domingo, 11 de marzo de 2012
Señor, cela tu Templo
Hace poco me recordaron una vieja sentencia: 'Dios se sirve de los buenos y los malos se sirven de Dios'. Es el negocio del mundo contra el negocio del Cielo, una tensión que aflora en el Evangelio de la expulsión de los mercaderes del Templo, con Cristo airado, inflamado en el celo sagrado: ¡El celo por tu casa me devora!
La escena tuvo que ser impactante, con los Apóstoles admirados, perplejos, viendo como el fuerte carácter del Maestro estallaba y arremetía contra los que profanaban el Templo, la Casa de su Padre.
El Templo es lugar consagrado donde sólo caben la oración y la ofrenda, la alabanza y el sacrificio; otra cosa que no sea eso, le quita a Dios lo suyo. Este es el hurto peor y más alevoso, la más clamorosa injusticia. Y es el hombre el autor del latrocinio contra Dios, quedándose con lo que sólo es de Él y de nadie más.
El segundo mandamiento está ligado fuertemente al primero, y es como una prolongación, un apéndice. No tomar el nombre de Dios en vano quiere decir también no usar lo divino impropiamente, no abusar de lo sagrado, ni aprovecharse de lo santo, ni falsearlo, ni ultrajarlo, ni mancillarlo, ni alterarlo.
Negociar con las cosas de Dios sólo es factible si la empresa es santa y no es otra que la de la misma salvación, como medio de redención de los hombres, usando para este fin los medios y las gracias que Dios nos ha entregado. Y es el cúlmen de este misterio que Dios se nos da Él mismo en el Hijo, su Hijo, el Verbo que se encarnó, el Enmanuel, el Cristo sacrificado, Jesús bendito por los siglos, el Señor.
Siendo Señor, aun estando en forma de Siervo, administra las cosas de la Salvación, esa misteriosa economía de la Trinidad, con potestad suprema. Por eso irrumpe airado en el Templo degenerado en antro de negociantes, que no administran la salvación sino el lucro profano, con el pretexto de lo más santo.
Cuando consideramos que el templo lo somos nosotros mismos, nuestras almas, y el comercio impuro nuestro trato con las cosas del mundo, nuestros negocios con lo que no son cosas ordenadas a nuestra salvación; cuando comprendemos que hay cosas que roban la gloria que a Dios debemos, que no dejan sitio para el culto en espíritu y verdad que Él quiere que le tributemos; cuando advertimos que todo lo que debe ser adoración, servicio, alabanza, contemplación, caridad, honra y loor, se queda corto porque otras cosas nos embeben el alma y reducen nuestro templo interior, entonces debemos invocar con fuerza, decididos, al Cristo del azote de cordeles, al Jesús airado que clama por restaurar la dignidad sacrosanta del lugar del culto al Dios Vivo y Verdadero: ¡Ven, Señor! y límpianos, purifica tu casa; expulsa lo que no es digno de estar en nuestras almas, que son tuyas porque Tú las consagrastes y sellaste con tu gracia, que Tú creaste para tu gloria y destinaste para tu Reino.
¡Ven Señor! y limpia tu Iglesia, expulsa lo que es indigno de tu casa cimentada en la roca viva de tu gracia, marcada con tu sangre, consagrada con el aliento de tu divina boca. Pónle saliva de tus labios, úngela con un beso de espíritu celeste, reintégrale su original vocación, la que Tú le diste, para que desde el oriente al ocaso te ofrezca con rito de gloria el Sacrificio Puro, Inmaculado y Santo que Tú instituíste para tus fieles, el culto auténtico más alto y digno que el hombre puede tributarte, ser mismo de la misma Iglesia.
No tememos, Señor tu ira: Tememos, Señor, tu ausencia.
Creemos, confesamos, sabemos, que si el pecado hunde y destruye el templo, tu Templo, estos templos, Tú puedes, Rey de Eterna Gloria, restaurarlo, levantarlos, resucitarnos.
Tu autem, Dómine, miserere nobis!
+T.
