viernes, 9 de marzo de 2012

Invitando a la revolución


El Sr. Arzobispo de Valencia predicando a una muchachada sentada en el suelo de una capilla de la Seo valenciana no es una estampa revolucionaria, al contrario, porque me consta que se reza ante el Santísimo expuesto, con piedad, digamos, juvenil, pero rezan y adoran. Quizá el detalle de sentarse en el suelo, como los moros, chirría un poco, habiendo (debe haberlos) bancos para sentarse decentemente y buenas piernas para quedarse de pie. Pero eso es un detalle menor, aun siéndolo muy descripitivo, sintomático de cierta campechanía que parece intuir (equivocadamente) que si una cosa con jóvenes no se parece (por lo menos algo) a un fuego de campamento scout, no merece la pena.

El juanpablismo, empero, ha hecho de estos detalles algo sine qua non, señas identificativas de la nuevangelización: La sentada, la mochila, las guitarras. Todo eso que va formando la jmj in perpetuum, cada nosecuántosaños allí o más allá, cada mes en la diócesis, con el Sr. Obispo de gran scout mayor, y cada semana en la parroquia con el cura (si tiene cuerpo para mochilear y flexibilidad en las articulaciones para sentarse en el suelo).

Además de todo esto y el inglés universal del youcath, está la resaca del '68 que aturde todavía a nuestros mitrados, que por entonces y durante los '70 se atrevieron a soñar con la imaginación al poder y el prohibido prohibir. Por eso dicen cosas tan chocantes y ridículas como esta:

El Arzobispo de Valencia invita a los jóvenes a hacer una nueva revolución sin insultos ni destrucción (la misma noticia aquí y aquí con comentarios)

Resulta pelín ridículo friki-pijo conjugar el verbo 'invitar' con el complemento 'revolución', entiendo yo. No me imagino a Robespierre invitando a los jacobinos a acelerar la guillotina, por ejemplo; ni al canalla de Lenín invitando a los soviets al exterminio de popes, grandesduques y aristócratas. No pega eso de invitar a la revolución. La revolución no adviene por invitación.

Pero nuestros prelados son así, contenidos y atrevidos, osados y discretos, morigerados y rompedores, capaces de decir una ridículez con desparpajo. Ellos son así.

En el fondo creo que es porque les gusta ese puntito revolucionario, porque ellos también se han tragado la píldora (que es rueda de molino) de que aquel Jesús de Nazaret de los Evangelios fue un revolucionario que vino a hacer una revolución. Haz el amor y no la guerra, en suma.

Nuestros prelados aprendieron esa lección estudiando en aquellos seminarios aperturistas donde se enseñaban más lecciones sobre Marx que sobre Tomás de Aquino. Y después salieron a hacer el doctorado allende los Pirineos que nos separan de Francia y volvieron bultmanianos (si no confesos sí impresionados) y tocados por la teología política de J.B. Metz. O tuvieron un compañero que se fue a América Latina, volvió adepto a la teología de la liberación y después colgó la sotana y se casó, pobre y querido amigo, cargado de utopías y ensoñaciones sociales.

Por eso clavan el aguijón episcopal (ese organúculo que para algunos está en la punta de mitra y según otros en el regatón del báculo) en la turbada mente juvenil, para inquietar a la juventud de la mochila, la sentada y el youcath con pruritos revolucionarios. Y de paso dar la estampa de ser un obispo molón-chupi-guay que sabe y entiende de revoluciones y las alienta...cristianamente hablando.

Pero cristianamente no hay ni puede predicarse la revolución, una verdad como un templo que soslayan nuestros prelados. Y se molestan si alguno les corrije este yerro. Y se entusiasman con el que les propone revoluciones o sueña con ellas.

A una revolución-revolución los mandaba yo si pudiera meter a todos nuestros mitrados en el túnel del tiempo y ponerlos al pie de la guillotina en 1794 o en las calles de Moscú en 1918. A ver qué iban a pensar luego, cuando volvieran del viaje a la Historia (si volvieren).

