas (poquitas) cosas que no me gustan del tiempo de Franco, precisamente.

Por cierto que hoy es es día franquista, gloriosa efemérides nacional in saecula saeculorum.; el 18 de Julio es el Dieciocho de Julio, lo pongan en colorado los almanaques o no. En mi casa se celebraba una especie de feria familiar que empezaba el 15, el Santo de mi abuela y mis tíos, seguía el 16 con el Santo de mi madre, y se cerraba el 18 de Julio, por todo lo alto, con fiesta mayor.

Así y todo, con Franco hacía el mismo calor y se sudaba lo mismo. Pero no se vestía igual. Yo recuerdo a mi padre, a mi abuelo y a mis tíos siempre con sus chaquetas puestas. A lo sumo se permitían desabrocharse el botón del cuello de la camisa, solamente. Dentro de casa, mi abuelo iba en mangas de camisa, con el chaleco del traje desabrochado hasta el talle, un chaleco gris de esas telas frescas con que se hacían los trajes de verano. Y los viejos del pueblo llevaban todavía la faja, por encima del pantalón, con su sombrero, de paja o cordobés.

Eran los cabales, los que no se rendían, marcando estilo con todo su siglo detrás. Del estilo de mi abuelo era Pepe Chacón (Don José para todo el mundo menos para los de casa), el veterinario del pueblo, un solterón con mucha historia y leyenda. Pasaba todas las mañanas para echar un ratito con mi abuela y mis tías, que eran de su quinta.

- Señorita, que ha llegado Don José.
- Niña, Rosario, que ya está aquí Pepe.
- Hijo, Pepe, qué calor, que semanita llevamos. Anda siéntate, que nos va a venir muy bien el refresquito. ¡Rosario! Aligera, que Pepe viene deseando refrescarse, mujer.
-¡Veremos a ver si se va a cocer sentado! Qué espere, que la paciencia es virtud, ¿verdad Pepito?.
-Tú tranquila, Rosario. Con la calor que hace si te apuras es peor. Venga, que ya tengo la mañana hecha y estaba deseando sentarme un ratito, que venía azufrao.

Se servía una bandeja con agua de cebada y azucarillos; mi abuela tomaba el azucarillo, con un poquito de anís en el agua, y tía Rosario y Don José el agua de cebada fresquita, con un terroncito de nieve.

Cuando daban las doce, se echaban los esterones y las persianas, se corría la vela del patio y la casa se quedaba con luz de siesta, hasta que volvían a descorrerse por la tarde, a eso de las seis o las siete, según. Se regaban las macetas y se abría la puerta de la calle. Eran las escenas de las mañanas y las tardes de verano, con su color y su olor. Y la gente vestía correctamente todo el tiempo, con la ropa más ligera propia del verano, pero con buen gusto y respeto.

Algunos detalles eran constantes, como los manguitos que se ponían las mujeres para entrar en la Iglesia, para cubrirse del puño al codo si el vestido no llevaba mangas suficientemente largas. O las bandas negras que se ponían los hombres en el brazo de la chaqueta para señalar que estaban de luto. Las mujeres guardaban el luto de negro riguroso, vestido, velo y medias, que en verano - la pena aparte - era doble mortificación.

No sé si con la edad se siente menos el calor, o si será que los viejos son más sufridos y lo soportan con más paciencia. Por lo menos antes daban esa sensación. Ahora da vergüenza cruzarse por la calle o ver en el autobús a gente vieja y pelleja medio vestida. No diré nada de la playa, que en esos sitios el concepto de respeto y pudor ha desaparecido en todas y para todas las edades y clases, con muestrario aberrante que incluye a la vieja de suburbio y a la Duquesa de Alba, desvestidas ambas con la misma procacidad y mal gusto. La playa es uno de los ambientes más vulgarizadores y desclasistizantes, con una capacidad absoluta a la hora de igualar y medir con el mismo rasero a todo quisque, sea jet, sea vip, sea funcionario, sindicalista, mileurista o parado profesional.

La playa en verano, con sus desvestidos y desnudeces, viene a ser como una post-moderna versión de la medieval Danza de la Muerte: A todos arrastra a bailar una conga en taparrabos, paños menores, chanclas y pareos, sobre la arena molesta y bajo el sol inclemente. Un horror, con horrendas gradaciones de mal gusto y degeneración.



¿Han visto, recuerdan Uds. las escenas de playa de Morte a Venezia, del Visconti, con la Silvana Mangano con sombreros, velos, miriñaques y sombrillas por la playa? Pues ahí, desde esa época, comenzó a degenerar el vestido y el buen gusto costero-playero. O tempora, o mores!

En plan más burgués, popular y costumbrista, recuerdo también la divertida Novio a la Vista, de la primera época de García Berlanga, que saca unas escenas de playa de principios de siglo (de siglo XX) la mar de divertidas, con los señores y los chicos embutidos en sus trajes de baño rayados, y las señoras, madres y novias, bien vestidas y sujetas con refajos, sentadas debajo de unas hermosas sombrillas haciendo vida social en la playa.

Se comparan aquellas estampas con las que se ven ahora y la conclusión horripila y estremece. Aunque, como digo, ya por entonces degeneraban las buenas costumbres y la playa se iba convirtiendo en escenario de impudicias sobre la arena con olas al fondo.

Y es que hay una distancia entre el caballero cristiano matamoros, con almófar de cuero sudado y camisa de lienzo resudada bajo la cota y la armadura, y el lechuguino de playa con piercing en la oreja, tatuaje en el hombro y pulserita en el tobillo. Y no digo nada de las ninfas impúdicas; y tampoco volveré a citar las dantescas viejas obscenas de pareo y pellejo enjuto.

Resumiendo y concluyendo, insisto en mi tesis: En verano vestirse es distinguirse (y desnudarse, desclasarse).