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sábado, 10 de marzo de 2012
Comision Teológica Internacional, mismas impresiones y nuevas inquietudes
Recuerdo mi desencanto cuando me compré el tomo de la BAC Comisión Teológica Internacional~Documentos (1969-1996)~Veinticinco Años de servicio a la teología de la Iglesia . Yo buscaba doctrina sólida referencial y me encontré contenida exposición de consenso, un mezzo término asumible que me dejaba insatisfecho porque era más de lo mismo, pero con sello de 'teología oficial'.
Desde entonces, lo que la susodicha Comisión ha ido elaborando y publicando me parece igual: Un destilado resultado de una complicada retorta y alambiques de muchas formas. El depurado final es, como decía, relativamente asumible y francamente decepcionante, tratándose como se trata no de una academia cualquiera, sino de la intitulada solemnemente Pontificia Comisión Teológica Internacional. Aunque quizá sea su misma esencia de 'comisión' y su enfático prurito de internacionalidad lo que marque desfavorablemente sus resultados.
Lo que acaba de salir (no en latín, ni en italiano siquiera, sino en english international), es más de lo mismo, pero con la inquietante (para mí) dirección de un valor ibérico, 100% castellano, el muy reconocido y promocionado teólogo D. Santiago del Cura, prócer de las cátedras hispánicas de la Sagrada Ciencia.
Si no le conocen, sáquense una impresión de él, youtube al canto:
Habla de 'pneumatología sacerdotal', por decirlo brevemente. En el minuto 3', suelta esta observación (transcribo):
(antes estaba hablando de 'corresponsabilidad ministerial' sacerdotes/laicos)..."Porque uno reciba la imposición de manos, por eso no está automáticamente capacitado para poder discernir con competencia profesional en todos los campos tan complejos que lleva consigo el ejercicio del ministerio. Hay seguramente muchísimos seglares, muchísimos laicos, dentro de las parroquias y las comunidades que tienen esa competencia, y mucho mejor que él (el sacerdote). La cuestion entonces es cómo hacer valer dentro de la comunidad cristiana esa diversidad de dones, esa diversidad de carismas, y estar - digamos - presidiendo esa comunidad, pero de una forma nueva, es decir, como un ejercicio de corresponsabilidad. Yo creo que los presupuestos teológicos están claros en todos los documentos conciliares y postconciliares: la cuestión es el aprendizaje pastoral de su ejercicio, y, aunque haya dificultades, yo, en ese sentido, soy optimista y creo que eso puede dar una configuración nueva a las comunidades cristianas y, además, convertirlas en instrumentos dinámicos capaces de aportar esperanza hoy día."
Si Uds. opinan como yo, la impresión es tan inquietante como las formas del personaje. Sé que no me explico, pero no quiero explicarme más.
Por eso mis dudas inquietas sobre el nuevo documento de la Comisión Teológica Internacional, puesto que ha sido Santiago del Cura el comisionado-director de los trabajos. El documento se titula Teología hoy: Perspectivas, principios y criterios, un título que avisa bastante de su contenido, cuyo arranque (perdón si la traducción no es muy pulida) ya es toda una declaración de principios (cita del documento en color sepia y comentarios en tipo-blog):
INTRODUCCIÓN.
1. Los años que siguieron al Concilio Vaticano II han sido muy productivos para la teología católica. Han surgido nuevas voces teológicas, especialmente las de los laicos y las mujeres, las teologías de los nuevos contextos culturales, particularmente de América Latina, África y Asia, nuevos temas para la reflexión, como la paz, la justicia, la liberación, la ecología y la bioética; más profundos tratamientos de temas antiguos , gracias a la renovación de los estudios bíblicos, litúrgicos, patrística y medieval, y nuevos espacios para la reflexión, tales como el diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural. Estos son acontecimientos positivos fundamentalmente. La teología católica ha tratado de seguir el camino abierto por el Concilio...Sin embargo, este período también ha visto una cierta fragmentación de la teología...la teología se enfrenta al reto de mantener su propia identidad. La pregunta surge, por lo tanto, en torno a lo que caracteriza a la teología católica a traves de sus muchas formas, buscando un claro sentido de identidad en su compromiso con el mundo de hoy."
