viernes, 6 de abril de 2012

Horas de vela


No es lo mismo el Monumento de tarde de Jueves Santo que el Monumento de madrugada de Viernes Santo. Ni se reza igual en uno y en otro. Si los rezos de la tarde son dorados, dulces como un panal de miel de Eucaristía, las oraciones de la madrugada son densas, con repentinas tristezas, y algún desconsuelo, y algún temor. Es la distancia que va del Cenáculo a Getsemaní.

Tiene que ver la luz, la cera recien encendida, que alumbra brillante y blanca; y la cera bien prendida, que da luz más amarillenta, con alguna vela humeando un hilo negro que sube desde la punta de la llama y se pierde en el aire de la capilla.

También es por el aire, fresco y oloroso, a flor, a incienso, cuando ponen al Señor en el Monumento; poco a poco, cuando los cirios se van consumiendo, templan el ambiente, cada vez más cargado, con olor a cera ardiendo y a flor agostándose.

Los sonidos de fuera cambian, primero, por la tarde, el murmullo de los que salen de la iglesia y los que entran; más tarde son menos las voces, pocas y con un timbre más bajo. Cuando anochece, se escuchan los pasos de los que van por la calle. Y de madrugada sólo los ecos de la noche, lejanos.

El ruído de dentro cambia también; primero se va ralentizando, amortiguando, y después el interior del templo se torna extrañamente sonoro, cada hora más intensamente, hasta que por la madrugada el crujido de un banco es un clamor y un libro que se cae arma un estruendo.


...Y el sueño, las cabezadas y los ojos pesados, que parece como si el primer Getsemaní se contagiara a todos los Monumentos del mundo, como un detalle que no debe faltar, como si los Ángeles quisieran probar que todos los hombres se duermen cuando les toca velar junto al Señor.

Con el Señor que se entrega a la Pasión, propter nos homines et propter nostram salutem.

"...et venit ad discipulos et invenit eos dormientes et dicit Petro sic non potuistis una hora vigilare mecum vigilate et orate ut non intretis in temptationem spiritus quidem promptus est caro autem infirma..." Mt 26, 40ss.

+T.

martes, 3 de abril de 2012

Una cofradía sin imágenes


Ayer, Lunes Santo, por la tarde, la Hermandad de la Vera-Cruz de Sevilla hizo su estación penitencial a la Stª Iglesia Catedral, sin imágenes. Es decir, sin pasos. Sólo llevaron en procesión el relicario de plata con el Santo Lignum Crucis.

La expectación del transcurso de la cofradía por las calles mojadas de Sevilla, circunspecta o perpleja, según quien mirara, aparece hoy recojida en la prensa como una rareza, algo nunca visto. El youtube da una idea de como fue todo:



El video recoje el paso de la cofradía por la calle Tetuán, de vuelta de la Catedral. El cortejo (salvo cuatro parejas de niñas con coleta disfrazadas impropiamente de monaguillos) es magnífico, solemne, con ese punto de gravedad que las cofradías 'de silencio' saben imponer cuando salen a la calle. No sé si van todos los hermanos; me imagino que algunos se quedarían en la capilla de la calle Jesús, rezando junto a las Sagradas Imágenes del Stmº Cristo de la Vera-Cruz y María Stmª de las Tristezas. Sí se ve en el video el tramo de representaciones de las Hermandades de Veracruz de la Archidiócesis, unidas a la archicofradía. El Stº Lignum Crucis iba precedido por la capilla musical, servidores de librea con faroles de mano y los acólitos con ciriales e incensarios; no sé si es el Hnº Mayor quien porta el relicario, u otro miembro de la Junta de Gobierno. Detrás siguen los tramos de la Virgen, con cera blanca. El lugar del palio de la Virgen de las Tristezas parece haberse señalado con dos ciriales y acólitos, y al final el tramo del preste, con monaguillos y acólitos acompañantes.

In illo témpore, cuando la génesis de las cofradías y hermandades penitenciales, desde finales del siglo XIV a fines del XVI, las formaciones cofradieras hacían sus estaciones de Semana Santa de forma parecida a como procesionó ayer la Hdª de VeraCruz: Hermanos de luz con cirios, hermanos penitentes con cruz al hombro, disciplinantes, algunos estandartes y banderas, y un crucifijo de tamaño regular, alzado o en andas, en el centro de la cofradía; si asistía el clero parroquial, cerraban la comitiva el preste y los ministros asistentes, con pluviales.

Sólo desde el último tercio del XVI, en torno a 1570, se fueron incorporando de forma estable algunas imágenes al cortejo cofradiero. Entre las más antiguas en procesionar, incluso anteriormente a esta fecha referencial, es fama en Sevilla que fue una de ellas el precioso Stmo. Cristo de la Veracruz, que ya era una de las efigies sacras más veneradas en la ciudad. La escultura, de tamaño menor que el natural y de rasgos gótico-arcaizantes, se data en torno al último tercio del siglo XV. Tiene un valor iconográfico añadido por haber sido el modelo-tipo que inspiró a otras imágenes del mismo título veneradas en hermandades agregadas a la antigua archicofradía sevillana, con ejemplares, relativamente reconocibles, en diversos lugares de la provincia de Sevilla, en Andalucía y también otros en América (virreinatos de Méjico y Perú).