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domingo, 14 de febrero de 2010

San Valentín en Carnaval


Da esa casualidad, hoy Domingo de Carnaval y Dia de Enamorados. Con un par, o tres, de noticias frívolas de des-enamorados que atentan enamoramiento "nuevo". Los enamorados "de oficio", podríase decir. Incluso "de beneficio".

El beneficio en el amor es aquel oficio más viejo del mundo, que se decía en circunloquio bienhablado para no decir "las cuatro letras" (otra paráfrasis de lo mismo). Pero con la prensa rosa en expansión triunfante e imperio dominante, eso del oficio más viejo con 4 letras se ha reciclado y puesto al día de forma asombrosamente rentable. No sé cuántas comerán de eso sin sentirse comprendidas en las im-putables 4 letras, siendo, al fin y al cabo, una modalidad de lo mismo. Como corresponde, también hay "ellos" en el negocio. Y grupo mixto.

El asunto es que el Papa ha dicho, hace una semana o dos, que a ver si se formalizan con seriedad los asuntos de las bodas, de los matrimonios canónicos. A mí que las moras se casen con velo y con moro, me importa una babucha. Y lo respectivo a otras formas paganas, lo mismo o menos todavía. Pero lo católico sí me afecta; no por interesado directo, sino colateral-indirecto-implicado.

Pero vayamos al ejemplo, que son dos muy notables: Si se confirma el rumor, ¿habrá algún tribunal eclesiástico que declare nulo el casorio de la infanta con su ya divorciado cónyuge? Y si tamaña pantomima se consumara, ¿habrá algún purpurado o mitrado que se atreva a incoar nuevo expediente matrimonial de alguno de los susodichos, infanta ella y ex-duque él?

¿Y el torero con medalla hijo de su madre hija de torero que casó con la niña de la duquesa por antonomasia y se divorciaron y que están en trance de lo mismo? ¿Habrá algún tribunal eclesiástico que declare nulo su matrimonio canónico? ¿habrá luego alguna mitra, vicario episcopal o párroco que les consienta a él a ella o a ambos otra "tentativa"?

Da la casualidad que las dos parejas desemparejadas en cuestión se casaron en la Catedral de Sevilla, nada más y nada menos; la infanta con su prenda adorada en el Altar Mayor, y el torero con su perla de valor en un altar ad casum delante de la puerta de la Inmaculada (el rango es el rango).

En Sevilla, entre otras instituciones dignas de mención y perenne recordación, funciona un Tribunal Diocesano de 1ª y 2ª instacia, muy célebre por las muchísimas nulidades que ha tramitado, tramita y sentencia. Célebres han sido algunos de sus jueces-presidentes, con trayectorias y anécdotas muy atractivas, de esas que se cuentan pero no se escriben, que todo el mundo sabe pero nadie se hace cargo. Lo mismo de célebres son las tres o cuatro o cinco familias de abogados y procuradores que comen de eso, todas respetabilísimas y cotizadísimas, firmas de toda solvencia y discreto oficio. Esto es así.

Pero es el Papa el que está diciendo que no debe ser así, que no puede seguir siendo así.

El problema (es mi opinión) es haberlos admitido al matrimonio siendo quienes eran, con sus respectivas procedencias. Tal cual.

Quiero decir que a esta gente habría que exigirles más, mucho más, con muchas firmas y contrastados testimonios y hasta dossieres completos de ellos y sus parentelas próximas y remotas. Y médico, y psicólogos. Y más firmas, y más documentos. Y testigos garantizados, probados, jurados.

Y crear un nuevo impedimento canónico, o dos, o tres, que tipifiquen estas circunstancias que afectan a ese tipo de pretendientes al matrimonio: Impedimento de "clase", o de "jet", o de "vip", o de "nivel", o de "renta", o de "patrimonio", o de "fortuna". O algo así. No sé si me explico. Y que el impedimento sea, de entrada, indispensable salvo excepcionales excepciones.

Y hasta aquí llego porque llegado a este necesario planteamiento, me pierdo. Me pierdo porque yo mismo me planteo las objecciones, los dubia, la autocrítica que se dice. Con toda contundencia. Y al final casi resuelvo que las cosas tal y como están y pasan, no están tan mal. Pero vuelvo a lo de principio y recuerdo los abusos de esa gente (infantas y toreros) y se me revuelven las tripas con sulfuración.

Esta gente no debería caber en las iglesias, esta gente nunca deberían admitirse al matrimonio. Que los case un ujier de palacio o un alguacilillo de plaza de toros. Esta gente no merece el Sacramento. Por antecedentes probados y por consecuentes probables.

Pero siempre hay un "perlado" (sic) que dice sí.

Y nosotros, los "humildes", pagamos el descrédito y cargamos con el berrenchín.

Los antiguos decentes decían que las peores suciedades se perpetran en las clases más conspícuas y las más ínfimas, que van al alimón en desvergüenzas porque no temen deshonra, unos porque tienen mucho y otros porque tienen nada; a ninguno les importa que se sepan sus escándalos o se vean sus basuras.

En fin, esto era una expansión a propósito del tema...antes de que le compre a mi tía el ¡Hola! de esta semana, que a ella le distrae mucho (y a mí me pone a rabiar).

Nada más

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domingo, 12 de julio de 2009

Pudores, vestidos, sudores


Siempre he sido muy pudoroso, cosas de educación (buena educación). Por ejemplo, los pies no se enseñan. Me parece algo tan evidente que no necesita demostración: No. Y lo demás, todo lo demás, poco más o menos, lo mismo. Ahora estoy en una fase púdica que me da pudor hasta enseñar los codos. Yes.