Decir que todo lo que se ha enumerado (teología elaborada por laicos y mujeres...teologías de los nuevos contextos culturales de América Latina, África y Asia...nuevos temas como la paz, la justicia, la liberación, la ecología y la bioética...renovación de temas bíblicos y litúrgicos...) conociendo lo que ha signficado la teología laicista (corrientes tipo 'Somos Iglesia') o la teología de la liberación (versión original ibero-americana y otras versiones), o la pseudo-teología feminista e inclusiva, o el desbarajuste exegético católico, o el gran turbión litúrgico), decir que todos estos 'fenómenos teológicos' son o han sido 'acontecimientos fundamentalmente positivos', es una afirmación tremenda, para echarse a temblar.
2. Hasta cierto punto, la Iglesia debe, obviamente, un discurso común si se trata de comunicar el mensaje de Cristo al mundo, tanto teológica y pastoralmente. Por tanto, es legítimo hablar de la necesidad de una cierta unidad de la teología. Sin embargo, la unidad aquí necesita ser cuidadosamente entendida, para no ser confundida con la uniformidad o un solo estilo. La unidad de la teología, como la de la Iglesia, como profesa en el Credo, debe estar estrechamente relacionada con la idea de la catolicidad... A medida que explora el misterio inagotable de Dios y de las innumerables maneras en que la gracia de Dios trabaja para la salvación en diversos escenarios, hace que la teología requiera, necesariamente, una multitud de formas...
Cuando aparecen en escena ciertos conceptos, también me echo a temblar: Uniformidad versus pluralidad, por ejemplo, cuya confrontación resuelve la C.T.I. con esta sugestiva referencia a "...las innumerables maneras en que la gracia de Dios trabaja para la salvación en diversos escenarios, hace que la teología requiera, necesariamente, una multitud de formas". La matización que sigue, según el estilo equivocista acuñado en los documentos del V2º, parece que templa católicamente la afirmación, que, sin embargo puede ser tomada tal cual como pretexto para cualquier ensayo teológico de cualquier clase y contenido.
Corriendo el riesgo de volver más crudo el 'traduttore, traditore', no sigo. Espero, pues, la traducción al español, que, como es un idioma católico minoritario, no merece tener una traducción para el momento de la presentación y publicación del documento. Antes están otras lenguas genuina y mayoritariamente católicas, of course. Ni siquiera ha valido para una presentación en español el haber tenido la Comisión, en este caso, un director ibérico como el jamón de bellota, castellano viejo como el queso. Ni por esas.
Conque aquí me quedo, con esta simple impresión.
No creo, a pesar de todo, que la lectura atenta del texto en español de la Comisión me obligue a variar mucho lo que aquí barrunto. Me temo.
+T.
viernes, 9 de marzo de 2012
Invitando a la revolución
El Sr. Arzobispo de Valencia predicando a una muchachada sentada en el suelo de una capilla de la Seo valenciana no es una estampa revolucionaria, al contrario, porque me consta que se reza ante el Santísimo expuesto, con piedad, digamos, juvenil, pero rezan y adoran. Quizá el detalle de sentarse en el suelo, como los moros, chirría un poco, habiendo (debe haberlos) bancos para sentarse decentemente y buenas piernas para quedarse de pie. Pero eso es un detalle menor, aun siéndolo muy descripitivo, sintomático de cierta campechanía que parece intuir (equivocadamente) que si una cosa con jóvenes no se parece (por lo menos algo) a un fuego de campamento scout, no merece la pena.
El juanpablismo, empero, ha hecho de estos detalles algo sine qua non, señas identificativas de la nuevangelización: La sentada, la mochila, las guitarras. Todo eso que va formando la jmj in perpetuum, cada nosecuántosaños allí o más allá, cada mes en la diócesis, con el Sr. Obispo de gran scout mayor, y cada semana en la parroquia con el cura (si tiene cuerpo para mochilear y flexibilidad en las articulaciones para sentarse en el suelo).