También se les podría sumergir en una lectura-meditación profunda de los Santos Evangelios con la Catena Áurea como sóla lectura auxilar, sin más comentaristas, sin tesis del teólogo de moda que les impactó entonces o les perturba ahora, a ver si en la tradición de la iglesia, ellos, los doctores de la doctrina de la Iglesia, encuentran revoluciones a las que invitar. Aunque me temo que algunas mentes están tan taradas (Casaldáligas y otros rematados) que son capaces de ver gérmen de revolución hasta en el óbolo de la viuda. Irrecuperables.

Les da vergüenza predicar el dogma y el pudor y les mueve la parresía para invitar a la revolución.

Cuando lo del 15-M, aquella sentada de sinvergüenzas en la Puerta del Sol, me dijeron que había algunos curas curiosos, simpatizantes, comulgantes con la sentada. Me pregunté si no habría también algún obispo emboscado, no alentando pero sí disfrutando de la sentada inconformista de los indignados.

Ya lo dijo el bisbet de Solsona: "Jesús hoy sería un 'indignado' más"

Y todo eso.

Y todo lo demás.

+T.

domingo, 4 de marzo de 2012

Tabor y Calvario


Así se llamó una antigua revista cofradiera sevillana, sintetizando en su título la emoción de la piedad popular: La Transfiguración de la Pasión. Es fácil hacer esta ilación, esta inclusión de ambos Misterios, que están propiamente asociados: En el Tabor, durante la Transfiguración, Moisés y Elías hablaban con Cristo de su Pasión, que se iba a consumar en Jerusalén:

"...et ecce duo viri loquebantur cum illo erant autem Moses et Helias visi in maiestate et dicebant excessum eius quem conpleturus erat in Hierusalem ..." Lc 9, 30-31

En Sevilla se habla transfiguradamente de la Pasión el año entero. Ahora, en Cuaresma, cuando se celebran los cultos solemnes de nuestras Hermandades y Cofradías, el Domingo 2º, cuando se reza en la Misa el Evangelio de la Transfiguración, el predicador se eleva sin darse cuenta a la cumbre de una contemplación que satisface, que rebosa con un destello de gloria en la palabra emocionada del orador: Estamos en un Tabor y nos extasiamos ante la gloria que nos convoca a la Pasión.

De monte a monte, del Tabor al Calvario, existe el hito intermedio del Monte de los Olivos, donde la faz respladeciente del Cristo de la Transfiguración sudó sangre de agonía ante los tres mismos apóstoles testigos que le vieron radiante en el monte de Galilea. En Getsemaní no comparecen Moisés y Elias, sino el Ángel de la Confortación; y el asunto de la pasión ya no es un tema remoto, profetizado, sino un cáliz doloroso que se debe apurar. Pedro no dice en el Monte de los Olivos -¡Qué bien se está aquí!, ni tampoco los dos Zebedeos dicen nada, ellos que respondieron -Possumus! cuando el Maestro les preguntó si serían capaces de beber el cáliz que Él iba a beber. No son capaces ni de velar una hora, sino que se rinden cansados y se duermen.

El Tabor es un destello, un flash de gloria que sorprende como un fogonazo de luz inesperada. Getsemaní es una escena ralentizada, a cámara lenta, donde el tiempo y las imágenes parecen casi estáticos.

En estos dos pasos de su Vida quiso el Señor tener testigos, para que lo contaran después, cuando comprendieran y supieran predicar la gloria sublime del Rostro radiante y el dolor abnegado de la Faz sangrante, del mismo Cristo, del mismo Señor al que verían, escucharian y tocarían, después de la Pasion, glorioso y resucitado.


Me puse a escribir esto al volver del besapiés de Jesús Nazareno, en la Hermandad del Silencio. Cuando entré en la iglesia, pasaban los últimos devotos a besar el pié de la imagen del Señor, un icono impresionante.