Cuando más joven, de mocito, yo vestía manga corta en verano, fredperrys, lacostes y camisas, of course. Pero hace ya años (lo menos ventitantos) que las camisas de verano las uso de manga larga, con el puño remangado dos vueltas, cuatro dedos por debajo del codo. Ahora, con una cintura in crescendo voluminante grosso modo, me parece un atentado contra mi propia estética no cubrir mis aumentativos. Y llevo chaqueta. En verano, una chaqueta ligera, sea de lino, de algodón o del tejido que sea, hace el mismo efecto que una manta zamorana. Porque el Sur, de Despeñaperros a Tarifa, es el Sur, con las calores, nuestras extremas calores del Valle del Guadalquivir.

Un abanico siempre es un recurso. No me refiero al abanico de señora, todo un mundo; hablo del abanico de señorito, de caballero. Recuerdo a mis tios abuelos, tio Pepe y tio Eduardo, que lo llevaban en el bolsillo del pecho de la chaqueta, un abaniquillo que conjuntaba con el sombrero panamá y el bastón de bambú. Parece que los estoy viendo, con el purito en la boca, las cartas o el dominó, el cafelito y la palomita de anís. Y el abaniquillo. Yo no uso panamá, ni voy al casino, ni juego al dominó, pero sí tengo abaniquillo, tan socorrido.

Con lo que voy diciendo, comprenderán usteds que no soporte ciertas cosas, degeneraciones. Por ejemplo, no soporto a un sujeto medio en cueros por la calle, en "atuendo" playero. Una ordinariez proletaria que achabacana al mismo rey de España y sus degeneraciones filiales y yernos consortes; no digo ya cuando el impúdico que enseña piernas, pecho y barriga es un sans-culotte. El plebeyo lo extrema todo, sea un anillo o unas calzonas. Si lleva anillo, es un promontorio de kilates king-size estilo Cassus Clay; y si se pone bermudas, son escandalosas por color, forma o deforma. Y encima enseñan los pies (unas "chanclas" son un constitutivo formal de "paria de famélica legión", y cosas peores).

Cuando es un viejo provecto el que sale a la calle en calzones de verano, enseñando la caña pelada de la pantorrilla acartonada, el vellón cano del pecho desabrochado, y los dos juanetes retocados de callista, entonces el efecto es tal que se hunde la reputación de una vecindad según el porcentaje de viejo impúdico por manzana cuadrada.

Las viejas con gafas de sol y pareo en el mercado, son otro extremo horrendo. Una niña quinceañera en pololos y sostén es una sinvergüenza; una casada con trapos cortos es una indecente; pero una vieja deshabillé con look playero urbano, es una visión dantesca, un fifty-fifty entre pintura negra de Goya y escena popular de Solana.

Por eso me cubro. Entiendo cada vez más que es un signo de distinción -  vive la difference ! - Siempre ha habido clases. Unos nos vestimos (y sudamos) y otros enseñan vergüenzas (y sudan también).

Me hago la reflexión de que en la España del Greco los 40º a la sombra se sudaban con gorguera, jubón y media capa, greguescos y calzas negras. Entonces un señor era un caballero de mano en pecho, que no perdía la compostura con los calores. Y salía a la calle como tal, sabiendo comportarse aunque insolara inclemente la canícula.

Lo que reconozco problemático- tengo mis dudas - es el tema del desodorante en el Siglo de Oro.

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sábado, 27 de junio de 2009

Junio gay-pride

No sé, ignoro, si es casualidad de las cosas de los hombres o ironía de la Santa Providencia, pero Junio se abre con la conmemoración de unos Mártires en cuyo martirio tuvo que ver un apetito contra natura, y se cierra con otro Martirio también señalado con una circunstancia de pecaminosa apetencia desordenada. Entre los Mártires de Uganda y San Pelayo, el mes de Junio, tan martirial, se adorna con estas dos referencias tan significativamente actuales.

La polémica sobre el tema homosex está candente, activa y operativa, insurgente incluso, osadamente "proyectada" por los medios y la publicidad, con formas agresivas e imperativas. Eso es lo que ha cambiado: Se ha abierto el armario homosex como una caja de Pandora, y todo ha salido con todos los que han salido. Hasta lo que no ha salido de los que no quieren salir porque siendo o no reconociéndo ser o no ser no quieren sumarse a la imposición de los imponentes homo-militantes homo-dictadores homo-definidores.

¿Es un "ser" o una "manera de ser", una "realidad" o una "virtualidad", una "circunstancia" o una "esencia", un "lo que sea" o "un nada más" (o un "nada menos")? Todo esto es cosa y tema tan discutible, tan discutible, tan discutible como tantos y tantas son los que podrían decir, intervenir y/o definir. Porque les afecta, o no les afecta, o les ha afectado, o no dejan que les afecte afectándole, o les afectó y ya no. O yo que sé (y ellos tampoco).

Estas son las variantes que han cambiado, que han "evolucionado o se han "revolucionado". Lo demás, para nosotros, los cristianos, los católicos, está en el mismo sitio. Estamos donde estaban los Mártires de Uganda en el siglo XIX y el mocito San Pelayo en el siglo X. En el XXI, los cristianos católicos seguimos enseñando que las prácticas homosexuales son pecado, que son inmorales, que son desordenadas. Por esto recibimos palos por todos lados, por resisistir en un mundo de rendiciones. No digo que seamos "mártires", pero sí que estamos en una extraña tensión martirial. Ad intra y ad extra.

Ad intra porque los criterios y las circunstancias y las influencias, y las opiniones, y la publicidad, y los hechos, y las personas etc. nos influyen. ¿Quién no tiene un amigo, un pariente, un vecino, un compañero, un conocido etc. etc. etc. "afectado"? Y digo afectado sin querer decir afectación, simplemente afectado sin afectaciones. Eso. ¿Quién no se ve afectado por los afectados? Y eso nos hace pensar, sentir, opinar de otra manera a como pensaban en otros tiempos. Por ejemplo, recuerdo el efecto patético de la foto de los dos chicos iraníes en el patíbulo, con los ojos vendados y la soga al cuello, condenados a muerte por haber sido descubiertos en flagrante acto.

