martes, 11 de octubre de 2011
La cuenta atrás para el cincuentenario
Hoy ha comenzado la cuenta atrás para la efemérides del L aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. No sé cómo un padre conciliar de aquellos que arribaron a Roma llenos de entusiasmos y expectativas habría imaginado la situación de la Iglesia Católica medio siglo después del acontecimiento. Pero estoy convencido de que nunca jamás se hubieran figurado el presente que vive y sufre la Iglesia, tan lejos del entusiasmo aquel, hoy con todas aquellas expectativas malogradas, descarriladas, desviadas, degeneradas, frustradas; todo eso que ha hecho que, finalmente, aquellos que fueron descalificados cuando fueron llamados 'profetas de desgracias' sean hoy re-considerados como los perspicaces que vieron venir el futuro que hoy es nuestro presente. Nuestro desalentado, roto y languideciente presente.
Pero tenemos Asís 3, a la vuelta de la esquina, este mismo Octubre. Y nos damos abrazos fraternales con protestantes y evangelistas, nuestros invitados habituales. Y confraternizamos con nuestros 'hermanos mayores' judíos (a pesar de sus muchas, constantes y declaradas reticencias). Y vamos del brazo con los mahometanos. Y nos sentimos a gusto con el Dalai Lama, los gurús hindúes, los shintoístas del Japón y los animistas aborígenes de Australia. Nos hemos visto y nos llegamos a considerar uno entre iguales, con ese entusiasmo iluso que quedó flotando en la atmósfera católica como un 'smog' (y no de incienso, precisamente) que nos contamina el aire que respiramos, un enrarecido aire católico que ya no sabemos cuánto porcentaje de catolicismo puro contiene y cuánto des-catolicismo no-católico aspiramos al inspirar.
Si el Concilio cincuentón fue - decían algunos - abrir ventanas, es ahora más que nunca cuando hay que abrir ventanas, puertas y vanos para recuperar oxígeno católico y depurar el no-catolicismo del des-catolicismo ambiental-atmosférico que nos contamina.
El Concilio abrió - yo diría - el agujero en la capa de ozono-católico; permítome esta otra comparación, muy ecologista, al alcance comprensivo de nuestros filo-ecologistas, que son muchos.
A estas alturas, huyo de los entusiasmados conciliaristas vaticanosecundistas como de los apestados. ¿Ustedes no? Pues mírense, no sea que estén ustedes incubando algún virus descatólico. Esta misma tarde comentaba con una amiga, doctora en medicina, aquello que decía el Papa Benedicto, que nuestra sociedad, este mundo post-moderno del Tercer Milenio adveniente (¿recuerdan Uds?) ineunte (¿se acuerdan Uds?) parece, dice el Papa, como si hubiera criado 'anticuerpos' contra el Cristianismo. La cuestión inquietante es dilucidar cuántos de estos 'anticuerpos han sido efecto de una auto-inoculación; o aclarar cuántos de estos agentes anti-católicos que pululan por ahí se han gestado (se han diseñado?) dentro de la misma Iglesia Católica. Postconcilar, claro.
No se reconoce, no lo van a reconocer, pero por todo esto, por el balance negativo de estos 50 años, se postula la Nueva Evangelización. El otro día se lo escuché a un prelado, en una plática: "...porque no somos los curas del nacional-catolicismo, no somos los curas post-conciliares del 'espíritu del vaticanosegundo': Somos, hoy, los sacerdotes para la 'Nueva Evangelización'..."
Y a mí me sonaba la plática a fórmula ad casum, a repetitorio para el momento, a instrumentum laboris de papel, discurso magisterial con vacio de indefinición material y también formal, entusiastamente ambiguo, optimistamente juanpablista.
Cincuenta años sobre cimientos conciliares de aquellos han demostrado no valer para sostener el edificio de la Iglesia, con problemas tectónicos muy graves.
Pero habrá celebraciones, se celebrará lo que pasó, con más documentos, con remembranzas y reposición de semblanzas. Del 2012 al 2015 (11 de Octubre-8 de Diciembre) se disparará una estupenda y festiva piroctenia. No sé cómo llamarla, dadas las circunstancias, si castillo de fuegos artificiales o de fuegos fatuos.
Lo mejor del Vaticano 2º es que ya se abrió, se celebró y se clausuró, gracias a Dios. Seria terrible ser católico consciente en el siglo XXI (Tertio Millenio (adveniente-ineunte)) con la aprensión de un concilio ecuménico posible, que se le pudiera ocurrir a alguien, o que alguien estuviera dispuesto a convocar. Sería terrible.
Pero cuando uno es conscientemente católico de la deriva de estos cincuenta años, algunas veces me pregunto cómo hubiera podido ser una Iglesia sin Vaticano 2º. Incógnita de neta historia-ficción, lo reconozco. Pero también confieso que estoy convencido de que sin Vaticano 2º las cosas que hoy sufre la Iglesia no hubieran sido tales (o no serían de la misma manera).
Total, cincuenta años de bajón con muchos entusiasmos y vanos optimismos en medio de la decrepitud.
Lo mejor de los fastos del cincuentenario va a ser que estas cosas que estoy diciendo se dicen cada vez más, que cada vez somos más los conscientes que nos identificamos con el niño del cuento que señaló y gritó la verdad entre la multitud fascinada: ¡¡El rey va desnudo!!
Si me explico.
+T.
sábado, 8 de octubre de 2011
Reina del Santo Rosario (un original y dos versiones)
La iconografía de la Virgen del Rosario, tan rica y popular, tiene en Sevilla un repertorio espléndido, sea en imaginería tallada o en representaciones pictóricas, repartidas por toda la provincia, parroquias, conventos, capillas e iglesias de la Diócesis. De entre todas, merece especial atención la imagen que estuvo entronizada en el camarín central del retablo mayor de la iglesia del Real Convento de San Pablo, de frailes dominicos, por el rango privilegiado de haber sido durante varios siglos la representación rosarista más solemnizada, y una de las mejores esculturas de la escuela sevillana del siglo XVI.