Al Señor, para el besapiés, lo revisten como a un rey, con túnica de terciopelo morado bordada oro, ceñida a la cintura con varias vueltas de un cordón dorado. En la cabeza luce las tres potencias (poder, sabiduría y gracia) figurando haces de luz radiante labrados en oro y pedrería. Sobre el hombro derecho lleva la Cruz de carey y cantoneras de plata, abrazada, en posición característica, con el asta hacia adelante y la cabecera con el travesaño a la espalda. Durante la estación de penitencia, la madrugada del Viernes Santo, los hermanos penitentes llevan la cruz de la misma manera, como el Señor, prolongando el estereotipo en una secuencia de caminantes crucíferos vestidos con el severo hábito negro de la Archicofradía.


Para la piedad sevillana es fácil la imitación plástica del modelo, lo mismo que es tan dificil para el alma cristiana asumir y vivir la llamada de Cristo para que carguemos la cruz diaria y le sigamos, una vocación árdua y dificil, imposible si no es sostenida y asistida por la gracia.

Los instantes de gloria de Tabor a la sevillana, esos que proporcionan las Cofradías a sus hermanos, son momentos de aliento, inyección de fuerza, aperitivos para resistir, espacios para reanimarse. Y en la espiritualidad del cristiano, del católico, también: Dosis de Tabor ante un Sagrario, el consuelo y la paz del corazón durante una meditación, las lágrimas reconfortantes de una moción espiritual, de unos segundos en los que casi se roza el Cielo o se penetra con luz nueva en el Misterio de Dios con nosotros: Son nuestras breves secuencias de Tabor para poder subir al Calvario.

Con Pedro, el apóstol arrobado, se exclama tantas veces -¡Qué bien se está aquí!; pero sabemos que el Tabor no es para quedarse.

Con los tres discípulos de Getsemaní nos dormiremos, inconstantes, pesados para la oración y la vigilia, temerosos ante la agonía, acobardados por la pasión cercana.

¡Cuánta gracia, cuánta virtud necesitamos para perseverar y subir al Calvario y abrazarnos al madero de la Cruz, donde nos espera Él!

Un trayecto, un itinerario cumplido, consumado, desde el Tabor al Calvario: ¡Si todos lo viviéramos, Señor!

+T.

sábado, 3 de marzo de 2012

Colegialismo pan-electoralista Papal


Un momento especialmente tenso del Vaticano II fue cuando Pablo VI se vio obligado a intervenir en el aula imponiendo su autoridad docente como Pontífice Universal sobre el Concilio, justamente lo que parecía quedar insuficientemente expuesto en el texto de la constitución de Ecclesia, la Lumen Gentium, cuyo contenido se vio modificado por la famosa Nota explicativa previa (véase al final del texto de la constitución dogmática, donde aparece, paradójicamente en el lugar de un apéndice y no precediendo al documento, como correspondería).

Como se sabe, la nota explicativa aclara algunos puntos sobre la autoridad y potestad universal del Papa, cabeza visible de la Iglesia y sucesor del Apóstol San Pedro, con respecto al tema de la colegialidad episcopal que, tal y como aparece en algunos párrafos de la Lumen Gentium, podrían suscitar equívocos o malentendidos al respecto. De todas formas, el postconcilio iría definiendo una nueva comprensión del episcopado, con nuevas formas de expresión del poder episcopal parcialmente colegiado, como las que se fueron creando en torno a la institución de las conferencias episcopales.

Fuera del aula conciliar hubo, a la vez y durante la celebración de las sesiones, un concilio paralelo, extra-conciliar pero conectado versatilmente con el aula, que recogía la opinión y la voz de los peritos, los teólogos, los consultores e incluso los periodistas y comentaristas, cuyo eco tuvo cierta repercusión indirecta en los miembros del Concilio, muy atentos a lo que se decía fuera del recinto basilical. Fue en ese medio donde se generaron especies como la del famoso 'espíritu del concilio', cuya indefinición propiciaba la adscripción de cualquier exceso, ya fuera idea o proyecto.