Remitirnos a Jn 8, 1-11 es absolutamente legítimo, y el magisterio del Maestro es absolutamente aplicable a la escena. Si la escena hubiera tenido lugar en un lugar cristiano, y no en el Irán chiíta. Si alguna vez en fronteras cristianas se dieron casos semejantes (no demasiados, pero probados), es que se olvidó el Evangelio y se impuso un furor incompatible con la sentecia de Cristo, tan distinta. Pero tan realista y tan inquietante moralmente. Se nos olvida demasiadas veces que en el corro de los mortales no hay ni uno libre de pecado para poder empezar a lapidar a los "sorprendidos".

A otros, cada vez más, se les olvida, por su parte, que el pecado es pecado. Algo que nunca se nos debiera olvidar.

Una cosa ha cambiado también, y tampoco es lo mismo: La fuerza. En el caso de San Pelayo y de los Mártires de Uganda hubo "fuerza", se les forzaba, se les quiso forzar, por la fuerza. Con violencia, o cedían o morían. Y murieron. Ahora no. No hay "fuerza". No se trata de un sexo por la fuerza, impuesto, brutal, animal, violento. Ahora es una "elección", una "opción", una "experiencia", algo "natural", algo "espontáneo". Así se explica, así se expone, así se enseña.

¿Si? ¿Es así?

No. No es así. Es también una fuerza, ad extra, hacia fuera. Desde "dentro" del armario hacia "fuera" del armario. Una fuerza que sale con inusitado ímpetu, forzando, imponiendo, violentando, exigiendo, extralimitando. Forzando.

El desfile del "orgullo gay", ¿qué es si no? Es un "aquí estamos y os vais a enterar que estamos, querais o no querais". Incluso se adivina una especie de no confesada voluntad de suscitar "oposición", provocar enfrentamiento, retar, desafiar, confrontar.

Somos gente pacífica, no queremos gritar...Somos gente pacífica, no queremos gritar...Somos gente pacífica, no queremos gritar...Somos gente pacífica, no queremos gritar...Somos gente pacífica, no queremos gritar...SOMOS GENTE PACÍFICA, NO QUEREMOS GRITAR!!!

Eso es. Eso mismo. Un discreto murmullo que se hace voz con tono que crece en clamor que se desborda en griterío que estalla en barahúnda que explota en violencia. Es lo que ha pasado: Del sotto voce pianissimo de dentro del armario al desfile del orgullo gay. Y sigue in crescendo, muy fuerte, fortissimo. ¿Hasta donde?

Hasta reclamar una "cultura" con derechos omnímodos y sobre todo derecho, parece ser. Y es una aberrante absurdo que algo se defina desde una parcialidad tan parcial como el sexo y el sexo homosexual. Una reducción de una reducción de una reducción. Algo que no se sostiene. Insostenible.

Pero estamos todavía en fase de euforia y expansión. Aunque la crisis del aids supuso un tráuma "cultural" y social (apenas moral, hay que reconocer), en Occidente aún estamos en período ascendente. No sé hasta cuando, ni en qué forma empezará el declive. Espero que no sea trágico, siendo ya todo bastante patético.

Un desfile patético. Eso me parece la cabalgata del pride gay. Ni siquiera es algo original, no es un desfile, no es un carnaval, no es una marcha, no es una manifestación. Es un poco de todo, con mucho de made in USA, sobre todo.

Nunca he visto uno. Supongo que, si estuviera, estaría bastante incómodo, por mí y por los otros. El sentimiento de "vergüenza ajena" que dicen que es muy "burgués" yo pienso que es muy "nuestro", propio de cierto nivel moral que examina y se examina cuando surgen determinados comportamientos, más allá del simple rubor o del cotidiano pudor.

Sé que es un mundo mejor el que se horroriza cuando ve lapidados o ahorcados o quemados a dos hombres por cosas de las cosas de los hombres. Pero no es un mundo mejor, ni bueno, el que cede a la imposición de los que reclaman un absoluto para algo tan relativo. Y que sigue siendo tan pecado como lo fue antes, cuando no era un "orgullo" ni se exponía en un "desfile".

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viernes, 27 de marzo de 2009

Temporada de pregones

En Sevilla somos creativos con éxito. Señoritones de grandeza inmemorial, no sacamos beneficio rentable a nuestras creaciones porque no inventamos para negocio sino por ocio, por gusto propio y para consumo y uso interno, de los de casa. Si alguna vez invitamos a alguno, salimos con la experiencia displicente de ver que lo nuestro sólo nos gusta a nosotros y está más allá del gusto común de los demás, siempre extranjeros en Sevilla.

El pregón es, según se mire, una pieza de distinta valoración. Literariamente, es de género ínfimo; retóricamente, puede rayar cimas de oratoria dignas de los mejores, digo un Cicerón, digo un Bossuet, digo un Castelar. Y no exagero (no más de la desproporción de exageración cultural reconocida a nuestra idiosincrasia sureña).

El pregón semasantero es una loa aperitiva de la Semana Santa. De suyo y rigurosamente, tiene una temporada muy restringida, con veda que se abre no antes del Domingo IVº de Cuaresma, temporada plena en la Semana de pre-Pasión, y postrimerías en la Semana de Pasión. El dia dorado de pregón es, por tradición y sin discusión, el Domingo de Pasión (o Vº de Cuaresma, o Domingo de Doctrina, o, simplemente, Domingo del Pregón). Más allá del Miércoles de Pasión, sería de suma vulgaridad atreverse a pregonar nada.

Pero como el invento hizo fortuna, todo el año es pregón. Y se hacen pregones del Rocío en Mayo, de Sacramentales por el Corpus, de gloria en Agosto, de romería en el mes que caiga. También tenemos pregón de Toros antes de Feria, y de la Feria antes de la misma (Feria). Luego vienen los patronales, los locales, los ocasionales, los de efemérides y, cerrando la temporada, los de Navidad y Cabalgata de Reyes.