Ayer, cuando no procesionó, la ausencia de la Sagrada Efigie fue más notable en tanto era su falta, y no otra cosa, lo que marcaba de forma excepcional la estación penitencial.

Sin embargo, hará diez años, más o menos, recuerdo una conversación que tuve con la junta de gobierno de la Hermandad del Gran Poder (era entonces hnº mayor D. José León-Castro y uno de los consiliarios D. José Ortíz Díaz), al terminar uno de los días del tríduo cuaresmal que dedican cada año a la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso. Expresamente, les expuse al hnº mayor y a los otros señores de la mesa la posibilidad de que, en caso de lluvia u otras circunstancias que no permitieran la salida de las Sgdas Imágenes Titulares, la cofradía pudiera cumplir la estación penitencial yendo desde su Basílica a la Catedral con el cortejo formado, con la Cruz de Guía al frente, algunas insignias de los tramos del Señor y (sugerí) el Simpecado al final de los tramos de cera blanca de la Virgen, con el preste y sus acompañantes cerrando la procesión. Fue una conversación de sacristía, con los comentarios subsiguientes, unos aprobantes y otros discrepantes. Pero mantuve la idea, que me parecía digna de consideración por una hermandad como la del Gran Poder, con seriedad suficiente para echarse a la calle con esta otra modalidad estacional, sin imágenes (por aquellos años, creo recordar que habían sido dos, seguidas, las madrugadas que el Gran Poder no pudo salir por amenaza de lluvia inclemente).

La conversación se perdería como se desvanecen tantas iniciativas y propuestas, meras anécdotas en tertulias de capillitas sevillanos. Lo que no imaginaba entonces era que al cabo iba a ser la Hermandad de la Vera-Cruz la que se atreviera a salir sin pasos, tan consecuentemente con el espíritu penitencial que se supone en las reglas de las cofradías, que no son reglamentos para sacar pasos con imágenes, sino normas de vida, interior y exterior, para los hermanos de la corporación.

Las imágenes no son la hermandad, ni los pasos son las cofradías: Las hermandades son corporaciones de fieles, son los hermanos los que forman la cofradía, al extremo de que unas imágenes sin cofrades que les tributen culto, no son hermandad; pero unos fieles sin imágenes a las que rendir culto, sin iconos titulares, sí pueden ser hermandad, sí pueden ser cofradía, y hasta pueden hacer estación penitencial, et nihil obstat.


Dios quiera que el acto que decidieron ayer los señores hermanos de la Vera-Cruz de Sevilla sea tomado como ejemplar y otras muchas cofradías se atrevan a cumplir de la misma manera sus estaciones penitenciales, cuando las inclemencias naturales impidan la procesión de las Sagradas Imágenes. Y Dios nos libre de la inculta pacateria malformada y deformada de los pseudo-cofrades de folklore y fiesta, ignorantes de quasi todo, de ínfima espiritualidad y mínima sinceridad devocional, Dios nos libre.

Lo peor es que esta clase de cofrades ínfimos son los que ocupan los medios, los programas de radio y televisión, los foros de internet y demás puntos de publicidad y opinión. Me temo que no aprecien lo que vale una estampa como la que nos regalaron ayer noche los hermanos de la Vera-Cruz.

Dejo para el final, no obstante, esta consideración: Las Imágenes Sagradas no son un mero aditamento prescindible, sino un valioso elemento auxiliar del culto y la devoción cristiana. Tanto es así que dejan patente la impresión de su vacío si por cualquier motivo desaparecen de su lugar/tiempo de culto habitual, aunque en el rito católico romano su culto no sea estrictamente litúrgico sino, más bien, como en este caso, de carácter devocional popular.

A la Hermandad de la Vera-Cruz hay que darle una muy honrosa felicitación, y animarla para que se decida a fijar en sus reglas lo que ayer fue, por lo pronto, sólo una decisión excepcional. A ver si las otras cofradías (¿cuántas?) son capaces de imitar el buen ejemplo.

Y al Cristo de la Vera-Cruz hay que rogarle que nos libre de vernos obligados a dejar de sacar su Santa Imagen.

Crucem tuam adoramus, Domine!

+T.

lunes, 2 de abril de 2012

Tarde y corta: La censura de Torres Quiroga


La recien pubicada nota de la Conferencia Episcopal Española, Comisión de Doctrina de la fe, Notificación sobre algunas obras del Prof. Andrés Torres Queiruga, llega tarde y es insuficiente.