Además de todo esto y el inglés universal del youcath, está la resaca del '68 que aturde todavía a nuestros mitrados, que por entonces y durante los '70 se atrevieron a soñar con la imaginación al poder y el prohibido prohibir. Por eso dicen cosas tan chocantes y ridículas como esta:
El Arzobispo de Valencia invita a los jóvenes a hacer una nueva revolución sin insultos ni destrucción (la misma noticia aquí y aquí con comentarios)
Resulta pelín ridículo friki-pijo conjugar el verbo 'invitar' con el complemento 'revolución', entiendo yo. No me imagino a Robespierre invitando a los jacobinos a acelerar la guillotina, por ejemplo; ni al canalla de Lenín invitando a los soviets al exterminio de popes, grandesduques y aristócratas. No pega eso de invitar a la revolución. La revolución no adviene por invitación.
Pero nuestros prelados son así, contenidos y atrevidos, osados y discretos, morigerados y rompedores, capaces de decir una ridículez con desparpajo. Ellos son así.
En el fondo creo que es porque les gusta ese puntito revolucionario, porque ellos también se han tragado la píldora (que es rueda de molino) de que aquel Jesús de Nazaret de los Evangelios fue un revolucionario que vino a hacer una revolución. Haz el amor y no la guerra, en suma.
Nuestros prelados aprendieron esa lección estudiando en aquellos seminarios aperturistas donde se enseñaban más lecciones sobre Marx que sobre Tomás de Aquino. Y después salieron a hacer el doctorado allende los Pirineos que nos separan de Francia y volvieron bultmanianos (si no confesos sí impresionados) y tocados por la teología política de J.B. Metz. O tuvieron un compañero que se fue a América Latina, volvió adepto a la teología de la liberación y después colgó la sotana y se casó, pobre y querido amigo, cargado de utopías y ensoñaciones sociales.
Por eso clavan el aguijón episcopal (ese organúculo que para algunos está en la punta de mitra y según otros en el regatón del báculo) en la turbada mente juvenil, para inquietar a la juventud de la mochila, la sentada y el youcath con pruritos revolucionarios. Y de paso dar la estampa de ser un obispo molón-chupi-guay que sabe y entiende de revoluciones y las alienta...cristianamente hablando.
Pero cristianamente no hay ni puede predicarse la revolución, una verdad como un templo que soslayan nuestros prelados. Y se molestan si alguno les corrije este yerro. Y se entusiasman con el que les propone revoluciones o sueña con ellas.
A una revolución-revolución los mandaba yo si pudiera meter a todos nuestros mitrados en el túnel del tiempo y ponerlos al pie de la guillotina en 1794 o en las calles de Moscú en 1918. A ver qué iban a pensar luego, cuando volvieran del viaje a la Historia (si volvieren).
También se les podría sumergir en una lectura-meditación profunda de los Santos Evangelios con la Catena Áurea como sóla lectura auxilar, sin más comentaristas, sin tesis del teólogo de moda que les impactó entonces o les perturba ahora, a ver si en la tradición de la iglesia, ellos, los doctores de la doctrina de la Iglesia, encuentran revoluciones a las que invitar. Aunque me temo que algunas mentes están tan taradas (Casaldáligas y otros rematados) que son capaces de ver gérmen de revolución hasta en el óbolo de la viuda. Irrecuperables.
Les da vergüenza predicar el dogma y el pudor y les mueve la parresía para invitar a la revolución.
Cuando lo del 15-M, aquella sentada de sinvergüenzas en la Puerta del Sol, me dijeron que había algunos curas curiosos, simpatizantes, comulgantes con la sentada. Me pregunté si no habría también algún obispo emboscado, no alentando pero sí disfrutando de la sentada inconformista de los indignados.
Ya lo dijo el bisbet de Solsona: "Jesús hoy sería un 'indignado' más"
Y todo eso.
Y todo lo demás.
+T.
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domingo, 4 de marzo de 2012
Tabor y Calvario
Así se llamó una antigua revista cofradiera sevillana, sintetizando en su título la emoción de la piedad popular: La Transfiguración de la Pasión. Es fácil hacer esta ilación, esta inclusión de ambos Misterios, que están propiamente asociados: En el Tabor, durante la Transfiguración, Moisés y Elías hablaban con Cristo de su Pasión, que se iba a consumar en Jerusalén:
"...et ecce duo viri loquebantur cum illo erant autem Moses et Helias visi in maiestate et dicebant excessum eius quem conpleturus erat in Hierusalem ..." Lc 9, 30-31
En Sevilla se habla transfiguradamente de la Pasión el año entero. Ahora, en Cuaresma, cuando se celebran los cultos solemnes de nuestras Hermandades y Cofradías, el Domingo 2º, cuando se reza en la Misa el Evangelio de la Transfiguración, el predicador se eleva sin darse cuenta a la cumbre de una contemplación que satisface, que rebosa con un destello de gloria en la palabra emocionada del orador: Estamos en un Tabor y nos extasiamos ante la gloria que nos convoca a la Pasión.