Aunque el genuíno, el pregón-pregón, praeconium praeconiorum, es el semanasantero. Los expertos en el género consideramos que es un snobismo cursi llamar a la pieza "exaltación de" porque, aunque la oratoria exalte y el orador se exalte (y los oyentes también), el nombre es "pregón" (que, por cierto, se pronuncia mejor que "exaltación"; y lo mismo - y es más adecuado - "pregonero" que "exaltador").

Estas tardes de primavera y azahar, de suave brisa nocturna y jaramago en la teja (las pocas que quedan), de golondrinas que vuelven (pero no son aquellas que no volvieron (aunque no sé si consta ornitológicamente que no, que no vuelven (con perdón de becquerianos, disculpen Uds.))); estas noches de torrija y caña de manzanilla, de espinaca y bacalao y platito de arroz con leche y canela, estas fechas pre-pasionistas de capirote de cartón y ruán con aroma a naftalina, de terciopelo planchado y botonadura forrada, de medalla y esparto, de costal y faja; estas veladas de sevillanía catárquica, de síndrome hiper-cofradiero agudo y recurrente; esta semana y media si no sales a un pregón por día, es que tienes compromiso para dos o tres.

Hay pregones en la radio, prensa y televisión. Y en la asociación de vecinos, y en la peña taurina, y en la bética, y en la sevillista, y en la tertulia cultural, y en el instituto del niño, y en el colegio de la niña, y en la peña de los moteros del barrio, y en la sede del distrito, y en el Colegio de Ingenieros Funcionales, y en el Colegio de Arquitorturas, y en el de Médicos, y en el de Médicas, y en el de Matronas, y en la Cámara de Agentes, y la de Pacientes, y en el Parque de Bomberos, y en el Teletaxi...

Y no hay uno en el Parlamento porque la piara socialista es impía y atea profesional (pero toda ella aficionada a los pregones, y todos ellos cofrades vergonzantes que se pirran por una vara en una cofradía y disfrutan en Semana Santa más que un tonto con un nicanor; no por fe, sino por "curtura populá", que dicen ellos-as, mir'usté que bien).

En fin, que estamos en temporada alta de pregones con el mercurio del termómetro pregonero rayando el punto de ebullición. El Domingo - D. m. - es el Pregón (el más, el legítimo, el non plus ultra) en el Teatro de la Maestranza, gloriosamente ubicado (y mira que es feo) entre la Plaza y la Santa Caridad. Si será acontecimiento, que el que lo pronuncia pasa a ser una especie de "cónsul" a la hispalense, que le da "nombre" al año cofradiero (el año del pregón de fulanito), entrando en el Parnaso sevillano y lucrando una de esas noblezas de por vida que Sevilla concede graciosamente y ya no retira.

¿Y el pregón? Un tostón repetido, la mayoría de los pregones; una somnolienta perorata, otros; una mamarrachada de pésimo gusto, tantas veces. Y, raramente, alguna pieza de valor (dentro de su género) que son los que menos gustan al vulgo (que es mayoría). Yo prefiero los de lírica y verso porque se pasan antes que los de prosa monolítica y retórica blindada (aunque también reconozco lo traumático de una ristra de ripios rimados con sentimentalidad cofradierista, un horror lesivo para el tímpano y el oído medio y el interno, con peligro de eco fantasmal durativo, espeluznante).

¿Y el pregonero? Un fatuo a la sevillana con chaqué y pose de espejo, cuanto más "pregonero", peor. De entre los especímenes sevillanos, un insufrible (ante y post-eventum) tipo y caso a cuya conversación mejor no exponerse. (Si se corriera el riesgo de irremediable ocasión o insoslayable encuentro con uno, lo mejor es hacerle coincidir con otro (pregonero) y dejarlos que se entiendan y se pregonen/reciten brani scelti).

Por cierto, que se me olvidaba: Un servidor, el que esto escribe, tiene que pregonar este año, Dío piacente. No digo dónde ni cuándo, pero me cachis en la hora que dije que sí al que me comprometió para el pregón.

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jueves, 1 de enero de 2009

Mañana del 1

Tengo un especial respeto por las Misas tempranas de Domingo y Fiestas, entre otras cosas porque son un muestrario del beaterío de primera calidad. A otras horas, la devoción tiene concomitancias y adherencias de diversa etiología y tipo. Pero las Misas primeras son sinceridad piadosa, mayormente. Reconozco que es un buen recurso para insomnes, pero así y todo el insomne impío compra el periódico y se va a la cafetería, no se mete en la Iglesia a oir la primera Misa.

Esta mañana es una mañana extraña, con demasiadas ausencias de esos elementos definidores de la mañana: No hay ruidos de coches rodando, ni de camiones descargando (inequívoca señal del dia de fiesta urbano); pero no había ni kioskos de prensa ni bares abiertos, inusitadas y puntuales ausencias, rarísimas en el decurso del año y sus festivos. Lo que sí había por las calles era un rastro de petardos quemados, botellas rotas y alguna que otra asquerosa vomitona en alguna esquina. ¿Qué dia es?, ¿qué mañana del año? ¡La primera!

La primera en la frente, nos decían en el cole para enseñarnos a persignarnos; después en el instituto el profe de latín nos repetía la frasecita cuando marrábamos la declinación, la conjugación o la traducción: ¡La primera en la frente! Pues con frente señalada con toda la basura urbana de los excesos de una noche crapulosa, así se despereza el primer dia del año. Del Año Nuevo que amanece sucio y desastrado como si llevara consigo toda una vida arrastrando. Qué bonito, qué ilusionante.

En la Misa de 9'30 habrían veinte personas. La Iglesia amplia y espaciosa con un salpicado de fieles, passim, entre los bancos. El cura, muy en su oficio, ha predicado a los veintipico devotos-as su sermón, cortito, que tampoco era cosa de ponerse a emular a Bossuet o al beato Diego José.