La desafortunada desamortización de Mendizábal y otros desdichados (y a veces trágicos) acontecimientos del siglo XIX, causaron profundos desórdenes en Sevilla, que vió desaparecer gran parte de su patrimonio artístico religioso, mueble e inmueble. El Convento de San Pablo, expulsados los frailes de Stº Domingo, pasó a ser Parroquia de Stª María Magdalena (la parroquia antigua fué derrumbada por los franceses para abrir la actual Plaza de la Magdalena), y algunos antiguos bienes de la suntuosa fábrica conventual salieron de su antigua iglesia. Entre ellos la imagen de la Virgen del Rosario, que fue a parar a la parroquia de Stª Cruz, también demolida durante la ocupación napoleónica y re-instalada en la iglesia del antiguo convento de Clérigos Regulares Menores (Caracciolos), donde ocupó uno de los altares laterales del crucero, hasta que a principios del siglo XX se instaló en el templete neoclasicista que preside el presbiterio-altar mayor.
La imagen se data cerca del año 1579, fecha en la que estaba ya expuesta al culto, reputada como obra del maestro Jerónimo Hernández. Clasificable dentro del estilo del manierismo pre-barroco, representa la figura de una Madonna sedente, de evidentes resonancias miguelangelescas, con la apostura majestuosa de una matrona clásica. Si la impronta de la escultura del Miguel Ángel es reconocible, la cabeza de la imagen parece inspirarse en alguna escultura-retrato romana, por los detalles del peinado y el realismo clasicista del rostro, de una belleza que parece sacada de modelos naturales. Todo el volumen de la figura deja adivinar un cuerpo de proporciones clásicas, el pecho bien marcado, la pierna derecha adelantada y la izquierda flexionada en escorzo, el equilibrio de los brazos, todo magistralmente dibujado y esculpido. La Virgen viste túnica ceñida en el talle, con manto que cubre el hombro derecho, pendente en un amplio plieque-orla entre las piernas hasta los pies; la mano derecha sujeta el brazo del Niño, y la izquierda porta un cetro regio.
El modelado del Niño, desnudo, sólo cubierto con un breve perizoma/paño de pureza dorado, se corresponde con la anatomía ideal, tipo hercúleo, característico del manierismo, que aparece en otras figuras de Jerónimo Hernández. Se le representa, contrastando con la serena majestad de la Madre, en un vivo ademán, la pierna derecha apoyada en el sitial, sobre una punta de la vestidura de la Madonna, y la izquierda, flexionada, descansa en la rodilla dchª de la Virgen. La cabeza se expone en perfil, en dirección al rostro de la Madre; los brazos en movimiento, el derecho alzado, señalando al cielo, y el izquierdo tendido al frente, en actitud de sostener y enseñar la Cruz que, junto con los rosarios, cetro de la Virgen y coronas, son los atributos en plata repujada que complementan el exorno del conjunto escultórico, sedente en un suntuoso trono tallado, forrado de carey y plata. Las medidas son del natural; impresiona ver la imagen en el suelo, al nivel del espectador, porque gana en empaque y presencia figurativa.
Como dije más arriba, las vicisitudes del desgraciado y agitado siglo revolucionario-liberal, motivaron que este espléndido icono sagrado fuera expoliado, enajenado al convento de los dominicos, siendo finalmente depositada en la también zarandeada y expoliada parroquia de Stª Cruz, donde se le mudó el título original de Ntrª Srª del Rosario y se le impuso el de Ntrª Srª de la Paz, como hoy es conocida. Nos queda, a pesar de todo, el consuelo de haberse conservado tan admirable simulacro mariano, una de las imágenes más bellas de la Stmª Virgen que se veneran en nuestra ciudad.
La devocion de esta imagen de la Virgen del Rosario de los dominicos de San Pablo tuvo que ser muy grande, porque se conservan expuestas al culto dos versiones-copias de la misma, a cual más interesante. La primera se atribuye al mismo maestro Jerónimo Hernández, o a su taller. Representa con pequeñas variantes la misma figura: El pie del Niño pisa el brazo lateral del sitial, la mano de la Virgen sujeta al Hijo por el talle, la rodilla izquierda de la Señora aparece más baja, dando más movimiento-flexión lateral a la pierna, mientras la derecha se eleva un tanto reposando el pie sobre dos almohadillas; todo el busto aparece un poco girado hacia la izquierda, con el brazo más bajo. La cabeza de la Virgen está trabajada con un modelado más suave, menos 'personalizado'; la cabellera luce menos, bajo una toca más amplia y plegada, mientras la cabeza del Niño se adelanta más, girando el cuerpo en una pose más frontal. La imagen es poco menor que el natural; como el original que copia, es también muy bella, serenamente hermosa. Se encuentra expuesta al culto en la capilla de la Hermandad del Museo, un recinto de dimensiones modestas que atesora un sorprendente y admirable patrimonio artístico-devocional.
La segunda versión es también la más reciente en el tiempo, fechándose a mediados del siglo XVIII (ca. 1761) y atribuyéndose con bastante probabilidad al imaginero Jerónimo Roldán Serrallonga, uno de los 'roldanes menores', sucesores del taller del maestro don Pedro Roldán. Pudiera ser que el artista retocara o recompusiera una imagen anterior. La escultura es una deliciosa interpretación del monumental original venerado en el Convento de San Pablo, con la gracia de las creaciones del período final del barroco sevillano. Copia con fidelidad a su modelo iconográfico, pero, como en el caso anterior (la imagen de la capilla del Museo), el artista introduce pequeñas variaciones. La principal quizá sea la frontalidad de las figuras, más patente en el Niño, que pierde el perfil del original, apareciendo vuelto al frente, connservando la disposción de piernas y brazos; en la figura de la Virgen desaparece la inclinación lateral hacia la izquierda de cabeza-busto-brazo, mientras el cuerpo se inclina un poco hacia adelante. El estofado-policromía es muy rico y colorista. La imagen mide menos de un metro (unos 85 cms.). Porta atributos de plata, corona y cetro la Virgen, y el Niño corona y Cruz de nácar y plata, más los rosarios. Completando los aderezos, la imagen de la Virgen se reviste en las solemnidades de cultos y salidas procesionales con un manto de terciopelo grana, bordado al realce en oro.