En esos medios, más que en el aula, surgió la idea de ver sustituído, más o menos pronto, el tradicional Colegio Cardenalicio auxiliar y elector del Papa por una nueva formación integrada por obispos (incluso 'todos' los obispos) que se hicieran cargo de la elección del Pontífice, dando así expresión a toda la doctrina que se iba elaborando sobre el episcopado y la colegialidad episcopal. Al fin (era la tesis) un cardenal en cuanto cardenal, propiamente, es quasi nada, mientras un obispo, en cuanto tal, es un sucesor de los Apóstoles y la cabeza de una 'iglesia particular'.

La inciativa corrió como una brisa gélida, amenazante, sobre las naves de la Basílica Vaticana, y pasó con el Concilio y su clausura. Sin embargo siguió circulando passim, y raro es el cura, el religioso o el estudiante de teología que no la haya oído, explicada o discutida, en clase de Eclesiología. Ahora parece que vuelve a salir, retomada con nuevos particulares, pero, en sustancia, la misma:

«Presidencialismo» papal y cónclave ampliado

El articulete del vaticanista Andrea Tornielli merece leerse. Tal y como refiere, esos son los aires que describen el ambiente y estado de opinión que se está formando, todo ello con el trasfondo de los vatican-leaks que han marcado la actualidad romana de estas últimas semanas: Una Curia alterada y cripto-movilizada, unos gestores curiales en entredicho, una opinión interna muy agitada y una atención externa voraz con apetito de más noticias y expectativas de algún escándalo. Todo esto en Italia, el epicentro de la vida de la Iglesia, enclave de sus organismos institucionales, con el Papa como centro y cabeza.

La tesis de conferir al Papa más autoridad dotando a su elección de más base representativa es una engañosa premisa de lo que puede ser un equívoco silogismo que se cierre con la conclusión de que el Papa adquiere su potestad por el consenso o la delegación de los obispos que le votan en un cónclave (o lo que fuera). La especie contiene en germen consecuencias que descompodrían en un instante la naturaleza misma del Papado tal y como se define en el magisterio y la doctrina católica.


¿Es ese el sentir de una minoría bien informada y opinante, o es la tendencia que se descubre/intuye en una mayoría todavía no del todo emergente?

El Pontificado Romano ha vivido durante su historia muchas y variadas vicisitudes, peligrosa unas, favorables otras, unas esclarecedoras y algunas envueltas en la confusión de las coyunturas y circunstacias del momento. ¿Estamos ahora al borde de una de esas encrucijadas de crisis?

Siempre temí el pontificado que siguiera al de JP2º, por lo que podría significar de confirmación, continuísmo o deriva. La elección de Benedicto XVI me pareció providencial, estando la situación como estaba, con los electores y los elegibles que formaron aquel histórico Cónclave.

Pero cada vez temo más el Cónclave que vendrá (Dios quiera que tarde) porque será, más que nunca, un cónclave con extra-cónclave paralelo, cuya conclusión no me atrevo a imaginar.

En el artículo de Tornielli se evidencia una comprensión politizada del Papado, su poder, sus implicaciones, todo impregnado de un espíritu mundano ajeno a la sacralidad eminente y sustancial de quien es por gracia de Dios (no por poder de los hombres) Vicario de Cristo y Cabeza Visible de la Iglesia.

Que ese estado de opinión, tan católicamente equivocado, se esté formando, se emita y circule desde Italia, es una preocupante, muy preocupante noticia que sólo en un futuro más o menos inmediato se desvelará con todas sus consecuencias (o con algunas, no menos preocupantes).

Oremus!


+T.

viernes, 2 de marzo de 2012

Parole, parole, parole...



Fue un éxito de Mina, allá por los 60-70, yo era un chiquillo, pero me acuerdo, después entendí la canción aquella, cuando fuí ya mayor: Era un diálogo de sordos, presuntamente enamorados, cada uno diciendo una retahíla de frases acostumbradas, él recita y ella canta, hasta que Mina rompe con su ¡...parole, parole, parole...! palabras, palabras, palabras...Se podría traducir también, más vulgarmente, estilo quasi bocadillo de comic, como 'bla-bla-bla'.