Después de Misa, nos hemos ido el cura y yo a tomar un café, en el bar de detrás de la Parroquia, que estaba abierto...o no había cerrado. No sabría decirlo porque, entre las caras de los cafeteros mañaneros, había unas pintas estragadas, con tipo resacoso, ropa que no pegaba (deslucida, un pelo extravagante) y mal aspecto indefinible. Concluyo que el bar o no había cerrado, o había abierto (me parece que era esto) para recoger restos del naufragio, y hacer negocio extra con cafés cargaditos para la resaca. Una mañana de resaca, la mañana del primero de Enero. Perfecta alegoría sin palabras de cómo estamos y a dónde hemos ido a parar.

El jefe de la piara, por cierto, se desmarca del común y pasa unos dias de descanso, apartado del mundanal ruído en ese otro finisterre que es Doñana, allende las Marismas donde Gerión criaba caballos y toros. No sé si se habrá despertado con resaca, pero puedo asegurar sin comprobarlo que a Misa no ha ido.

Con la falta que le hace una buena Misa con un buen sermón que le saque los colores y le remueva la poca vergüenza que le queda. Y para el alma, claro.

Pero como los de la piara no creen en el alma, pues huelgan remedios.

Tampoco creen en España, y huelga todo lo demás (ellos mismos los primeros).

Y dicho esto, señores que concurrís por esta esquina del Pasquino: ¡Santo y Feliz 2009 tengan todos ustedes! (que no será feliz el año si no son santos sus dias, ya se sabe).

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domingo, 26 de octubre de 2008

Cambiar la hora

Me gusta el retraso de la hora en Otoño, tanto como me desagrada el adelanto en Primavera. Me parece recordar que fue en el 72 o el 73, cuando la subida de los precios del petróleo y aquella crisis. También subieron en las tiendas el precio del azúcar y el del café, y adelantaron una hora el reloj entre Primavera y Otoño. El comentario de los viejos de casa fue que con esa serían dos las horas de adelanto sobre el sol, porque cuando la Guerra habían adelantado ya 1 hora, que se quedó así. Y ahora otra más.

Total, que tanto la hora aquella de cuando la Guerra como la que se adelantó también a comienzo de los '70 son franquistas absolutamente: Las ordenó Franco, o su Gobierno. Y ahí están, tal cual. Sólo ha variado que primero el horario de Otoño se cambiaba el último fin de semana de Septiembre, y después, desde el novetitantos, lo trasladaron a la madrugada del último Domingo de Octubre.

Y yo, tan fastidiado con que adelanten la hora a fines de Marzo, me pregunto por qué esta concesión al franquismo y mantener en plena era zetapera un horario de verano y de invierno secundum Franco. ¿Por qué toleran esta institución de las horas de Franco, el adelanto de 1 hora en Otoño-Invierno y 2 horas en Primavera-Verano?

En verano es tremendo que a las 10 de la noche, durante Junio y Julio, todavía esté el cielo claro y las estrellas esperando salir porque no oscurece. Y la gente con unas ganas de juerga que no paran. Y después por las mañanas, no hay quien se levante bien dispuesto. Y se crean malos hábitos, aquí, en el Sur, donde somos tan propensos.

Con lo bueno que sería llamar a las horas por su nombre propio y real, sin subterfugios de gobierno. Y las 8 de la mañana del verano fueran las 6 que de verdad son; y las 8 de la mañana del invierno fueran las 7 que son en realidad. Y acomodar a esas horas los horarios laborales y escolares y comerciales, etc. Y que la gente viviera, se acostara y se despertara a su hora.
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Cuando en el 72 nos contaron que el adelanto era para ahorrar energía, la gente se quedaba perpleja cuando amanecía la Avenida de la Palmera con todas las farolas encendidas, que no se apagaban hasta las 10 de la mañana o las 11. Y la gente sospechaba que como eso todo lo demás.

Y yo sigo sospechando lo mismo. Y sin entender por qué aquí y en la Gran Bretaña y en Alemania y en Italia, no ponen las horas del reloj de acuerdo con el sol, sin pretender concordancias desconcertantes.

Menos mal - decía un viejo sensato de mi pueblo - que los gallos siguen cantando a su hora, que saben cual es sin depender del reloj adelantado o atrasado.

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jueves, 28 de agosto de 2008

Chinos en China

Además de la Novena, estas dos últimas semanas del dorado Agosto me las he pasado viendo todo lo que podía de las Olimpiadas. Como estaba en vacances, he visto bastante. Lo que no he visto es China.
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Cuando devoraba novelorios de Jules Verne, también me leí uno titulado "Las tribulaciones de un chino en China", que cuenta las peripecias de un idem en la eadem, sin ficciones futuristas. Y es de Verne. Hasta Verne las cosas estaban relativamente en su sitio, y los chinos en China. Todavía en el XIX se publicaban esas láminas-litografías con tipos del mundo entero, ataviados según su propia usanza, ya fueran indios de América, papúes de Nueva Guinea o lapones de Finlandia. Y los chinos iban de chinos, con coleta. Chinos de mi infancia fueron el del sobre del Flan Chino Mandarín, la familia papá, mamá y niños chinos de una baraja, y el chinito de la hucha del Domund: Mis primeros e inolvidables chinos.

Pero los de las Olimpiadas de Pekín (P-e-k-í-n , que se escribe y se dice así) han sido un horror desnaturalizado. Menos los ojillos oblícuos, todo lo demás parecía desmentir su esencia sinantrópica pekinesa. Vestidos de yankis, parecían yankis (que ya quisieran ellos ser yankis!!). Ni siquiera les ha quedado el uniforme gris rata del monstruo Mao.