De las tres imágenes rosaristas, esta última es la que recibe propiamente culto, pues tiene dedicada una antigua hermandad, la Hermandad de Ntrª Srª del Rosario, del antiguo barrio de los Humeros (ver referencias de historia y patrimonio en el enlace), una de las antiguas hermandades de gloria que sobrevivieron a los infortunios y las crisis del siglo XIX. Su patrimonio incluye otra imagen, réplica de la titular, en terracota monocolor, colocada en una hornacina que remata el frontis de la fachada de la capilla.
Durante todo el mes de Octubre se celebran en Sevilla cultos a la Virgen del Rosario, saliendo en procesión varias imágenes de Ntrª Srª, todas muy populares. De las tres que he comentado, sólo la del Rosario de los Humeros recorre su barrio en una devota y encantadora procesión de gloria. Las otras dos imágenes, que me conste, nunca han salido en procesión. Aun siendo actualmente la imagen principal que preside el presbiterio de la iglesia parroquial de Santa Cruz, la antigua Virgen del Rosario (re-titulada de la Paz) apenas tiene devoción en su parroquia, siendo desconocida su historia (y su imponente belleza) por la mayoria de los capillitas y cofrades sevillanos. La segunda, la réplica de la Capilla del Museo, a pesar de su mérito, pasa casi desapercibida. Las tres son, sin embargo, una de las series iconográficas más memorables del patrimonio religioso-artístico de la Sevilla mariana.
Oremus
Deus, cuius Unigenitus per vitam. mortem et resurrectionem suam nobis salutis aeternae praemia comparavit: concede quaesumus: ut haec mysteria sanctissimo beatae Mariae Virginis Rosario recolentes, et imitemur quod continent, et quod promittunt, assequamur.
Per eúmdem Dóminum nostrum Iesum Christum Filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sæcula sæculórum.
R. Amen.
+T.
miércoles, 5 de octubre de 2011
Gratias agens et benedicens
Gratias agens, así estoy, porque es justo y necesario, quoniam misericordia Eius in saecula et veritas Domini manet in aeternum, que levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre para sentarlo entre los príncipes de su reino.
Los Príncipes entronizados son los Ángeles, ministros de la gloria del Señor. Cuando un hombre mortal, un pecador hijo de pecadores, es ordenado sacerdos in aeternum, se le eleva a esa altura para que ministre los Misterios del Hijo del Altísimo, gracia la más alta que se confiere en la Tierra.
Antes, los antiguos, como guardaban la fe que rezaban, recalcaban que tal gracia no la gozaban ni los Ángeles, siendo ángeles. Pero los hombres, por gracia del Hijo del Hombre, sí.
Y desde la institución del Sacramento, los hombres llamados por Cristo dicen las palabras de Cristo, hablan por Cristo, le dan su voz, lengua y palabra al Verbo Eterno para que el que se hizo Carne por nosotros actualice en el Altar su sacrificio y nos dé en Comunión su Cuerpo y su Sangre, ¡oh misterio!
Quia major omni laude,
Nec laudáre súfficis.
Y yo lo sé y no sé qué decir, qué decirle, qué cantarle, qué rezarle, qué ofrecerle que sea digno, qué rendirle, qué llevarle al Altar cuando me acerco con temores y temblores recitando que voy ad altare Dei, ad Deum qui letificat iuventutem meam, que alegró mi juventud y que refresca mi alma con brisas celestes que son aires de eternidad, cuando voy a su Altar, el Altar del Dios que es mi alegría.
No sé cuántos años hace que rezo el soneto de Lope, el Lope de Vega sacerdote; quizá lo llevo rezando los mismos años que cumplo de ordenado, pero no recuerdo ahora el día que empecé a rezarlo como un estrambote, pianíssimo, a las oraciones de rúbrica:
y la Cándida Víctima levanto
de mi atrevida indignidad me espanto
y la piedad de vuestro pecho admiro.
Tal vez el alma con temor retiro,
tal vez la doy al amoroso llanto,
que, arrepentido de ofenderos tanto,
con ansias temo y con dolor suspiro.
Volved los ojos a mirarme, humanos,
que por las sendas de mi error siniestras
me despeñaron pensamientos vanos.
No sean tantas las miserias nuestras
que a quien os tuvo en sus indignas manos
Vos le dejeis de las divinas vuestras.
Con el tiempo he ido descubriendo detalles del soneto, ajustado a la forma de la liturgia antigua, a la Misa venerabilísima que era la que Lope (¡y todos!) celebraba. Por ejemplo esos versos que marcan la primera adoración del sacerdote genuflexo y luego la elevación de la Hostia Santa. Detalles sacerdotales, como decía.
Si puse de entrada el arranque del Te Deum de Lully, que me gusta tanto, tan fanfarrioso y exultante, concluyo con su final, con los versos más templados del final, suplicantes, como un trémolo de temor sacerdotal, como los versos del terceto final del soneto de Lope:
sine peccato nos custodire.
Miserere nostri, Domine,
miserere nostri.
Fiat misericordia tua, Domine, super nos,
quem ad modum speravimus in te.
In te, Domine, speravi:
non confundar in aeternum.
Ex Voto in aniv. XXVI
+T.
martes, 4 de octubre de 2011
celebraciones dominicales sin sacerdote
Hará dos o tres semanas, aparecía en algunos noticiarios religiosos esta novedad: En Gerona acababa de publicarse un decreto del obispo regularizando las 'celebraciones dominicales sin sacerdote'
"El bisbe de Girona, Francesc Pardo, ha signat un decret que institueix a la diòcesi les celebracions dominicals en absència de prevere. Serà l’arxiprest qui haurà de demanar autorització al bisbe i proposar «les persones idònies per a aquest servei i les comunitats on s’ha d’exercir». El decret també preveu qui haurà de presidir aquestes celebracions, que, sempre que sigui possible, serien a càrrec d’un diaca. Altrament —diu el decret—, les dirigirà un religiós no prevere, una religiosa, un laic o una laica suficientment preparats i amb la deguda autorització"
El caso, sin embargo, es algo ya común, generalizado, una de esas lamentables prácticas post-conciliares que terminan institucionalizando abusos con el omni-comodín todo-excusa de la 'necesidad pastoral'.