De monte a monte, del Tabor al Calvario, existe el hito intermedio del Monte de los Olivos, donde la faz respladeciente del Cristo de la Transfiguración sudó sangre de agonía ante los tres mismos apóstoles testigos que le vieron radiante en el monte de Galilea. En Getsemaní no comparecen Moisés y Elias, sino el Ángel de la Confortación; y el asunto de la pasión ya no es un tema remoto, profetizado, sino un cáliz doloroso que se debe apurar. Pedro no dice en el Monte de los Olivos -¡Qué bien se está aquí!, ni tampoco los dos Zebedeos dicen nada, ellos que respondieron -Possumus! cuando el Maestro les preguntó si serían capaces de beber el cáliz que Él iba a beber. No son capaces ni de velar una hora, sino que se rinden cansados y se duermen.
El Tabor es un destello, un flash de gloria que sorprende como un fogonazo de luz inesperada. Getsemaní es una escena ralentizada, a cámara lenta, donde el tiempo y las imágenes parecen casi estáticos.
En estos dos pasos de su Vida quiso el Señor tener testigos, para que lo contaran después, cuando comprendieran y supieran predicar la gloria sublime del Rostro radiante y el dolor abnegado de la Faz sangrante, del mismo Cristo, del mismo Señor al que verían, escucharian y tocarían, después de la Pasion, glorioso y resucitado.
Me puse a escribir esto al volver del besapiés de Jesús Nazareno, en la Hermandad del Silencio. Cuando entré en la iglesia, pasaban los últimos devotos a besar el pié de la imagen del Señor, un icono impresionante.
Al Señor, para el besapiés, lo revisten como a un rey, con túnica de terciopelo morado bordada oro, ceñida a la cintura con varias vueltas de un cordón dorado. En la cabeza luce las tres potencias (poder, sabiduría y gracia) figurando haces de luz radiante labrados en oro y pedrería. Sobre el hombro derecho lleva la Cruz de carey y cantoneras de plata, abrazada, en posición característica, con el asta hacia adelante y la cabecera con el travesaño a la espalda. Durante la estación de penitencia, la madrugada del Viernes Santo, los hermanos penitentes llevan la cruz de la misma manera, como el Señor, prolongando el estereotipo en una secuencia de caminantes crucíferos vestidos con el severo hábito negro de la Archicofradía.
Para la piedad sevillana es fácil la imitación plástica del modelo, lo mismo que es tan dificil para el alma cristiana asumir y vivir la llamada de Cristo para que carguemos la cruz diaria y le sigamos, una vocación árdua y dificil, imposible si no es sostenida y asistida por la gracia.
Los instantes de gloria de Tabor a la sevillana, esos que proporcionan las Cofradías a sus hermanos, son momentos de aliento, inyección de fuerza, aperitivos para resistir, espacios para reanimarse. Y en la espiritualidad del cristiano, del católico, también: Dosis de Tabor ante un Sagrario, el consuelo y la paz del corazón durante una meditación, las lágrimas reconfortantes de una moción espiritual, de unos segundos en los que casi se roza el Cielo o se penetra con luz nueva en el Misterio de Dios con nosotros: Son nuestras breves secuencias de Tabor para poder subir al Calvario.
Con Pedro, el apóstol arrobado, se exclama tantas veces -¡Qué bien se está aquí!; pero sabemos que el Tabor no es para quedarse.
Con los tres discípulos de Getsemaní nos dormiremos, inconstantes, pesados para la oración y la vigilia, temerosos ante la agonía, acobardados por la pasión cercana.
¡Cuánta gracia, cuánta virtud necesitamos para perseverar y subir al Calvario y abrazarnos al madero de la Cruz, donde nos espera Él!