Ayer estuvo Mons. Fisichella en Sevilla, hablando. Dijo que si tal, que si cual, que si aquello, que si lo otro; un discurso mil veces repetido, mil veces oído. Le preguntarían preguntas otras mil veces preguntadas y respondería con respuestas mil veces respondidas. Como la copla de Mina, que él debe recordar mejor que yo, parole, parole parole...

El presidente del Pontificio Consejo alertó de que esta “nueva evangelización” pueda quedar reducida a una “fórmula abstracta”, por lo que habría que clarificarla desde el contenido, que radica en la persona de Jesucristo, “el mismo ayer, hoy y siempre”, y desde el método, que es el de la fe, traducida en vida sacramental, liturgia y vida de cariad.
(aquí)


Por ejemplo, el que estaba a su diestra en el estrado de conferenciantes era el rector del CET (Centro de Estudios Teológicos,de Sevilla), de chaqueta y corbata, un salesiano, liturgista, que obligaba a sus alumnos (seminaristas a punto de ordenarse diáconos o presbíteros) a asistir a una "misa" en la que explicaba la institución de la Eucaristía en el contexto de la cena de pascua judía (séder) celebrando una cena de pascua judía, tal cual, con cordero asado, lechugas con salsa agridulce y pan ázimo, todo ello preparado por unas monjas salesianas que estaban acostumbradas a preparar en su convento-residencia ese tipo de cenas-eucaristías: Se comenzaba con las oraciones, las lecturas como una misa, y se servía el cordero con los panes ázimos y las lechugas, se bendecían las copas de vino, y en el transcurso (comiendo cordero, pan y lechuga, y bebiendo vino) el profe consagraba el pan y el vino, y se comulgaba. Impresionante.

Lo estoy escribiendo y me está dando horror cuando lo escribo. No sé si el entonces profesor de liturgia, hoy rector del CET, que se sentaba en la conferencia de Fisichella a la diestra de Don Rino, seguirá celebrabdo ese rito, esa aberración litúrgica de su invento al que obligaba a sus alumnos. Tampoco lo sabrá Monseñor Fisichella, ajeno a estas cosas. Pero en la mesa, presidiendo, estaban los dos. Parole, parole, parole...

Por eso todo lo que se dijera me suena tan insustancial, tan desvalorizado, tan delicuescente...

Don Fisichella, además, clavó un rejón de castigo al clero sevillano y católico en general: Los fieles no van a Misa y se escapan de las iglesias por causa de los sermones y homilías tan malos, insoportables, mediocres, descomprometidos y mal pergeñados que predican los curas en las misas de los domingos. Eso dijo Don Fisichella. Y se quedó tan tranquilo. Y nadie le dijo mú.

¡Cómo le iban a decir mú, ni a poner un pero, siendo el comisario de la Nuevangelización! A un señor así, a un monseñor (perdón) se le dice amén por triplicado. Of course.

Como el discursete de Monseñor Salvatore Fisichella fue el jueves por la mañana, no sé si estaría en Sevilla el lunes y vería el Viacrucis del Consejo de Hermandades, con tantísimo público asistente, de toda edad y condición social, toda la tarde, hasta casi las dos de la madrugada, con Sevilla entera acompañando la imagen del Señor de la Salud, de la Hermandad de la Candelaria, que ha presidido el Viacrucis este año.

Si lo hubiera visto, Don Rino, razonable y teólogico, se cuestionaría (digo yo) qué tendrán los viacrucis que llenan las calles mientras las iglesias se quedan vacías (dice él) por los malos sermones de los curas.

Parole, parole, parole...¿No, Monseñor Fisichella?


+T.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Todos juntos, todos conectados: ¿Todos lo mismo?


En Roma, en plena Piazza de San Pietro, en la sala de exposiciones del brazo izqdº del Colonnato llamado de Carlomagno, está abierta al público esta interesante muestra-exposición:

Verbum Domini Exhibit

La muestra se presenta con este subtítulo explicativo: Catholics, Protestants, Jews & Orthodox Christians Collaborate in Rome This Lenten Season (Católicos, protestantes, judíos y ortodoxos cristianos coloboran esta Cuaresma en Roma).