En 1988, bajo Juan Pablo II, la Santa Sede publicó un directorio articulando la manera de proceder. Ver/buscar aquí: Directorio para celebraciones dominicales en ausencia del presbítero
Siguiendo el patrón de la Sacrosanctum Concilium, la Ordenación General del Misal Romano y otros documentos mayores sobre liturgia católico-romana, en el directorio (un documento menor) es patente la ambigüedad, la alternativa, la posibilidad, la oportunidad como norma etc. Sugiere sutilmente abiertas tantas formas como circunstancias se puedan presentar. De hecho, una interpretación acomodada y flexible del texto puede propiciar asombrosas (escandalosas) celebraciones, como de hecho ocurre. Si lo leen, desde el preámbulo apreciarán constantes ejemplos de lo que digo.
Un resumen esquemático de la 'celebración' en sí, pueden Uds. leerlo aquí. Aunque la página es argentina, verán en las notas finales las referencias a autores españoles, típicos liturgistas 'creativos/sugestivos', muy conocidos.
De Aldazábal, uno de esos liturgistas citados, es este libro, cuyo título ya es una declaración litúrgico-pastoral doctrinal: 'Ministerios al servicio de la comunidad celebrante'. En el capítulo 18 se expone particularmente el caso de las 'celebraciones dominicales en ausencia de presbítero' .
En el fondo (en la base) existe toda una concepción des-católica de los Sacramentos, el Sacerdocio y la Iglesia. Una eclesiología laicista que minimiza el sacerdocio reduciéndolo a un ministerio subordinado, dependiente absolutamente de la comunidad, cuyas funciones pueden ser asumidas por un simple seglar, siempre que la comunidad lo precise y siendo capacitado para el ministerio por la misma comunidad. Por supuesto no se dice que el laico se convierta ad casum en sacerdote con potestad de consagrar/celebrar la Misa. Pero se expone una forma de entender el ministerio que sugiere nuevas posibilidades que un discurso teológico más 'vanguardista' puede ir desarrollando hasta los extremos que hace años se viven en ciertas diócesis europeas.
En Holanda hay parroquias donde la 'eucaristía' dominical la 'celebran' seglares, hombres y también mujeres. Este curso pasado hubo 'colectivos' de gays y lesbianas que pidieron formalmente la incorporación de representantes de sus respectivos grupos, como signo de integración/no discriminación, para que pudieran celebrar como ministros efectivos de la comunidad.
En Suiza se da el caso de sacerdotes que pueden celebrar la Misa en determinadas parroquias donde desde hace años se tienen estas 'celebraciones en ausencia de presbítero', pero se ven rechazados y se les niega que puedan celebrar la Misa porque la comunidad ya ha 'optado' por la celebración sin presbítero. Increíble, pero cierto.
No dudo de que todos estos lamentables ejemplos de degeneración estén muy lejos de las intenciones con que el Bisbe de Gerona y otros como él tienen en mente cuando publican directorios pastorales-litúrgicos para el caso de estas 'celebraciones dominicales sin sacerdote'. Pero sí estoy convecido de que estas novedades tienen consecuencias que afectan gravemente a la liturgia en sí y a la piedad de los fieles, suscitando confusiones que descomponen la fe de los que asisten a esos actos.
La fe eucarística se resiente cuando el Sacramento deja de ser algo reservado al ministerio sagrado del sacerdote. La impresión que produce en los fieles ver a un seglar abrir un Sagrario, tomar un Copón, administrar la Comunión, etc. produce una devaluación, más o menos consciente, del Sacramento, precisamente del que proclamamos 'Sacramento de la Fe'. Negar esta experiencia es no reconocer un hecho evidente que repercute muy nocivamente en la piedad de los fieles. Sin embargo son prácticas comunes en la mayoria de nuestras parroquias, a veces impuestas por normativas diocesanas, otras veces aceptadas generalmente sin discusión.
Hacer de lo excepcional algo común es otra consecuencia de la vigencia de estos directorios litúrgicos. Se supone que son disposiciones arbitradas para situaciones excepcionales, pero al poco de su publicación pasan a ser prácticas comunes que se consienten y se propician sin más limitación que la del criterio del responsable ad casum, sea el párroco que delega o nombra, sea el seglar encargado ocasional de esas celebraciones, unas veces por costumbre, otras permanentemente.
El hecho de que también las mujeres (religiosas y/o seglares) puedan actuar como 'ministras' introduce una variante todavía más peligrosa, por cuanto supone una realización de las tesis feministas que reivindican el ministerio sagrado como un 'derecho' que no se le puede negar a la mujer. Desde fines de los años '70 se aprobaron algunas fundaciones religiosas femeninas dedicadas al apostolado rural, que muy pronto asumieron por encargo pastoral ciertos ministerios parroquiales: Catequesis, sacristía, archivos parroquiales, visita de enfermos y familias, etc. Poco tiempo después fueron estas religiosas las que se hicieron cargo también de las primeras 'celebraciones dominicales sin sacerdote'. Al princpio fue (como tantas veces) ad experimentum, luego se multiplicaron los ensayos, después llegó el Directorio de la Santa Sede y hoy día tales celebraciones con 'ministras' se han divulgado por doquier.