1. Tarde, porque el mal ya está hecho, Torres es un viejo profesor con muchos años de docencia y muchas publicaciones, mucha gente que le ha leído y muchos alumnos (entre ellos muchos sacerdotes, religiosos y monjas) que han sido infectados por su mala doctrina no-católica

2. Insuficiente porque no impone censuras canónicas al autor en cuestión, sobre el que se espera, a estas alturas, que "... siga clarificando su pensamiento y lo ponga en plena consonancia con la tradición de fe autorizadamente enseñada por el Magisterio de la Iglesia." (ver final de la
nota).

Item más: Es insuficiente porque no dilucida la verdadera cuestión en este caso de Torres Quiroga y otros pseudo-teólogos de su estilo: ¿Es o no es cristiano? Porque que no es católico, queda claro apenas se asoma uno a alguna de sus obras, cuyas exposiciones del dogma y la doctrina son parciales, insuficientes o extrañas según el cánon del Credo Catolico. Que ha dejado de ser católico, que sus obras no son doctrina católica, ya lo sabemos. Lo que dudamos es de que se mantega todavía cristiano: ¿Cree y confiesa el dogma de la Trinidad? ¿Cree y confiesa la Encarnación del Verbo según la fe católica apostólica? ¿Cree y confiesa todos y cada uno de los artículos del Credo niceno-constantinopolitano?

De pasada, diré que denota un sumo mal gusto quien se haya tragado un libro de Torres Quiroga, cuyas deficiencias doctrinales van parejas con una pesada y mal digerible exposición, que repite lo que corre (desgraciadamente) por otras tantas obras de otros tantos como él: Un autor provinciano, poco o nada interesante, que no aporta nada bueno y repite mucho malo.

Por lo demás, el valor efectivo de la nota de nuestra CEE queda en un suspenso indefinido, sin consecuencias para el examinado: ¿Se le prohibe la enseñanza, las publicaciones, la intervención en foros y eventos católicos? ¿Se le impone alguna censura canónica en cuanto sacerdote ordenado?

¿Se manda a a los fieles católicos que dejen de adquirir y leer las obras de Torres Quiroga, advirtiéndoles claramente de los errores que contienen y del pecado contra la fe que cometen si las reciben, comparten y/o contribuyen a su difusión? ¿Se les prohibe a las editoriales y librerías reconocidas como católicas la edición, distribución y venta de los libros del susodicho?

Es que si no, la nota se queda en un ejercicio sin consecuencias prácticas, un mero toque de clarín, un aviso en la plaza.

p.s. Por cierto que al leer algunas partes de la nota de la C.D.F de la CEE se me han venido a la mente, como flashses, algunas imágenes equívocas del más alto nivel: El beato JP2º besando el corán, los escenarios de Asís 1, 2 y 3, y otras instantáneas, passim, todas confundentes, de las que se pueden sobreetender doctrinas como las que enseña Torres Quiroga más extremamente, sin duda. Pero de aquellos polvos estos lodos (¿o al revés?).

+T.

domingo, 1 de abril de 2012

Entra el Rey de la Gloria


El sol ha dorado con rayos más bellos
la nueva mañana que luce esplendente;
relucen el oro y la piedra del Templo,
parecen espejos las puertas de bronce.

Las voces salmodian los himnos del alba
al Dios de Israel, Inmortal y Fuerte,
al tres veces Santo, al Omnipotente
que rige los cielos, el mar y la tierra

con todas sus cosas, con todos sus seres,
que juntos le alaban arriba en la altura
y abajo en el mundo; todas las criaturas
rendidas le aclaman con honor y gloria:

Bendito el Eterno, el Rey de la Gloria,
bendito el Señor de las alturas,
por siempre bendito, por todos los siglos,
que le canten los ángeles todos.

Y aquella mañana, brillante, dorada,
la voz de los graves levitas del Templo
siguió prolongada, firme, como un eco:
Bajaban del monte cantares y voces
de gloria y loor, un clamor, un torrente
de gente alabando, hombres y zagales,
mujeres y niños decían ¡Hosanna!
ancianos y mozos gritaban ¡Bendito!

¡Hosanna en el Cielo y Gloria en la altura!
¡Bendito sea el Reino que llega!
¡Hosanna al hijo de David! ¡Hosanna!
¡Bendito el que viene en nombre de Dios!

...in crastinum autem turba multa quae venerat ad diem festum cum audissent quia venit Iesus Hierosolyma acceperunt ramos palmarum et processerunt obviam ei et clamabant osanna benedictus qui venit in nomine Domini rex Israhel et invenit Iesus asellum et sedit super eum sicut scriptum est noli timere filia Sion ecce rex tuus venit sedens super pullum asinae Io 12, 12ss

Bello como el sol, limpio como el cielo,
la faz del Rabí lucía radiante,
serenos sus ojos, paz en su mirada,
los labios moviendo oraciones,
con suave sonrisa de gracia.

Llevaba las manos abiertas, tendidas
en signo de paz, de regia ventura,
sublime en su gesto de Rey sobrehumano,
sencillo y cabal, humilde y sincero:

...Mira, Sion, a tu rey,
montado sobre un borriquillo,
no temas: ¡Bendito el que viene
trayendo la paz a tus muros!...