La confusión exquisitamente servida en bandeja cultural. Ecumenismo y comunión inter-religiosa, dirán algunos. Promiscuidad indiferentista judeo-cristiana, resumo yo.

Que la muestra sea atractiva e interesante por la calidad de la colección de códices, textos, volúmenes, fragmentos y otros objetos, no excusa que sea criticable esa presentación donde Catolicismo, Protestantismo y Judaísmo aparecen como elementos de un mismo conjunto, sin diferenciar, sin distinguir, sin separar.

La separación es un hecho histórico que una exposición no debe obviar. Item más: La distinción es una diferencia esencial (en el caso del judaísmo-cristianismo) y accidentalmente sustancial (en el caso del catolicismo-protestantismo): El Cristianismo no es el judaísmo (ni viceversa) y la separación consumada por el protestantismo respecto a la Iglesia Católica merma de tal manera la entidad de las confesiones reformadas que sólo se comparte con el Catolicismo un mínimo básico del Credo original.

Se puede presentar una común identidad bíblica siempre que se enseñe también que es precisamente el desencuentro respecto a las Sagradas Escrituras lo que (entre otras cosas) separa al Cristianismo del judaísmo y a los protestantes de la Iglesia Católica.

Pero no parece ser ese el sentido de la exposición, o, por lo menos, la intención que se intuye en estas y otras iniciativas y/o eventos semejantes, gustosamente recibidos y hasta promovidos por la Santa Sede. De un tiempo a esta parte, una cordialidad proclive a la inter-comunión, el diálogo y el encuentro domina todo un mundo de relaciones, antes vetadas y ahora deseadas y propicidas.

La lectura, la conclusión que de todo ello se saca es una especie de suma de factores cuyos sumandos parecen indiferenciados y el producto final equiparado.

Pero la suma es errónea, los sumandos no son tales, y el resultado es falso.

Me repito. Con otras palabras, en otras ocasiones, he escrito esto mismo a propósito de otras circunstancias, de otros encuentros.

Pienso y sostengo que hay que repetirlo. Con esta máxima, que nunca debe faltar:

Veritatem facientes in charitate - Practicando la verdad con caridad  Ef 4, 15

Pero hay que insistir, aclarar, distinguir, separar.

+T.

martes, 28 de febrero de 2012

¿Instituto de perfección o de posición ???


La tentación de excelencia suele pagarse muy cara en el medio cristiano. Me refiero a ese prurito absurdo de tener gente de apellido y blasón en las filas de un instituto religioso, extraño antojo para un discípulo del que nació en pesebre, se crió carpintero y fue crucificado entre delincuentes. Tampoco tuvo tumba propia, sino de limosna.

¿De dónde proviene el snobismo de nuestras órdenes, congregaciones e institutos religiosos católicos? ¿Hasta qué época tenemos que remontarnos para detectar ese tufo elitista que le reconoce más gloria al status de noble que al de siervo? ¿San Bernardo de Claraval, quizá? Más adelante la cosa se esclarece (se enturbia, es decir) con jesuitas que lucen blasones de los Borja (impúdica ostentación, dadas las circunstancias de haber nacido con la lacra Borgia) o de los Gonzaga o el del mismo Javier. Claro que la santidad disculpa estas manchas de haber nacido noble, a posteriori. Pero también es cierto lo bien que se recibieron las vocaciones cuando llegaron con recomendación de sangre azul y blasón historiado.

De casos más modernos y contemporáneos, no hablaré, no quiero meterme en vericuetos tan espinosos de explicar, que sale uno cardado y hecho jirones. Pero me voy a referir - con toda la delicadeza que pueda - a un caso de hodierna actualidad, porque está ocurriendo en estos mismos días. Ustedes ya lo sabrán.