La impresión de un 'culto degradado' y una 'liturgia deformada' resalta en cualquier caso. Insisto en que la piedad de los fieles, sin captar matices, distingue que están asistiendo a otro tipo de celebración, pero con el juicio consecuente de que todo vale, todo se puede hacer, todo da lo mismo. Después transportan esa valoración indiferentista a la Stª Misa, cuya celebración ya no les causa el mismo respeto que antes ni les mueve a la devoción que tuvieron. La fe popular, tan profunda y firme, es también sutilmente fragil, susceptible de quebrarse en cuanto la fe/doctrina que se les predica (¡se les predicaba!) no se ejemplifica y vive en consecuencia. Si a la pérdida de tantos signos de devoción que acompañó a la reforma litúrgica post-conciliar se le suman estas sustituciones/sucedáneos de la Misa, no es de extrañar la grave crisis del catolicismo, con pérdidas dificilmente recuperables de la piedad y la espiritualidad popular.
No ignoro que el problema pastoral es grave. Cada vez hay menos sacerdotes y las diócesis tienden a mantener las mismas parroquias y lugares de culto que existían cuando el clero era más abundante. Sin embargo la falta de ministros no debe paliarse con formas de culto excepcional encomendadas a seglares, porque tal uso deviene al poco habitual y supone, de hecho, una degradación litúrgica cuyos resultados/beneficios pastorales son absolutamente discutibles.
Por supuesto, escribo estas parrafaditas con la penosa consciencia de que la realidad supera (desde hace años) mis temores y aprensiones. Y con la más dolorosa intuición de que estos hechos seguirán su progresión degenerante.
Usquequo?
+T.
viernes, 30 de septiembre de 2011
Otro gran rifiuto ??? (sobre una supuesta renuncia 'por edad' del Papa)
"Y observando vi una insignia
que sin descanso rondaba velozmente
incapaz al parecer de detenerse:
y detrás la seguía una multitud
de gentes de la que nunca yo creyera
que tantas hubiera deshecho la muerte.
Después de haber reconocido a algunos
me fijé más y conocí la sombra de aquel
que miserable hizo la gran renuncia.
De pronto comprendí y certeza tuve
de que esta era la turba de los cautivos
que desagradan a Dios y a sus enemigos.
"...E io, che riguardai, vidi una ’nsegna
che girando correva tanto ratta,
che d’ogne posa mi parea indegna;
e dietro le venìa sì lunga tratta
di gente, ch’i’ non averei creduto
che morte tanta n’avesse disfatta.
Poscia ch’io v’ebbi alcun riconosciuto,
vidi e conobbi l’ombra di colui
che fece per viltade il gran rifiuto.
Incontanente intesi e certo fui
che questa era la setta d’i cattivi,
a Dio spiacenti e a’ nemici sui."
DC Inf. c.III, 54-63
Así describe el Dante a una multitud de condenados, atormentados por alacranes, avispas, tábanos y molestos bichos. Son los condenados por tibios, pusilánimes e irresolutos, que marchan rondando sin parar delante de las puertas del infierno. Entre ellos distingue a "colui che fece per viltade il gran rifiuto" / 'el que consumó por cobardía la gran renuncia'.
Como el Dante necesita del Virgilio, un lector del Dante necesita de notas para seguir el texto e identificar personajes e historietas. Para esta cita, lo corriente es que los comentaristas coincidan; he leído algunos comentarios discrepantes, modernos, pero lo común es que se identifique al personaje del 'gran rifiuto' con Celestino V (San), el eremita Pietro Morrone que fue Papa seis meses y renunció por, digamos, motivos personales (achaques y debilidades de cuerpo y de espíritu) al Papado. Tenía ochenta años. Es fama que el Cardenal Caetani (más tarde Papa Bonifacio VIII) maniobró habilmente para ser su sucesor, inaugurando una tensa y triste época de conflictos intra y extra eclesiásticos, cuya solución tardaría más de un siglo en llegar.
La dimisión de la Cabeza de la Cristiandad no era un buen síntoma, de hecho dejaba bien patente la decadencia del Papado en aquel final del que fue glorioso siglo XIII. El siglo siguiente, el XIV, se abre exultante con el primer Jubileo del Año Santo para languidecer seguidamente durante los años de Avignon y sumergirse luego en el escándalo del Cisma de Occidente y su apéndice: El conciliarismo.
Con la Guerra de los Cien Años como telón de fondo, la debilidad y la crisis del Papado impidió que se exterminaran eficazmente males tan graves como el wyclifismo y el husismo, preludios del protestantismo y la fractura definitiva del Occidente Cristiano de un siglo más tarde. Y todo empezó con ese 'gran rifiuto', la renuncia/dimisión de un Papa débil y valetudinario.
¿Exagero? No sé. Desde luego no me meto en deslindar si la identificación del Dante es correcta. Ni tampoco diré nada del Celestino V canonizado y venerado por la Iglesia (San Pedro Celestino) aunque Dante Alighieri lo coloque entre los condenados, en la ronda de las puertas del infierno. En apoyo de la tradición que identifica al personaje 'rifiutante' con el Papa Celestino véase esa ilustración que he puesto de cabecera. Es una miniatura al pie de página de un códice de la Divina Comedia que se conserva en la Bodleian Library de Oxford, ilustrando justamente ese pasaje dantesco; fíjense en el tercer personaje que marcha detrás de la bandera roja: es un Papa con su tiara (sobre la miniatura, el texto). Recalco el detalle para insistir en la antigua identificación del personaje y la censura de su acto.
¿Puede un Papa renunciar a su singular ministerio? Subrayo lo de singular en el sentido de que es un ministerio único, sólo asumido por una persona cada vez (su ilegítimo opositor, de haberlo, se llama anti-papa, concepto que declara igualmente la irrepetibilidad simultánea del ministerio papal). Para la Iglesia única existe un Papa único. ¿Puede, por voluntad propia, dejar de serlo, pues?
Canónicamente está prevista la renuncia del Papa, con lo que se sanciona la legitimidad de ese supuesto. ¿Es oportuna? Hubo momentos en los que se consideró tal oportunidad, destaco dos: Pio VII, retenido por Napoleón y Pio XII amenazado por Hitler; en ambos casos hubo un documento ológrafo de renuncia, confiado a personas de la intimidad del Papa, con la orden de dar a conocer y publicar la renuncia papal si se consumara el secuestro del Pontífice.