Traía los cabellos ungidos,
aromas dejaban sus ropas
que olían a nardo especioso,
a bálsamo, a incienso,
a mirra y a ungüentos de oriente.

La gente, admirada, extasiada
ante aquel Rey de reyes
humilde de alma,
de mansas entrañas,
le echaban al paso sus mantos,
tocando la orla del suyo.

Los niños cantaban coplas de victoria,
tocaban alegres las palmas,
trinaban con vivas batiendo los ramos
de olivos y palmas airosas.

Era un clamor desde el Monte
de los Olivos, bajando
de Betania y Betfagé...


"...Y sucedió que, al aproximarse a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, diciendo: -"Id al pueblo que está enfrente y, entrando en él, encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre; desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: - "¿Por qué lo desatáis?", diréis esto: "Porque el Señor lo necesita." Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho. Cuando desataban el pollino, les dijeron los dueños: -"¿Por qué desatáis el pollino?" Ellos les contestaron: «Porque el Señor lo necesita. Y lo trajeron donde Jesús; y echando sus mantos sobre el pollino, hicieron montar a Jesús. Mientras él avanzaba, extendían sus mantos por el camino. Cerca ya de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llenos de alegría, se pusieron a alabar a Dios a grandes voces, por todos los milagros que habían visto. Decían: -"Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas." Algunos de los fariseos, que estaban entre la gente, le dijeron: -"Maestro, reprende a tus discípulos." Respondió: -"Os digo que si éstos callan gritarán las piedras." Lc 19, 29-40

Y el Cristo que Dios
mandaba a su pueblo
entraba aclamado
en la regia Sión.

Sería su trono
la Cruz, su corona
de espinas, el cetro
una caña. Su faz no ocultó
a injurias ni a golpes,
su espalda azotada,
sus manos clavadas,
sus pies traspasados,
su pecho con lanza
herido hasta el centro,
con sangre y con agua,
manante en regueros
de santa virtud.

Por eso la luz
refleja su gloria
en la faz del Cristo
que entra jubiloso
para ser Cordero,
sacerdote, hostia y ara,
de Alianza Nueva
de eterna salud.

Ave, Rex noster, Fili David, Redémptor mundi, quem prophétæ praedixérunt Salvatórem dómui Israël esse ventúrum. Te enim ad salutárem víctimam Pater misit in mundum, quem exspectábant omnes sancti ab orígine mundi, et nunc: "Hosánna Fílio David. Benedíctus qui venit in nómine Dómini. Hosánna in excélsis".

+T.

viernes, 30 de marzo de 2012

Septenario, Stabat Mater, devociones y preludios de Semana Santa


Estoy predicando el Septenario de la Soledad; empezó el Viernes pasado y termina el Viernes de Dolores, con el Domingo de Pasión en medio. Se hace desde tiempo inmemorial. Yo recuerdo, hará cuarenta y tantos años, cuando el camino de la Soledad era una vereda ancha, con dos aceras amplias delante de dos filas de casas de tejados bajos, unas acacias de trama en tramo, y algunos bancos de hierro con el asiento de madera. Hoy es una avenida con mucho tráfico, que termina justo donde arranca la pendiente, como una rampa, que sube al porche donde se levanta el santuario de la Virgen.

Justo detrás de la antigua ermita, está el cementerio del pueblo, con la portada pegada al flanco de la nave de la iglesia, junto a la cabecera, por el lado del Evangelio, donde está la sacristía. Un día, uno que no era de del pueblo, me comentó que a quién se le ocurriría levantar el santuario de la Patrona junto al cementerio, le tuve que explicar que fue al revés, que pusimos el cementerio junto a la Virgen, para que amparara a nuestros difuntos y les abriera las puertas del Cielo. Incluso el muro del cementerio que se apoya sobre el paredón que cierra por detrás el camarín de la Virgen, era el lugar más 'deseado' del camposanto, donde están los nichos más antiguos. Mi familia utiliza uno de ellos como osario, justo detrás de la capilla de la Soledad.

Como me traen y llevan en coche, todas las tardes he recogido a mi tía, presumiendo de 86 años, con simpática vanidad senil, casi retando, cada vez que lo recuerda, a quienes todavía cumplimos la mitad, o un poco más. Dios dirá. Pero con el cementerio juntito, el memento mori y el curriculum vitae se vuelven especialmente inquietantes y actualmente congruentes, sobre todo cuando lee el sacristán la lista de los difuntos por los que se ofrece la Misa del septenario.

La gente agradece mucho a la Hermandad que tengan estos recuerdos. La Hermandad como se trata de la Patrona, se siente obligada a estos sufragios por todos los fallecidos durante el año, de cuaresma a cuaresma. Como el septenario es 'doloroso', la nostalgia por los ausentes parece que sintoniza con las preces a la Virgen de la Soledad, la gente asiste con la conformidad más cuajada y la resignación más templada. Llorar con la Virgen llorosa es una condolencia espiritual que ayuda a compenetrarse con el Misterio de la Pasión.