Un trayecto, un itinerario cumplido, consumado, desde el Tabor al Calvario: ¡Si todos lo viviéramos, Señor!
+T.
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sábado, 3 de marzo de 2012
Colegialismo pan-electoralista Papal
Un momento especialmente tenso del Vaticano II fue cuando Pablo VI se vio obligado a intervenir en el aula imponiendo su autoridad docente como Pontífice Universal sobre el Concilio, justamente lo que parecía quedar insuficientemente expuesto en el texto de la constitución de Ecclesia, la Lumen Gentium, cuyo contenido se vio modificado por la famosa Nota explicativa previa (véase al final del texto de la constitución dogmática, donde aparece, paradójicamente en el lugar de un apéndice y no precediendo al documento, como correspondería).
Como se sabe, la nota explicativa aclara algunos puntos sobre la autoridad y potestad universal del Papa, cabeza visible de la Iglesia y sucesor del Apóstol San Pedro, con respecto al tema de la colegialidad episcopal que, tal y como aparece en algunos párrafos de la Lumen Gentium, podrían suscitar equívocos o malentendidos al respecto. De todas formas, el postconcilio iría definiendo una nueva comprensión del episcopado, con nuevas formas de expresión del poder episcopal parcialmente colegiado, como las que se fueron creando en torno a la institución de las conferencias episcopales.
Fuera del aula conciliar hubo, a la vez y durante la celebración de las sesiones, un concilio paralelo, extra-conciliar pero conectado versatilmente con el aula, que recogía la opinión y la voz de los peritos, los teólogos, los consultores e incluso los periodistas y comentaristas, cuyo eco tuvo cierta repercusión indirecta en los miembros del Concilio, muy atentos a lo que se decía fuera del recinto basilical. Fue en ese medio donde se generaron especies como la del famoso 'espíritu del concilio', cuya indefinición propiciaba la adscripción de cualquier exceso, ya fuera idea o proyecto.
En esos medios, más que en el aula, surgió la idea de ver sustituído, más o menos pronto, el tradicional Colegio Cardenalicio auxiliar y elector del Papa por una nueva formación integrada por obispos (incluso 'todos' los obispos) que se hicieran cargo de la elección del Pontífice, dando así expresión a toda la doctrina que se iba elaborando sobre el episcopado y la colegialidad episcopal. Al fin (era la tesis) un cardenal en cuanto cardenal, propiamente, es quasi nada, mientras un obispo, en cuanto tal, es un sucesor de los Apóstoles y la cabeza de una 'iglesia particular'.
La inciativa corrió como una brisa gélida, amenazante, sobre las naves de la Basílica Vaticana, y pasó con el Concilio y su clausura. Sin embargo siguió circulando passim, y raro es el cura, el religioso o el estudiante de teología que no la haya oído, explicada o discutida, en clase de Eclesiología. Ahora parece que vuelve a salir, retomada con nuevos particulares, pero, en sustancia, la misma:
«Presidencialismo» papal y cónclave ampliado
El articulete del vaticanista Andrea Tornielli merece leerse. Tal y como refiere, esos son los aires que describen el ambiente y estado de opinión que se está formando, todo ello con el trasfondo de los vatican-leaks que han marcado la actualidad romana de estas últimas semanas: Una Curia alterada y cripto-movilizada, unos gestores curiales en entredicho, una opinión interna muy agitada y una atención externa voraz con apetito de más noticias y expectativas de algún escándalo. Todo esto en Italia, el epicentro de la vida de la Iglesia, enclave de sus organismos institucionales, con el Papa como centro y cabeza.
La tesis de conferir al Papa más autoridad dotando a su elección de más base representativa es una engañosa premisa de lo que puede ser un equívoco silogismo que se cierre con la conclusión de que el Papa adquiere su potestad por el consenso o la delegación de los obispos que le votan en un cónclave (o lo que fuera). La especie contiene en germen consecuencias que descompodrían en un instante la naturaleza misma del Papado tal y como se define en el magisterio y la doctrina católica.
¿Es ese el sentir de una minoría bien informada y opinante, o es la tendencia que se descubre/intuye en una mayoría todavía no del todo emergente?