En uno y otro caso, sin embargo, lo que Pio VII y Pio XII intentaban salvaguardar era la libertad y soberanía de la Santa Sede. No se trataba en ninguna de las dos eventualidades de circunstancias personales de tipo físico (enfermedad, ancianidad o debilidad), sino de situaciones que requerían soluciones extremas pro bono Ecclesiae, dado que un Papa secuestrado no está capacitado para regir la Iglesia estando preso por enemigos de la Iglesia (y sin embargo hubo en la antigüedad el caso de algún Papa que estuvo prisionero parte de su pontificado, hasta su muerte como mártir, cuya renuncia parece documentada: cfr S. Ponciano).
¿Y un Papa anciano? Un Papa anciano sí puede gobernar la Iglesia, la historia cuenta con muchos y valiosos ejemplos. ¿Y un Papa enfermo? También, lo mismo. De las dos situaciones tenemos el testimonio reciente de Juan Pablo II, hasta cierto punto ejemplar, salvo las extravagancias que el mismo juanpablismo terminó quasi imponiendo a las que hubieran debido ser más discretas y cuidadas comparecencias del Papa.
En este sentido, parece que Benedicto XVI administra mucho mejor su vida pública, evitando la indiscreta 'publicidad' que podría deteriorar tanto su actividad exterior como su imagen. A los responsables inmediatos les debe resultar dificil equilibrar y restringir la actividad pública del Papa desde los excesos cometidos (o consentidos) por su predecesor (o sus colaboradores).
¿Teme Benedicto XVI verse en una situación similar a la de los últimos años de Juan Pablo II? En este sentido parecen ir las conjeturas de algunos periodistas 'vaticanistas' (ver aquí y aquí) que recientemente han especulado con una renuncia de Benedicto XVI, más o menos próxima, pero, según ellos, querida y ya prevista por el Papa.
Con motivo del catastrófico terremoto que asoló hace unos años la región de los Abbruzzi, Benedicto XVI visitó la ciudad de Sulmona, donde veneró el cuerpo-reliquia de San Celestino V, colui che fece il gran rifiutto. Ya entonces hubo comentarios que apuntaban a que no fue casualidad esa visita, que se entendía más como un gesto y un probable aviso.
Yo insisto en el peligroso error que supondría institucionalizar el 'rifiuto' papal. Si ya me parecen graves y discutibles (¡absolutamente!) la renuncia impuesta a los obispos al cumplir los 75 años y la exclusión del Cónclave de los cardenales octagenarios, si se le pusiera un límite de edad al Papa el caso me parecería escandaloso, un atentado contra la constitución jerárquica suprema de la Iglesia.
Una de las fuerzas y virtudes más destacables y efectivas de la Iglesia Católica es la de su capitalidad única en la persona del Papa, cuyo ministerio supremo garantiza con solidez el gobierno de la Iglesia, un ministerio que es sobrenatural y que goza de una profética asistencia extraordinaria de gracia, única y especial, en tanto que la potestad papal deviene directamente de la Sucesión Apostólica en la persona del Apóstol San Pedro, vínculo de fe con el mismísimo Jesucristo, nuesto Dios y Señor . Debilitar este ministerio único con una limitación real y estipulada del mismo, sería infringir una grave herida al más alto y precioso ministerio de la Iglesia.
¿No puede vivir la Iglesia con un Papa anciano? ¿No pueden vivir los católicos con un Papa enfermo? Sería pecaminosamente contradictorio que la corrección política se impusiera al IVº mandamiento del Decálogo. O que la indiscreción de los medios llegara a pesar más en la opinión de la Iglesia que XX siglos de historia y vida que han conocido Papas ancianos y enfermos al timón de la Nave de Pedro. Y no pasó nada. ¿Por qué habría de pasar ahora?
Conque oremus para que el rifiuto dantesco quede como anécdota y no se repitan para desgracia de la Iglesia actos de renuncia, que podrían entenderse como desconfiados para con la Providencia que todo lo rige y dispone con sabiduría mejor y mayor que la de los hombres.
Si se cree, se cree.
p.s. Y no se olvide nunca que el peor enemigo de la Iglesia siempre atenta desde dentro de la Iglesia.
+T.
domingo, 25 de septiembre de 2011
La Caram-ba
La Caram es una monja de importación. No sé dónde se crió, allá en el ultramar americano. Pero se vino a recriar a nuestra Piel de Toro, y profesó monja, dominica, en una de esas clausuras que conservan de clausura el nombre y poco más.
La Caram es despabilada, lengüilarga, caradura, hembradocta, feministaplús y vanguardista del ala siniestra del des-catolicismo intra-descomponedor. Todo ello con la coartada del hábito, que le franquea puertas y simpatías de inconscientes. Monta saraos, organiza tómbolas y patrocina eventos reinvindicantes-deformantes-agresimilitantes.
Todo eso lo sabía. Lo que no sabía era que usaba mitra, que se retrataba con ella. Y me temo que la esconde debajo del catre y se solaza poniéndosela en la celda, mirándose al espejo y re-versionando la escena de la reina-bruja de Blancanieves:
- "Espejito, espejito, dime: ¿Quién la más mitrada de entre las misses?"
Y el espejo, con voz de ultratumba, le responde: - "Soor Caram, Soor Caram, Soor Carammmm..."
Maria Antonia Fernández, La Caramba, ustedes saben, fue una de la tonadilleras-bailaoras del tiempo del Madrid de los majos. Fue célebre, y puso de moda unas moñas que se colocaban las majas en lo alto del tocado, mantilla o madroñera, que se llamaron 'carambas'. Hoy, todavía, las lleva y las luce la mismísima Duquesa de Alba, Doña Cayetana.
A lo mejor - digo yo - eso que lleva la Caram en la cabeza, sobre la toca, es una 'caramba' de punta. No quiero pensar que sea la plasmación de lo que ella y otras aberrantes parecen querer o pretender.