El sacristán canta tods las tardes las coplas de los Siete Dolores:

-"De Simeón la profecía
fue vuesto primer dolor,
cuando dijo que sería
perseguido el Redentor.

!Oh Madre desconsolada,
Madre llena de aflicción!
Ya que sois nuestra Abogada
alcanzadnos el perdón."

Y así una letrilla cada día, acompañando cada uno de los Dolores de Ntrª Srª. Para concluir las preces, justo antes de empezar la Misa, cantan un Stabat Mater popular:

"Está la Madre Dolorosa
al pie de la Cruz llorosa,
donde pende el Redentor.

Oh qué triste y afligida
fuíste, Reína esclarecida,
bendita Madre de Dios!"

El Stabat Mater es un canto compasionista: Contemplando el dolor de la Madre al pie de la Cruz, se le pide a la Virgen que nos asocie a su dolor, a sus lágrimas, a su pena, estrofa a estrofa. Hasta se va pasando de una intención más interior

"Sancta Mater, istud agas:
Crucifixi fige plagas
cordi meo válide"
 
(Madre Santa haz esto: fija las llagas del Crucificado en mi corazón efectivamente)

a otra más explícita, suplicando, casi, una estigmatización:

"...Fac me plagis vulnerari,
fac me Cruce inebriari
et cruore Filii..."

(hiéreme con las llagas (de Cristo), que me embriague en la Cruz y la cruenta sangre del Hijo)

El Stabat Mater es una oración sim-pática, un canto que busca compartir sentimientos, quiere asociarse al dolor de la Virgen Madre por el Hijo, reconociendo en su dolor maternal-virginal la mejor manera de poder sentir el efecto de la Pasión, la Cruz y la Muerte del Señor, interior y exteriormente, con contrición y con lágrimas, amando y doliéndose a la vez.

Popularmente, hoy, Viernes de Dolores, comienza la Semana Santa, con la expectación ansiosa de las vísperas que inauguran las fiestas adelantándolas, con prisa por gozarlas. En Sevilla ya están las Sagradas Imágenes del Señor y la Virgen Santísima en sus pasos, preparados para cumplir la estación penitencial, cubriendo todas las horas de todos los días de la Semana Mayor. Esta tarde ya saldrán algunas hermandades por los barrios de la periferia sevillana, y en algunos pueblos próximos.

Omnia parata sunt!

A mí, sin embargo, la devoción de Semana Santa se me ha ido volviendo más intimista, año tras año. Prefiero el breviario y el rosario, el viacrucis y la corona dolorosa, los Evangelios de la Pasión y lecturas piadosas sobre lo mismo. Quizá porque prefiero imaginar, representarme las escenas interiormente, en el recogimiento que me dan las pobres luces de la piedad personal. A estas alturas, con cincuenta años de vida y veinticinco de sacerdote, me atrae más un Sagrario, el Monumento del Jueves Santo, que todos los pasos juntos de toda de la Semana Santa de Sevilla.

Alguna vez me pregunto si no será por cierta comodidad que huye del ruído, de la gente, de las complicaciones y lo que gusta a todo el mundo. Conste que no me veo monje en una celda, pero también tengo bien probado cuánto me aturde la multitud.

Ahora, por Semana Santa, suelo rematar el rosario o la corona con el Stabat Mater; hace ya muchos años que me lo aprendí. Es una de mis oraciones predilectas, quizá por su mucha intimidad, por la piedad sincera que le pide a la Madre Dolorosa el dolor santo que a nosotros nos falta, la sabiduría de la Cruz que no tenemos:



Stabat Mater Dolorosa
iuxta Crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius

Cuius animam gementem,
contristatam et dolentem
pertransivit gladius.

O quam tristis et afflicta
fuit illa benedicta,
mater Unigeniti!

Quae maerebat et dolebat,
pia Mater, dum videbat
nati poenas inclyti

Quis est homo qui non fleret,
matrem Christi si videret
in tanto supplicio?

Quis non posset contristari
Christi Matrem contemplari
dolentem cum Filio?

Pro peccatis suae gentis
vidit Iesum in tormentis,
et flagellis subditum.

Vidit suum dulcem Natum
moriendo desolatum,
dum emisit spiritum.

Eia, Mater, fons amoris
me sentire vim doloris
fac, ut tecum lugeam.

Fac, ut ardeat cor meum
in amando Christum Deum
ut sibi complaceam.

Sancta Mater, istud agas,
crucifixi fige plagas
cordi meo valide.

Tui Nati vulnerati,
tam dignati pro me pati,
poenas mecum divide.

Fac me tecum pie flere,
crucifixo condolere,
donec ego vixero.

Iuxta Crucem tecum stare,
et me tibi sociare
in planctu desidero.