El Pontificado Romano ha vivido durante su historia muchas y variadas vicisitudes, peligrosa unas, favorables otras, unas esclarecedoras y algunas envueltas en la confusión de las coyunturas y circunstacias del momento. ¿Estamos ahora al borde de una de esas encrucijadas de crisis?
Siempre temí el pontificado que siguiera al de JP2º, por lo que podría significar de confirmación, continuísmo o deriva. La elección de Benedicto XVI me pareció providencial, estando la situación como estaba, con los electores y los elegibles que formaron aquel histórico Cónclave.
Pero cada vez temo más el Cónclave que vendrá (Dios quiera que tarde) porque será, más que nunca, un cónclave con extra-cónclave paralelo, cuya conclusión no me atrevo a imaginar.
En el artículo de Tornielli se evidencia una comprensión politizada del Papado, su poder, sus implicaciones, todo impregnado de un espíritu mundano ajeno a la sacralidad eminente y sustancial de quien es por gracia de Dios (no por poder de los hombres) Vicario de Cristo y Cabeza Visible de la Iglesia.
Que ese estado de opinión, tan católicamente equivocado, se esté formando, se emita y circule desde Italia, es una preocupante, muy preocupante noticia que sólo en un futuro más o menos inmediato se desvelará con todas sus consecuencias (o con algunas, no menos preocupantes).
Oremus!
+T.
viernes, 2 de marzo de 2012
Parole, parole, parole...
Fue un éxito de Mina, allá por los 60-70, yo era un chiquillo, pero me acuerdo, después entendí la canción aquella, cuando fuí ya mayor: Era un diálogo de sordos, presuntamente enamorados, cada uno diciendo una retahíla de frases acostumbradas, él recita y ella canta, hasta que Mina rompe con su ¡...parole, parole, parole...! palabras, palabras, palabras...Se podría traducir también, más vulgarmente, estilo quasi bocadillo de comic, como 'bla-bla-bla'.
Ayer estuvo Mons. Fisichella en Sevilla, hablando. Dijo que si tal, que si cual, que si aquello, que si lo otro; un discurso mil veces repetido, mil veces oído. Le preguntarían preguntas otras mil veces preguntadas y respondería con respuestas mil veces respondidas. Como la copla de Mina, que él debe recordar mejor que yo, parole, parole parole...
El presidente del Pontificio Consejo alertó de que esta “nueva evangelización” pueda quedar reducida a una “fórmula abstracta”, por lo que habría que clarificarla desde el contenido, que radica en la persona de Jesucristo, “el mismo ayer, hoy y siempre”, y desde el método, que es el de la fe, traducida en vida sacramental, liturgia y vida de cariad.(aquí)
Por ejemplo, el que estaba a su diestra en el estrado de conferenciantes era el rector del CET (Centro de Estudios Teológicos,de Sevilla), de chaqueta y corbata, un salesiano, liturgista, que obligaba a sus alumnos (seminaristas a punto de ordenarse diáconos o presbíteros) a asistir a una "misa" en la que explicaba la institución de la Eucaristía en el contexto de la cena de pascua judía (séder) celebrando una cena de pascua judía, tal cual, con cordero asado, lechugas con salsa agridulce y pan ázimo, todo ello preparado por unas monjas salesianas que estaban acostumbradas a preparar en su convento-residencia ese tipo de cenas-eucaristías: Se comenzaba con las oraciones, las lecturas como una misa, y se servía el cordero con los panes ázimos y las lechugas, se bendecían las copas de vino, y en el transcurso (comiendo cordero, pan y lechuga, y bebiendo vino) el profe consagraba el pan y el vino, y se comulgaba. Impresionante.
Lo estoy escribiendo y me está dando horror cuando lo escribo. No sé si el entonces profesor de liturgia, hoy rector del CET, que se sentaba en la conferencia de Fisichella a la diestra de Don Rino, seguirá celebrabdo ese rito, esa aberración litúrgica de su invento al que obligaba a sus alumnos. Tampoco lo sabrá Monseñor Fisichella, ajeno a estas cosas. Pero en la mesa, presidiendo, estaban los dos. Parole, parole, parole...
Por eso todo lo que se dijera me suena tan insustancial, tan desvalorizado, tan delicuescente...