¿O sí?
Abadesas mitradas las hay y las ha habido. Lo inquietante es que la Caram parece amagar otra cosa que no es honorífica sino efectiva.
La Caramba original dejó los tablaos y se metió monja. Espero que la Caram no recorra la via inversa. No porque tema que se vaya, sino porque temo desenlaces que no son de copla y bolero, precisamente.
&.
sábado, 24 de septiembre de 2011
Iconografía Mercedaria
La iconografía original de la Virgen de la Merced (merced = misericordia = merçy) quizá debiera corresponderse con la de la Mater Misericordiae: La Virgen con los brazos abiertos y el manto desplegado acogiendo bajo su amparo a los pecadores, los enfermos, los afligidos, o, en el caso de la Orden de la Merced, a los cautivos cristianos. La Virgen de la Misericordia fue una iconografía muy repetida y difundida durante el siglo XIV, un siglo especialemente afligido por guerras, pestes y calamidades que conmovieron a toda la Cristiandad.
Sin embargo las imágenes con la advocación de la Merced más antiguas son del tipo 'hodegetria' o bien 'entronizada'. Así la Virgen de la Merced que se venera como Patrona de la ciudad de Barcelona, cuna de la orden mercedaria. La imagen es una talla gótica (s. XIII-XIV), sedente, que representa a la Virgen con rasgos delicados, pelo peinado con raya, recogido a los lados, cubriendo las orejas, con breve trenza posterior, cuello poco anatomizado, mirada frontal y leve sonrisa; la veste es muy simple en la zona del busto, con el manto suavemente plegado sobre los hombros, con broche-prendedor tallado en el centro del pecho, y con juego de pliegues más marcado, con cierto movimiento, en la parte inferior de la figura. El Niño, sentado sobre la pierna izquierda de la Virgen, también en posición marcadamente frontal, porta el orbe en la mano derecha y una vara florida en la izquierda. Las dos imágenes llevan coronas bajas, sin resplandor, y la Virgen un cetro en la mano derecha. Se representa sedente en sitial regio, con respaldar rebajado y laterales tallados. Las vestiduras de la Virgen y el Niño van estofadas en oro.
De tipo 'hodegetria' es otro venerable icono mercedario venerado en el Convento de la Asunción de MM. Mercedarias, en Sevilla (antiguo convento de Santiago de la Espada). La tradición vincula esta imagen con el rey San Fernando y San Pedro Nolasco, refiriendo algunos antiguos cronistas hispalenses que fue de las imágenes de la Virgen que llegaron a la ciudad con la Reconquista. Lamentablemente ha llegado a nosotros con notables pérdidas de talla, policromías y otros elementos del original, víctima del gusto de los siglos XVII-XVIII de revestir con telas y postizos las imágenes antiguas. Esta de la Merced ha perdido la parte inferior de la figura original, los brazos y otras partes del cuerpo. El Niño fue desprendido de la talla de la Virgen (iría al lado izquierdo) y sólo se conserva la cabeza, repuesta en un cuerpo del XVII. El resultado es el de una imagen de extraña apariencia, con rasgos arcaicos, revestida con brocados barrocos, corona y ráfaga, añadidos que no logran un conjunto atractivo. Celebramos que la imagen se haya conservado, pero lamentamos esa impropia transformación que, a estas alturas, debería haberse subsanado con una restauración que le devolviera la mayor semejenza posible con el original que fue.
De la iconografía de la Mater Misericordiae, se conserva en nuestra ciudad una preciosa imagen en el antiguo convento del Señor San José, de Mercedarios Descalzos (luego Colegio de RR. del Santo Ángel y ahora iglesia de la Prelatura del Opus Dei). En el ático del retablo (poco visible) en un camarín alto con artesonado tallado y dorado, se venera una imagen de Ntrª Srª de la Merced. Representa a la Virgen con el hábito mercedario, túnica ceñida y escapulario con capa abrochada al cuello con el emblema de la orden. La Virgen tiene los brazos y el manto abiertos, arrodillada sobre una nube con ángeles, lleva corona de plata y en las manos cetro y escapulario. El estofado-policromado de la vestimenta es uno de los más ricos que se conserva de la imaginería sevillana del XVII-XVIII.
Aunque la más atractiva representación sevillana de la Virgen de la Merced es, con toda seguridad, la que recibe culto en la pequeña capilla de la Hdª del Museo, aneja al actual Museo de Bellas Artes, antiguo Convento Casa Grande de la Merced, de donde seguramente proviene. Representa además una iconografía netamente mercedaria, propia de la orden, que recoge un episodio de la vida del fundador:
El suceso tuvo lugar en el convento de Barcelona, en vida de San Pedro Nolasco. El Santo fundador solía pasar muchas noches recogido en fervorosa oración en la capilla del convento. Una noche se sorprendió de que llegada la hora del rezo de maitines la campana del convento no tocara a su hora, por olvido del hermano lego. Fue a la iglesia y la encontró toda alumbrada, con la Virgen sentada en la silla prioral, presidiendo el coro, y los ángeles en torno a la Señora cantando melodiosamente la salmodia, la Virgen llevaba puesto el hábito blanco de la orden de la Merced, y los ángeles vestían de frailes mercedarios. El Santo, al ver la escena, quedóse extático, arrobado en contemplación, mientras los frailes del convento iban llegando al coro y contemplaban admirados la aparición.
Por eso fue costumbre entronizar la imagen de la Stmª Virgen en los coros mercedarios, incluso se le dió a esta representación nombre propio: La Comendadora de la Merced. Para el del Convento Grande de la Merced de Sevilla se tallaría esta imponente figura: La Virgen con el hábito de la orden se sienta majestuosa, la mano derecha reposa sobre pecho, la otra toma el libro de horas, con los dedos entre las hojas del breviario; el rostro solemne, de celestial belleza. Quizá tuvo sobrepuestos toca de encaje o tela y corona, pero actualmente la imagen de la Señora aparece sólo con un aro-diadema de doce estrellas, luciendo la espléndida cabellera tallada sobre los hombros y la espalda. Se ha atribuído su factura al manierista sevillano Jerónimo Hernández, también al maestro Juan de Oviedo, pero la apariencia actual de la talla la sitúa más cercana a modelos del barroco; quiza una restauración o remodelación del XVII sobre un original del XVI sea la explicación más razonable. De hecho, el estofado en oro y las policromías son del XVIII, y los rasgos de la mascarilla muy semejantes a los modelos del maestro imaginero José Montes de Oca. Sea como sea, es una de las más bellas imágenes de la Sevilla mariana.