Virgo virginum praeclara,
mihi iam non sis amara,
fac me tecum plangere.

Fac, ut portem Christi mortem,
passionis fac consortem,
et plagas recolere.

Fac me plagis vulnerari,
fac me Cruce inebriari,
et cruore Filii.

Flammis ne urar succensus,
per te, Virgo, sim defensus
in die iudicii.

Christe, cum sit hinc exire,
da per Matrem me venire
ad palmam victoriae.

Quando corpus morietur,
fac, ut animae donetur
paradisi gloria.

Amen.
 
(aquí otras versiones y glosas en español)

Le tengo devoción a ese cuadro que he puesto de imagen de cabecera, una copia de la Dolorosa del Tiziano, del Museo del Prado. En mi casa tenemos dos, esa de la foto, que tengo yo, y otra que está en el pueblo. La mía tiene unos pocos desperfectos en la superficie del lienzo, que tengo que mandar restaurar, a ver cuándo; la que está en casa de mi madre está muy oscurecida, y habría que limpiar la pintura. No sé quién las mandaría pintar, o si se compraron a la vez a algún copista del Prado, sobre 1850-70, calculo yo, en tiempo de mis bisabuelos; son dos copias muy buenas.

Cuando imagino a la Virgen subiendo al Calvario, acercándose al Señor crucificado, me la represento así, como esta Dolorosa del Tiziano: La mirada concentrada, fija, amorosa, llorando intensa pero mansamente, con un dolor interiorizado, profundo como ninguno, inteligente, contemplando el Misterio y meditándolo en su corazón, traspasado de dolor, cumpliendo y entendiendo la profecía de Simeón:
"...et tuam ipsius animam pertransiet gladius //...y a tí, una espada te traspasará el alma" Lc 2,35

...Y yo sé que en esa espada estoy yo, clavado en su corazón, con dolor y con amor.

+T.

martes, 27 de marzo de 2012

Una imagen deconstructora


El juanpablismo consumó el desmontaje de la imagen del Papado, despojando al Romano Pontifice de sus símbolos tradicionales, como la consumación, el último capítulo o el apéndice, de la reforma litúrgica del post-concilio. Al final, también el ritual que celebraba el Papa o le acompañaba, quedó reducido a un mínimum. Con la desaparición de los signos, no cabe duda de que el concepto también quedaba afectado.

Durante los años del Papa Montini, se conservó todavía una cierta dignidad de formas, quizá por la estrecha vinculación del entorno pontificio y del mismo Pablo VI a los antiguos ceremoniales vaticanos, tan vivos en la memoria de todos aquellos que los habían conocido. Con la llegada de Juan Pablo II sufrió un acelerado cambio, desapareciendo la característica solemnidad de la Casa Pontificia, que se sustituyó por una nueva formalidad protocolaria, tanto más desacralizada cuanto se pretendía dar una imagen de modernidad y sintonía con la cultura del siglo. Bajo el pretexto de la 'cercanía' y la coartada del 'aggiornamento' todo se fue reduciendo, imponiéndose una estética sacra que alternaba el mal gusto (personal) del Papa Wojtyla con las innovaciones de los maestros de ceremonias, el muy discutible Virgilio Noé (uno de los más influyentes autores de la reforma litúrgica post-conciliar) y el nefasto Pietro Marini (marcó un hito en la degradación de las ceremonias pontificias, las celebraciones multitudinarias de la época de JP2º y la gestión de la sacristía pontificia).

Por haber sido proclive a determinadas instituciones católicas de relativo perfil 'conservador', se soslayaron detalles y se taparon tendencias que, en otras circunstancias, hubieran agitado una gran polémica. Se le endosó el perfil de un papa conservador cuando fue, de hecho, el gran consumador de las tendencias vaticanosecundistas.

De cualquier persona, la imagen importa mucho, porque define visualmente al personaje. De alguien que ostenta la representación de una institución o la encarna, la imagen importa tanto como importante sea la institución. Del Papa, la imagen importa mucho porque es su impronta personal e institucional. El Vicario de Cristo, Cabeza Visible de la Iglesia, Sucesor de San Pedro, con potestad canónica-pastoral universal, Doctor supremo de la fe, con el privilegio de la infalibilidad ex cáthedra etc. etc. etc. debe mantener una imagen en correspondecia con lo que es. Por lo menos, debería ser fiel a la imagen que el Papado mantuvo cuando lo ocuparon sus predecesores, santa, digna y virtuosamente. Si en algún momento decayó el modelo, recuperar y restaurar la imagen más digna debería estar en la intención de cuántos ocuparan la Santa Sede.

De muchas formas se puede deconstruir un concepto, una institución, una dignidad; una de las más efectivas es la deconstrucción por vulgarización, por mímesis con las modas, los usos y/o las tendencias sociales del momento.