Bien considerado, el uniforme gris basura del funesto Mao fue una transición a la vulgaridad. Del brillante colorido de las sedas de los Tang y los Ming y los Manchú, la repugnante proletariedad comunista dejó sólo los colorines en la bandera (roja y gualda, por cierto) y a los chinos los vistió de color rata de albañal; a lo sumo se permitía la variedad matizada de gris ratón de granero. Y ya está. Cuando se escriba la crónica de la criminalidad comunista universal, el capítulo del crímen del mal gusto comunista va a necesitar suplementos y apéndices extra (uno también para el negro bruja infame de la pasionaria - con minúsculas, que no se merece más -).

Yo soy muy tradicional, no sé si se me nota. Y un chino chino lo quiero de chino 100% sin mezcla ni sucedáneos. Cuando vi "El Último Emperador" de Bertolucci (una excepción que confirma la regla del mal gusto comunista; pero es italiano, como Visconti y Passolini, y ya se sabe que el p.c. italiano es Don Peppone y Don Camilo y admite esas excepciones que confirman que no era tal p.c. el pí-chí); pues cuando vi esa peli sufrí al ver al mentecato de Pu-Yi (q.e.p.d.) vestirse de chaqueta, pantalón, chaleco, corbata y mascota, despreciando las sedas manchúes. Me condolí con los pobres eunucos imperiales, desolados y compunjidos por el mal gusto y la poca reverencia del último emperador (que el mal gusto se paga muy caro).

Toda la China-china que ví durante las Olimpiadas fueron unos retazos de la Muralla China y una pagoda de las tumbas de los Ming, en un islote de un lago en el que nadaban los temerarios (y las temerarias) del Triatlón. Y poco más.

Lo demás que se veía podía ser cualquier sitio de cualquier parte del vulgar mundo global y de serie calatrava-moneo-bofill y demás basureros vanguardistas. Un horrooooooor.


Pero los chinos tan contentos. Como son tantos, si se les pega el mal gusto post-moderno, estamos listos.

Grande y extensa entre el Yan Tsé, y los Montes Celestes, el Altai, los Himalaya y el Hindu Kush, espero que exista y siga existiendo suficiente China profunda para que, llegado el dia, se regenere según los Ming, los Tang y los Manchú.

Aunque cuando veo los mcdonales y los burguerkines con los neones encendidos frente al Potala de Lasa, desisto y me temo peores degeneraciones de la China degenerada. Las Olimpiadas de Pekín, una muestra. Verbigracia.

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miércoles, 31 de octubre de 2007

Huesos de Santo y batatas


Mi abuela Antonia tenía su peculiar calendario, que era de fiestas y dulces: Cada una tenía su repostería y era pecado tomar el dulce que no era en la fiesta que no tocaba. Los pestiños y las perrunas de manteca y almendra son de Navidad, como los alfajorillos, los mantecados, las tarteras de cidra y el mazapán; pestiños y perrunas se hacen en casa, y los otros se encargan fuera. Para Semana Santa, torrijas, pellizcos, piñonates, gañotes y empanadillas de cidra. Para los dias de los Santos de la familia, brazos de gitano, bizcochos, huevos reales, empanadillas de crema, y, si caen en verano, helados de mantecado al corte. Por los Santos y Difuntos, las batatas al horno, las batatas en almíbar y...los huesos de santo.

Los huesos de santo eran una especial chuchería que se traía de Sevilla, de alguna de las confiterías de toda la vida. Mi abuela Enriqueta era la especialista y distinguía si eran de La Española, de Ochoa, de La Campana, o de Convento. Mi padre, que era quien se encargaba de comprarlos y traerlos a casa, prefería los de La Española. A mí me gustaban todos, y me gustan y los compro con esa especie de ritual casi de culto. Y es que soy muy de rito hasta para eso, como Dios manda.

¿Y qué se lee en estos dias de Los Santos y los Difuntos? Se lee la "lectura recreativa" del Padre Coloma "Era un Santo!" ¿Que no la conocen, que no la han leído, que no saben quien es el Padre Coloma? O,mio Dio! Mon Dieu! My God! Mein Gott!!!!! Uds. los que no leen al padre Coloma (ni comen huesos de santo por los Santos, seguro), ustedes acabarán mal.

Háganse el favor de comprarse una bandejita de huesos de santo, y cómanselos leyendo "Era un santo!" . Será el comienzo de una deleitosa afición que les abrirá el apetito de otros y más altos deleites.


N.B. Postrimerías y postre vienen de lo mismo: Considerénlo, medítenlo.


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sábado, 17 de febrero de 2007

De Carnaval

Nunca me han gustado los carnavales. Quizá porque cuando nací, ya no se celebraban. Cuando llegaban estas fechas y salían en el periódico o la tele cosas de los Carnavales de Cádiz, - que eran los únicos - en casa me contaban (no me contaban, claro) las desvergüenzas de los carnavales, y las cosas que se hacían aprovechando las mascaradas de carnaval.

Porque los mayores de casa sí habían conocido las fiestas del carnaval. Y por eso, aunque relataban de sus escándalos, se acordaban de aquellos carnavales que festejaron - "...Hasta que los prohibió Primo de Rivera..." , apostillaban siempre, con un tono quasi reverente; pero seguían contando:


- "Con una perra gorda de añil, tu tio Enriquito se desfiguraba la cara, y se pegaba un bigote de lana, y se ponía la guerrera carlistona, y se escapaba por la puerta del corral, y estaba el dia entero pegando sustos a todo el que se encontraba..."

- "...Tia Salud, daba un baile en el patio grande, con braseros y toldos y mesas de velador; y se bailaba el rigodón, y las polkas las tocaban con el piano y unos violines que venían de Sevilla; y también tocaban la pianola, y en el corral ponían un pianillo para las criadas y los muchachos; y a Don Roque, el cura, se le llevaba el chocolate al salón de la abuela Antonia, donde se reunían las mayores en "el casinillo de las beatas", y se estaba la noche entera, hasta la una o las dos de la madrugada, el Domingo de Piñata..."
- "...Y la prima Patro bailó el primer charlestón que se vió en el pueblo, con el tio Candidito, que lo habían aprendido en Madrid; fué un escándalo!.."