Oremus
Deus, qui per gloriosissimam Filii tui Matrem ad liberandos Christifideles a potestate paganorum nova Ecclesiam tuam prole amplificare dignatus es: praesta quaesumus; ut, quam pie veneramur tanti operis institutricem, eius pariter meritis et intercessione a peccatis omnibus, et captivitate daemonis liberemur.
Per eundem Dominum nostrum Iesum Christum Filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum.
R. Amen.
Ex Voto
+T.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Lutero es Lutero (y eso no hay quien lo enmiende)
Sobre Martín Lutero pienso lo que un católico consciente ha pensado al respecto toda la vida. No hay ni habrán variaciones que me hagan mudar la opinión porque el caso Lutero es un caso cerrado que no admite retoques porque la historia y sus personajes no están al alcance de los correctores, no se editan. Ni la Iglesia puede des-condenar lo que se condenó justa y oportunamente.
Me adelanto con esto al temido y previsible brote de luteranitis que parece va a afectarnos con motivo de la visita de Benedicto XVI a Alemania. Haber nacido en Alemania, como Lutero, no quiere decir nada más que eso; como - p. ej. - yo nací en España como Prisciliano, y ya está. Compartir geografía no obliga a nada, si me explico.
El Papa, que es cabeza visible de la Iglesia, es, en este sentido, el primero que debe mantener las distancias entre lobos y ovejas. Si comprendo que en el s. XXI no sea justificable (hasta ahora) que armemos 'guerra de religión' contra los luteranos (hasta cierto punto víctimas en segundo grado del pecado de sus antepasados), a la vez mantengo la necesidad de llamar hereje al hereje y herejía a la herejía, porque tal cual permanecen los autores originales del protestantismo y tal cual siguen las doctrinas que inventaron. Todo lo que no sea claramente esto sería inducir a la confusión y al error, como desde un tiempo a esta parte ha pasado tantas veces.
Hará unos tres años, en otro blog que tenía abierto por ahí, no recuerdo por qué, escribí este articulete que me parece oportuno poner ahora aquí. Titulé el articulillo 'La Máscara de Lutero' y decía esto:
En la Marktkirche de Halle se conserva desde 1545 la Totenmaske (máscarilla mortuoria) de Lutero. Un horror. Pero un horror verídico y testimonial que ha conservado en cera policromada las facciones reales del hombre que fragmentó Europa.
La "reforma" progresó por circunstanciales razones políticas, más por coyunturas nacionales y por intereses del momento que por convicción de los afectados. Como en otros brotes reformistas de la Edad Media (el luteranismo es el pollo del huevo que pusieron los heresiarcas del XIV-XV), lo de Lutero pudo haber acabado en un tribunal y una hoguera. Pero sucedió en aquel Imperio con aquellos Príncipes y cuando aquella Roma. Unos aprovecharon la oportunidad y otros no calibraron la gravedad de los acontecimientos.
Aparte de la Iglesia, las consecuencias las pagó (y sigue pagando) Europa, tan herida y dividida por el trauma luterano. Desde aquellos fatídicos años, por ejemplo, la emergente Alemania (sin ser todavía Alemania) sería protagonista omnipresente en todos los conflictos de armas que explotan en el Viejo Continente, desde la Guerras del Imperio hasta la 2ª Guerra Mundial. Un desastre que no se entiende sin el previo "catalizador" del luteranismo-protestantismo y sus derivados.
Recien estrenado el pasado siglo XX los historiógrafos católicos, el dominico Henry Denifle (1904) y Hartmann Grisar S.J. (1908) trazan un perfil bastante definitivo de Martín Lutero, tan real como la Totenmaske de la Marktkirche. Estas dos biografías-ensayo supusieron un shock para el mundo luterano, que se enfrentó de golpe con la realidad cruda y dura de su fundador, hasta entonces más o menos "ignorada".
Después del Vaticano IIº, el ecumenismo filo-protestante ha intentado "suavizar" perfiles, juicios, sumarios y conclusiones. Pero el Lutero que fue sigue siendo el mismo Lutero. Y no hay otro.
Hace unos días un amigo recordaba aquellos testimonios horripilantes de los que vieron aparecer a Lutero ardiendo entre llamas, atormentado. Fueron visiones de visionarios, que corrieron por toda Europa al saberse la noticia de la muerte del reformador.
Como supongo la posibilidad de arrepentimiento y la gracia in extremis para cualquier pecador y desconozco el juicio último del Justo Juez, no quiero imaginarme a Martín Lutero entre llamas; pero me parece falsear al hombre y su obra presentarlo como un modelo o un ejemplo, estando el personaje tan lejos del ideal del "santo cristiano". A estas alturas de la historia, el tiempo puede distorsionar o causar espejismos que pueden valer para un novelorio, pero que no son aptos para evaluar la historia y sus protagonistas.
Mucho menos, para fantasear a costa de la Iglesia. Si la justificación es el ecumenismo, considérese que estamos intentando pegar el cántaro que Lutero rompió. Y faltan piezas esenciales para reconstruir una unidad que históricamente parece irreparablemente perdida.
Desgraciadamente.
==================================
Esto fue lo que escribí en aquel articulete. Aqui, en Ex Orbe, escribí un articulo distinto, pero parecido, que titulé Lutero sigue Lutero, donde decía, con otras palabras, más o menos lo mismo.
Esto que escribo ahora es para decir lo mismo, también.
+T.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


