Por ejemplo, los pontificados de los Papas del XV-XVI (Della Róvere, Cibo, Borgia, Médici), tan identificados con las tendencias de su siglo, fueron el preámbulo de la gran crisis de la reforma protestante. Más adelante, las proclividades y simpatías ilustradas de un Benedicto XIV, enflaquecieron la dignidad de la Santa Sede, que parecía divertirse con el dilettantismo pre-revolucionario de muchos de sus más conspicuos prelados, cuyas frivolidades se pagarían muy caras poco después.

Los 'signos' populistas de JP2º siguen emitiendo un mensaje equívoco, muy confuso: ¿Eran gestos de empatía popular? ¿Eran signos de comunión con ciertas tendencias? ¿Eran algo más que instantáneas de expasión en medio del protocolo? ¿Significaron, alguna vez, una extensión de las palabras, un plus de intercomunicación con intención de intercomunión?

La simpatía no debe imponerse a la dignidad, ni sustituirla, ni disminuirla, invadiendo su esfera y propiciando imágenes susceptibles de ser interpretadas correspondientemente, que pueden inducir la devaluación conceptual de lo que se altera por la inserción inapropiada de aditamentos incongruentes.


Un sombrero es un sombrero y define al quien lo usa. Si es una tiara, califica de forma exclusiva porque es un ornamento exclusivo, que sólo porta uno, distinguiéndolo entre los demás.

Pero un sombrero común, si se acepta, confunde al que se lo pone con la masa vulgar que lo usa. Sin descalificar - of course - a la masa de los usuarios, pero descalificándose la propia diginidad del que no debiera usarlo.

Es triste ver al Papa sin tiara, pero es más penoso verle con un sombrero.

La exultante plebe (bienintencionada) tradujo el gesto, confraternizando: ¡Benedicto, hermano, ya eres mejicano!

Y así estamos.

+T.

domingo, 25 de marzo de 2012

Su gloria oculta


La lectura del Evangelio de San Juan siempre sorprende, por mucho que lo leas, que lo hayas leído. Ahora, en estos días últimos de Cuaresma, ya en tiempo de Pasión, cuando se rezan en la Stª Misa, los pasajes de San Juan refrescan las escenas de la vida del Señor con una viveza luminosa, metiéndonos en los días y las horas de Cristo en Jerusalén, antes de la Pasión.
En el ciclo B del Misal-Leccionario ordinario, el Evangelio del Domingo Vº de Cuaresma, Domingo de Pasión, es Jn 12 20-33:

Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: -"Señor, queremos ver a Jesús". Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús les respondió: -"Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará. Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu Nombre".
Vino entonces una voz del cielo: -"Le he glorificado y de nuevo le glorificaré".
La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: - Le ha hablado un ángel. Jesús respondió: "No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí". Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.

En el texto, hay palabras que resuenan a otras recogidas en los Santos Evangelios de San Mateo, San Marcos y San Lucas: -"El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna", es tan parecido a "¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?"...Mt 16, 26; y también, allí mismo, Mt 16, 25, "....Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por Mí, la encontrará" resuena en este pasaje de San Juan: "...El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna." (cfr. Mc 8, 35 y Lc 9, 24).

Incluso, en este mismo pasaje de San Juan, aparece como un eco, una anticipación, la oración de la agonía de Cristo en Getsemaní: "...Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu Nombre".

La voz que se escucha desde el Cielo, es clamorosa: "Lo he glorificado y volveré a glorificarlo". ¿A qué se refiere? Es el misterio de la Glorificación del Hijo en el Padre y viceversa: La Pasión del Hijo glorifica al Padre, porque su amor obediente es el cumplimiento de su voluntad, un acto de culto único e irrepetible que tributa a Dios la gloria que merece y que solamente el Hijo puede rendirle congruamente: Dios se ofrece a Dios y le glorifica, a la vez que la gloria del Padre Divino desciende y envuelve al Divino Hijo que se ofrece, siendo Dios y Hombre, en sacrificio de expiación y propiciación por el pecado de los hombres, para satisfacer a Dios y glorificarle, inmolándose en su Humanidad Sacrosanta. La gloria de Dios es el amor obediente, abnegado, sacrificado y ofrecido, del Hijo

En el Evangelio de San Juan todas estas palabras las pronuncia el Señor una vez entrado en Jerusalén, el Domingo de Ramos, en un contexto ya pasionista, en el que las sentencias de Cristo aparecen como verdaderas profecías de la Pasión, tal y como dice el final de esta secuencia: "...Decía esto para significar de qué muerte iba a morir." Incluso con la breve e intensa parábola del grano de trigo, cuya referencia a la muerte/resurrección es patente: El fruto abundante del trigo fecundo caído en el surco abierto y cubierto por la tierra: Muerto y sepultado, y luego germinado, florido en espiga cargada de vida.