- "Pero sin salir a la calle!"

- "Y sin máscaras!"

- "Mamá no lo hubiera consentido; y papá...bueeenoooo!"

Y seguían sin aburrirse contando cosas de aquellos Carnavales.

En Cádiz el Carnaval ha sido una institución que afectaba y arrastraba hasta al mismísimo Pemán; pero en Sevilla las murgas de carnaval eran para la chusma...y poco más.

- "...Pero todos se iban al balcón en cuanto se oía venir de lejos alguna murga con el "...Tarra-chúm ta-chúm ta-chúm tatarata-chúm tatarata-chúm tatarata-chúm pa-chúm pa-chúm..." Era irresistible!

Tengo que reconocer que me gustan esos carnavales contados, cuando me los contaban. Y también me encantan "mis" carnavales literarios. Casi seguro que esta noche, o mañana o pasado, me leo un carnaval del Padre Coloma; quiero decir algún capitulillo de los que salen en las narraciones y novelas del Padre Luís de Coloma: La Gorriona, El primer baile, Por un piojo, Boy, y la antológica escena de Pequeñeces, esa que acaba con la tragedia de Currita y su amante Jacobo Sabadell apuñalado entre el Paseo del Prado y la calle Alcalá, una noche de carnaval en Madrid.
Pero al trágico carnaval de Pequeñeces le siguen sin solución de continuidad, y como Dios manda, los ejercicios espirituales del Padre Cifuentes en Caballero de Gracia, y eso sí que no está de moda, pas du tout.

El Carnaval con sus carnavales, se ha quedado cojo y desperfecto porque le han robado la Cuaresma que era su razón y explicación; cojo, desperfecto y sin gracia: Sobre todo sin "gracia"...yo sé lo que me digo.


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jueves, 1 de febrero de 2007

Apaguemos?! el 1 FEB




Ayer noche, un amiguete me mandó uno de esos mails encíclicos/circulares, de esos que te los mandan a tí y a una tribu más o menos desconocida.

Decía el mail que nos uniéramos todos los sensibilizados por el problema energético y el desgaste medio-ambiental del Planeta por el sobreconsumo de energía, y que, en señal de protesta-atención, apagásemos la luz cinco minutos hoy, el 1 de Febrero.

Yo le contesté que, en vez de esa ocurrencia amariconada, dejara de enviar mails, que consumen más; que apagara el ordenador y que fuera ahorrando € para meter en el sobre de la Colecta de Manos Unidas contra el hambre, que es el dia 11; que juntar dinero para los pobres que no consumen, es lo más práctico y mejor que podemos hacer los que consumimos demasiado y derrochamos energía.
Me molestó, además, que los hiper-sensibilizados y super-hipócritas "ecologistas" (ja!) de la campaña hubieran escogido para fecha del apagón comunitario el 1 de Febrero, precisamente.

El 1 de Febrero es la Víspera de la Candelaria, la Fiesta de la Luz. Hypapanté, se le llama en griego a la conmemoración cristiana de la entrada y presentación de Cristo en el Templo, cuando fué ofrecido como Primogénito y su Madre, la Vírgen, acudió al rito de la Purificación, y el anciano Simeón, sacerdote y profeta, le reconoció y proclamó Luz de las naciones y Gloria de su pueblo Israel, y profetizó sobre Él y su Madre (la espada para la Madre).

"Lumen ad revelationem gentium..." En mi pueblo, la víspera de la Candelaria es fiesta antigua, muy antigua, y popularísima. Los niños, hoy, salen a la calle con tizas y pintan rayas blancas en las espaldas de todo al que pillan desprevenido; se pintan de tiza los zócalos, las puertas, los cristales. Nunca supe por qué, solo que "¡ Hoy es día de pintar!", que es la cantinela que cantan los chiquillos cuando pintan con sus tizas, como un exorcismo contra el malhumor de los pintados.

Por la tarde, cuando anochece, se encienden las candelas. En cada calle, los vecinos arriman leña que cubren con ramón de olivo, y hacen un muñeco de trapo relleno de paja que se llama "júa" y que se planta en lo más alto de la pira. Se enciende el candelorio desde abajo; el ramón de olivo prende pronto y chisporrotea y cruje lanzando chorros de chispas al cielo; cuando el júa arde y se deshace, la paja del relleno se derrama ardiendo, y los chiquillos gritan y tocan palmas, excitados y facinados por el espectáculo del fuego.

Luego se está toda noche alrededor de la candela, y se invita a la gente que pasa a comer y beber lo que se ha preparado para la fiesta. Ya de madrugada, se sacan pestiños y tortas de manteca y aguardiente, y se cantan coplas y se bailan sevillanas y se hace la rueda en torno a la candela. Así hasta las tres o las cuatro de la mañana, cuando la candela ya es sólo rescoldos.

Al día siguiente, el 2 de Febrero, mi madre y mi padre iban a la Misa de la Candelaria, y volvían a casa con la vela bendita, para encenderla cuando había tormenta. Nos explicaba mi madre que era el día de la Vírgen, cuando entró con el Niño en el Templo.

En mi casa, la del pueblo, no se consumía tanta luz como ahora. Todavía recuerdo el brasero de cisco y carbón, oliendo a alhucema; y el viejo fogón de la cocina; y las lámparas doradas del salón, con cables trenzados de cordón; y la lámpara con faldilla del comedor; y las dormilonas de los cuartos, con sus tulipas de cristal rizado; y las bombillas peladas del lavadero y las cuadras. Todo encendido, gastaba menos que diez minutos de consumo eléctrico actual.


Y todo daba más luz; había más luz, y era mejor aquella luz.


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