Don Fisichella, además, clavó un rejón de castigo al clero sevillano y católico en general: Los fieles no van a Misa y se escapan de las iglesias por causa de los sermones y homilías tan malos, insoportables, mediocres, descomprometidos y mal pergeñados que predican los curas en las misas de los domingos. Eso dijo Don Fisichella. Y se quedó tan tranquilo. Y nadie le dijo mú.
¡Cómo le iban a decir mú, ni a poner un pero, siendo el comisario de la Nuevangelización! A un señor así, a un monseñor (perdón) se le dice amén por triplicado. Of course.
Como el discursete de Monseñor Salvatore Fisichella fue el jueves por la mañana, no sé si estaría en Sevilla el lunes y vería el Viacrucis del Consejo de Hermandades, con tantísimo público asistente, de toda edad y condición social, toda la tarde, hasta casi las dos de la madrugada, con Sevilla entera acompañando la imagen del Señor de la Salud, de la Hermandad de la Candelaria, que ha presidido el Viacrucis este año.
Si lo hubiera visto, Don Rino, razonable y teólogico, se cuestionaría (digo yo) qué tendrán los viacrucis que llenan las calles mientras las iglesias se quedan vacías (dice él) por los malos sermones de los curas.
Parole, parole, parole...¿No, Monseñor Fisichella?
+T.
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miércoles, 29 de febrero de 2012
Todos juntos, todos conectados: ¿Todos lo mismo?
En Roma, en plena Piazza de San Pietro, en la sala de exposiciones del brazo izqdº del Colonnato llamado de Carlomagno, está abierta al público esta interesante muestra-exposición:
Verbum Domini Exhibit
La muestra se presenta con este subtítulo explicativo: Catholics, Protestants, Jews & Orthodox Christians Collaborate in Rome This Lenten Season (Católicos, protestantes, judíos y ortodoxos cristianos coloboran esta Cuaresma en Roma).
La confusión exquisitamente servida en bandeja cultural. Ecumenismo y comunión inter-religiosa, dirán algunos. Promiscuidad indiferentista judeo-cristiana, resumo yo.
Que la muestra sea atractiva e interesante por la calidad de la colección de códices, textos, volúmenes, fragmentos y otros objetos, no excusa que sea criticable esa presentación donde Catolicismo, Protestantismo y Judaísmo aparecen como elementos de un mismo conjunto, sin diferenciar, sin distinguir, sin separar.
La separación es un hecho histórico que una exposición no debe obviar. Item más: La distinción es una diferencia esencial (en el caso del judaísmo-cristianismo) y accidentalmente sustancial (en el caso del catolicismo-protestantismo): El Cristianismo no es el judaísmo (ni viceversa) y la separación consumada por el protestantismo respecto a la Iglesia Católica merma de tal manera la entidad de las confesiones reformadas que sólo se comparte con el Catolicismo un mínimo básico del Credo original.
Se puede presentar una común identidad bíblica siempre que se enseñe también que es precisamente el desencuentro respecto a las Sagradas Escrituras lo que (entre otras cosas) separa al Cristianismo del judaísmo y a los protestantes de la Iglesia Católica.
Pero no parece ser ese el sentido de la exposición, o, por lo menos, la intención que se intuye en estas y otras iniciativas y/o eventos semejantes, gustosamente recibidos y hasta promovidos por la Santa Sede. De un tiempo a esta parte, una cordialidad proclive a la inter-comunión, el diálogo y el encuentro domina todo un mundo de relaciones, antes vetadas y ahora deseadas y propicidas.
La lectura, la conclusión que de todo ello se saca es una especie de suma de factores cuyos sumandos parecen indiferenciados y el producto final equiparado.
Pero la suma es errónea, los sumandos no son tales, y el resultado es falso.
Me repito. Con otras palabras, en otras ocasiones, he escrito esto mismo a propósito de otras circunstancias, de otros encuentros.
Pienso y sostengo que hay que repetirlo. Con esta máxima, que nunca debe faltar:
Veritatem facientes in charitate - Practicando la verdad con caridad Ef 4, 15
Pero hay que insistir, aclarar, distinguir, separar.
+T.
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