El Evangelio que se reza en el Misal tradicional es Jn 8, 46-59:

In illo témpore: Dicébat Iesus turbis Iudæórum: Quis ex vobis árguet me de peccáto? Si veritátem dico vobis, quare non créditis mihi? Qui ex Deo est, verba Dei audit. Proptérea vos non audítis, quia ex Deo non estis. Respondérunt ergo Iudaei et dixérunt ei: Nonne bene dícimus nos, quia Samaritánus es tu, et dæmónium habes? Respóndit Iesus: Ego dæmónium non hábeo, sed honorífico Patrem meum, et vos inhonorástis me. Ego autem non quæro glóriam meam: est, qui quærat et iúdicet. Amen, amen, dico vobis: si quis sermónem meum serváverit, mortem non vidébit in ætérnum. Dixérunt ergo Iudaei: Nunc cognóvimus, quia dæmónium habes. Abraham mórtuus est et Prophétæ; et tu dicis: Si quis sermónem meum serváverit, non gustábit mortem in ætérnum. Numquid tu maior es patre nostro Abraham, qui mórtuus est? et Prophétæ mórtui sunt. Quem teípsum facis? Respóndit Iesus: Si ego glorífico meípsum, glória mea nihil est: est Pater meus, qui gloríficat me, quem vos dícitis, quia Deus vester est, et non cognovístis eum: ego autem novi eum: et si díxero, quia non scio eum, ero símilis vobis, mendax. Sed scio eum et sermónem eius servo. Abraham pater vester exsultávit, ut vidéret diem meum: vidit, et gavísus est. Dixérunt ergo Iudaei ad eum: Quinquagínta annos nondum habes, et Abraham vidísti? Dixit eis Iesus: Amen, amen, dico vobis, antequam Abraham fíeret, ego sum. Tulérunt ergo lápides, ut iácerent in eum: Iesus autem abscóndit se, et exívit de templo.


Es un texto de revelación en medio de la diatriba, con alusiones al Hijo preexistente antes de la Encarnación. Como en otros momentos de controversia, la tensión estalla en agresión, lo que intentan los judíos es una lapidación (J. Jeremías explica que sería fácil encontrar piedras en aquellos atrios del Templo de Herodes, algunas partes del cual estaban todavía en construyéndose y no se rematarían hasta el año 62-63, siete años antes de la destrucción que ocurría en el año 70, cuando Tito). La predicación a los judíos, que, a pesar de su ofuscación, entienden a dónde llevan las declaraciones de Jesús, provoca uno de esos momentos en que la Pasión parece que se adelantara, se precipitara, pero se frena in extremis "porque aun no había llegado la hora", la hora del Calvario y la Cruz.

En la predicación del Domingo de Pasión me gusta recordar la velación litúrgica de cruces y altares, un uso de la liturgia católica que nunca se abolió pero que desapareció, por desuso, por negligencia de párrocos y sacristanes; todavía una rúbrica del neo-misal de Pablo VI, al final de las oraciones del Sábado de la IV Semana de Cuaresma, indica que ese es el momento de velar cruces y altares (donde la costumbre se haya mantenido). El efecto era impresionante, porque las iglesias aparecían desoladas, recubiertas con el morado penitencial, que imponía visiblemente la gravedad solemne del Tiempo de Pasión. Se cree que la costumbre de la velación de cruces, imágenes y retablos se apoya en los últimos versículos del Evangelio de esta Misa, Jn, 8, 59: "...Iesus autem abscóndit se, et exívit de templo //...pero Jesús se ocultó y salió del Templo."

Pero la prolongación de la secuencia de Jn 12 29 y ss. concluye también con una escena alusiva a la ocultación del Señor, quizá aun más explícita, con una referencia al tema de la luz:

"...Jesús les dijo: -"Todavía, por un poco de tiempo, está la luz entre vosotros. Caminad mientras tenéis la luz, para que no os sorprendan las tinieblas; el que camina en tinieblas, no sabe a dónde va. 36. Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.» Dicho esto, se marchó Jesús y se ocultó de ellos" Jn 12, 35-36

Nuestros templos iluminados no nos ofrecen el impacto con que la liturgia antigua impresionaba a los fieles: La privación de la luz y de las imágenes, la oscuridad del recinto sagrado, con pocos cirios encendidos, porque Cristo, la Luz, ocultaba su gloria esplendente con la Pasión. Todavía se enriquecía el simbolismo con el canto del Oficium Tenebrarum, el Oficio de Tinieblas: Durante el cántico de la salmodia y las Lamentaciones de Jeremías, las velas del tenebrario se iban apagando una a una, hasta dejar solamente la más alta, que simbolizaba a Cristo, que al término del rezo era recogida por un clérigo y la ocultaba detrás del altar.

Siempre me causan especial efecto y devoción estas palabras de San Pablo Apóstol: "...Porque habéis muerto, y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios" Col 3,3, que recogen para nosotros todo el sentido de los Misterios de Cristo, muy especialmente los de su Pasión y Muerte: Estamos dentro de las llagas y las heridas de Cristo.

Lo que sigue en esa misma cita, es la consecuencia de este misterio de amor y dolor: "...Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con él." Col 3, 4

Laus Tibi, Christe, Rex Aeternae Gloriae !!!


+T.