Que el desgraciado fundador quisiera tener gente de élite para su fundación, no se comprende según virtud cristiana pero se entiende según defecto humano. Así y todo se pregunta uno cómo se leería en el ámbito del susodicho fundador, sus fundaciones y sus fundados, los Misteria Vitae Christi, y afirmaciones apostólicas como esta:


"¡Mirad, hermanos, quiénes habéis sido llamados! No hay muchos sabios según la carne ni muchos poderosos ni muchos de la nobleza. Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es. Para que ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios." I Cor 1, 26-29

En su vanidad, los snob-fundadores podrían dar la vuelta a este texto y decir justamente lo contrario: Mirad qué selectos, mirad cuánta elite, mirad que somos el plus ultra. Y así.

En el caso que ocurre, la crème se ha separado de la masa damnata, y se ha replegado a su casa. A casa de papá y de mamá. Los cinco o seis que son, con una hermana también.

La hermana, con nombre de nena pija madrileña, ya se ha fundado otra cosa, para ella y sus chicas, que estarán encantadas. Ya se sabe que estas muchachas son muy despabiladas, además de disponer de muy buenos recursos. No comprendo que haya obispos tan complacientes y expeditos para aprobar novedades tan rápidamente, salvo que me lo expliquen por via de lógica snob-clerical. Otra vez.

Del caso que no nombro, conozco a los que no se han ido y están aguantando. Se están santificando en la prueba, entre las zarzas del enredado mundo del patético ex-fundador (que tampoco nombro). Estos, los que aguantan, son los que se están ennobleciendo en el sufrimiento, sin escaparse a casa de papá, sin fundarse un club para ellos y sus amigos. Si soportan la prueba, que será larga, habrán probado que su vocación era sincera y que no levantaron la mano del arado. Al fin y al cabo, la simiente sigue siendo la misma y también el campo es el mismo. Sólo ha fallado el capataz, muy gravemente, pero nolos operarios, si trabajan y siguen fieles a su vocación sobrenatural (habría que subrayar 'sobrenatural'). Los que se han quedado no están fallando. No creo que me equivoque si digo que están (dolorosamente) reparando.

Dentro de poco, el Domingo de Ramos, en la Misa de Pasión, se canta el prefacio que reza:

"...Siendo inocente, se entregó a la muerte por los pecadores y aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales..."

Parece evidente que esta chica y sus hermanos no han querido que se les sume a gente de mal vivir, no sea que su apellido quede deshonrosamente asociado, salpicado por las miserias que han salido a la luz (que son las mismas que estaban ocultas).

Humanamente, según el mundo (su mundo), quizá procedan acertadamente. Cristianamente, se equivocan: Esa no es la sabiduría de la Cruz.

Pero siempre les quedará el apellido. Y esa conciencia de superioridad que las élites inculcan a sus crías, un handicap tan dificil de vencer.

+T.

domingo, 26 de febrero de 2012

Las Tentaciones en el Desierto


Hace dos cuaresmas comenté este pasaje del Stº Evangelio del 1er. Domingo de Cuaresma, Las tentaciones del Hijo, quizá el más misterioso paso de la Vida del Señor. Decía en aquel comentario que se debe considerar el valor de este Evangelio ya que tuvo que ser relatado por Cristo mismo a sus discípulos, pues en la escena del desierto está sólo Jesús frente a Satanás, sin más testigos que los Ángeles que también se citan como presentes. Es un Evangelio singular.

En la secuencia de San Marcos (Mc 1, 12-13), el relato es sumario, resumido, sin detallar las tentaciones, las tres que aparecen en San Mateo (Mt 4, 1-11) y San Lucas (Lc 4, 1-13) : la conversión de las piedras en pan, la caída desde el pináculo del Templo y la donación de los poderes del mundo. En cuanto se lee el texto, surge, casi espontánea, la cuestión: ¿Por qué se dejó tentar el Señor?

En la Última Cena, Cristo se refiere al doble valor de sus actos, según la forma en que es titulado por sus discípulos: "...Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy." Jn 13,13. Como Señor, se revela con potestad redentora, siendo el Hijo de Dios; en cuanto Maestro, enseña a los hombres su doctrina y les da ejemplo con su vida. En este sentido, al permitir las tentaciones de Satanás, por una parte está revelando su divino poder frente al diablo, que no puede vencerle con sus tentaciones, dejándole vencido e impotente. Por otra, nos enseña a nosotros cómo podemos resistir la tentación del demonio con el ayuno, la oración y la misma fuerza de Cristo:

"...No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" Mt 4,4

"En verdad, en verdad os digo: el que crea en Mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún" Jn. 14, 12

"...Sin Mí no podeis hacer nada" Jn 15, 5

Otra cuestión referente a la escena de las tentaciones es por qué Satanás no distingue, no conoce, no sabe con seguridad quién es Jesucristo, por eso su pregunta, en condicional, probando, tanteando: "Si eres Hijo de Dios..."

El Demonio no concibe a Dios en la humildad. Los demonios creen en Dios y le temen (St 2, 19), por su omnipotencia y majestad; pero en el desierto (y antes en Belén y durante los años de la vida oculta y sencilla en Nazareth), no son capaces de descubrir a Dios en la humildad de nuestra carne. Sólo después de la revelación en el Jordán, cuando se escucha la voz del Padre proclamándole su Hijo, la noticia de su presencia en el mundo hace temblar a las potestades infernales. Así y todo, Satanás no está seguro de que Jesús, el que hace vida penitente cuarenta días en el desierto de Judea, sea el Hijo de Dios.


Dice San Atanasio que   "...Habíase acercado a Él el enemigo, como a un hombre; mas no hallando en Él los signos de su antiguo veneno (el pecado), se retiró."

Al concluir las tentaciones, sí sabe que Jesús Nazareno no es un hombre más entre los hombre. Después, durante los primeros tiempos de su ministerio en Galilea, los demonios le confiesan Hijo de Dios, pero Jesús les impone silencio, no quiere que los espíritus inmundos le proclamen: Quiere que sean los hombres quienes crean en Él y le confiesen, que para eso ha venido.

Las palabras con las que San Lucas concluye este capítulo del Evangelio "...Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno", son comentadas por algunos Padres y Escritores eclesiásticos:

San Ambrosio dice: "Ves como el diablo no es pertinaz en su propósito, sino que cede a la verdadera virtud; y si no cesa de aborrecer, teme insistir, porque rehusa ser vencido frecuentemente. Y así, oído el nombre de Dios, se retiró (dice) hasta el tiempo en el que no vendría a tentar, sino a combatir abiertamente".

Teofilacto comenta: "... porque lo había tentado en el desierto acerca de la voluntad, se retiró de Él hasta el tiempo de la cruz, en el que le tentaría con tristeza."

Porque será en la Pasión cuando el Demonio se ensañe con la Humanidad Sacrosanta del Verbo Encarnado, desencadenando todos los sufrimientos, humillaciones, injurias, tormentos y heridas en el Cuerpo de Cristo, su vencedor, el vencedor del pecado. La victoria sobre la muerte vendría después, al punto de ser consumada la Pasión.

Cierro con esta breve meditación de Fray Luís de Granada, un sustancioso compendio para la meditación de este pasaje de los Misterios de la Vida de Cristo:

Acabado el bautismo, fue llevado el Señor por el Espíritu Santo al desierto, donde estuvo cuarenta días ayunando, y orando, y padeciendo diversas tentaciones del enemigo. Todo esto es nuestro, y todo para nuestro bien: la soledad para nuestro ejemplo, la oración para nuestro remedio, el ayuno para la satisfacción de nuestras deudas, y la pelea con el enemigo para dejarnos vencido y debilitado nuestro adversario.

Acompaña, pues, tú, hermano mío, al Señor en todos estos ejercicios y trabajos tomados por tu causa, pues aquí se están haciendo tus negocios y pagándose tus delitos. Imita en todo lo que pudieres este Señor, ora con Él, ayuna con Él, pelea con Él, mora a tiempos en la soledad con Él, y junta tus trabajos y ejercicios con los suyos, para que por este medio sean ellos más agradables a Dios.


Laus Tibi, Christe, Rex aeternae gloriae!


+T.